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Full text of "Cultivo y beneficio del café"

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Cultivo y beneficio del café 



Gabriel Gómez 




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BIBLIOTECA AGRÍCOLA DE LA SECRETARÍA DE FOMENTO. 



CULTIVO 



BENEFICIO DEL CAFÉ 



a--A.BK.iBXj a-ó:L¿cBz 



mOXHlSBO AGBÓHOKO. 



SSeVNDA BDIOIOH. 



MÉXICO 



OPIO. TIP. DE LA SECRETARIA DE FOMENTO 
OftUe 4e Bu AnáxU núm. 16. ( ÁTanid» OrlMte, 11.) 

1899 



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AGRICULTURA. 



EL CULTIVO DEL CAFE. 



Sinonimia. 

Slspañol: café. Francés: café. Portugués: café. Ita- 
o: caffe. Inglés: coffee. Alemán: kaflTé. Holandés: 
koffy. Árabe: ban. Persa: tochem keweh. Tamoul: ca- 
pie, cottay. Telinga: chaabe. Turco: kahve aghadji. 
Volapuk: kay 

Etimología: Árabe, qahrva en Dozy: kahua en De- 
vic: pronunciación turca kahvé, qahrvé, la cual expli- 
ca el café de las lenguas romanad. 

Confirman este origen: 1^ La forma Kaóh que se ha- 
lla en el portugués Teixeira cuyo autor publicó su li- 
bro en 1610 {Viaje de la India hasta Italia^ páginas 
116 y 117). 2^ La forma Coua que se halla en la His^ 
toria Plantarum Universalis de Juan Bauhin (edición 
del botánico Domingo Chabré á mediados del siglo 
XVII, 1650). El botánico se pregunta si el licor pre- 
parado por los turcos con el buna^ bunnu, huncños que 
él denomina Chauhe es idéntico al Coaua^ decocción bien 



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conocida que los árabes preparan con el bon ó ban. 
3^ El bajo latín Cahua que se halla en Du Cange sig- 
nificando una especie de vino blanco de poca fuerza, 
según Mateo Silvático (Mathseus Sylvaticus) médico 
del siglo XIV cuyo dato concierta con la noticia que 
nos da Dozy: gharva significó durante mucho tiempo 
uno de los nombres árabes del vino.^ 



o 



Historia. 



^Varios autores creen que el café es originario de la 
alta Etiopia, de donde ha sido transportado á la Ara- 
bia Feliz. El abate Baynal en su ccHistoria filosófica y 
política del comercio y de los establecimientos de los 
europeos en las Indias)> afirma que este árbol es cono- 
cido desde un tiempo inmemorial en aquel país donde 
aún se cultiva con buen éxito.^ 

El café no fué conocido de los pueblos de la anti- 
güedad. Ni los griegos ni los romanos conocieron su 
uso, aunque algunos autores hayan pretendido que es- 
ta bebida era conocida en los tiempos más remotos y 
que Pietro della Valle haya asentado que era el nepen-^ 
p^ tes que recibió Melena de una dama egipcia, y que Ho- 
mero alababa como propio para calmar el espíritu en 
el estado más violento de ira, de aflicción ó desgracia. 
Paschius, en su tratado de no\)is invertís^ impreso en 
Leipsick en 1700, pretende que el café está menciona- 
do entre los regalos que dio Abígail á David á fin de 
apaciguarle. (I libro de los Reyes, cap. 25, vers. 18.) 

En la alta Etiopía se coloca generalmente la cuna 

1 D. Etim. de la L. C. 



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del café, haciéndose uso de ese grano en ese país des- 
de un tiempo inmemorial. Los persas fueron el segundo 
pueblo que hizo uso del café y por fin los árabes que 
nos lo han transmitido. 

^Muchas fábulas se han difundido á propósito del des- 
cuDrimiento del café: cuéntase entre otras la de un po- 
qre dervís que habitaba un valle en la Arabia y no 
poi^eia más que una choza y unas cabras. Un día que 
éstas regresaban del campo, notó con asombro la agi- 
tación de estos animales cuando estuvieron en el redil: 
el siguiente día las siguió y observó que ramoteaban 
las hojas y los frutos de un arbusto que no había no- 
tado aún^ 

f Ensayo el efecto de esta fruta en sí mismo, y expe- 
rimentó una alegría sobrenatural acompañada de una 
locuacidad tal, que pasó cerca de sus cofrades por un 
hombre extraordinario é inspirado. Dio parte de su 
descubrimiento á los otros dervises, quienes tomaron 
igualmente la fruta del mismo árbol y comenzaron á 
propagar su uso.^ Es probable que esta fábula adopta- 
da por Dafour bajo la creencia de Fausto líaironi^ Ma- 
ronita, profesor de lenguas orientales en Roma que ha- 
bía publicado en esta ciudad un primer tratado sobre 
esta materia, ha sido inventada por los árabes para 
acreditar la opinión que hace el café originario de su 
país. 
Los persas cuentan que estando enfermo Mahoma, 

1 De salubérrima patione cahvs seu café nuncupatá discursus Faus- 
ti Naironi Banesii, Maronitse, linguse chaldaicse seu Syriacse in almo 
ürbis archigymnasio lectoris, ad Eminentis, et Reverendis priDcipem 
D. Jo. Nicolaum S. R. E. Gard. de comitibus Romse, 1671. 



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el arcángel Gabriel inventó esta bebida para devolver- 
le la salud. 

Cuéntase todavía la historia de un superior de un 
convento árabe, quien habiendo oído hablar del efeeto 
del café en las cabras del dervis y notando que sus 
monjes se dejaban ir al sueño durante los ejercicios 
nocturnos de su religión y no llevaban en ellos toda la 
atención y recogimiento convenientes, les hizo beber 
una infusión de esta simiente que produjo los efectos 
más felices. Establecido asi su uso que no tardó en pro- 
pagarse en toda la Arabia, el café gozó el más grande 
éxito y fué solicitado por todo el mundo. 

Algunos autores hablan de un mollah llamado Cha- 
dely, quien no pudiendo entregarse á sus oraciones 
nocturnas á causa del adormecimiento continuo que 
experimentaba ensayó esta bebida, cuyos buenos efec- 
tos no tardó en palpar y confió á sus dervises este des- 
cubrimiento que no tardó en ser público. 

Sea lo que fuere, lo cierto es que á mediados del si- 
glo IX de la Egira (XY de la Era Cristiana) los ára- 
be» empezaron á cultivar el café. 

Gemaleddin Abou Abdallah, Mohammed Ben Said, 
(apellidado Dhabbani porque era oriundo de Dhabban, 
pequeña ciudad del Yemen, era mufti de Aden, ciudad 
y puerto famoso de la Arabia, al Oriente de la embo- 
cadura del Mar Rojo) habiendo tenido que ir á la Per- 
sia para algunos negocios, quedó alli algún tiempo, y 
observó que los habitantes hacían uso del café y ala- 
baban las propiedades de esta bebida. De regreso en 
Aden tuvo una indisposición y habiendo recordado ¡¡o 
que le habían dicho del café, bebió una taza de este li^ 



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cor y sanó. Observó que tenía la propiedad de disipar 
el sueño y el entorpecimiento, de volver el cuerpo li- 
gero y dispuesto. Introdujo, pues, el hábito de esta 
bebida en Aden.^ A su ejemplo, los habitantes de la 
ciudad, loa jurisconsultos y la gente del pueblo toma- 
ron café, unos para entregarse mejor á los estudios de 
su profesión y los otros & sus trabajos mecánicos. Des- 
de aquella época el uso de esta bebida se hizo más y 
más común. Los faquires tomaban café en el templo, 
ilutando al mismo tiempo alabanzas al Señor. El ca- 
fé estaba en un gran vaso de barro colorado, el supe- 
rior sacaba el licor de este vaso por medio de una es^ 
cudilla y lo distribuía á cada uno de los faquires, mien- 
tras cantaban sus oraciones ordinarias. Los legos y 
todos los asistentes bebían igualmente. 

Qemaleddin murió en 875 (1459 de la Era Cristia- 
na). 

El uso del café no fué interrumpido nunca en Aden, 
y dícese que los árabes no beben jamás este licor deli- 
cioso sin desear el paraíso para Gremaleddin en recom- 
pensa del don «que les hizo. De Aden el café, hacia 
fines del siglo IX de la Egira, soextendió gradualmen- 
te á la Meca y á Medina; su uso se esparció en toda la 
Arabia y al cabo de poco tiempo habíanse estableddo, 
tanto en esa comarca como en Fersia, lugares públicos 
donde los hombres ocupados venían á distraerse; en 
estos establecimientos se jugaba ajedrez, juego en el 
cual los árabes sobresalen y superan á los hombres de 
las den^ naciones; los poetas venían á recitar sus ver- 

1 Manuscrito árabe de la Biblioteca Imperial, catálogo número 944; 
traducido por Silvestre Sacy. Crestomancia árabe, tom. II, pág. 224. 



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sos, y se distribuían café preparado. El gobierno de 
entonces, aunque muy despótico, toleró estos estable- 
cimientos. 

De la Arabia el café pasó á Egipto; llegó hasta el 
Cairo donde se introdujo al principio del siglo X de la 
Egira (XVI de Jesucristo). Del Egipto pasó después 
á Siria, principalmente á Damasco y Alepo, donde se 
estableció sin encontrar obstáculos, y por último, en 
todas las demás ciudades de aquella gran provincia. 

De esta época data la prosperidad del café. Cada 
uno quiso usarlo, apreciando las cualidades agradables 
y las virtudes saludables de esta bebida, tan conve- 
niente para esos pueblos enervados por un clima ar» 
diente y el abuso de los placeres. 

La primera desgracia que experimentó el café, tuvo 
lugar en la Meca, el año de 917 de la Egira (1511 de 
la Era Cristiana). Dos hermanos doctores, oriundos 
de Persia, llegaron á persuadir al emir Khair-Beg- 
Mimar, que el café era una bebida embriagante, que 
daba lugar á diversiones prohibidas por la ley de Ma- 
homa. • 

Khair-Beg convocó una asamblea de doctores y de 
médicos para deliberar acerca de este objeto. Los pri- 
meros declararon que los cafés públicos eran contra- 
rios al Mahometismo; los segundos, que el licor que se 
despachaba allí era perjudicial á la salud. Varios in- 
dividuos afirmaron que el café les había sido contra- 
rio. Uno de los asistentes aun aseguró que embriaga- 
ba tanto como el vino. Esta declaración hizo reir á la 
asahiblea: «Pues él ha bebido vino» fué el grito gene- 



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ral; tuvo que confesarlo y recibió ochenta palos en pa- 
go de su sencillez.^ 

Kahir-Beg solicita un rescripto del sultán para prohi- 
bir la venta del café en la Meca, y provisionalmente 
dio la orden de no servirlo en los establecimientos pú- 
blicos. 

Se bebía café secretamente en el interior de las casas, 
para substraerse á la crueldad del emir, pues Khaír- 
Beg habiendo sido informado de que una persona de 
la ciudad había tomado café, á pesar de su decreto, la 
castigó con rigor y la hizo pasear montada en un bu- 
rro por las calles y plazas públicas; mas pronto llegó 
el rescripto del sultán que contrarió las miras de los 
adversarios del café, declarando que los doctores y mé- 
dicos del Cairo, que debían ser más instruidos que los 
de la Meca, habían reconocido que era una bebida ino- 
cente y mandando al emir que retirase su prohibición. 

Cada uno volvió, pues, á tomar el uso del café con 
seguridad, sabiendo que estaba en boga en el Cairo, 
residencia del sultán. 

El año de 932, el Scheik Sidi-Mohammed-Ben- 
Arrak, habiendo sabido que en los lugares donde se 
tomaba el café, se verificaban hechos criminales, deci- 
dió á los gobernadores á que suprimieran las casas 
donde se vendía esta bebida, sin prohibir, con todo, su 
uso en el interior de las habitaciones. 

Después de su muerte volvieron á abrir los cafés. 

El año de 941 de la Egira (1534 de la Era Cristia- 
na), un fanático declamó con tanta fuerza, en la mezqui- 

1 La ley de Mahoma ordena la abstinencia de bebidas embriagan- 



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10 

ta, que el pueblo excitado por las palabras del predi- 
cador, atropello los caféai, rompió los muebles que los 
adornaban y los vasos que servíaa para distribuí]^ el 
licor, hirió á los bebedores, y dio de palos á los ven* 
dedores. 

La ciudad fué dividida en dos bandos. Los partida- 
rios del café afirmaban que era un brevaje puro, de un 
uso saludable, que excita la alegría, facilita el canto de 
las alabanzaj9 á Dios y los ejercicios de devoción. 

Los que por el contrario, lo consideraban como be- 
bida vedada, no ponían límites á sus palabras y en la 
censura de las personas que lo usaban. Los adversa- 
rios del café llegaron al extremo de decir que era una 
especie de vino y que debía comprenderse en la mis- 
ma proscripción: y aun dijeron que el día de la resu- 
rección los bebedores de café aparecerían con uua cara 
más negra que los fondos de los vasos ¿n los cuales se 
preparaba. 

Fué necesario recurrir á una consulta jurídica. El 
Scheik, habiendo convocado á todos los doctores, éstos 
declararon la cuestión decidida de tiempo atrás en fa- 
vor del café. El Scheik convencido por la opinión da 
los hombres más distinguidos, hizo preparar café en su 
casa; se sirvió á toda la asamblea y de ahí se hizo la 
bebida más de moda que nunca. 

Todas las tentativas que tuvieron lugar desde enton- 
ces para hacer prohibir el café en la Meca fueron in- 
fructuosas. 

En el Cairo fué también prohibido pero pronto trlun^ 
fó de todos los obstáculos. 

Bajo el reinado de Solimán II, apellidado el Grrajft- 



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11 

de, en el año de 962 de la Egira (1554 de la Era Cris- 
tiana), fué cuando se comenzó á tomar el café en Gre* 
cia y en Constantinopla. Un damasquino llamado 
SchemSj y un habitante de Alepo llamado Hekem^ lle- 
gados á Constantinopla, abrieron cada uno un café don- 
de se recibía á los consumidores en unos sofás. Estos 
establecimientos fueron frecuentados por la mayor par- 
te de los sabios, jueces, profesores y derrises. Estos 
cafés tuvieron en lo de adelante una fama tal, que las 
personas de la primera distinción, los bajas y los prin- 
cipales señores y dignatarios los honraban con su pre- 
sencia. Se dio entonces á los cafés el nombre de Escue- 
las de Sabios. 

Los turcos se dedicaron con furor al uso de esta be- 
bida, y muy pronto la capital se llenó de Kawha-Ka' 
neSj donde se distribuía el café: los ociosos se reunían 
ahí, y semejante á esas mujeres ambulantes que van 
á cantar ó á tocar algún instrumento frente á los ca- 
fés de las grandes ciudades, unas bailarinas ó cortesa- 
nas {almeaSj ghawasiés)j venían á divertir á los consu- 
midores con sus cantos y sus bailes lascivos. Mas de- 
claróse una furiosa tempestad: los sacerdotes pretex- 
tando que se abandonaban los templos por los cafés, 
hicieron gran ruido en Constantinopla. Pretendieron 
que el café tostado era carbón, y que todo lo que tenía 
alguna relación con el carbón era prohibido por Maho- 
ma. 

El Mufti sostuvo á los sacerdotes, prohibió el uso 
de este licor en la capital, y mandó se cerrasen los ca* 
fes; mas pronto se estableció su culto. 

Habíase principiado en los establecimientos donde 



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12 

se vendía café, con jugar al ajedrez, conversar tocante 
á la prosa, á los versos, las artes, las ciencias, y pron- 
to se habló de religión y (Je política. 

Bajo Amurat III, el Mufti se enfadó, suprimió los 
cafés con motivo de los noveleros que se reunían ahí; 
mas esta prohibición nd teniendo que ver con el café 
mismo, su uso fué tolerado, en el interior de las fami- 
lias. Los turcos burlaron luego al Mufti y abrieron 
cafés más numerosos que antes. 

Durante la guerra de Candía, dice Ricault en su 
Historia del Imperio Otomano ^ bajo la minoría de Maho- 
ma IV, el gran visir Kuprugli, bajo pretexto de polí- 
tica cerró los cafés. Este rigor no hizo más que aumen- 
tar el celo de los turcos para esta bebida, y contribuyó 
á disminuir las rentas del Gobierno, que tuvo enton- 
ces que retirar para siempre la prohibición, y el café 
se ha vuelto hoy día tan común en Turquía, en Egip- 
to, y en todos los países musulmanes, que reemplaza 
al vino. En Oriente el marido tiene que proveer á su 
mujer de café; en caso contrario hay motivo para di- 
vorcio. 

En 1652, un comerciante [llamado Edward trajo á 
Inglaterra á su regreso de Levante, á un griego llama- 
do Pasqua Rosse que sabía preparar el café; introdujo 
su uso en Londres donde fué favorablemente acogido 
por los ingleses. 

Separado de su amo, Pasqua Rosse estableció un ca- 
fé en St^ Michael's Alley, Cornhill,^ el cual anunció 
así: (íLas virtudes del café hecho y públicamente vendido 
por Pasqua Bosse.» 

1 Hull. 



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18 

«cEl grano ó fruto llamado café lo produce un arbus- 
to que crece solo en los desiertos de la Arabia. Hervi- 
do con agua pura después de secado y reducido á pol- 
Yó) compone una bebida sencilla é inocente, propia 
para tomarse una hora después de la comida. 

«Debe tomarse tan caliente como sea posible, sin que 
lo sea tanto que produzca escoriación en la boca. 

«La calidad de esta bebida es fría y seca. Ingerido al 
estómago conserva el calor interior, ayuda la digestión 
y es, por consiguiente, propio para tomarse después 
de la comida. Anima el espíritu y fortalece el corazón; 
quita los dolores de cabeza, es excelente para prevenir 
y curar la gota y la hidropesía. Esta bebida es cono- 
cida como la mejor para los ancianos y los niños en- 
fermos; es el mejor remedio contra el spleen, la hipo- 
condría y el amor En Turquía, donde esta bebida 

es muy general, se ha observado que nunca se padece 
de cálculos, gotas ó didropesía; tienen además el cutis 
claro, terso y blanco 

«Se hace y se vende en St. Michael's Alley, Cornhill, 
por Pasqua Rosse bajo su sola dirección.» 

Bajo el reinado de Carlos 11, el café experimentó las 
mismas persecuciones, las* mismas dificultades que ha- 
bía sufrido en Turquía. 

En 1675 fué dada la orden de cerrar las salas, en 
número de más de tres mil, donde se tomaba café, co- 
mo focos de trastornos y seminarios de sedición. Esta 
medida extinguió probablemente el uso del café que fué 
casi abandonado en toda la Inglaterra, hasta estos úl- 
timos tiempos en que el consumo se ha vuelto más con- 
siderable. 



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14 

No fué sino diez años después que los ingleses hu- 
bieron adoptado el uso del café, cuando empezó á esta- 
blecerse en Francia, donde debía ser después el objeto 
de un consumo tan grande. 

Sin embargo, Leonardo Kauwolf había mentado ya 
desde 1583 el árbol del café. Próspero Alpino, famoso 
médico de Fadua y gran botánico, había dado á luz en 
1591, en Venecia, uña obra en la cual daba la descrip- 
ción de un árbol que había visto en Egipto y al cual 
daba ^1 nombre de Bon^ JBan 6 JBoun. 

Esta obra fué reimpresa en 1640, en Fadua, con las 
observaciones y anotaciones que Veslingius, otro céle- 
bre médico italiano, había hecho de este tratado; Ba- 
con de Verulam, en 624, en su Stflva Sylvarum^ había 
hablado del café comp una bebida cuyo uso era común 
en Oriente, y Meisner desde 1621 había compuesto un 
tratado acerca de este precioso grano. 

En Italia habíase empezado á tomar café hacia el 
año de 1645, y se dice, que desde 1644 un veneciano, 
llamado Fietro della Valle, había traido café á Marse- 
lla: es pues sin razón que algunos autores pretenden 
que Thevenot fué el primero que introdujo café en 
Francia, puesto que el regreso de su primer viaje no 
se verificó sino en 1657. Foco tiempo después que della 
Valle hubo traído el café á Marsella, otro viajero no 
sólo importó café, sino los muebles y las servilletas de 
muselina bordadas de oro, plata y seda, que sirven pa- 
ra su uso en Turquía. Mas el café en esta época ne era 
sino un objeto de mera curiosidad. 

Sin embargo, en 1660 varios negociantes de Marse- 
lla que habían vivido largo tiempo en Levante, y se 



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15 

habían acostumbrado al caté, mandaron traer á Egip- 
to algunos fardos de este grano. 

Be Marsella el uso del café se introdujo en Lyon, 
en la Provenza y en las provincias vecinas. Fué en Mar- 
sella donde en 1671 se abrió por primera vez en Fran- 
cia una tienda para la venta del café. 

£1 uso del café se había vuelto general eti Marsella, 
á pesar de las declamaciones de los médicos que en va- 
no aseguraban que no convenía á los habitantes de los 
climas templados; pero era casi desconocido en Paiis. 

Se sabe solamente que bajo el reinado de Luis XIII, 
se vendía bajo el pequeño Chatelet, una decocción de 
café bajo el nombre de Cohové ó Cahovet Pero en 1662 
no había aún cafés públicos en Paris. En general, el 
café no empezó 6 volverse común sino á mediados del 
siglo XVIII. 

Solimán Aga, embajador de la Puerta, cerca de Luis 
'XIV, en 1669, fué el primero que introdujo en Paris 
el use del café: lo hizo probar á algunas personas que 
siguieron tomándolo después. 

El café se vendía al principio hasta á cuarenta escu- 
dos la libra; pero este precio exorbitante no se mantu- 
vo mucho tiempo. 

Pascal, armenio, algunos años después (1672) esta- 
bleció un café en la feria de Saint Germain. Pasada la 
feria transportó su establecimiento al muelle de la Es- 
cuela, frente á Pont Neuf. Este café no era, sin em- 
bargo, sino una sala donde se reunían algunos extran- 
jeros y caballeros de Malta. Pascal salió poco después 
para Londres. 

Procopio, siliciano, volvió á poner el café en moda. 



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16 

Siguiendo el ejemplo de Pascal, se estableció en la fe- 
ria de Saint Germain y atrajo la mejor clientela por 
la buena calidad de la preparación. De la feria fué, en 
1689, á establecerse frente al teatro de la Comedia Fran- 
cesa. 

Foco tiempo después Maliban, armenio también, 
abrió un nuevo café en la calle de Buci, cerca del jue- 
go de pelota en los alrededores de la abadía de Saint 
Grermain; de allí pasó á la calle de Feron, cerca de Saint 
Sulpice, pero pronto se volvió á su antiguo local de la 
calle de Buci. Habiéndolo obligado algunos negocios 
á salir para Holanda, cedió su café á Grregorio su mo- 
zo, recientemente llegado de Ispahan. 

Algunos otros establecimientos pequeños se habían 
formado sucesivamente, cuando en fin, un cierto Este- 
ban Alepo, abrió en Faris una sala adornada de espe- 
jos y de mesas de mármol. Sin embargo, el número de 
los cafés no se aumentaba sensiblemente, y nada hacía 
presagiar el éxito que esta bebida había de obtener al- 
gún día. 

Todo el mundo conoce estas palabras de Mdme. Se- 
vigné; «Racine pasará como el café.» Fero Racine á pe- 
sar de las decls^raciones de los románticos, está todavía 
considerado como el primero de los poetas franceses, 
y el café á pesar de sus detractores se ha vuelto una ne- 
cesidad general. 

Los establecimientos que se formaron después riva- 
lizaron entre sí por el lujo de sus adornos. Ahí se reu- 
nía la gente, menos para tomar café que para saber no- 
ticias del día. Recordaremos aquí que es á la introduc- 
ción del café en Francia que se debe la invención de las 



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17 

gacetas y periódicos. Las damas de }a aristocracia ha- 
cían muchas veces parar sus coches delante de las tien- 
das de café y lo tomaban desde la puertecilla en tazas 
de plata. 

El éxito alcanzado por Esteban de Alepo y Proco- 
pio, cuyo café era frecuentado por Voltaire, Pirón, 
Fontenelle, Saint-Foix, etc., etc., quienes juzgaban allí 
las obras nuevas de literatura, decidieron á algunos es- 
peculadores á abrir varios establecimientos del mismo 
género. El café de la Regencia, situado en la plaza del 
palacio Real, obtuvo una gran celebridad con motivo 
de los jugadores de ajedrez que lo frecuentaban. Era 
tal la afluencia de los espectadores para ver á Juan Ja* 
<M)bo Rousseau, que el teniente de policía tenía que 
mandar un centinela á la puerta del café. 

Los establecimientos donde se preparaba el café se 
multiplicaban insensiblemente. Bajo el reinado de 
Luis XY, contábanse más de seiscientos; hoy día es in- 
menso y no tiende á disminuir. 

Al principio del siglo XVIlI la Arabia suministra- 
ba á la Europa todo el café que se consumía. Cansados 
de pagar un tributo asaz fuerte para este precioso gra- 
no, los europeos trataron de cultivar el árbol que lo 
produce. 

Más dos grandes obstáculojs se oponían al buen éxi- 
to de sus proyectos: los árabes no dejaban llevar los ca- 
fetos, y las tentativas que se hicieron para hacer ger- 
minar el grano de café, dieron á pensar que los árabes 
lo mojaban con agua hirviente ó lo hacían secar al hor- 
no antes de venderlo, para conservar siempre el mo- 
nopolio del café. El desengaño vino cuando se hubo 

Café.-2 



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18 

transportado el árbol mismo de Batavia. Entonces se 
conyencieron que la semilla no germina sino cuando 
se siembra recientemente tomada del árbol. 

ITn francés tuvo el honor de probar el cultivo del 
café en un clima diferente al suyo; sembró en 1670 en 
los alrededores de Dijon unas semillas que salieron pe* 
ro no prosperaron. 

Nicolás Witsen, de Amsterdam, fué el primero qu& 
en 1690 transportó unas bayas frescas según unos, el 
árbol según otros, de Moca á Batavia. Este ensayo tu- 
yo el más feliz éxito. 

El Gobernador de Batayia mandó en el mismo año 
un pie de café para los inyernáculos de Amsterdam. 
El Sr. de Ressous, teniente de artillería y aficionado á 
la botánica, Ueyó de Holanda á Francia un pie de café 
que fué presentado á Luis XV en Marly (1712), de 
donde fué enyiado al Jardín de Plantas; produjo flores 
y frutos y no tardó en perecer. Fué entonces cuando 
Brancas, burgomaestre de Amsterdam, enyió en 1714 
otro pie como regalo á Luis XIV. 

Este pie, criado en el Jardín de Plantas de Paris 
bajo el cuidado de Jousieu, ha sido el origen de los ca- 
fetos que se cultiyan en las Antillas y casi toda la Amé- 
rica. 

Desde 1816 unos plantíos criados de semillas del 
Jardín de Plantas, fueron confiados á Isamberi, médi- 
co, para transportarlos á las colonias francesas; mas 
este médico habiendo muerto, esta primera tentatiya 
no tuyo el éxito que se esperaba. 

En 1723, de Chirac, médico, confió á de Clieux^ gen- 
til hombre normando, un pie de café para ser trans- 



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19 

portado á la Martinica. La travesía fué larga y peli- 
grosa, el agua hacia falta á bordo y no se distribuía 
sino por pequeñas raciones; de Clieux^ que comprendía 
toda la importancia de propagar este fruto en las colo- 
nias de América, y quería conservar para su país una 
mera fuente de riqueza, dividió con el pequeño fruto 
que se le había conñado, la ración de agua que se le 
daba, y tuvo la dicha de desembarcarlo en la Martini- 
ca, débil pero no en un estado desesperado. 

Entonces sus cuidados redoblaron, lo plantó en su 
jardín, en el lugar más favorable á su desarrollo, lo 
protegió por un seto de espinas y lo hizo guardar á la 
vista. Tuvo el primer año la satisfacción de cosechar 
dos libras de semillas. 

Dio algunas á de la Gruarigue, coronel de las mili- 
cias de la Martinica, y á varios habitantes de la isla 
que las sembraron. 

Blondel Jouvencourt, comprobó por un auto en de- 
bida forma, con fecha 22 de Febrero de 1726, que exis- 
tían en el jardín de Survillier, en el cuartel de Santa 
María, varios pies de café, y entre otros, nueve árbo- 
les de más de veinte meses; en el mismo auto consta- 
ba la existencia en la Martinica de doscientos árboles 
cargados de flores y frutos; de más de dos mil menos 
adelantados, y de una cantidad de otros cuyas semi- 
llas estaban solamente naciendo. El padre Labat, á 
quien de Sourvillier envió esta certiñcación, reñere en 
su obra que los nueve pies mentados arriba, han pro- 
ducido en un año, cuarenta y una libras de café, sin 
contar más de mil semillas que dio á sus amigos para 
que las sembrasen, y las que le fueron tobadas. 



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20 

Los cafetos prosperaban, pues, en la Martinica y las 
cosechas eran ya algo abundantes, cuando el 7 de No- 
viembre de 1727, un horrendo terremoto que duró mu- 
chos días y que conmovió la montaña hasta sus cimien- 
tos, hizo perecer todos los palos de cacao, principal ri- 
queza de la isla, y redujo á la mendicidad á más de la 
mitad de los habitantes. 

Esta horrible catástrofe se volvió ei\ provecho del ca- 
fé y activó su cultivo en la Martinica. Tal fué el em- 
peño y la perseverancia de los colonos, que esta isla 
produjo por si sola más del café necesario para el con- 
sumo de toda la Francia. 

Sin el don precioso del honorable de Clieus:^ la colo- 
nia, desprovista de todo recurso por la ruina de laa 
plantaciones de cacao, estaba completamente perdida; 
y sin embargo, de ClietuVj después de haber enriqueci- 
do á la Martinica con este ramo de comercio, murió 
pobre é ignorado á la edad de noventa y siete años, 
en 1775. 

En 1804, de Laussat, prefecto de la colonia, proyec- 
tó levantarle un monumento en el lugar mismo en don- 
de habla plantado el primer pie, objeto de su solicitud 
y fuente de riqueza para la isla; este proyecto no fué 
ejecutado por haber sido tomada la Martinica por los 
ingleses en 1809. Si no se ha levantado un monumen- 
to en honor de este viajero benéfico, dice Tussac en su 
Flora de las Antillas^ hablando de de Clieux^ debe existir 
en el corazón de todos los colonos. 

De la Martinica lleváronse algunos pies á Santo Do- 
mingo, Guadalupe y otras islas adyacentes. Algunos 
autores pretenden que el café había sido transportado 
á Santo Domingo desde 1716. 



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SI 

El cultivo del café se propagó rápidamente en Gua* 
dalupe, pero hoy se ha descuidado por el de la caña 
de azúcar. 

Después de 1718 los holandeses lo cultivaban con 
buen éxito en Surinam {Quayana Holandesa). Un reo 
llamado Mousgues, huyó de la Guayana Francesa, pe* 
ro deseando regresar á ella, escribió desde Surinam 4 
Lamotte Aigron, teniente del rey en Cayena, que si le 
daba indulto, á pesar de las penas rigurosas á que se 
exponía si llegaba á ser descubierto^ llevaría de Suri- 
nam semillas de café en estado de germinar. Bajo li 
palabra que se le dio, llegó á Cayena en 1772 trayen- 
do consigo 460 gramos de café recientemente cosecha- 
do, los entregó al comisario ordenador de la marina^ 
d'Albion, que lo hizo sembrar. Las siembras se die- 
ron perfectamente y pronto la colonia se cubrió de 
plantaciones. 

En 1717 ó 1718 la Compafiia Francesa de las Indias, 
establecida en Faris, envió A la isla de Borbón {hoy is- 
la de Reunión) con un capitán de buque de Sn. Malo, 
llamado Dufougeret-Grenier, algunos pies de café de 
Moka. 

Fueron entregados en esta isla al teniente del rey, 
Desforges-Boucher. No quedaba más que un solo pie 
de este envío en 1720, pero produjo tanto este afío que 
se sembraron 15,000 semillas por lo menos. Todos los 
cafetos cultivados actualmente en la isla descienden 
de estas plantas y producen el caíé que en el comercio 
recibe el hombre de café de Borbón. 

Sólo en 1726 la isla de Borbón empezó á entregar 
café al comercio. Preténdese que existe una especie de 
café indígena de esta isla. 



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Los habitantes de Borbón^ según refieren algunos 
autores, habiendo yisto en un buque francés que re- 
gresaba de Moka, unas ramas de cafeto ordinario car- 
gado de hojas y de frutos, reconocieron desde luego 
que tenían en sus montañas algunos árboles entera- 
mente semejantes; fueron á buscar ramas cuya compa- 
ración con las que hablan sido traídas resultó exacta, 
tanto por la hoja como por el fruto y demás partes del 
vegetal. 

El café resultó, no obstante, algo más largo, más 
menudo y algo más verde que el de Arabia. 

En la isla de Jamaica, una de las Antillas más im- 
portantes en materia de café, se atribuye á !N^icolás 
Laws la introducción del cafeto, hacia el año de 1728. 

La prematura muerte de Laws, acaecida tres años 
después de la introducción de la planta, había malo- 
grado una empresa tan importante, pero el interés de 
los colonos suplió la falta del distinguido filántropo. 
En -efecto, con el objeto de favorecer el desarrollo del 
cultivo del cafeto, los principales comerciantes de Ja- 
maica solicitaron del Farlai^ento Inglés un decreto 
que disminuyese los impuestos sobre el café de esta is- 
la en la Grran Bretaña. 

Disminuido el impuesto y aumentado el consumo, 
el cultivo del café en Jamaica fué tan lucrativo, que 
muy pronto tomó grandes proporciones. 

La introducción del cafeto en las colonias españolas 
tuvo lugar en 1748. D. Juan Antonio Gelabert lo* in- 
trodujo en Cuba hacia esta época, aunque autores hay 
que aseguran que en 1769 fué llevado de San Juan 
de Puerto Rico con la emigración de los colonos fran- 



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28 



Es probable que en México se introdujera el café de 
las Antillas á fines del siglo pasado, pues según datos 
publicados sobre el Comercio interior y exterior de M¿- 
sico, por D. Miguel Lerdo de Tejada^^ entre los pro- 
ductos exportados por el puerto de Veracruz los años 
de 1802, 1803 y 1806, el café figura en las proporcio- 
nes de 272, 493 y 336 quintales respectivamente. 

El café producido en aquellos años lo fué probable- 
mente en Córdoba, que pasa por ser el primer lugar 
de la República donde se ha cultivado, aunque según 
opinión de personas respetables, el cultivo del cafeto 
fué Introducido en Córdoba en 1817 por D. Juan An- 
tonio Gómez j quien lo propagó con sumo esmero y pasa 
por ser el introductor en México de tan productiva 
planta. 

Nosotros creemos que la introducción del cafeto á 
nuestro país es anterior al presente siglo. 

El buen precio del café de las Antillas en los prin- 
cipales mercados y la fácil producción de la planta en 
los terrenos de las cercanías de Córdoba, pudieron de- 
terminar á nuestros cultivadores á emprender su cul- 
tivo y á exportar á principios de este siglo las canti- 
dades de café que quedan apuntadas. 

Los trastornos ocasionados por la guerra de inde- 
pendencia y la abolición de la esclavitud, debieron es- 
torbar el desarrollo de este cultivo que cayó en aban- 
dono hasta 1817, época en la cual el Sr. Juan Antonio 
Gómez tuvo el gran mérito de impulsarlo considera- 
' blemente. 

1 Citado por el Sr. Matías Romero. 



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24 

En efecto, en la obra antes citoda se expresa que en 
los años que siguieron al de 1805 no se registra ningu- 
na partida de café exportada, hasta 1826 y 1826 que 
hubo exportaciones de 33 y 20 quintales respectiva- 
mente. 

De Córdoba el cafeto se extendió á los cantones ad- 
yacentes, ocupando gran parte del litoital del Golfo. 

En las costas del Pacifico el café ha tenido otroori- 
gen. En 1828 el ilustre general Mícheleiia trajo á su 
regreso de Londres una pequeña cantidad de semilla 
del café de Moka; semilla que sembrada en terrenos de 
su hacienda de Farota, ubicada en Ario, produjo los 
pies que más tarde se propagaron en ITruapan, el res- 
to de la zona cafetera de Michoacán, y probablemente 
en Colima donde lo introdujo D. Ignacio Ochoa. 

El café que se cultiva en el Estado de Chiapas[es de 
origen guatemalteco, pues &ñ 1847 el Sr. ManchinelU, 
de origen italiano, importó de San Pablo de Ghuatema- 
la algunas matas que sembró en Tuxtla Chico. 

El eultivo del café en Oaxaca es muy rédente. A 
consecuencia dd descubrimiento de los colore^i de ani- 
lina, la riqueza principal del Estado, la grana, suñrió 
un golpe terrible que hizo decaer su cultivo y aun aban- 
donarlo. 

El Sr. D. Manuel Fosada y posteriormente algunaa 
otras personas se dedicaron á la industriacafetera com 
»tan buen éxito que muy pronto olvidaron el desacitve 
de la cochinilla. 



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26 



( 



Desckipción botIkica. 



El cafeto ed un arbusto que en el continente africa- 
no, su patria, y en algunas partes del asiático, alcanza 
alturas de 12 y 14 metros, pero que en la zona cafete- 
ra de la América no pasa de 4 á 6) Los botánicos le 
ban colocado en la familia de las Éuliáceas á la cabeza 
de un grupo al que ha dado su nombre: el grupo de 
las Coffeáceas. 

Es planta de flores hermafroditas (fig. 1) y regula- 
res, de receptáculo cóncavo, alojando al ovario y lle- 
vando en sus bordes un cáliz gamosépalo corto, de cin- 
co divisiones poco pronunciadas (acompañado coniun- 
mente de una capa de materia cerosa), algunas veces 
aun nulas. Corola hipocraterimorfa 6 infundibulifor- 
nue, glabra ó velluda en la garganta; de limbo cortado 
en cuatro ó cinco lóbulos torcidos en el botónf Los es- 
tambres (dimorfos en la coffea arábica) alternos, se 
componen de un filamento ordinariamente corto que 
se adhiere á la garganta de la corola ó en el seno de 
sus divisiones y soporta una antera dorsifija (en la co- 
ffea arábica el conectivo está bombeado y el vértice del 
filamento se inserta sobre el dorso, permaneciendo rí- 
gido, de modo que la antera no es oscilante) introrsa, 
de dos lóculos estrechos dehiscentes cerca de los bor- 
des, inclusas ó exertas. 

El gineceo se compone de un ovario infero ordina- 
riamente bilocular (algunas veces tri, pero nunca mo- 
nocular), coronado de un disco epigineo grueso y de un 
estilo incluso ó exerto, cuya extremidad se divide en 
dos ramas rectas ó curvas (curvas en el C. arábica) car- 



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26 



gadas de papillas estigmáticas hacia adentro; en el án- 
gulo interno de cada lóculo, se inserta á una altura va- 
riable un ÓTulo peltado, incompletamente anátropo de 
microphylo dirigido abajo y hacia afuera (rodeado 
de un obturador placentario). 
(e1 fruta) (figs: 2 y 3) es una drupa oblonga ó esféri- 
ca mSso menos carnosa, encerrando dos núcleos del- 
gados y pergaminosos, más ó menos fuertes, gruesos 
y resistentes, convexos hacia afruera y planos haeia 
adentro si son en número de dos. La cara plana pre- 
senta un surco vertical más ó menos profundo que se 
ve reproducido en la semilla. La semilla se compone 
de un albumen córneo de color plomo-verdoso opaco, 
enrollado sobre sus bordes y conteniendo el interior 
un embrión excéntrico, dorsal, próximo á la base del 
grano; sus cotiledones son foliáceos, elípticos y su ra- 
dicuI^J¡^£e4:ior y bastante larga. 

^^a^eDjUkr^está rodeada de una doble envoltura per- 
fectamente adherida al albumen, del cual no se diferen- 
cia al principio. Cuando el fruto ha llegado á su ma- 
yor grado de desarrollo se encuentra entre la capa per- 
gaminosa y el albumen una película sumamente tenue, 
espejisa y casi transparente, que resulta de la diferen- 
ciación del tegumento externo. Suele desarrollarse só- 
lo un óvulo y entonces el grano único es convexo por 
toda la periferia y ocupa casi el centro del fruto, el lócu- 
lo estéril permanece rudimentario. El grano toma en- 
tonces el nombre de caracolillo por la semejanza que 
tiene con la concha de algunos moluscos. 

Los cafetos son arbustos glabros, de hojas opuestas 
(fig. 3), raras veces temadas, acompañadas de estípu- 



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27 

las interpecíolares (ó intrapeciolares), conadas en vai- 
na en una extensión variable y generalmente acumina- 
das. En su interior se encuentran papillas blandas ó 
bastones glandulosos que secretan una substancia ce- 
rosa abundante. 

t^aTflorl^ bastante grandes, blancas y olorosas es- 
tán reunidas en la axila de las hojas, en cimas com- 
puestas de pedículos ó pedicelas acompañadas de brac- 
teas ó bracteolas frecuentemente conadas y rodeadas, 
€omo las estipulas, de una substancia glutinosa. 

Existen descritas muchas especies de coffeáceas y 
muchas de ellas se cultivan; pero la principal y más 
cultivada (la descrita primero), es sin duda la Coffed 
ardbicaj cuyo nombre recuerda su origen. Esta especie 
ha producido un crecido número de variedades que se 
explotan en muchos lugares del mundo, siendo la más 
apreciada la variedad llamada moca^ que crece en el 
Yemen y se reputa, acaso sin razón, como la de prime- 
ra calidad en el mundo. Entre nosotros, si la tradición 
es verídica, se encuentran subvariedades de la moca, 
cuyo exquisito gusto no deja desmentir su origen.^ 

La variedad mirto se considera como la segunda en 
calidad. Esta variedad se distingue de la anterior por 
la forma de su hoja que es más alargada y por la pe- 
quenez del tubo de su corola. Es la variedad cultivada 
en Java y Sumatra, abundante en las Antillas, y es 
probablemente la variedad que se cultiva en Venezue- 
la, Centro América y la mayor parte de la República. 
En el Brasil se cultivan mucho las variedades Batard 

1 Colima y Uruapan. 



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y Maragógicaj que aunque son menos apreciadas que 
las anteriores tienen la ventaja de ser más rústicas y 
productivas. 

Las variedades Edem y Bastardo que cultivan en la 
isla de la Reunión, son inferiores y no tienen la im- 
portancia que se ha pretendido darles. 

A la especie arábica corresponden quizá algunas va- 
riedades silvestres que vegetan en las costas del Golfo 
y que se conocen vulgarmente con el nombre genérico 
de cafedllOj aunque según algunas opiniones tienen su 
lugar en la G. Meooicance de D. C. Por hoy no tienen 
importancia práctica ningunaé 

Además de la O. arábica debemos mencionar las es- 
pecies JRocemosa^ Laurínea y lÁberiana. 

La primera ha producido algunas variedades que fte 
cultivan en el Perú. La segunda, importada de las cos- 
tas del África en los primeros años de este siglo, ha 
dado nacimiento á una variedad muy rústica que hoy 
se cultiva en la isla de la Reunión: la variedad Le Boy, 
del nombre del capitán del buque que allí la introdu- 
jo. La tercera, originaria de la Liberia, es más robusta, 
menos exigente y quizá más productiva, aunque las 
tentativas hechas para propagarla en México no han 
sido fructuosas. Creemos que es preferible mejorar 
nuestro cultivo con las variedades que tenemos antes 
que introducir otras cuya reputación es dudosa. 

Composición química. 

Con más ó menos éxito, Léfebre^ Bourdeli% Ú^éofftoy^ 
Guindetj Mobiguet^ Payen y otros, han hecho en distin- 
ta época análisis del café que, incompletos al princi- 



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pió, se han perfecoionado sucesivamente hasta poner- 
se en nuestros días á la altura de los actuales conoci- 
mientos de la química analítica. 

Sería ocioso hacer una reseña de los varios análisis 
que del café han hecho los sabios químicos menciona- 
dos; para llenar nuestro objeto sólo daremos á conocer 
los más recientes, así como algunas de las propiedades 
del alcaloide que contiene. 

Según Payen 100 partes de café encierran : 

Legumina, cafeína, etc 10.000 

Cafeína lihre ., 0.800 

Materia azoada 3.000 

Substancias grasas 13.000 

Glucosa, dextrina y ácido vegetal indetermi- 
nado 15.500 

Gloroginato de potasa y cafeína 5.000 

Aceite esencial concreto ínsoluble 0.001 

Esencia aromática soluble de olor suave 0.002 

Celulosa ' 34.000 

Substancias minerales 6.697 

Agua 12.000 

100.000 

Las substancias minerales contenidas en el café son 
principalmente, potasa, sosa, cal, magnesia, óxido de 
hierro, ácidos sulfúrico, fosfórico, etc. 

Ch. Graham, Stenhouse y Campbell han obtenido 
para la composición de las cenizas del café: 



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so 



6400 


63.20 


63.72 


61.62 


4.11 


4.61 


6.16 


5.87 


8.20 


8.66 


8.37 


8.87 


11.05 


10.80 


11.13 


10.16 


3.49 


3.82 


8.10 


5.26 


18.13 


16.34 


16.54 


16.98 


0.26 


1.00 


0.72 


0.59 


0.73 


0.63 


0.44 


0.44 



Potasa 66.10 

Cal 4.10 

Ha^esia 8.42 

Acido fosfórico 10.36 

Acido sulfúrico .... 3.62 

Acido carbónico... 17.47 

CQoro 1.11 

Oxido de hierro... 0.46 



100.63 99.97 96.06 100.18 99.68 

Según obseryaciones hechas por el autor, auxiliada 
por el Sr. Hilario Cuevas, en el cafetal «Unión Ibéri- 
ca,D Cuicatlán, Oaxaca, el café contiene: 

Café comercial 20.00 

Pergamino 6.00 

Mucilago y agua 36.00 

Pulpa 40.00 

100.00 
Las diversas partes de la baya contienen: 

Materia Moa. Agua. 

Cerezas frescas (maduras) 37.76 62.24 

Pulpa fresca. 22.20 77.80 

Café beneficiado 81.10 18.90 

Pergamino seco 86.00 14.00 



100 partes de materia seca contienen: 

OnlBaa. Asoe» • 

Cerezas 3.82 1.66 

Pulpa 6.79 1.47 

Café 3.69 2.08 

1.15 0.48 



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SI 

100 partes de materia natural contienen: 

OcdIbm. Aaoe. 

Cerezas 1,44 0.62 

Pulpa 1.50 0.32 

Gafé 2.99 1.68 

Pergamino 0.92 0.38 

Coiapotioitfii OeniíM en 88ft 

eenteaimal de Oenlsaa en kilogramoa d e 

leBoenliaide 100 kilogra- bayas que dan 

lae boyal en- mos de ba- 100 kilogramoe 

terai. yai. de eafé. 

Acido fosfórico 7.11 0^«.1024 0^«.3974 

Acido sulfúrico 2.96 O 0426 O 1652 

Cloro 1.30 O 0187 O 0728 

Cal 8.67 O 1249 O 4846 

Magnesia 6.26 O 0900 O 3492 

Potasa 61.40 O 7402 2 8720 

Sosa 1.86 O 0268 O 1040 

Oxido de hierro 0.70 O 0101 O 0389 

Silice y arena (?) 1.19 O 0171 O 0663 

Acido carbónico 18.56 O 2672 1 0368 

Materia mineral 1 4400 5 5872 

Ázoe O 6200 2 3756 

El cuadro siguiente representa: 

1^ Los elementos contenidos en 3,880 kilogramos de 
bayas enteras. 

2r Los elementos exportados en 1,000 kilogramos 
de café comercial. 

Quedaron en la 
8,880 kiloi de 1,000 kilogramos pulpa y perga- 
bayai. de café oomerelal. mino: 

Acido fosfórico 3*.974 2*.897 1\077 

Acido sulfúrico 1 662 O 490 1 162 

aoro O 728 O 212 O 516 

Cal 4 846 1 486 3 360 

Magnesia 3 492 2 299 1 193 

Potasa 28 720 14 441 14 279 

Ázoe 23 866 16 800 7 026 



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82 



Se ve, pues, que el cafeto es una planta que parti- 
cularmente consume potasa, ázoe y ácido fosfórico, no- 
ción importante desde el punto de vista del empleo de 
los abonos. 



El café debe sus propiedades en gran parte á la ca- 
feina^ substancia descubierta por Runge en 1820, ó 
identificada con la teína en 1838 por Jobst y Mulder. 
La cafeína puede obtenerse agotando el café por el agua 
caliente que la disuelve con pequeñas cantidades de 
ácido málico y malatos ácidos. Se precipita el ácido 
málico y los malatos por el acetato de plomo, y des- 
pués de filtrado el liquido, se elimina el exceso de ace- 
tato por el hidrógeno sulfurado. Después de una con- 
centración se obtiene la cafeína al estado de agujas^ 
(M. Robiquet y Boutron.) 

La cafeína puede purificarse por cristalizaciones en 
el éter. 

El café contiene de 2 á 5 p3 de cafeína combinada 
con la potasa y el ácido cloroginico. 

Puede asimismo obtenerse la cafeína saturando los 
ácidos libres en una infusión por el carbonato de sosa, 
y precipitando el licor por una infusión de nuez de 
agalla. Se deposita tanate de cafeína que se deseca, se 
mezcla con cal triturada, y se agota por el alcohol. El 
líquido alcohólico se destila y el residuo se purifica 
por cristalizaciones en el éter. 

Por sublimación puede también obtenerse la cafeína, 
aunque según Heynsius, este método es defectuoso 
porque una parte de la cafeína se destruye por el calor. 



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88 

La cafeína (C^« ff ^ AZ* O*) cristaliza de su soluciÓD 
acuosa en agujas finas y sedosas con 8.4 p3 ó una mo- 
lécula de agua de cristalización que pierde á 150°. Su 
sabor es ligeramente amargo, se funde á 178® y se su- 
blima á 185®. La cafeina es soluble en frío en el agua 
y en el alcohol; es menos soluble en el éter. Cristali- 
zada en el alcohol ó en el éter es anhidra. Su densidad 
es de 1.23 á 19® O. 

Solubilidad de la cafeina según Comaille. 



■ 15 o T 170. A LA XBULUCIÓN. 

Anhidra. Hidratada. Anhidra. Hidratada^ 



Cloroformo „ 12.97 „ 19.02 

Alcohol á 85^ 2.61 2.30 „ „ 

Agua 1.47 1.35 49.73 46.55 

Alcohol absoluto „ 0.61 „ 3.12 

Éter „ 0.0437 „ 0.36 

Sulfuro de carbono „ 0.0385 „ 0.454r 

Esencia de petróleo „ 0.025 „ „ 

Según Strecker sé funde entré los 234'' y 235*". 

Por la acción del calor la cafeina desprende metyla- 
mina cuando está en presencia de un ácido orgánica 
capaz de suministrar hidrógeno (Payen, Personne), 6 
cuando se la hace hervir con potasa (Wurtz), ó con hi- 
drato de barita (Strecker). En este último caso se for- 
ma un nuevo álcali, la cafeidína ((7 W^ AZ^Oj. 

En presencia del ácido azótico hirviendo desprende 
vapores nitrosos y produce un liquido amarillento, que 
toma un tinte púrpura si se le agrega una pequeña 
cantidad de amoníaco. 

El cloro obrando sobre la cafeina produce compues- 

Caíi6.-8 



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34 

tos homólogos á los que produce el ácido úrico en las 
mismas circunstancias. 

Cuando la proporción del cloro no es considerable, 
los compuestos principales son el ácido amálico (tetra- 
metylaloxantina) (C^ E}^ AZ* 0^), metylamina, el clo- 
ruro de cianógeno y la clorocafeina (C* H^Cl ÁZ^O^). 

Calentada con ácido clorhídrico y una solución de 
clorato de potasio produce la aloxana ó un compuesto 
«análogo que colora la piel en rojo. 

La cafeína se distingue de la morfina, la piperina, 
la quinina y la cinconina, en que calentada con cal so- 
clada desprende amoníaco y deja una mezcla de carbo- 
nato potásico, carbonato sódico y cianuro de sodium. 

Además de la cafeina se encuentran en el café otros 
-cuerpos especiales, como son el ácido cafeico y el ácido 
cafetánico ó clorogínico, ambos descubiertos y descri- 
tos por Pfaff en 1868, y estudiados posteriormente por 
Hochleder y Hlasiwetz. 

El ácido cafetánico existe en el café combinado con 
la potasa y con la cafeina, formando parte del cafeta- 
nato ó cloroginato de potasa y cafeina. 

Al efectuar la torrefacción del café para la prepara- 
ción de la bebida ordinaria, se produce un gran núme- 
ro de cuerpos, que no han sido aún perfectamente exa- 
minados. El más interesante es sin duda el principio 
aromático que ha recibido el nombre de cafeona. 

Boutron y Fremy aconsejan el método siguiente pa- 
ra obtener la cafeona: Se destila una cantidad suficien- 
te de agua en presencia de 3 ó 4 kilogramos de café 
torrificado; se obtiene un líquido aromático que agita- 
do con el éter cede á éste un aceite moreno más pesa- 



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85 

<[o que el agua en la cual es poco soluble. Este aceite 
-es la cafeona. 

Clima. 

(E I café necesita para su perfecto desarrollo un cli- 
ma caliente y húmedo. Nativo de las regiones ardien- 
tes del África, este arbusto sólo puede desarrollarse en 
aquellos lugares cuya temperatura es suficientemente 
elevada para conservar el calor, que es indispensable 
Á SUS funciones vegetativas. 

La acción de la temperatura sobre la vegetación es 
conocida. El calor determina la evolución de los gér- 
menes poniendo en juego su energía vital, entre cier- 
tos limites, y en relación con el grado de humedad fa- 
vorece la floración y la fructificación; pero para que la 
influencia de esos elementos sea eficaz es necesario qu^ 
le mantenga en limites precisos) 
^si, una temperatura eléva^ favorece la absorción 
hoY las raíces; la transpiración por las hojas, asegura 
j acelera la floración, la fecundación y la maduración 
de los frutos. 

Por el contrario, una temperatura fría produce re- 
sultados opuestos, disminuye las funciones de todos y 
<5ada uno de los órganos, entorpece y aun suspende la 
vegetación. 

Además, una temperatura elevada puede tener dis- 
tintas influencias sobre la vegetación; cuando va acom- 
pañada de una sequía considerable del suelo y la atmós- 
fera, ocasiona desde luego un estado de marchitamien- 
to en las partes verdes de los vegetales, porque provo- 
ca en la superficie de todos los órganos una rápida eva- 



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86 



poración que las raices no pueden contrabalancear con^ 
una también rápida absorción: después, si las misnoia» 
condiciones permanecen, si el calor es aún considera- 
ble, las hojas caen, se detienen las funciones del vege- 
tal y muy pronto entra en estado de languidez y se 
deseca poco á poco. Las partes exteriores del tallo (el 
liber particularmente), sitio de residencia de la vida 
vegetal, se secan después y el árbol muereT) 
\Cuando á una temperatura elevada se reúne feliz- 
meiU;e una humedad relativa, se observan efectos ex- 
traordinarios. Las funciones todas del vegetal son más- 
rápidas, la nutrición rnás segura, pero el vegetal se cu- 
bre de hojas y se torna exuberante, al grado de entor- 
pecer y aun impedir la floración y por inmediata con- 
secuencia la fructificación.) 

No son, sin embargo, tan funestos como debieran los 
efectos de una elevada temperatura, porque activán- 
dose la circulación de los líquidos nutritivos, éstos, pro- 
viniendo del suelo que conserva siempre una tempe- 
ratura inferior á la de la atmósfera, disminuyen por la 
suya la acción del calor sobre las partes verdes. 

La naturaleza del terreno y la profundidad de las 
raíces tienen también cierta influencia propia para con- 
trarrestar la acción del calor. 

; Los vegetales cuyas raíces penetran á mayores pro- 
fundidades en el seno de la tierra sufren menos con 
un calor excesivo, por razón de que en el estío la tem- 
peratura es tanto más baja cuanto mayor sea la pro- 
fundidad á que se observe. 

Los terrenos de naturaleza caliza, de color claror- 
siendo poco absorbentes del calor, harán disminuir la 



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acción funesta de éste, en tanto que las arenas suizo- 
«as y las tierras negras favorecerán la acción de ufta 
temperatura elevada. 

Debe fijarse naucho la atención en el efecto del frío; 
pues opera la muerte de las yemas floríferas desarro- 
lladas, cuando sobreviene una helada intensa en los 
primeros días de la primavera ó los últimos del in- 
vierno. 

Sin embargo, la influencia de los grandes fríos no es 
igual en todos los vegetales. 

Las plantas abundantes en líquidos nutritivos son 
más enérgicamente atacadas por el frío, pues como he- 
mos dicho antes, no es en las partes leñosas sobre las 
-que obra la temperatura sino sobre los líquidos conte- 
nidos en los vasos. 

Por otra parte, en igualdad de circunstancias, es más 
notable la acción del frío sobre los vegetales cuya sa- 
via es más fluida que en aquellos en que es más densa. 

En efecto, experimentos de Blagden demuestran que 
los líquidos viscosos, tales como la savia, se congelan 
á temperaturas menos elevadas que el agua pura, y 
son, adeniás, conocidos los experimentos, que demues- 
tran que los líquidos se congelan difícilmente cuando 
-están encerrados en tejidos capilares. 

La influencia de los fríos intensos es por lo común 
nociva á los vegetales; otro tanto pued^ decirse de los 
«alores excesivos. 

La planta que nos ocupa es una de las que requie- 
ren más calor para su desarrollo. Comunmente se asig- 
na como indispensable para su completa vegetación 
áuna temperatura media de 22^ á 26® C. 



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88 

Hay que advertir que la temperatura media de una^ 
localidad no da por si indicaciones, precisas respecto á 
su clima, pues es sabido que los lugares que tienen una 
temperatura media igual á la indicada pueden tener^ 
no obstante, temperaturas extremas notablemente di- 
ferentes. 

Las lineas isotermas señaladas por Humboldt y 
otros observadores, y marcadas en las cartas climato- 
lógicas, no refiriéndose sino á la temperatura media de 
los lugares, no han bastado, por lo que llevamos dicho^, 
para ks necesidades agrícolas y climatológicas, y e» 
para dar nociones de más valor por lo que se han in- 
dicado después las líneas isóteras é isoquímenas. 

Las indicaciones de temperatura de verdadera utili- 
dad en nuestro caso y en la mayoría de los que se re- 
fieren á estudios agronómicos, son la temperatura 
máxima y mínima, pues como hemos indicado antes, 
es preciso averiguar si las temperaturas extremas son 
soportadas por ei vegetal que se trata de cultivar. 
TEI cafeto, que puede resistir á los grandes calores- 
sm sufrir perjuicios notables, es extraordinariamente- 
sensible al frío, y debe por esto tenerse en cuenta que 
la temperatura mínima de la localidad no exceda de 
ciertos límites: 12° son todavía soportables al cafeto, y 
es la temperatura que se asigna como mínima. 

Ahora bien, cuando se trate de establecer una ex- 
plotación agrícola, es difícil hacer determinaciones ter- 
mométricas que requieren observaciones minuciosas y 
continuadas para ser aprovechables. 

Circunstancias hay que influyen de una manera 
cierta sobre la temperatura y que, fáciles de conocery. 



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89 

conducen al conocimiento de aquella con bastante 
aproximación. 

Las principales circunstancias que determinan la 
tfiíppfirflffiírft de un lugar, son las siguientes: 

LalatitmSFov la posición que ocupa nuestro pla- 
neta con relación al sol, la cantidad de calor que de él 
recibe, y que es poy otra parte el calor utilizable por 
las plantas, está muy desigualmente repartido. 

Las regiones colocadas en el ecuador son las que re- 
ciben el máximo de calor, y las especies que en ella ve- 
getan son las que tienen necesidad de mayor cantidad 
de él para verificar sus funciones, en tanto que en las 
cercanas á los polos, que reciben poco del calor solar^ 
la vegetación es raquítica, pobre de más en más, y por 
último imposible. 

Entre estos extremos están todos los lugares cuya 
temperatura es propicia á todas las especies vegetales;. 
á medida que con la latitud se asciende del ecuador & 
los polos la temperatura disminuye y la vegetación 
varia. 

El cafeto no se desarrolla pasadas ciertas latitudes;^ 
en el ecuador, el calor excesivo lo perjudica en su pro- 
ducción, y su cultivo no produce buenos resultados^ 
más allá de los trópicos su cultivo es generalmente im- 
posible, el vegetal no encuentra ya el calor que le e» 
necesario. 

Entre los 4 y 20 grados de latitud Norte y Sur se 
encji^ntcaiUas zonas productoras del café. 

La a/<ífej¿>-Si la superficie del globo fuera perfec- 
tamenteunida, el conocimiento de la latitud sería su- 
ficiente para marcar los lugares propios al cultivo del 



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40 

<»fé; pero aparte de la latitud la altitnd tiene gran in- 
flaencia sobre la temperatura. Mientras más elevada 
es una localidad es más fria. 

Ascendiendo en las altas montanas se observa el mis- 
mo decrecimiento de temperatura que viajando del 
-ecuador á los polos, j á considerables alturas se en- 
cuentra una región donde las nieves son perpetuas aun 
bajo el ecuador. 

En los países tropicales pueden por esta circunstan- 
cia encontrarse los vegetales dp todos los climas: en la 
cercanía de los mares, á poca altura sobre su nivel, la 
vegetación es por lo común de la zona tórrida, el calor 
asi como la humedad son considerables, pero á medida 
que aumenta la altitud, la vegetación varia; se encuen- 
tran primero las especies vegetales de la zona templa- 
da, después las de las tierras frías, j por último, y á 
muy considerable altura, sólo puede verse la vegeta- 
ción de las regiones polares, vegetales de la Groenlan- 
dia y la Laponia^ 

Nuestro país por su configuración está felizmente 
dotado de una variedad de climas que le permite á la 
tierra producir frutos de todas las regiones del mundo. 

La parte Norte de la República, colocada más allá 
del trópico, es templada, y en ella se obtienen todos 
los productos de la tierra templada. 

La parte Sur, colocada entre los 14^ 3(y y los 23^ 
3(y de latitud Norte, es caliente. 

La Sierra Madre,* limitando la Mesa Central, forma 
en las cercanías de las costas escalones de más ó menos 
extensión, que colocados á muy variadas altitudes, go- 
zan extraña variedad en sus producciones. 



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41 

Así, pueden observarse los productos tropicales has- 
ta la altura de 1,550 metros, á la cual el plátano ya no 
fructifica. 

En tanto que en la Mesa Central se recogen en abun» 
<lancia los de las tierras templadas, y en la parte Nor- 
te de la República «la vid es capaz de producir exce- 
ientes vinos.» 

Las condiciones de latitud y altitud razonablemente 
•combinadas, determinan con más acierto los lugares 
propios al cultivo del cafeto. En la amplía zona de la- 
titud, marcada como indispensable al cultivo de esta 
planta, hay lugares que son más propios que otros á 
«u cultivo, y para darse cuenta de ello preciso es tener 
«n vista la altitud de ellos. 

lío todos los lugares comprendidos en la* zona tórri- 
da son propios para el desarrollo del café. 

Las regiones bajas, en las cercanías de las costas, 
«on á veces propias para su cultivo cuando el calor no 
-es excesivo. 

En las alturas superiores á 1,000 metros, sí se logra 
€¡l desarrollo del cafeto, no produce bastante para que 
«u cultivo deba emprenderse.^ 

/ Entre estos límites está colocada la zona productora 
d^l café, Marcándose como la más conveniente la alti- 
tud de 800 á 900 metros. Parece que en estas altitu- 
des se obtiene la mayor producción, disminuyendo és- 
ta á medida que se aleja uno de aquéllay 

El cantón de Córdoba, conocido comcMino de los más 



1 Hay, sin embargo, muchos lugares productores á más de 1,000 
metros. 

V 



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42 

productores de café, está colocado próximamente entre 
800 á 900 metros sobre el nivel del mar. 

La exposición es también causa determinante para 
la temperatura de una localidad. En el hemisferio bo- 
real la exposición al Sur es la más cálida. Cuando se 
quiera aprovechar gran cantidad de calor, como en 
nuestro caso, debe procurarse en lo posible adquirir 
una exposición al Sur: puede suceder que semejante 
exposición en los climas muy cálidos moleste un tanto 
al cafeto, y en ese caso es mejor aún buscarla al Este; 
pero téngase cuidado de evitar siempre la Norte que 
es, en el invierno sobre todo, perjudicial al cafeto. 

Hemos dado una idea general de las condiciones de 
temperatura requerida para el buen desarrollo del ca« 
feto. Tratándose del clim^, es de la mayor importan- 
cia el conocimiento de tales condiciones sin descuidar, 
para la planta que nos ocupa, el estudio del estado hi- 
grométrico del aire. 

Se encuentra siempre en la atmósfera más ó menos 
cantidad de agua en el estado de vapor, la cual según 
experienciasdeBousingault, absorben una parte las^ ho- 
jas, ayudando así á la función de las raíces y por con- 
siguiente contribuyendo á reparar las pérdidas que se 
tienen por la transpiración. 

Si el agua de la atmósfera es benéfica dentro de cier- 
tos límites, no pasa lo mismo cuando hay un exceso de 
humedad, pues entonces se producen inconvenientes 
en la vegetación. Así, cuando sobreviene un abatimien- 
to de temperatura, los vapores se condensan bajo la 
forma de neblina, y si el fenómeno se repite varios días 
consecutivos, en la época de la floración abortan mu- 



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43 

chos frutos, ocasionando esto una diminución en el 
producto. Cuando el abatimiento de temperatura es 
considerable, puede congelarse el agua atmosférica y 
entonces los perjuicios son de mayor consideración. 

Fuera de estos inconvenientes, que por otra parte no 
son tan temibles en la zona de acción marcada al cul- 
tivador de café, la humedad es benéfica y aun indis- 
pensable para obtener los mejores productos. 

En efecto, ya hemos indicado anteriormente el pa- 
pel de la humedad en los climas cálidos; sin ella los 
rayos ardientes del sol tropical no sólo no serian be- 
néficos sino que impedirían la vegetación. 

Aparte de la evaporación, grande en ciertos lugat«es, 
las lluvias son las encargadas de conservar la hume- 
dad benéfica. 

Como la temperatura, y quizá más que ella, la can- 
tidad y la frecuencia de las lluvias varían con un gran 
número de causas; lugares hay que apenas regados 
por una lluvia escasa tienen por sola fuente de hume- 
dad la evaporación constante de las superficies líqui- 
das ó la acción benéfica de los derrames fluviales; de 
tiempo inmemorial se viene hablando de la acción bo- 
nancible de las aguas del Nilo sobre loa terrenos del 
Egipto, que sin ellas sería la continuación del cercano 
desierto. 

En la zona tropical las precipitaciones pluviales de- 
penden primeramente déla traslación del sol. Pasan- 
do por el zenit provoca una corriente ascendente de 
aire, que causando movimientos atmosféricos, ponen 
en relación las bajas con las altas latitudes para equi- 
librar sus diversos grados de temperatura. 



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44 

Las regiones que más directamente reciben la acción 
<lel sol y son las más cálidas, reciben la acción de los 
alisios del Norte y del Sur, mientras que en las capas 
superiores el movimiento de los contra alisios pone en 
comunicación las partes cálidas con las más frías. 

La corriente ascensional ocasionada por el paso del 
sol por el zenit, produce sobre la superficie de los ma- 
res una zona de calma, y en la superficie de los conti- 
nentes una zona en la cual el calentamiento llega á su 
máximo con una mínima presión atmosférica. 

Ahora bien, en la zona liíjiítada por los trópicos, zo- 
na aparentemente recorrida por el sol, el paso de éste 
por el zenit y los movimientos periódicos de las capas 
aéreas determinan la periodicidad de las lluvias. 

Las épocas de las llijivias bajo los trópicos varían 
«con el centro de aspiración que al separarse del ecua- 
dor sigue el movimiento solsticial. Los alisios al en- 
<3ontrar la corriente ascensional de la zona de aspira- 
ción ascienden á las altas regiones descargando los 
vapores acuosos de que van cargados á su paso por 
-el ecuador. 

La época de la lluvia está en relación con la latitud; 
^s más larga en los lugares colocados más cerca del 
ecuador, y corta en los más próximos á los trópicos. 

Las montañas, siendo como son las partes más frías 
<ie los continentes, tienen considerable acción en la pre- 
<;ipitación pluvial, porque su altitud permite á las ca- 
pas atmosféricas calientes y húmedas ponerse en con- 
tacto con otras de distinta tensión facilitando la conden- 
sación de los vapores. 

Según Dove, la condensación provoca corrientes la- 



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45 

terales que se apoderan de los vapores acuosos; resul- 
tando de allí una formación viva de humedad en el 
lugar de producción, al mismo tiempo que una sequía 
en el lugar de precipitación. 

La presencia de los bosques favorece también las. 
precipitaciones* 

G-risebach cree que los bosques obran sobre las co- 
rrientes cálidas enfriándolas, pues la transpiración de 
las hojas produce un enfriamiento considerable, que 
unido al enfriamiento del suelo, el cual no puede por 
la abundancia del follaje recibir los rayos del sol, de- 
terminan el enfriamiento de las corrientes aéreas de 
elevada temperatura, y por consiguiente la condensa- 
ción de sus vapores. 

La acción de los bosques está perfectamente demos- 
rada con las perturbaciones ,observadas en las épocas 
de las lluvias, en todos los lugares que como la India 
y el Brasil han sido objeto de violentas devastaciones 
en sus bosques. 

En la República Mexicana de muchos años há se 
vienen cometiendo grandes absurdos con los desorde- 
nados desmontes, que tarde ó temprano harán variar 
en mucho las épocas y cantidad de las lluvias. 

El cafeto para su buen desarrollo necesita abundan- 
cia de humedad, pero por lo que llevamos dicho se 
comprende que un exceso de ella le perjudicaría sobre- 
manera. 

E. C. P. HuU, refiriéndose á las condiciones de hu- 
medad necesaria al cafeto en la India del Sur y Cey- 
lán, considera como suficiente una cantidad de lluvia 



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46 

de 2"*.54 (100 Inches^), distribuida en los doce meses 
del año. 

Gran falta hacen observaciones que pudieran fijar 
de una manera exacta la cantidad de humedad necesa- 
ria al cafeto, por lo que nos limitamos á indicar que 
en la mayoría de los lugares que reúnen las condicio- 
nes de latitud, altitud y exposición que quedan arriba 
dichas, i3on generalmente abundantes las lluvias. 

En resumen, el cafeto se desarrolla en los climas ca« 
lientos y húmedos, aunque no de excesiva humedad. 

La zona de su producción está comprendida entre 
los 4^ y 22^ de latitud, y entre los 600 y 1,600 metros 
de altitud, debiendo preferirse la exposición al Sur ó 
al Oriente. 

Tkrreno. 

\^Para el agricultor nada hay más importante que el 
<5onocimiento del terreno que va á ser objeto de su ex- 
plotación; en su interés de producir lo más posible 
vuelve sus esfuerzos á los agentes de vegetación, que 
guiados por él producen las cosechas. Ahora bien, de 
los agentes de vegetación sólo está ó nuestro alcance 
e\ suelo, el terreno, la máquina productora: en cuanto 
á los agentes climatológicos, queda dicho que el agri- 
cultor sólo puede elegirlos en algunos x5asos, pero casi 
no le es permitido influir sobre ellos para modificarlos 
en su favor. Nada puede hacer para acrecentar las llu- 
vias, nada para impedir las heladas, en una palabra, 
á la altura de nuestros conocimientos el hombre es ab- 

1 Página 39 de su obra. Londres 1877. 



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47 

fiolutamente impotente para modificar las condiciones 
atmosféricas^/ 

El papel agronómico del suelo no se reduce, como se 
creyó^por mucho tiempo, á servir de soporte á las plan- 
tas; averiguada la función absorbente de las raices, fá- 
cil es comprender. que los jugos que sirven para la ela- 
boración de las materias vegetales son absorbidos de 
la tierra. Todos los vegetales toman en su mayor parte 
los alimentos que necesitan de la capa de tierra que en- 
vuelve sus raíces, y siendo como son las mismas subs- 
tancias las que deben absorber las plantas todas para 
su nutrición, la composición química de los terrenos 
cultivables es, por lo general, cualitativamente la 
misma. 

Sin embargo, la gran variedad que puede observar- 
se en la composición cuantitativa de la tierra, varie- 
dad verdí^deramente infinita, hace que agrupados los 
diferentes componentes en distintas proporciones den 
al terreno caracteres especiales, que lo hacen más ó 
menos propio para tal ó cual cultivo. 

Los componentes todos de las tierras se encuentran 
por lo común reunidos bajo cuatro cuerpos principales, 
que han recibido el nombre de elementos agronómicos; 
la arcilla, la arena, la caliza y el humus. Cada uno de 
estos elementos tiene su influencia distinta sobre las 
propiedades físicas de las tierras y sobre los vegetales 
mismos, de manera que no siendo todos igualmente 
propicios para el desarrollo de cada una de las plan- 

1 Experimentos sobre la producción artificial de las lluvias se han 
hecho últimamente en los Estados Unidos, pero hasta ahora nada po- 
litivo ni práctico se ha conseguido. 



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48 

tas, cuando se trate de elegir terreno apropiado para 
el cultivo de una planta determinada, además de. la 
composición química de que hablaremos después, debe 
entrar en mucho el conocimiento de las proporciones^ 
de los elementos agronómicos. 

Las propiedades de tales elementos son en cierto mo-^ 
do comunicadas al terreno de que forman parte, de tal 
manera, que puestos en las convenientes proporcione» 
constituyen un terreno en el cual estas distintas pro- 
piedades están como equilibradas, es decir, en un esta- 
do propio para el buen desarrollo de las plantas. TJn 
terreno de semejante naturaleza nb está en las manos^ 
de todos, muy al contrario, contadas y muy contadas 
son las partes del mundo donde pueden encontrarse 
terrenos de tal manera constituidos; el caso general, el 
más comiin, es que se tropiece con terrenos menoa 
apropiados, y entonces lo conveniente y necesario al 
agricultor es elegir entre aquéllos aquel que más ven- 
tajas presente. 

Semejante elección debe ser el resultado de un estu- 
dio atento de las exigencias de la planta y de las pro- 
piedades del terreno, nos obliga á entrar en algunas 
consideraciones respecto de unas y de otras. 
/ El cafeto, como todos los vegetales, necesita la pre* 
sen cía en el suelo, que le sirve de apoyo y de receptácu- 
lo, de los compuestos químicos indispensables para el 
sostenimiento de la vida vegetal, pero exigiendo par- 
ticularmente ese arbusto ácido fosfórico, potasa y ázoe,, 
se comprende que tratándose de la elección de terrena 
deberá acordarse la preferencia á aquel que, aparte de 
otras circunstancias que vamos á enumerar, contenga 
en abundancia el ácido fosfórico, la potasa y el ázoe.] 



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El aBálisis químico es un guia que con seguridad 
nos conduce al conocimiento de las proporciones en 
^que se encuentran estas substancias, ^ será para nues- 
tras investigaciones un auxiliar de importancia. En 
efecto, el análisis químico dando á conocer la propor- 
eión de ácido fosfórico, potasa y ázoe, facilitará y aun 
decidirá la elección en un gran número de casos. Sin 
embargo, como que un análisis de esta naturaleza re^ 
quiere tiempo y conocimientos especiales que no están 
al alcance de todos los cultivadores, conviene indicar 
las condiciones que desde luego debe reunir un terreno 
para el cultivo que nos ocupa. 
/ La tierra, debiendo ofrecer á las raíces paso fácil, 
<fób9 ser muelle, gozando no obstante de la suficiente 
tenacidad para sostener al vegetal asegurándole la es- 
tabilidad necesaria para resistir la» acciones mecánicas 
naturales. El aire y el agua, indispensables á todos 
los vegetales, deben penetrar hasta ponerse en contac*- 
to con las raíces, lo que exige que el terreno tenga una 
porosidad suficiente al mismo tiempo que un buen es<- 

lo de humedad. ) 

£1 terreno útil, ía capa arable, debe de ser profundo, 
la raiz del cafeto penetra considerablemente/ 

Las tierras que mejor saitisfacen estas condiciones 
>n las areilUh-arenosas y las arcillo-ferruginosas. Las 
arcillo-arenosas son comunmente fértiles y no tienen 
Beeesidad de n^oradores,. porque los elementos teriro* 
sos, arena, arcilla y caliza, se encuentran en propor* 
dones casi iguales. / 

En Arabia las tierras arcillo-arenosas son las pre* 

Caíe.-4 



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60 

ferldas; citaremos en comprobación de esto lo que dice 
Lepelletier respecto de las tierras del Yemen: 

«Los árabes cultivan el café en diferentes especies 
de tierras, pero la que con preferencia escogen es la ar- 
cillosa mezclada con arena ó bien humus ó restos vol- 
cánicos. En <5Íertas partes del Yemen se prefiere la 
que contiene pequeñas rocas ó cascajos. Algunos ára- 
bes aseguran que el café vegeta con más esplendor y 
es de donde sale la inejor calidad; mas no todos son de 
la misma opinión, y si no despojan á la tierra del cas- 
cajo es porque están persuadidos de que no hace nin- 
gún mal.)) 

Las arcíllo-ferruginosas encierran cantidades consi- 
derables de óxido de fierro. Tienen un color rojizo ne- 
gruzco ó amarillento, según que el óxido se encuentre 
al estando anhidro ó al estado hidratado. 

Los terrenos amarillentos que contienen óxido de 
hierro al estado de hidrato son absolutamente impro- 
pios para los cultivos, prestándose más bien á la con- 
fección de ladrillos* No sucede lo mismo con las tie-* 
rras negras ó rojas que contienen elóxido anhidro; és- 
tas son propias para los cultivos y el café se desarro- 
lla perfectamente en ellas. En la zona cafetera de la 
República del Brasil las tierras rojizas y negro-rojizas 
se consideran como las más aptas para el cultivo del 
cafeto. Según Van Delden Láerne, los cuHivadorés de 
este país clasifican las tierras para café de naturaleza 
arcillo-ferruginosa como sigue: 

Terra vermelha (de origen granítico). Arcillo-ferru- 
ginosa de color obscuro, conteniendo una cantidad de 
fierro considerable. 



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61 

Terra massapé (de origen granítico). Arcillo-ferru- 
ginosa de color rojo ó cobrizo, conteniendo menos fie- 
rro pero más arcilla, potasa y cuarzo arenáceo. 

Terra roxa. Arcillo-ferruginosa de color rojo vivo, 
rica en fierro y potasa, producida por la descomposi- 
<5ión de la diorita, abundante en feldespato y anfibola. 

Distinguen además la Terra salmoraOy variedad de 
la massapé, de la que se diferencia en que está mezcla- 
da con abundantes fragmentos de cuarzo. 

Los cultivadores consideran la Terra roxa como emi- 
nentemente propia para el cafeto, colocando en segui- 
da la salmorao, que por su ligereza se presta para los 
trabajos. 

Durante las prácticas agrícolas que bajo la dirección 
del Sr. Ingeniero Agrónomo José C. Segura hemos he- 
<;Iio en el cantón de Córdoba, se nos ha presentado la 
oportunidad de ver las tierras que se prefieren en esa 
localidad para el cafeto. Estas tierras tienen una can- 
tidad notable de alúmina, son ricas en óxido de fierro 
anhidro, y según el análisis que de ellas hemos hecho 
tienen notable semejanza con las del Brasil. 

Por lo que llevamos'dicho se comprende que, como 
lo há consignado la práctica, las tierras arcillo-areno- 
«as y las arcillo-ferruginosas son las que deben prefe- 
rirse para el cultivo del cafeto. 

No debe perderse de vista, sin embargo, que las tie- 
rras sumamente arcillosas son difíciles de trabajar, po- 
co permeables y frecuentemente muy secas; así es que, 
cuando sea posible, deben buscarse aquellas tierras 
que siendo arcillosas ó árcillo-ferruginosas contengan 
no obstante humus en cantidad suficiente para contra- 
rrestar los efectos de la arcilla. 



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Son por éítta dreunsUnda los temso» Mieiro^ cu- 
biertos de bosques^ muy buenos para emprender esto 
culÜYOj pues á menudo contienen considOTable canti- 
dad de humus y detritus orgánicos. 

Respecto á este último punto, los terr^ios del Bra- 
sil no son de los mejor dotados, pues les fdtan á me- 
nudo materias azoadas. 

No será inútil repetir que la profundidad del terre- 
no es condición indispensable, pues la rais principal 
de la planta profundiza demasiado y es necesario no 
detenerla en su desarrollo, pues de hacerlo debe con- 
tarse con una pérdida de consideración. 

Damos á continuación el resultado del análisis de 
una tierra del Brasil sabnoraOj hecho por el Sr. Adol- 
fo Barbalho XJchda Gabalcanü en el Instituto Agronó- 
mico de Sao Fado y el de una muestra de tierra déla 
finca denominada de cSan Mardab en las cerciüdas de 
Córdoba. 

Terra Salmorao. — Análisis mecánico. 

Guijarros 476 

Tierra fina 95.24 



loo.oa 



Análisis fideo. 

Peso espedfico absoluto 2.360 

Peso específico relativo , 1.264 

Agua (en SO* H*) 0.521 

Agua á 120** 1.070 

Materias volátiles por combustión 4.833 



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61R 



Amálisis físico-qutmico. 

(En IQQ pwft^ de tiWi^O 

Arcilla 37.950 

Arena 65.845 

Caliza u... 0.803 

P;iito jfpláüles : 5.902 



100.000 



Análisis químico. 

' (100 partes tierra sacada & 120»;) 

ü^iduo insoluble I.... 94.714 

Salf^^olubles 5.286 



100.000 



Oxido de biem) , , ,. If647 

;AJú|iiina , ^.•,...... 1,165 

Cal 0.170 

Magnesia 0.118 

Potasa 0.034 

Sosa 0.047 

A^Ua Ipsfírico , ,.,. «0,pj^5 

Acido sulfúrico v-— •» 0.003 

Ázoe (Kjeldahl) 0.144 



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64 



1 



Tierra de «San Marcial,» (Córdoba). 
Análisis mecánico. 

Os. 

Guijarros y detritus orgánicos 0.810 

Tierra fina 499.190 

500.000 
Análisis químico. 

Artílla 51.220 

Arena 35.000 

Caliza 0.150 

Agua , 9.000 

Humus 4.630 

100.000 
Análisis físico-químico. 

Acido fosfórico, por ciento • 0.0665 

Potasa, por ciento 0.0738 

Oxido de fierro, por ciento 3.0810 

Este análisis fué hecho bajo la dirección del Sr. In- 
geniero José C. Segura, en el laboratorio del Instituto 
de Córdoba que bondadosamente puso á nuestra dispo* 
sición el Sr. Dr. Cutberto Peña. 

Preparación del terreno. — Disposición 
del plantío. 

Las tierras que se destinan para el establecimiento 
de un plantío de café, tienen que ser preparadas de 
una manera conveniente para que llenen el objeto que 
se desea alcanzar. Es, pues^ para cada terreno que se 
presenta, diferente la manera de disponer la operación. 

Indudablemente que la buena disposición y regular 



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56 

preparación de las tierras se ligan al éxito de la em- 
presa de tal manera, que con facilidad se pueden com* 
probar en las empresas agrícolas fracasos de más ó 
menos consideración, dependiendo muchas veces déla 
deficiencia de aquellas operaciones. 

La buena disposición de los plantíos es de impor- 
tancia, so sólo por la mejor apariencia que da á las fin- 
cas, sino también por las ventajas económicas que no 
es del caso enumerar, referentes ya á la facilidad de los 
trabajos, ya al ahorro de terrenos ó ya á la economía 
de tiempo y de dinero. 

Preparación del terreno. — La tierra que debe recibir 
las plantas de asiento debe estar convenientemente 
preparada y distribuida. El objeto de esta preparación 
y distribución se comprende, pues la primera es nece- 
saria para facilitar el desarrollo de la planta, rodeán- 
dola de todas las circunstancias que le son favorables, 
facilitando su nutrición por un aumento de substan- 
cias que se ponen al alcance de sus raices; la segunda 
es conveniente por razones de economía; pues se ten- 
drá en cuenta que una buena disposición de los plan- 
tíos facilitará las operaciones de cultivo, volviéndolas 
más ordenadas, más precisas y menos costosas. 

Una buena preparación del terreno responde á los 
deseos del agricultor aumentandp la producción de las 
plantas, pues éstas que toman los principios nutritivos 
de la tierra para transformarlos en frutos, hallan más 
amplio campo para su elaboración en las tierras bien 
preparadas que se dejan penetrar por las raíces, órga- 
nos principales de la absorción. 

Nunca se dejará de insistir sobre la notable impor- 



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tancia que tiene la pre|mración de las tierras en el éñ- 
to ulterior de las plantaciones; desgraciadamente entre 
nosotros no se le da toda la in^portancia que merece, 
y muy poco empeño se toma para su perfeccionamiento. 

No podremos decir de una manera absoluta el nú- 
mero y género de labores que deban darse á las'tierras 
para que se hallen en disposición de recibir á las^pl^vn- 
ta8, pues esto variarái á no dudarlo, en cada caso par- 
tícular. 

^ntefectOf un gran número de circunstancias iiiflu- 
yen en esta materia, y muchas de entre ellas pueden 
ser enteramente locales. 

8in embargo, fácil será obtener el resultado que ise 
deseaestudiando las condiciones del terreno que se tie- 
ne á la vista; el objeto por alcanzar es: modificar ^las 
propiedades íisicas y hasta cierto punto las químicas; 
0S decir, facilitar el desarrollo de las raices, poner & 
diaposición de ellas el mayor acopio de alimentos, gra- 
duar la humedad y consistencia de las tierras. 

Se obtendrán tales resultados usando de todos los 
medios que están á nuestro alcance, procurando em- 
filearlofi con disceifnimiento y siempre en vista de la 
economía. 

¡Los ^mejoradc^es, ios abonos y laB labores, «son esos 
aiedios que vienen. en ayuda «del agricultor. Los pri- 
meros no deberán ocuparnos particularmente, por %et 
su empleo determinado por el terreno, y los segundos, 
siendo objeto de otro artículo, sólo nos (ocuparemes 
aquí «de las «últimas. , 

Las labores, teniendo po^.objeto remover el terrenOi 
rehlandeceurlo y pulverizarlo lo -más quesea posible, se 
dan en número y profundidad variables. 



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En el Estado de Oaxaca la disposición topográfica 
4el terreno, la impenetrabilidad de los bosques y al- 
guna otra circunstancia, hacen que la preparación del 

terreno sea distinta de la que se recomienda en otra» 
partes. 

Para el establocimiento de una finca cafetera en «Or 
xui virgen, en Oaxaca por ejemplo, se comienza por 
reconocer el terreno en varias direcciones ipor brechan 
que se mandan abrir á machete. Este reconocimiento 
tiene por objeto hacer la elección del sitio que deba 
serviir para el establecimiento de las almácigas, ofici- 
nas, etc.; para las oficinas se elige un sitio plano si es 
posible y de suficiente extensión para contenerlas; pa^ 
ra las almácigas se elige terreno plano, profundo y rico. 

Determinado é\ sitio de la plantación se procede á 
desmontar ó rozar la selva, haciendo uso del machete 
y x^omenzando por los árboles tiernos. 

El desmonte debe quedar en el terreno bien picado^ 
es decir, cortado en fragmentos pequeños que se cie- 
gan sobre el terreno. 

Conviene entonces elegir los árboles altos que deban 
dar rsombra al cafetal en.el caso de que lo necesite. Es- 
tos árboles se dejarán en el terreno sólo destruyéndo- 
les las ramas bajas. El resto del monte se corta con. 
hacha '6 sierra y se bota al través^ es decir, se pone de 
modo que la longitud del palo quede perpendicular á 
la mayor pendiente, del terreno. En estas condiciones 
está el .terreno para recibir el trazo del plantío. 

En Jos lugares donde <3l empleo del arado es impo*- 
sible se traza el plantío de la .manera, siguiente: doa 
<3ypararios .llevan las e^remidades de una cuerda en la 

) 



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68 

cual se han puesto á la distancia adoptada nudos de 
señal. En la extremidad del plantío se tiende el hilo 
siguiendo uno de los lados de la tabla, loma ó ladera 
que se va á trazar; los dos operarios clavan estacas de 
84 centímetros y restiran el cable para darle la sufi- 
ciente tensión; en seguida otro operario va colocando 
estacas en el terreno precisamente en el lugar que se- 
ñalan los nudos del hilo. Estas estacas señalan los lu- 
gares donde debe hacerse el hoyo. Esta operación se 
llama el estacado ó trazo del plantel. 

Esta operación debe hacerse con gran anticipación á 
la época del trasplante, pues es de gran importancia 
que los hoyos y la tierra que de ellos se extrae reciban 
la influencia de la atmósfera; uno ó dos meses de anti- 
cipación es el mínimum. 

El trasplante se verifica entre nosotros en los me- 
ses de Junio y Julio, así pues, en Marzo y Abril se 
procede á la apertura de los hoyos y á la colocación del 
plátano. Antes de indicar la manera de abrir los ho- 
yos conviene tratar de la disposición que se da á los 
plantíos y la manera de distribuir estos hoyos. 

Desde luego se comprende que la extensión, configu- 
ración, etc., de la finca, determinarán la manera más 
conveniente de distribuir las plantas, pues las conve- 
niencias de cada propietario regirán para la disposi- 
ción de los plantíos. 

La disposición que se ha adoptado por la mayoría 
de los cultivadores es la de dividir las tierras en cua- 
driláteros de má9 ó menos extensión separados por ca- 
lles suficientemente amplias. 

De las varias distribuciones que de esta naturaleza 



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hem^s Tisto, la mayor parte son apropiadas. Una de 
las que nos parece mejor consiste en dividir el terreno 
en tablas rectangulares de 100 metros de largo y 60 
de ancho, separadas por calles de 5 metros de latitud. 

En estas tablas el café está distribuido en tresboli- 
llo, ó lo que es lo mismo, formando triángulos isósce- 
les de dos metros de lado, de manera que en cada una 
caben perfectamente tres mil plantas. 

Insistimos sobre las ventajas de esta distribución en 
tresbolillo sobre la empleada más á menudo en cuadri- 
láteros, pues en ésta, además que en igual superficie 
se encuentra un número menor de plantas, hay la des- 
ventaja de que presenta sólo cuatro calles entre los ar- 
bustos. 

Aquí es el lugar de tratar de un asunto importante: 
la distancia á que deben colocarse las matas. Hemos 
indicado que deberán ponerse á dos metros de distan- 
cia porque creemos que ésta es la que más conviene, 
pero se comprende que no queremos decir que sea la 
que se adopte en todos casos, pues el grado de fertili- 
dad de la tierra decidiiá sobre este particular. 

En tierras muy fértiles se podrán cultivar, en una 
extensión determinada, un número mayor de plantas, 
en razón de que los elementos nutritivos son más abun** 
dantos: las distancias podrán ser más cortas. En las 
tierras pobres la escasez de estos mismos principios 
hace que una misma extensión de tierra sólo pueda 
subvenir á las necesidades de un número menor de ar- 
bustos; la distancia que deba reservarse de planta á 
planta será entonces mayor que la común. En uno y 
otro caso hay limites de los cuales no debe pasarse. 



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£q cfl primero, la diataneia que se adopte nunca fie- 
ra menor de la neoesaria para el desarrollo jateral de 
la planta. En el segundo caso, la economía de terrena 
debe tomarse en consideración. 

El mínimo de las distancias por adopftsir serÁ^ pues, 
de dos meitroa en las tierras riquísimas, y el máximum 
nuDca excederá de 3.50 á 4 metros. 

Estacado. — Esta opeoración tiene ¡por objeto sej^alar 
los lugares que deben ocupar las plantas y se hace por 
aiCfdio de cordeles anudados.á las distancias convenien- 
tes; para que pueda señalarse dicho lugar un operarla 
recorre la linea del cordel clavando estacas á cada nudo. 

Hechas estas advertencias pasemos á indicar latwa<- 
ñera de abrir los cajetes, suponiendo que se haya adpip- 
tado la disposición en tresbolillo. 

Cuando es posible se trazan con arado las lineas para- 
lelas al mayor lado de la tabla, de manera que disten 
unas de otras cuatro quintas partes de la distancia 
adoptada (l'^.GO cuando eata distancia sea de 2 metros^ 
(fig-4). 

Perpendicularmente á éstas se trazan <^as linean 
acaradas tres quintas partes de las distancia adapta- 
da; en los puntos deencuentrode estas lineas se cavan 
alternativamente Jos hoyos, desechando los puntos in- 
termedios. 

En la figura, las lineas (a) son las separadas cuatM 
quintas partes de la distancia, las :{o) distan trea quíii>- 
taa partes, y >en loa puntos de encuentro .^e ven üm 
marcados para los cajetea. 

Cajeteo. — Marcadi» estos puntos se cavan los hoyqa 
cuadrangulaires de 0°^.30 de lado y O^^.áO.dejtrofuft* 
didad. 



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Se recomienda extraer metódioamente la tierra para 
distribuirla de una manera conveniente. En algunas 
fincas se tiene el cuidado de colocar la parte de tierra 
que se extrae primeramente 4 la derecha del operario, 
la tierra que forma la capa media al frente, y la pro- 
funda á la izquierda. De esta manera el hoyo queda 
rodeado de tierra por tres lados, y ai transplantar es 
muy fácil el relleno de él. 

En esta época se pone el plátano (Marzo y Abril). 

En otras partes se hace uso, y con gran ventaja, de 
los siguientes instrumentos: El barretón (fig. 5) que 
sirve para romper las grandes raices que suelen encon- 
trarse en los terrenos nuevos, y la tarpala (fig. 6) que 
sirve propiamente para extraer la tierra del cajete; los 
operarios acostumbrados á su manejo trabajan con una 
rapidez admirable. 

Como indicaremos en el articulo que trata de la som- 
bra, el plátano no nos parece muy propio para som- 
brear el café, pero no podemos menos de aconsejarlo 
en los casos en que no se cuente con sombra de bosque. 
En efecto, á pesar de los graves inconvenientes que le 
encontramos, es, por su rápido crecimiento, el único 
que puede emplearse en los plantíos que se hacen en 
terreno descubierto. 

El plátano se multiplica por hijos. Cada plátano |)ro- 
duee alrededor del tallo principal cuatro ó cinco hijos 
q^ue sirven para la plantación. Estos, cuando tienen 
una altura de un metro ó metro y medio, se sacan del 
terreno á cepellón, lo que es muy fácil, se limpia per- 
fectamaiite el camote para dejarlo desprovisto de rai- 
ces (sin lo cual los prácticos creen se agria y no pega); 
se despunta dejándole sólo el cogollo y se planta. 



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62 

Respecto á la distancia á que se coloqnen, así como 
de los demás pormenores, vamos á tratar en el articu- 
lo referente á la sombra. x 

El terreno así dispuesto puede recibir en Junio y 
Julio los pies de café; después de que llueva se podrá^ 
y hay ventaja en ello, llenar los cajetes con tierra y 
hojas secas, abono, etc. 

Semilleros y AlmIcigas. 

Su importancia. — Lugar á propósito para su estableció 

miento. 

El cultivo de los vegetales leñosos requiere la elec- 
ción de un lugar convenientemente apropiado, para 
producirlos y darles los cuidados que necesitan en el 
primer período de su existencia. 

La naturaleza multiplica sus especies con una liber- 
tad que no puede ser imitada cuando se trata de una 
explotación, pues si se tiene en cuenta que el campo 
del agricultor es sobre manera restringido, que las exi- 
gencias del cultivo son grandes, y que la economía de 
tiempo y dinero es preciosa, se comprenderé cuén le- 
jos se está de poder imitar á la naturaleza respecto á 
este punto. 

La naturaleza, que tiene á su disposición una canti- 
dad inmensa de granos, terreno ilimitado y ningunas 
exigencias de distribución, llena su objeto diseminan- 
do la semilla sobre la superficie de la tierra para que 
nazcan y vivan en libertad. La naturaleza hace su 
siembra de asiento. 

Las plantas de cultivo están sujetas á exigencias ma- 



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68 

yores y más definidas; estas plantas deben tener regu- 
laridad, estar perfectamente distribuidas, en igualdad 
de condiciones y con producción en lo posible semejan* 
tes, condiciones todas que es muy difícil obtener hacien- 
do siembras de asiento, pues es muy raro que todas 
las semillas germinen en las mismas circunstancias; 
por otra parte, difícil, si no imposible, seria dar á las 
plantas los minuciosos cuidados que exigen durante el 
primer perlado de su vida, el más delicado sin duda. 
El café piarticular mente es delicado y necesita cuida- 
dos enteramente especiales durante su primera edad. 

De lo que precede resulta 1& necesidad que hay de 
producir y educar el cafeto en almácigas. En ellas se 
encuentra un terreno mejor dispuesto para suminis- 
trarle lo indispensable para su desarrollo, pues las cor- 
tas dimensiones de tierra que se destinan con ese ob- 
jeto pueden ser labradas y preparadas con más esmero; 
cada grano ó cada planta puede colocarse en las mejo- 
res condiciones posibles, proporcionándoles todos aque- 
llos cuidados que por su delicadeza reclaman y que no 
podrían dárseles repartidas en vastas extensiones. 

Semilleros. — Algunos cultivadores aconsejan la for- 
mación de semilleros separados de la almáciga, y cree- 
mos que no es inconveniente hacerlo asi; no obstante, 
<5on el objeto de simplificar el cultivo sin descuidarlo, 
daremos á conocer como más sencilla la práctica, muy 
común entre los cultivadores de Guatemala, de formar 
el semillero en el lugar mismo donde se formará la al- 
máciga. Con esto se consiguen dos ventajas: 1^, labrar 
sólo una porción de terreno, lo cual puede ser de con- 
sideración en algunos casos; y 2^, y más importante, 



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64 

evitar el trasplante del semillero al almacigo, opera»* 
ción que además del gasto que ocasiona tiene sus. difi- 
cultades materiales, como haremos ver tratando del 
trasplante de asiento. 

Almacigos. Lugar conveniente. — El lugar más apro- 
piado para lá colocación de la almáciga, asi como la 
extensión que deba dársele depende, siendo cuestionQfar 
enteramente concretas, de las circunstancias de la lo- 
calidad. El agricultor para resolver este punto deberá 
fijarse en la economía que puede resultar eH la mano 
de obra y en el acarreo ó transporte. 

Asi, es conveniente colocar las almácigas de manera 
que al efectuar el trasplante no sea necesario recorrer 
largas distancias, pues esto, además de que trae la pér- 
dida de tiempo, puede ocasionar la pérdida de mucha» 
plantas. Cuando el plantío sea de consideración es có- 
. modo establecer varias almácigas distribuidas de tal 
manera que se eviten estos inconvenientes. 

La superficie del suelo será horizontal en cuanto las 
circunstancias lo permitan, ó tendrá muy poca incli- 
nación, pues asi no estará muy expuesta á ser desla- 
vada por las lluvias, y los riegos serán mea fáciles y 
provechosos. 

La naturaleza del terreno es de suma importancia y 
se tendrá en gran consideración. No debe ser más rico 
que aquel que más tarde recibirá las plantas, porque 
de serlo, los cafetos al ser trasplantados sufren con la 
diminución de materias nutritivas; tampoco deberá ele- 
girse notoriamente más pobre, pues semejante elección 
seria también perjudicial, porque las pequeñas plantas 
no adquirirían en su primera edad el desarrollo que es 
deseable y conveniente para su futuro crecimiento. 



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65 

En general, el agricultor deberá hacer un reconocí- 
miento detallado de cada uno de sus terrenos y elegir 
de entre ellos aquel que mayor semejanza tenga con la 
mayoría; en caso de que se establezcan varias almáci- 
gas, claro es que se dividirá la explotación por zonas^ 
homogéneas y se establecerá una almáciga para cada 
una. Cuando el clima haga necesario el riego, y sien- 
do esto posible, deberá atenderse además á la posición 
délas almácigas respecto de las fuentes disponible» 
para facilitar los riegos. 

Preparación del terreno y disposición de la almáciga. 
— Elegido el terreno en estas condiciones ó en el ma- 
yor número de ellas, se dispone la almáciga de la mane- 
ra más apropiada para facilitar los trabajos de prepa- 
ración, conservación y trasplante. 

Se divide el terreno en amelgas de 1.50 metros de 
ancho y 15 ó 20 metros de largo, dejando pasadizos de 
un metro, y un poco más bajos que las amelgas; ésta» 
deben estar rodeadas por caños de desagüe. El plano 
adjunto indica la manera de disponer una almáciga 
(fig. 8). 

Respecto á la extensión que deba tener, los prácti- 
cos si están de acuerdo en que el número de plantas de 
la almáciga debe ser triple de aquel que tendrá el plan- 
tío, tanto para poder hacer la elección entre las mejo- 
res plantas, como para tener pies para la replantación 
que siempre es necesaria. 

La preparación del terreno es sencilla: se reduce á 
dar una labor con la pala ú otro instrumento que pro- 
duzca un trabajo semejante, para remover perfecta-^ 
mente hasta 30 ó 35 centímetros de profundidad. 

C5afé.-5 



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66 

Se deja el terreno en estas condiciones durante un 
mes ó más expuesto á las influencias atmosféricas; es 
decir, para que se ventile, absorba la humedad y se pul- 
verice. Después se pasa la rastra hasta aplanarlo per- 
fectamente. En este estado está propio para recibir la 
semilla. 

Elección de la semilla. — El éxito de la siembra de- 
pende, sobre todo, de la elección de la semilla; de la 
manera como se recoge y de la preparación que se le 
hace sufrir antes de depositarla en la tierra. 

El grano propio para germinar, requiere haber reci- 
bido una buena conformación y un buen grado de ma- 
durez, lo cual se reconoce en que ha llegado á su mayor 
desarrollo, cuando se desprende naturalmente de la 
planta madre. 

Siendo el cafeto una planta que durante varios me- 
ses del año tiene frutos, siempre será fácil durante la 
fructificación recoger las semillas poco tiempo antes de 
verificar la siembra, teniendo cuidado de hacerlo con 
gran esmero, para recoger los frutos recientemente caí- 
dos de los arbustos que tengan la mejor conformación. 
El café mejor conformado es el que entre nosotros lle- 
va el nombre de planchuela^ y éste es el que se debe ele- 
gir para las siembras, pues el llamado caracolillo^ pa- 
deciendo un vicio de conformación, es del todo impro- 
pio para este objeto, á pesar de la opinión de muchos 
cultivadores que tienen la creencia errónea de que pro- 
duce pies más robustos y fuertes. 

Preparación de la semilla. — Entre nuestros cultiva- 
dores se acostumbra sembrar el grano tal como se re- 
coge; sin embargo, aconsejamos sujetarlo á una prepa- 



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67 

ración sumamente sencilla que da magníficos resulta- 
dos en la mayor parte de las fincas de Guatemala. 

El grano se despoja de su pulpa, maltratándolo lo me- 
nos posible, se humedece ligeramente y se pone al sol 
durante un día. 

Es también una buena práctica encerrar el café en 
sacos de wtle y ponerlo en una corriente de agua du- 
rante 3 6 4 días, al cabo de los cuales se encuentra muy 
aumentado de volumen y comienza á emitir las radícu- 
las. Hay cultivadores que estiman muy conveniente 
poner el grano descascarado. >> 

Siembra. Época de la sí^m&m.-VPara efectuar la 
siembra se trazan sobre las amelgas, oispuestas como 
queda dicho, líneas paralelas distantes entre sí 0^075; 
sobre estas líneas y de 7 en 7 centímetros se colocan 
los granos de café con la parte plana hacia abajo. 

La profundidad á la cual deben colocarse las semi- 
llas es de una importancia capital. El aire y el agua 
son absolutamente indispensables para que el fenóme- 
no de la germinación pueda efectuarse: los granos que 
se colocan en el terreno deben, pues, estar á una pro- 
fundidad tal, que reciban la influencia de ambos agen- 
tes. 

La profundidad á la cual se colocan los granos de 
café es variable. De una manera general y entre los 
prácticos se admite que una profundidad de 4 á 8 mi- 
límetros es la conveniente. 

Sin embargo, semejante indicación no es ni puede 
ser absoluta, pues debe variarse en relación con la na- 
turaleza del terreno, y la profundidad debe ser tanto 
mayor cuanto menor sea la consistencia de la tierra. 



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Nuestros cultivadores, con muy escasas excepciones, 
colocan los granos en las tierras muy arcillosas á 4 ó 
5 milímetros de profundidad, y en las de regular con- 
sistencia á 6 y 8. Puestos los granos en el terreno se 
les cubre, para lo cual basta abatir el borde de tierra 
que forma los costados del surco, aplanándolo bien ya 
sea con la mano ó con un pequeño rodillo. 

En algunas partes se prefiere cubrir el grano con 
una ligera capa de mantillo que se va regando á lo 
largo de los surcos. Cuando se han cubierto todos los 
granos se coloca sobre la superficie de la almáciga una 
capa de paja húmeda ú hoja seca con el objeto de dis- 
minuir la evaporción y conservar una temperatura ca- 
sj uniforme.) 

Cuidados Jaespués de la siembra. — ^Verificada la siem- 
bra se procede á dar un riego que es el cuidado que 
más reclaman las almácigas. Esta operación debe efec- 
tuarse diariamente durante cuarenta días, al cabo de 
los cuales comienzan á aparecer las plantitas; en esta 
época se despoja la almáciga de la capa de paja ú hoja 
que la cubre, después de haber construido una sombra 
para abrigar las almácigas. 

Esta sombra se hace comunmente colocando un em- 
parrillado de varas sobre troncos de horquetas de 1°^40 
de altura, que se distribuyen en la superficie de la al- 
máciga. Sobre el emparrillado se coloca una cubierta 
de hojas de plátano ó de otra clase dejando algunos in- 
tersticios. 

Debe procurarse que la sombra no sea muy espesa, 
porque las plantas se desarrollan exuberantemente, se 
cubren de hojas de un verde muy obscuro, y al tras- 



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69 

plantarlas arraigan mal y quedan por mucho tiempo 
delicadas. 

En algunas partes no se sigue esta práctica que es 
la común en Guatemala, sino que se hace un primer 
trasplante á otra almáciga en la cual se colocan las 
plantitas á (S^20 de distancia. 

Cuando tenga tres pares de hojas se escarda. . 

Época. — En la zona cafetera de la República la siem- 
bra se hace en los meses de Septiembre, Octubre y No- 
viembre, y el trasplante en Diciembre, Enero y Fe- 
fero. 

Las plantas permanecen en la almáciga catorce ó 
quince meses y durante este tiempo deben ser atendi- 
das con esmero. 

Abajo de 4,000 pies dura sólo 8 meses desde^ue se 
pone el grano; pero siempre que sea bien cuidadlo. 

El Sr. Hilario Cuevas trasplanta el café antes de 
que aparezca la primera cruz. 

La limpieza del terreno debe recomendarse, asi co- 
mo una cuidadosa distribución de los riegos. En los 
últimos meses de su permanencia en la almáciga se de- 
be ir disminuyendo la sombra hasta dejarla en los úl- 
timos á descubierto. 

Las plantas habrán adquirido entonces una altura 
de 0°^40 á 0^50^ y pueden ya plantarse definitivamente. 

Antes de concluir este artículo haremos mención de 
una práctica aconsejada por el Sr. E. Masferrer, inte- 
ligente cultivador del Salvador, y que nosotros consi- 

1 Los prácticos llaman de cuatro cruces á las plantas que haa lle- 
gado á esta altura, refiriéndose al número y distribución de las ramas» 



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70 



deramos como inconveniente por las razones que dare- 
mos al tratar de la poda. Consiste tal práctica en po- 
dar los arbolitos en la almáciga, en donde permanecen 
á este efecto de 24 á 30 meses. 



ámíBRA./ 



En ciertas circunstancias, cuando la temperatura del 
lugar es algo más elevada de lo conveniente, ó cuando 
el terreno es propenso á desecarse y no puede hacerse 
uso de los riegos cuando la sequía se prolonga dema- 
siado, y en muchas otras que no pueden señalarse de 
* una manera precisa, es de todo punto indispensable 
dar sombra al café. 

Mucho se ha discutido sobre las ventajas é inconve- 
nientes que tiene la sombra, y los cultivadores no es- 
tán de acuerdo en este punto: para unos es absoluta- 
mente indispenseble; para otros es hasta nociva. Lo 
cierto es que unos y otros pueden tener en parte razón. 
En efecto, la sombra es á veces enteramente indispen- 
sable y á veces del todo inútil. 

Tratando del clima hemos dicho ya que el cafeto pue- 
de resistir temperaturas elevadas pero sólo hasta cier- 
to limite, pasado el cual sus funciones vegetativas se 
alteran y el vegetal muere. 

Ahora bien, lugares hay que propios por muchas 
circunstancias para el cafeto, adolecen sin embargo de 
un exceso de temperatura. El agricultor procura en- 
tonces disminuir los rayos solares sobre la planta y 



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71 

sobre el terreno; el empleo de la sombra es el medio 
más eficaz para conseguirlo. 

Se podrían citar un gran número de casos en favor 
de la utilidad de la sombra^ pero no creemos daber in- 
sistir sobre una cuestión que á menudo se resuelve en 
vista de la pr&ctica del lugar. 

Guando deba emplearse la sombra deben tenerse pre- 
sentes las siguientes condiciones: 1^, la sombra no se- 
rá total sino moderada; 2^, que el árbol que la produz- 
ca, en caso de que no sea reserva de bosque, crezca 
pronto; 3^, que conserve su follaje durante el verano; 
4^, que no produzca frutas pesadas ó substancia que 
pueda peijudicar al arbusto, y 5^, que sus raices no 
sean laterales sino profundas. 

En vista de estas condiciones deberá hacerse la elec- 
ción. En la zona cafetera de. la República abundan' 
gran número de especies que pueden satisfacer á casi 
todas las condiciones, y nosotros hemos visto emplear 
con éxito algunas de ellas. 

El Huizache (acacia álMcans) de follaje menudo y 
copa alta produce una sombra moderada. Se le tacha, 
sin embargo, de que mancha las hojas de café. La Hi- 
guerilla {ridnus commwnis)^ tan común en toda la zona 
cafetera, podría también emplearse para los almacigos, 
aunque no con grandes ventajas, por la poca altura á 
que alcanza. Sin embargo, pudiendo ser motivo de una 
explotación lucrativa poco conocida en nuestro país la 
extracción del aceite, llamamos la atención de los cul- 
tivadores deseosos de obtener mayores beneficios. En 
otras partes (Colima) hemos visto emplear con éxito el 
Llorasangre (Buconia arhorescms)^ el Huamúchil (Mi- 



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72 

masa unffuiscati)^ el Jonote ó Cuero de vaca {HeUocar- 
pm mexicancB). 

En otras partes el oolorín {Zompantle Erithrina co- 
raloides)j el Majahua {Thsspeda populnea)^ etc. 

Otras muchas especies podrán emplearse cuando se 
<;uente con bosque alto; pero si el plantío se establece 
en terreno descubierto es necesario plantar los árboles 
que deban sombrear, al cafeto. 

La mayor parte de los arbustos leñosos cuyo empleo 
«s ventajoso tienen el inconveniente de crecer lenta- 
mente, lo que los hace inutilizables por lo pronto. Hay 
que recurrir entonces al plátano. 

El plátano, que rápidamente se desarrolla, tiene sin 
embargo grandes inconvenientes, y sólo la necesidad 
puede hacer prevalecer su uso; es verdad que su fruto 
pudiendo ser un articulo de gran porvenir para la ex- 
portación, y siendo ya objeto de explotación, ayuda con 
los productos á sufragar los gastos del cultivo, pero á 
pesar de esto su empleo no debe ser sino temporal, es 
decir, mientras los árboles leñosos que se planten para 
la sombra alcancen el desarrollo necesario. 

No puede negarse, pues, que durante este tiempo el 
plátano presta grandes servicios al cultivador. 

El plátano es una planta herbácea de las más gi- 
gantescas; no tiene verdadero tallo, y lo que se llama 
su tronco está formado por las hojas cuyos peciolos su- 
mamente envainantes se enrollan unos sobre otros, for- 
mando una masa cónica que alcanza de 2'^50 á 5 de altu- 
ra, sobre 0°^50 á O^'SO de circunferencia en su base; en 
la parte superior va provisto de un penacho de gran- 
des hojas que pueden tener 2 metros de largo y 30 ó 
40 centímetros en la parte más ancha. 



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73 

Estas grandes hojas producen una sombra que no 
satisface á la primera condición, pues no siempre puede 
ser moderada; por otra parte, á su caída maltratan á me- 
nudo los cafetos y en la época de las lluvias dejan escu- 
rrir el agua en chorros que se forman en la canal del 
medio de la hoja. 

El plátano se multiplica por hijos que brotan en nú- 
mero de 4 ó 5 alrededor de cada tallo, invadiendo rá- 
pidamente el terreno que se destina al café y aumen- 
tando la sombra si no se les destruye. 

Estos hijos, que se consiguen á precio muy modera- 
do, son los que se plantan de la manera que hemos in- 
dicado en otra parte y á distancias variables según la 
cantidad de sombra que se quiera obtener. 

Frecuentemente se intercala entre cada dos ó tres 
líneas de cafetos, una línea de plátanos distantes dos y 
media á tres veces más que los pies de café. La pos- 
tura de los hijos se hace en tiempo seco y con todos los 
cuidados de un trasplante, pues aunque el plátano raras 
veces se pierde, sí sucede que se resiente de un mal 
trasplante y se atrasa, no proporcionando la sombra á 
su tiempo. 

Esta planta es de muy rápido crecimiento pues tar- 
da á lo más un año en emitir su espiga terminal que 
lleva de 40 á 60 plátamos y aun más; esta espiga, que 
suele pesar 10 y 12 kilos, debe cortarse poco antes de 
su madurez, pues de no hacerlo así es un peligro para 
los arbustos. 

En los lugares expuestos á vientos algo fuertes, el 
plátano puede ser peligroso. La constitución de sus te- 
jidos, que son muy acuosos, hacen que sea de muy dé- 



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74 

bil resistencia, pues los peciolos que forman el tallo 
presentan cavidades grandes y numerosas regularmen- 
te dispuestas. 

En nuestro país se encuentra un buen número de 
variedades que pueden emplearse, asi el plátano lar- 
go {Musa paradisiaca)^ el guineo 6 camburi {M. sapien- 
ftím), el de Abisínia (Jf. Ensete^ Bruce), el costeño 6 
dominico {M. regia^ JSTi^mpA), el chino (Jf. coccínea) ^ y 
el Manila, se desarrollan con igual facilidad, decidien- 
do en la elección, las más veces, la riqueza de sus fru- 
tos. 

Al lado de los inconvenientes que presenta el pláta- 
no para sombra, ofrece una ventaja de gran considera- 
ción, ventaja que no tiene ninguna de las especies le- 
ñosas: la restitución de materia orgánica. El plátano 
proporciona una cantidad considerable de desechos or- 
gánicos que descomponiéndose rápidamente son de 
gran utilidad. Guando se cosecha el fruto, el tallo pri- 
ncipal se corta y queda en el suelo dando una cantidad 
de materia de 20 ó 30 kilos, sin contar el gran núme- 
ro de hojas que le preceden en su caída. 

En muchas partes del Estado de Michoacán, y espe- 
cialmente en Uruápam, utilizan los restos del plátano 
enterrándolos al pie del cafeto, y parece que obtiwien 
buen resultado aunque no es esta la mejor manera de 
emplearlos. 

Es preferible recoger estos desechos y ponerlos en 
fosas especiales, humedeciéndolos de tiempo en tiem- 
po y removiéndolos para facilitar su descomposición. 
Experimentan asi todas las fermentaciones y las trans- 
formaciones consecuencia de esos fenómenos, y al fin 



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75 

se obtiene un abono rico en ázoe, potasa, cal y ácido 
fosfórico, que tan útil es al cafeto. 

La cantidad de agua contenida en los tejidos del ta- 
llo es siempre considerable y llega á 94 por ciento. 

El limbo de las hojas forma un tejido muy denso 
que contiene de 20 á 25 por ciento de materia seca. 

Una mezcla proporcional de tallos y hojas ha dado 
los resultados siguientes: 

Agua 90.800 

Materia seca 9.200 



100.000 



Composición mineral. 



Oompoilflldn OenliM por Cenliu por 

oentesimal de Il.OOO kilos de 1. 000 kilos de 

las oenisas. materia fresoa» materia soca- 



Acido fosfórico 1.26 

Acido sulfúrico 1.22 

Cloro 8.60 

Cal 17.28 

Magnesia 2.64 

Potasa 28.86 

Sosa 9.54 

Oxido de fierro 0.74 

Sílice 16.39 

Acido carbónico, etc. 14.67 



0.130 


1.406 


0.126 


1.361 


0.875 


9.486 


1.780 


19.285 


0.272 


2.946 


2.972 


32.208 


0.983 


10.647 


0.076 


0.826 


1.585 


17.175 


1.501 


16.260 


10.300 


A11.600 


1.090 


10.900 



Suma: materias mi- 
nerales 100.00 

Ázoe 

Estas cantidades las apuntamos para tomarlas en 
consideración tratando de los abonos. 



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76 



El empleo del plátano, lo repetimos, es necesario 
cuando no se tenga reserva de bosque, pero aun en es- 
te caso sólo temporalmente, pues al mismo tiempo que 
el plátano ó antes si es posible, se deben poner espe- 
cies leñosas que cuando su desarrollo se los permita 
sustituirán al plátano ventajosamente. 

Llamamos la atención de los cultivadores respecto á 
la cantidad de sombra que deben dar á sus plantíos, 
aconsejando mucha moderación, porque cuando la som- 
bra es excesiva y la humedad es también considerable, 
el cafeto se desarrolla mucho en longitud, sus hojas se 
obscurecen demasiado y presentan ^n bello aspecto, 
pero los productos disminuyen un tanto. A menudo 
hemos notado tendencia á sombrear mucho al cafeto, 
pues los cultivadores creen ahorrar dinero evitando 
asi las limpias; en efecto, una sombra abundante im- 
pide el desarrollo de la hierba, pero lo que se econo- 
miza no es proporcional á la pérdida. 

Tbasplante. 

La estación de las lluvias marca de una manera pre- 
cisa la época en la que conviene efectuar la operación 
del trasplante. 

Guando las primeras lluvias han humedecido con- 
venientemente el terreno sin inundar los hoyos y vol- 
ver lodosa la tierra, se esperan los días nublados ó li- 
geramente lluviosos para proceder á plantar el cafe- 
to. Es esta operación una de las más sencillas pero de- 
licada, y en la cual debe ponerse el mayor esmero, por- 
que de otro modo se corre riesgo de perder los pies, 



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77 

sufriendo así la pérdida de los gastos que durante su 
permanencia en el almacigo les corresponde, y un au- 
mento correspondiente á los de trasplante. 

El estado del tiempo tiene su influencia en el éxito, 
y por lo mismo se prefieren los días húmedos en el 
grado indicado, excluyendo los de fuertes aguaceros 
asi como los muy secos. Los días muy lluviosos tie- 
nen los inconvenientes siguientes: primero, dificultan 
la operación por la molestia consiguiente que ocasio- 
nan al operario, impidiéndole obrar con libertad y 
rapidez; en segundo lugar por el mal estado del terre- 
no, que hace la extracción y la puesta de los pies defec- 
tuosa. 

En las tierras fuertemente arcillosas y en las condi- 
ciones indicadas el trasplante es imposible. 

Según H. Cuevas se puede trasplantar con sol. 

El tiempo seco es absolutamente impropio para el 
trasplante. 

El trasplante comprende varias operaciones que tra- 
taremos por separado, y son éstas: la extracción de los 
pies de la almáciga, su conducción al terreno y su co- 
locación. 

Extracción de losjpies. — El cafeto se trasplanta á ce- 
pellárij como vulgarmente se dice, ó sea provisto de un 
pilón de tierra que cubra completamente su raíz. Pa- 
ra efectuar la operación con rapidez y facilidad, el peón 
va provisto de una pala angosta, proporcionada al ta- 
maño medio del terrón que llevará la planta. Cava en 
derredor de ésta una zanja como de cinco centímetros 
de anchura, y con una profundidad proporcional al ta- 
maño de la planta, procurando en todos casos no herir 
las raicecitas de la planta. 



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78 

Antes de extraer el terrón, el operario, que deberá 
orientarse con anticipación, corta una pequeña ramita 
de las expuestas al Oriente, con el objeto de que la 
planta quede después en la misma posición ifespecto á 
este punto. Esto parecerá exceso de minuciosidad, pe- 
ro al indicarlo aquí tenemos en consideración el dicho 
de cultivadores inteligentes y observadores. 

Por otra parte, analizando un poco el hecho, no se 
le encuentra en desacuerdo con los principios científi- 
cos de los cultivos. 

Entonces se extrae la planta tomando el terrón en- 
tre las manos y se le coloca en la cesta ó caja que ser- 
virá para conducirlo. 

Conducción de las plantas. — Comunmente se les trans- 
porta en cestas de regulares dimensiones, colocándolas 
con el terrón hacia abajo apoyadas sobre las paredes 
del canasto. En estas circunstancias, las plantas se 
maltratan algo y hay menos probabilidades de éxito. 
Es mejor hacer uso de cajas especiales que se constru- 
yen al efecto. La parte principal está compuesta de un 
rectángulo de madera en el que se extiende á regular 
tensión un tejido ralo de cerda ó ixtle que forma el fon- 
do de la caja; sobre este marco se aplican por medio de 
espigas las tablas que forman las paredes laterales. Ya 
además provista de cuatro brazas ó agarraderas para 
que dos hombres la conduzcan. Se pone en el fondo 
un lienzo húmedo; sobre él se acomodan las plantas en 
posición horizontal, con el terrón vuelto hacia la pared 
de la caja y de manera que queden cruzadas dos seríes. 
!N'unca se ponen más plantas de las que cómodameAte 
pueden contener las cajas. 



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79 

Se les cubre con un lienzo húmedo y se les conduce 
al terreno. 

Esta manera de efectuar la conducción parecerá cos- 
tosa, pero no lo es cuando se cuenta con operarios há- 
biles y un número suficiente de cajas. Además, proce- 
diendo asi el éxito es siempre completo. 

Se pueden colocar dos matas. 

Colocación de la planta. — Los operarios encargados 
de poner las plantas en el terreno serán aquellos que 
muestren más habilidad é inteligencia en el trabajo. 
Irán provistos de una pala pequeña y un cuchillo pa- 
ra proceder asi: tomarán una de las plantas por el te- 
rrón para llevarla al hoyo que deberá ocupar; una vez 
allí, corta al sesgo la extremidad de la raíz principal 
y coloca la planta en el hoyo, de manera que la rama 
cortada que indica el Oriente, quede vuelta hacia ese 
punto. La planta deberá quedar enteramente vertical 
y sin que la raíz principal se doble, pues de ser así se 
tiene la seguridad de perder \k planta, si no inmedia- 
tamente, un año después del trasplante. Guando la raíz 
de los vegetales se dobla forma un nudo que impi- 
de que ese órgano desempeñe sus funciones normal- 
mente. 

La operación de fijar la planta se ha de ejecutar con 
algún esmero, procurando que el pilón quede en el cen- 
tro del hoyo para que por todos lados reciba la tierra 
que debe afirmarlo, teniendo cuidado de poner abajo la 
extraída primeratnente del hoyo y que corresponde á 
la superficie del terreno, después la del medio y por 
último la extraída del fondo del hoyo, apretándola un 
poco con la mano para que la planta quede firme. 



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80 

Después de bien afirmado el arbolito se trae á su pie 
un poco de tierra de la superficie y se le pone hasta & 
ú 8 centímetros de altura, menianamente comprimida 
para evitar que se estanquen las aguas. 

Hecho esto, la plantación queda terminada. 

Se puede detener á voluntad el crecimiento del al- 
macigo quitando toda la sombra paulatinamente en 
dos tiempos, enralando primero y después quitando 
ó bien cortando la guia, asi conRy los que salgan más 
tarde. / 

I Conservación. 



Limpius. — ^Eíi^todosjkjfs terrenos de los climas cáli- 
dos se desarrollan una infinidad de hierbas que inva- 
den fácilmente el terreno y absorben las substancias 
nutritivas en perjuicio del cafeto. Las limpias tienen 
por objeto destruir estas plantas nocivas, manteniendo 
la superficie del terreno expuesta á la acción de la at- 
mósfera. A menudo la limpia de los cafetales se des- 
cuida en nuestro país, siendo verdaderamente lastimo- 
so el estado que guardan muchos plantíos que en dis- 
tintos lugares de la República hemos tenido oportuni- 
dad de ver. 

Los agricultores cuidadosos no deben descuidar tan 
importante práctica. 

Las limpias son absolutamente indispensables, y es- 
tando seguros de que toda persona medianamente ilus- 
trada opina como nosotros, no emprenderemos la inútil 
tarea de demostrarlo. 

Las limpias de deshierbe pueden hacerse emplean-- 
do varios instrumentos, de los cuales los principalmen- 



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81 

te usados son: el machete, la coa, el azadón y los ara- 
bos cultivadores. 

De todos estos instrumentos el machete es desde lue- 
go el que reúne mayor número de inconvenientes, y 
creemos que deberá desecharse siempre que sea po- 
sible. 

El trabajo del machete es imperfecto y dispendioso. 
Es imperfecto porque el corte se* hace á uno ó dos cen- 
tímetros cuando menos, sobre la superficie de la tierra, 
resultando de aquí que la hierba, conservando intacta 
isL raíz, se desarrolla inmediatamente; por otra parte, 
aperando con este instrumento no dejan de maltratar- 
se los tallos del cafeto. 

Comparando el trabajo del machete con el de otro 
instrumento, el azadón por ejemplo, durante varias 
limpias sucesivas, con relación á su costo, se verá que 
•€ste trabajo es incuestionablemente más caro con el 
primer instrumento. 

Las limpias con azadón y coa tienen el inconvenien- 
te de la lentitud, pero presentan la ventaja de ser más 
provechosas, pues la destrucción de la hierba es más 
completa. El costo de este trabajo con relación al que 
se obtiene con el machete ya hemos dicho que es un 
poco menor, pero no es aún el más económico. 

Los cultivadores son sin duda los instrumentos lla- 
mados á desempeñar este trabajo con más rapidez y 
con cierta perfección, pues producen una economía con- 
siderable de tiempo, de dinero y de brazos, y además 
benefician el terreno perfectamente. 

Se encuentran en el comercio varios modelos á pro- 
|)Ó8Íto para beneficiar el cafeto, no permitiéndonos ror 

Café.-6 



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82 

comendar ninguno en particular; sólo si indicaremos- 
las principales condiciones que debe satisfacer un ins- 
trumento de esta naturaleza, condiciones enumeradas 
en la obra escrita por el Sr. Ingeniero D. Rafael Bar- 
ba: (d^, el instrumento debe presentar una gran soli- 
dez sin tener un peso considerable; 2?^, los dientes de- 
ben cambiarse fácilmente, según la clase de trabajo, y 
su forma debe ser tal que el esfuerzo ó tracción no sea 
muy sensible; 3^ las varillas que llevan los dientes de- 
ben permitir cambiar ésta sin dificultad; 4^, la forma 
de estas varillas y su disposición debe ser tal que el 
instrumento no esté expuesto á emborrarse; 6^, es in- 
dispensable hacer variar fácilmente la profundidad y 
poder hacer salir los dientes de la tierra, sea para lim- 
piarlos ó para transportar el aparato cuando no tra- 
baja.» 

El instrumento manejado por un hombre se atalaja 
á un solo buey que es conducido por un muchacho. 

El único cuidado que debe tenerse, una vez arregla- 
do en anchura y profundidad, es que la punta más cer- 
cana á los árboles no entierro al pie de éstos, lo cual se 
consigue fácilmente con sólo inclinar un poco el ins- 
trumento, apoyándose en la mancera opuesta. 

El empleo de este instrumento no puede ser, sin em- 
bargo, enteramente general, pues es necesario para que 
dé los mejores resultados, que el terreno sea plano,, 
que no tenga abundancia de piedra ó troncos, y sobre 
todo, que esté perfectamente delineado, sin lo cual su 
su uso es imposible. 

Las limpias, cualquiera que sea el instrumento que^ 
«e use, se darán siguiendo las calles perpendiculares á 



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88 

la pendiente general del terreno, con objeto de que fe 
tierra no sea arr£(^trada por las lluvias á lo largo de 
dichas calles. 

En cuanto al número de limpias que son indispen:- 
sables y la época en que convenga darlas, no puede se- 
ñalarse seguramente número fijo para todos los casos, 
bastando decir que nunca se dejará crecer la hierba 
más allá de 15 ó 20 centímetros. 
. El número de limpias depende de la fertilidad de la 
tierra, y así sie ve que varía en nuestra zona cafetera 
de 3 hasta 10 y 12 por año. 

Cajeteo. 

Biegos. — En muchas partes de la República, en casi 
todo el Estado de Voracruz, por ejemplo, el cafeto se 
se cultiva sin riego, pero en algunas otras partes don-^ 
de se cuenta con ese valioso elemento del agua, se le 
emplea ventajosamente en tiempo de secas. 

Los plantíos que reciben la acción benéfica del agua,, 
además de que se conservan mejor, regularizan su pro- 
ducción, correspondiendo siempre á los cuidados del 
agricultor con más abundantes y oportunas cosechas. 

Én el artículo que trata del clima hemos indicado lo 
necesaria que es la humedad al cafeto, y sobre todo si 
la temperatura es un poco más elevada de lo regular.. 

Se comprenderá, según esto, cuan importante y útii 
puede ser el empleo^ del agua, en caso de una sequS» 
prolongada. 

Cuando los días húmedos han cesado, se comienza k 
notar los efectos de la sequía tanto en el terreno como* 



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84 

en la planta. El terreno por su apariencia iitdica la 
oportunidad de los riegos, que deben darse de una ma- 
nera moderada, tanto para conservar el calor sufícien- 
^te en el terreno, como para no permitir que el cafeto 
se desarrolle en longitud. 

Hay que advertir que inmediatamente después de 
las cosechas no conviene regar la planta, pues es nece- 
sario dejarla reposar durante cierto tiempo, que varía 
de uno á dos meses. 

El riego debe darse cuantas veces lo reclame la tie- 
rra y no fijando de antemano un ciclo periódico que no 
tiene razón de ser. 

A menudo se señala una 6 dos semanas de interva- 
lo entro riego y riego, pero natural es que variando el 
grado de sequedad constantemente, de igual manera 
tiene que variar el número é intensidad de los riegos. 

Antes de la floración no convienen los riegos enér- 
gicos; su acción debe ser únicamente estimulante. Asi, 
pues, cuando se acerca la época de la floración se dará 
un riego monerado. 

Algunos días antes de que comiencen á percibirse 
llamas florales que paulatinamente se desarrollan y du- 
rante este tiempo el riego debe suspenderse por com- 
pleto, si no se quiere ver los botones paralizarse en sus 
movimientos y perderse por completo. 

Una vez desarrollado el fruto, los riegos deben dar- 
se con más abundancia, pero nunca en exceso. 

Sucede que el cafeto florea tres, cuatro y hasta seis 
veces; entonces el cuidado del agricultor al suministrar 
los riegos se reduce particularmente á no interrumpir 
ninguna floración. 



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86 

Los riegos se dan de varias maneras, pero siempre 
inundando el pie del cafeto. En algunas partes se es- 
tablecen los riegos como lo indica la figura 7, en el su- 
puesto de que el terreno sea plano. {A) es la zanja 6 
caño de regadío, del cual se saca en^el punto (o) una 
regadera, siguiendo el pie de los arbustos hasta el ex- 
tremo del plantío ó de la parte que debe servir de re- 
gadera; en este punto se continúa en la parte (e) para 
encontrar la siguiente línea, y asi con los demás cuan- 
do los botones están bien desarrollados, es decir, cuando- 
están de un blanco verdoso, pero no en capullo, se da 
un riego que sirve para asegurar que no se caiga la^ 
flor. 

Esta regadera se forma alzando bordos á lo largo dé- 
las líneas de cafetos. La operación del riego se efectúa 
de la manera siguiente: el regador represa el agua con 
tierra y mejor con una compuerta de mano en el pun- 
to (jp). El agua corre á lo largo de la regadera, hasta 
(E) donde se impide su salida por otra presa. 

Guando se ha humedecido lo suficiente, la tierra de^ 
la primera regadera, para no absorber demasiada agua^ 
se quita la presa en {E) para que el agua pase á la se- 
gunda linea y asi sucesivamente. 

Cuando la longitud de las regaderas sea tal que la 
cantidad de agua que llega al extremo {E) quede muy 
reducida, entonces se quita también la presa (p) pa- 
sándola á {q) y asi para las otras. 

Esta manera de regar, aunque menos costosa que 
otra, no puede emplearse de preferencia, tanto porque 
no siempre lo permite el terreno, como por el enorme^ 
gasto de agua que requiere. 



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86 

Otras veces se. dispone el riego como lo indica la 
:figura 8. Del caño {a) se sacan regaderas {oé) parale- 
las á las lineas de cafetos, y de estas ramificaciones 
(n) que conducen el agua á cajetes formados al pie de 
€ada planta. 

Cuando la pendiente del terreno es considerable se 
forma el cajete abriendo en la parte más alta una zan- 
ja, y poniendo la tierra que de ella se extrae en la par- 
te más baja. 

No puede fijarse de una manera cierta la cantidad 
agua que se necesita para determinada extensión, por 
depender del grado de sequedad del suelo, de su per- 

.meabilidad, etc. 

-- ■ >^^ 

. Poda; 

Entre las operaciones de cultivo es muy interesante 
la conocida en arboricultura con el nombre de poda, 
pues aplicada al cafeto con inteligencia y discernimien- 
to puede aumentar y regularizar la producción. 

Los árboles que no se han sometido á la poda — di- 
^e Du Breuil — suelen dar productos muy abundantes, 
pero esta abundancia está sometida á una intermiten- 
cia regular, es decir, si la cosecha de un año es abun- 
dante la del siguiente es escasa. Ahora bien, se sabe 
que esta irregularidad depende de que durante el año 
de abunbancia casi toda la savia se ha empleado en el 
desarrollo de los frutos, y por lo mismo no ha sido su- 
ficiente para preparar nuevos botones florales para el 
año siguiente. Las operaciones de la poda bien inter- 
pretadas é igualmente conducidas, tienen por resulta- 
ndo hacer desaparecer esta intermitencia, pues la eco- 



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87 

jiiomía de savia á que dan lugar los despuntes y los 
desyemes, permiten que el árbol desarrolle suficiente- 
mente sus frutos y prepare nuevas ramas para la pro- 
ducción subsiguiente. 

Teóricamente hablando, la poda no puede ser más 
racional, y los resultados que en la práctica se obtie- 
nen cuando se le emplea con discernimiento, son am- 
pliamente satisfactorios. La belleza y notable produc- 
ción de los árboles y arbustos educados con todo el 
esmero de un cultivo intensivo en los huertos y jardi- 
nes, acomodados desde su primeta edad á la regulari- 
dad de las formas por medio de una poda perfectamente 
estudiada, demuestran lo que el hombre puede alcan- 
zar cuando sabe aplicar los principios científicos. 

Los principios científicos de la poda son aplicables 
indudablemente para todas las plantas, pero de una 
manera distinta para cada una de ellas, según las con- 
diciones fisiológicas de su desarrollo. 

El empleo de la poda tiene por mira los tres puntos 
siguientes: 

1^ Suprimir todas las partes inútiles de las plan- 
tas. 

2r Adaptar la forma de las plantas á las necesidades 
del cultivo^ procurando el buen desarrollo en longitud, 
extensión y simetría. 

3^ Procurar la mayor y más constante producción. 

1^ La supresión de las partes inútiles de las plan- 
tas no es la operación más importante de la poda, pe- 
ro debe hacerse siempre destruyendo los renuevos que 
4)rotan al pie del tronco y todas las ramas que no florean, 
|)ues estas partes de la planta consumen la savia inú- 



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tilmente con perjuicio de los órganos fructíferos. Los- - 
renuevos que brotan al pie del tronco se destruyen é^ 
mano cuando aún están tiernos. Las ramas llamada» 
chivonas f que aunque muy robustas no florean, se de- 
ben cortar al ras del tallo principal. Lo mismo debe 
hacerse con todas las ramas secas ó enfermas; además^ 
las matas que se dejan invadir por chupones, no emi- 
ten ramas secundarias. 

Las ramas más próximas del suelo, pasada la segun- 
da fructificación y muchas veces después de la prime- 
ra, ya no florean y á menudo abandonan sus hojas; es^ 
bueno cortarlas cuando esto se observa, pero procu- 
rando no maltratar el tallo. 

Muchas personas opinan que se les debe dejar una 
6 dos nudos, para que brotando nuevamente las yemas 
se reponga la rama; esto que parece muy racional^ na 
conviene, porque su fruto es siempre escaso y parece 
preferible ocupar la savia que consumen en la nutri- 
ción de las otras ramas indudablemente más fecun- 
das. 

Las ramas inferiores están siempre en malas condi- 
ciones respecto de la luz y del calor. 

2^ La necesidad de acomodar la forma del cafeto á 
las buenas condiciones de longitud, extensión y sime- 
tría se comprende fácilmente. 

El arbusto abandonado á su desarrollo normal se 
prolonga indefinidamente tanto en longitud como la- 
teralmente, ambas cosas inconvenientes; la primera 
porque dificulta la cosecha, y la segunda porque sien- 
do exagerada acorta las distancias, ocasionando que las- 
ramas de un arbusto se mezclen con las de los próxi- 



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mos, resultnndo de alli dificultad en la penetración de 
la luz y del calor, asi como de la circulación del 
aire. 

La simetría es indispensable para facilitar las fun- 
ciones vegetativas, asegurando el equilibrio y fácil cir- 
culación de la savia en el arbusto. 

Esta parte de la poda, que propiamente debe lla- 
marse morfológica^ es de suma importancia, y las reglas 
para practicarla están basadas en principios científicos, 
cuyo conocimiento es indispensable, para lo cual da- 
remos aún idea del desarrollo natural del cafeto. 

Vegetación natural del cafeto. — A los treinta ó cua- 
renta días de sembrada la semilla aparece la plantita 
desarrollándose poco á poco hasta que se manifiesta 
completa, provista de su tallo y dos hojas terminales 
opuestas. 

El desarrollo ulterior se verifica por una yema ter- 
minal que prolonga el tallo verticalmente y por dos 
yemas laterales opuestas que se desarrollan un poco 
después en la base de las hojas primitivas que caen. 
En esta época el pequeño cafeto tiene un tallo princi- 
pal provisto de dos hojas termínales y dos brazos ó ra- 
mas laterales igualmente provistas de hojas. 

En la extremidad superior se desarrolla una yema 
terminal prolongando el tallo, y más tarde en las axi- 
las de las hojas que la cubrían y que son perpendicu- 
lares á las primitivas, se desenvuelven otras dos yemas 
formando otros tantos brazos. 

El plano vertical que comprende estos brazos forma 
un ángulo recto con el plano vertical que pasa por el 
medio de las hojas terminales del tallo principal. Es- 



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90 

tos planos son los planos de vegetación natural del ca- 
feto} 

En las ramas laterales de la primera formación su- 
cede una cosa análoga: la yema terminal se desarrolla 
prolongando la rama, y las dos laterales foliáceas dan 
nacimiento á hojas. 

El desenvolvimiento del vegetal se continúa de la 
misma manera, advirtiendo que el desarrollo principal 
se verifica por la yema terminal, tanto en el tallo como 
en las ramas laterales. En estas últimas las yemas la- 
terales son foliáceas y dan nacimiento á hojas, de lo 
cual resulta la particularidad notable de que nunca se 
bifurcan naturalmente las ramas laterales, emergiendo 
siempre perpendicularmente al tronco ó tallo principal. 

1 Algunas personas, entre ellas el Sr. M. Romero, no admiten la 
exacta perpendicularidad de estos planos, asegurando que «no se en- 
contrarán dos ramas en un mismo plano vertical;» pero bastará recor- 
dar aquí que en las plantas de hojas opuestas ó decusadas las hojas se 
superponen de dos en dos nudos, en virtud de que existen dos cieZo, 
foliares paralelos] comprendiendo cada uno cuatro hojas en una vuelta 
de hélice y teniendo por expresión filotáxica }. Tratando de este puntos 
dice Gauvet lo siguiente: En lo que concierne á las hojas decusadas de 
las Cariojileas y de las Rubiáceas^ esta opinión parece justificada por la 
evolución no concomitante de las hojas opuestas, así como por las di- 
ferencias que presentan, en el orden de su aparición, las ramas naci- 
das en las axilas de estas hojas. — Anatomie et Physologie vegetales, 
página 99. 

El ángulo de divergencia de las ramas es normalmente el mismo 
que el de las hojas, aunque algunas veces se modifica á medida que se 
produce la elongación del eje, de tal manera que el ciclo expresado pri- 
mero J, se vuelve sucesivamente ^, f, -^j ^, etc., siguiendo las rela- 
ciones filotáxicas. Esto es lo que se observa en el cafeto pero no de 
una manera normal. 



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91 

La colocación de las hojas en las ramas secundarias 
«s la misnia que tienen estas ramas respecto del tron- 
co, es decir, en planos perpendiculares, y aunque apa- 
rentemente están colocadas en un plano perpendicular 
al tallo, si se observa con atención se ve que esto no es 
<5Íerto sino para cada dos nudos; pues en verdad el pe- 
ciolo conserva la posición indicada y sólo el limbo se 
inclina para desempeñar mejor sus funciones fisiológi- 
cas. 

Guando el desarrollo que han tomado las ramas la- 
terales es considerable, comienzan á cambiar de direc- 
ción arqueándose ligeramente hacia*abajo. 

La vegetación, continuando de esta misma manera 
durante los tres primerQs años que preceden á la pri- 
mera florescencia normal del cafeto, hace que cuando 
ésta llega, el arbusto, que tiene ya una altura de un 
metro ó. más, esté naturalmente simétrico y perfecta- 
mente cubierto de hojas. 

En esta época la forma del cafeto es hermosa, y si 
se observa con atención, no se encuentra en un árbol 
robusto y bien constituido ninguna discrepancia res- 
pecto de la simetría. 

Las yemas florales aparecen entonces sobre las ra- 
mas primarias que parten directamente del tronco en 
el punto de inserción de las hojas, en grupos compues- 
tos de dos ó cuatro flores de cada lado, menos en el 
primer año que generalmente son dos, y sólo en la par- 
te del ramo que se ha desarrollado en los años ante- 
riores, pues la extremidad desarrollada ese mismo año no 
producirá flores sirio hasta el año siguiente. 

Pasada la primera floración del cafeto, aparecen las 



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ramas secundarias partiendo de los primeros nudos de 
las ramas primarias. Su desarrollo se hace de la mis- 
manera que el de éstas. 

La evolución de las flores es digna de llamar la aten- 
ción, pues como luego veremos, da la explicación de 
algunas prescripciones que se hacen para efectuar la 
cosecha. 

En el punto de inserción de las hojas se desarrolla 
una yema que produce un solo pedúnculo que muy 
pronto se bifurca produciendo dos botones florales. 

En el primer año la florescencia se detiene ahí, pero 
en los años siguientes ó aun en el primero cuando el 
arbolillo es muy robusto, el pedúnculo que brota de la 
axila, después de bifurcarse continúa prolongándose 
para bifurcarse nuevamente, produciendo otros dos bo- 
tones de flor. 

Ahora bien, como el desarrollo de estas yemas es 
posterior al de las de la primera bifurcación, y como 
por otra parte, la aparición de las yemas de flor es cen- 
trífuga, efectuándose del centro hacia la periferia y nu- 
do por nudo sucesivamente, se comprende el por que 
de \^ varias floraciones del cafeto y consecuentemen- 
te de las varias cosechas. . 

Contando el orden de la rama tomando por origen 
el vértice del árbol resulta que el número de nudos que 
tiene esta rama es igual al orden de la rama, ahora, sa- 
biendo que el cafeto produce un nudo cada mes se pue- 
de calcular la edad del cafeto de una manera fácil; las 
ramas se superponen cada 8 nudos, es de notar la per- 
fecta regularidad de cafeto. 

En la zona cafetera de la República el cafeto florea 
dos, cuatro y hasta seis veces al año. 



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De lo que dejamos apuntado resultan las siguientes 
conclusiones: 

I. Que siendo foliáceas las yemas terminales, el des- 
arrollo del cafeto es indefinido. 

II. Que el cafeto toma naturalmente una forma simé- 
trica^ por lo menos antes del desarrollo de las ramas se- 
cundarias. 

III. Que la foración es centrífuga efectuándose del 
tallo hacia las extremidades. 

IV. Que todas las rameas son de fruto; abstracción 
hecha de las anormales, y 

y. Que los nudos de las ramas primarias no dejan 
de fructificar hasta que aparecen en ellos rameas secun- 
darias. 

De la primera conclusión se deduce la necesidad que 
hay de limitar el desarrollo del arbusto. Con este ob- 
jeto se usa de los despuntes y desyemes. 

Despunte. — Cuando el cafeto ha llegado á la altura 
de dos metros se procede á impedir su desarrollo en 
longitud. Como hemos dicho, el arbusto queda termi- 
nado en su parte superior por una yema que prolonga- 
rá el tallo y que una vez desarrollada, dos laterales 
dan nacimiento á otras tantas ramas: según esto, para 
efectuar el despunte hay que esperar el nacimiento de 
las ramas laterales; cuando éstas tienen seis ú ocho cen- 
tímetros se corta la última cruz un poco más abajo del 
último nudo, haciendo uso de un cuchillo de buen filo 
y efectuando el corte al sesgo de abajo hacia arriba pa- 
ra maltratar el arbolito lo menos posible. 

Si las últimas ramas laterales están entonces muy 
desarrolladas conviene también cortarles el renuevo 



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94 

con iguales precauciones. Esta última operación tiene* 
por objeto impedir que bajo el peso de estas ramas el 
tallo principal se hienda longitudinalmente ocasionan- 
do la pérdida de una buena parte del arbusto. Cuniv- 
do desgraciadamente suceda, es necesario cortar inme- 
diatamente el tallo hasta unos cinco centímetros más^ 
abajo de la hendedura, con un machete bien filoso, y 
dirigir la rama lateral más próxima hacia arriba para 
continuar el tallo. 

Para limitar el desarrollo lateral del arbusto, se em- 
plea el despunte lateral ó desyeme. 

Desyeme. — El despunte lateral se hace estrangulan- 
do las yemas terminales á mano cuando comienzan á 
desarrllorse, y es operación que pueden hacer los ope- 
rarios al mismo tiempo que recogen los últimos frutos* 
De esta operación resulta que desenvolviéndose las ye- 
mas laterales bifurcan las ramas primarias hacia la ex- 
tremidad, y la savia es atraída con mayor energía ha- 
cia esta parte del arbusto en detrimento del resto de laa^ 
ramas. 

. La fructificación es entonces mayor hacia el media 
de la rama, quedando estériles los nudos próximos al 
tallo. Para evitar esto es bueno hacer el despunte late- 
ral temprano, de manera que la rama quede con \o^ 
nudos enteramente indispensables. Al afío siguiente se 
efectúa el despunte lateral de la misma manera que el^ 
terminal. 

Las buenas condiciones de simetría no deben preocu- 
par de una manera especial al cultivador, pues natu- 
ralmente se producen en el cafeto, sobre todo durante^ 
los seis primeros años del cultivo, y todo esfuerzo hecho- 
con este objeto es enteramente inútil. 



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95 

3^ Obtener la mayor y más constante producción, es 
seguramente el punto más importante de la poda, á la 
vez que el más difícil de alcanzar. Esta parte de la po- 
da, que puede llamarse estimulante ó jpoda propiamente 
dicha, se practica para disponer las ramas de fruto de 
una manera conveniente, es decir, procurando que su 
número sea precisamente el que pueda nutrir el arbus- 
to. Entre nuestros cultivadores esta parte de la poda 
es enteramente desconocida y parece que sólo por vía 
de ensayo ha sido empleada en alguna finca de Córdo- 
ba, y con resultados nada satisfactorios.^ 

Para obtener buen éxito es necesario conocer perfec- 
tamente la vegetación natural y las buenas condicio- 
nes de floración del cafeto; sin esto, hay que temer un 
resultado negativo. Muchas personas han propagado 
reglas empíricas que no pueden aplicarse con seguri- 
dad en todos los casos, y á menudo indican épocas pa- 
ra efectuarlas, pero ninguno entra en detalles sobre la 
manera racional de practicar la poda. Para la aplica- 
ción de la poda propiamente dicha, de la poda técnica, 
no pueden darse reglas absolutas, pues cada individuo 
por sus condiciones especiales es un caso particular: de 
donde resulta la principal dificultad. 

Antes del completo desenvolvimiento de las ramas 
secundarias, la poda estimulante no tiene aplicación; 
en efecto, en esta época el número de ramas es relati- 

1 El Sr. H. Finck es el primero que ha puesto en práctica la opera- 
ción de \di poda propiamente dichas y los resultados obtenidos no pue- 
den considerarse como buenos; sin embargo, no podrá deducirse de 
ahí la inconveniencia de la poda propiamente dicha, cuyos buenos re» 
sultados pueden notarse en otros arbustos. 



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96 

vamente corto, y si se tiene en cuenta que todas las ra- 
mas son de fruto, fácilmente se comprenderá que la su- 
presión de alguna ó algunas, redundará en perjuicio 
de la cantidad de frutos. 

Cuando el desarrollo de las ramas secundarias es 
muy considerable y el número de las terciarias hace 
que se entremezclen hasta impedir la penetración de 
los rayos solares, se hace necesaria la aplicación de la 
poda propiamente dicha, pues llegados á esta época los 
arbustos son insuficientes para hacer fructificar todas 
sus ramas. Las operaciones de la poda son minucio- 
sas, y si se pueden aplicar perfectamente á un número 
reducido de plantas, se hacen impracticables tratándo- 
se de plantíos de cien ó doscientas mil matas. Además, 
es operación difícil de hacer bien, aunque parece bas- 
tante sencilla, y creemos que los cultivadores deberán 
admitir con reserva todas las reglas que se les indiquen 
á este respecto. 

Después de efectuado el despunte lateral, las ramas 
secundarias vegetan con más vigor emitiendo sin inte- 
rrupción varios nudos; su desarrollo debe contenerse pa- 
ra que no se entremezclen con las de la rama próxima. 

El número de nudos que debe dejarse á las secun- 
darias será igual á la mitad del número de nudos que 
tenga la primaria. 

Las ramas secundarias del primer nudo primario, 
és decir, del nudo más próximaal tallo, se dejarán fruc- 
tificar sólo una vez, destruyéndolas en seguida. 

El número de ramas secundarias debe ser siempre 
par. 

No se dejarán aparecer ramas terciarias antes de que 



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97 

fructifiquen las secundarias que hanjiparecidoen la ex- 
tremidad de las primarias. 

Cuando hayan fructificado dos 6 tres veces las xa- 
mas secundarias, se les sustituye por terciarias. 

Ko debe dejarse que una rama fructifique más de* 
tres veces. 

Todas las operaciones de poda se efectúan con lofi^ 
instrumentos ordinarios del podador, empleando el se- 
rrucho para los tallos y ramas fuertes, el cuchillo pa- 
ra la corteza y ramas medianas, y la tijera para las 
partes blandas. Debe procurarse que los cortes sean 
perfectamente limpios, pues los cafetos resisten muy 
mal á las lesiones de los instrumentos, siendo por esta 
circunstancia muy peligrosa la poda corta. 

Para prevenir accidentes se puede emplear el si- 
guiente mástic, que se aplica con una espátula de ma- 
dera sobre las heridas de la planta. 

Mástic LTiomme-Lefort. 

Cera amarilla 65 gramos. " 

Trementina 65 „ 

Brea blanca 32 „ 

Sebo de carnero 16 „ 

178 gramos. 

Se funde la mezcla y se conserva en frasco cerrado. 

Este mástic endurece en muy pocos días; no se re- 
blandece al sol ni se hiende; la humedad facilita su so- 
lidificación. 

En resumen, las operaciones de poda se ejecutarán 
en el orden siguiente: 

Almáciga. — I^inguna de las operaciones de poda se 

Café-T 



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98 

aplicará en la almáciga. Los cafetos que se noten en- 
fermos, sea cual fuere la causa, se destruirán total- 
mente. 

Después del trasplante. — Por regla general, aplicable 
en todas las épocas, se suprimirán los renuevos, las ra- 
mas marchitas, enfermas ó anormales. Esta operación 
puede y debe hacerse en todo tiempo. 

Pasada la primera cosecha, cuando el cafeto alcance 
dos metros, se hace el despunte terminal como queda 
dicho. Esta operación se hará después de que desapa- 
rezca la flor para provocar el desarrollo lateral. Pue- 
de tenerse una buena cosecha despuntando el cafeto 
<5uando comiencen á brotar las yemas de flor, pero si 
se aprovecha ésta la del siguiente año es mínima. 

Cuando las ramas primarias inferiores alcanzan una 
longitud de 55 á 65 centímetros, teniendo de 8 á 10 
nudos, se hace el despunte lateral. Esta operación pue- 
de hacerse inmediatamente después de la cosecha pos- 
terior al despunte, pero en los plantíos muy adelanta- 
dos, que tienen plantas muy robustas, debe esperarse 
la aparición de las yemas de flor, sin lo cual puede 
provocarse la emisión de todas las ramas secundarias. 

Cuando el despunte lateral se hace en buena época, 
las primarias fructifican bien y emiten secundarias en 
•^1 nudo terminal. 

Al hacer el despunte lateral se cortan las dos ramas 
primarias desarrolladas en la extremidad superior del 
árbol. 

El despunte lateral activa el desarrollo de las ramas 
43ecun darías. 

Seis meses después del desyeme se cortan las ramas 



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99 

43ecundarias nacidas en la extremidad de las primarias; 
«in esta precaución se corre el riesgo de hacer estériles 
los nudos primarios próximos al tallo. 

Cuando las ramas secundarias se han desarrollado 
suficientemente, se despuntan procurando no provocar 
^1 nacimiento de las terciarias. Las operaciones subse- 
cuentes tienen por objeto la sustición de las ramas se- 
<;undarias, constituyendo la parte más delicada de la 
poda técnica. La sustitución de las secundarias se ha- 
<5e cortándolas un poco abajo del segundo nudo que ha 
producido terciarias. Se conserva la más robusta de las 
dos terciarias que quedan en la última cruz, dándole 
la dirección que tenia la secundaria. 
. La poda de los arbustos debe limitarse hasta el des- 
punte de las ramas secundarias, pues las operaciones 
fiiguientes se hacen impracticables por su costo; para 
cada planta se necesita hacer de doscientos ochenta á 
cuatrocientos cortes^ y como las operaciones de poda só- 
lo pueden confiarse á operarios inteligentes, cuyo nú- 
mero es desgraciadamente reducido, resulta imposible 
BU aplicación, sobre todo desde el punto de vista de la 
oportunidad. 

Reposición. 

No puede evitarse, cualesquiera que sean los cuida- 
dos que se prodiguen al plantío, que algunas dQ las 
plantas puestas en el terreno languidezcan, se marchi- 
ten y perezcan. 

De año en año se observan estas faltas que es nece- 
sario enmendar, reponiendo los pies asi perdidos. Al 



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^ loo 

tratar de los almacigos hemos dicho ya que el número 
de plantas que deben criarse en ellos debe ser triple de 
las necesarias para el plantío; ahora se comprenderá el 
por qué de tal prescripción. 

Al año de establecido el plantío, es decir, en la próxi- 
ma temporada de las aguas, se repondrán en el terre- 
no todos los arbolillos que por cualquiera (^ausa hubie- 
ran perecido. Esta operación deberá hacerse con más 
esmero que la plantación, procurando que las cepas tí 
hoyos queden abiertos con mayor anticipación y más 
amplitud. 

Siempre convendrá registrar el terreno perfectamen- 
te, y si es posible abonarlo de la manera que indicare- 
mos en el artículo ábonOy pues á menudo estas fallas 
reconocen por causa algún desperfecto del terreno. La 
apertura del hoyo deberá hacerse inmediatamente que 
se observe la pérdida de algiin arbolillo. 

La reposición deberá hacerse con todo el cuidado que 
hemos indicado para la plantación y aprovechando- 
siempre las primeras lluvias, pues de no hacerlo es 
preferible esperar el año siguiente y no exponerse á. 
una nueva pérdida. 

El arbolillo que sirva para la reposición deberá ser 
más vigoroso que aquellos que sirven para la forma- 
ción del plantío; pues sufriendo más por la sequía, y 
no teniendo tiempo para equilibrar sus funciones an- 
tes de la desaparición de las aguas, indefectiblemente 
se pierde. 

Lo mismo que se hace al segundo año debe conti- 
nuarse haciendo en los siguientes, teniendo siempre- 
plantas de almacigo para estas reposiciones. Recomen- 



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101 ^ 

damos destruir inmediatamente los arbolillos que se 
encuentren enfermos y nunca tratar de mejorarlos por 
medio de la poda ó de abonos mal proporcionados, que 
además de que ocasionan gran gasto nunca producen 
€l resultado deseado. 

Siempre deben reponerse los árboles enfermos, pues 
de otro modo no puede remediarse el mal. 

Esto se entiende respecto de los pies aislados y no 
cuando se trata de una enfermedad que ataque una par- 
te notable del plantío. 

Los árabes tienen extrañas ideas respecto á la repo- 
sición que nunca emplean, según nos dice Lepelietier. 
iíNo puedo dar una. idea exacta de la mortalidad cuan? 
do han alcanzado un completo desarrollo, porque esto 
depende de la sequedad y de los gusanos que se comen 
las raices; pero se me ha asegurado que en los años de 
3equedad mueren muchos pies y que en los de abun- 
dantes lluvias mueren bien pocos.» 

ccLos cultivadores de los contornos de Saana^ Hoade»^ 
Hqheohy Djebelskas y Chaval^ no reemplazan jamás los 
cafetos que han muerto en pleno desarrollo, estai^^o 
persuadidos de que los nuevos que se pusieran en su 
lugar perecerían por las mismas causas; de donde re? 
sultán las faltas considerables que Brépn ha observa- 
do, y que son tanto más grandes cuanto más antiguos 
son los cafetales.» 

La reposición es necesaria, de otro modo las fallas 
acumulándose de afío en año ocasionan pérdidas dd 
gran consideración, no sólo con la diminución de la 
cos0cha sino también aumentando infructuosameqita 
los costos. 



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102 

Las pérdidas que se noten en los árboles de sombra,, 
deberán también reponerse con tanta eficacia y esmera 
como los arbustos mismos, pues las fallas en la sombra 
pueden ocasionar en los arbustos fróximos pérdidas^ 
por insolación. 




Tres 6 cuatro días después de la aparición de las flo- 
res comienzan á caer y quedan en su lugar los frutea 
que ocho ó nueve meses más tarde deben ser cose- 
chados. 

En otra parte hemos dicho que las flores no apare- 
cen simultánea sino sucesivamente, de lo cual resulta 
que los frutos no maduran al mismo tiempo. Por esa 
mismo la época de la cosecha dura tanto como la flo- 
ración. 

La época de la floración, ya lo hemos dicho, es va- 
riable de un lugar á otro, pero' en nuestra zona está 
comprendida entre los meses de Enero, Febrero, Mar- 
zo y Abril. La cosecha tiene lugar en los meses de Oc- 
tubre á Enero. 

El fruto es una drupa roja cuando madura, que 
encierra en su pulpa ligeramente dulce, dos granos pla- 
noconvexos que tapizados aisladamente de una pelí- 
cula pergaminosa se aplican por su cara plana contra 
el tabique medio que separa los lóculos. 

Los granos al estado seco y desprovistos de las tú- 
nicas' que lo envuelven, forman el café comercial. Es- 
tos granos están formados por un tejido de apariencia 
córnea, de un color plomizo ligeramente verdoso una» 
veces, amarillento, negruzco blanquizco otras. 



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108 

La parte convexa es enteramente lisa y continuada, 
pero por la parte plana, que tiene una forma elíptica 
más ó menos regular, lleva un pliego en forma de sur- 
co á lo largo del eje mayor. Este repliegue se conti- 
núa al interior formando una muy pequeña cavidad- 

La película pergaminosa que envuelve al grano pe- 
netra por este repliegue hasta el interior de la cavidad. 
La parte carnosa (mesocarpo) está formada! de un te- 
jido celular sumamente acuoso que se deseca con faci- 
lidad, y rodeado por una corteza (epicarpo) lustrosa y 
rojiza cuando está madura y fresca, pero que por la de- 
secación aparece opaca, quebradiza y de un color mo- 
reno muy pronunciado. 

Normalmente el fruto del cafeto encierra dos gra- 
nos, como hemos dicho, pero algunas veces sólo se des- 
arrolla uno de ellos, dando el producto que se ha lla- 
mado mexican pea-herry caracolillo por la semejanza 
que tiene con la concha de algunos gasterópodos. Este 
producto, cuyo precio es más elevado en el mercado,, 
ha motivado un gran número de preocupaciones, con 
respecto á su origen, entre los cultivadores. 

La formación del caracolillo se comprende: tiene in» 
dudablemente por origen una mala fecundación ó un 
defecto de nutrición. 

En el primer caso, que es probablemente el más co- 
mún, según la opinión del Sr. Ingeniero J. C. Segura, 
la fecundación se efectúa sólo en un estigma, desarro- 
llándose el grano sólo en el lóculo que á este corres- 
ponde y permaneciendo el otro estéril. 

El defecto en la fecundación puede reconocer como 
causa determinante, ya los desperfectos que puedan 



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ocasionar los insectos en los órganos de la flor, ó ya 
una dehiscencia irregular en la antera. 

En el segundo caso, que también suele observarse, 
la fecundación tiene lugar en ambos lóbulos, pero por 
una escasez relativa de savia se desarrolla sólo un gra- 
no apareciendo el otro rudimentario. Esta segunda 
explicación puede estar de acuerdo con la observación 
de muchos cultivadores, que creen estar ciertos de que 
el caracolillo se produce de preferencia en las extremi- 
dades de las ramas y en los cafetos de edad avanzada. 

El grano caracolillo no tiene cara plana, es todo arre- 
dondado, presentando al corte una sección que neta- 
mente lo distingue del grano normal denominado j}¿an- 
chuela. 

El defecto que constituye el caracolillo se hace poco 
aparente al exterior, no pudiendo conocerse inmedia- 
tamente. Sin embargo, con alguna atención, se pueden 
distinguir los frutos que encierran caracolillo entre 
muchos normalmente desarrollados. 

En efecto, en los frutos de dos granos la linea que 
une el naqimiento del pedúnculo con el ápice del fru- 
to, marcado por la huella que deja la flor, es siempre 
una linea enteramente recta, en tanto que en los frutos 
anormales que encierran el caracolillo esta linea es 
notablemente curva. 

Al cosechar el fruto no conviene, sin embargo, se- 
pararlo, debe provocarse la pronta madurez de los fru- 
tos y cortar el grano lo más temprano que sea posible. 
El cafeto no es planta que reposa mucho tiempo y con- 
viene que no repose, pues la separación se hace más 
fácil y perfectamente después del beneficio. 



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106 

La recolección de los frutos es sencilla, pero es de 
todas las operaciones la más delicada y que reclama 
mayor vigilancia de parte del propietario. 

Los cuidados que deberán tenerse al efectuarla son 
pocos, entrando en primer lugar la madurez perfecta, 
en seguida la conservación en el arbusto de los frutosf 
aún no bien nutridos, así como la de los pedúnculos 
del fruto. 

Esto último, que á menudo se descuida, es de una 
importancia capital, pues cuando se cortan dichos pe- 
dúnculos en el punto de inserción, se forma una llaga 
que cicatriza, pero no permite el desarrollo ulterior de 
yemas. 

La perfecta madurez del fruto se reconoce en que ha 
domado un color rojo vivo, ligeramente obscuro algu- 
nas veces. Sólo estos frutos deberían cortarse, reser- 
vando los que no se encuentran en estas condiciones 
para una segunda ó tercera cosecha. 

Es mucho mejor reconocer la madurez del grano por 
otro indicio que no sea el color; para esto se tomará 
un fruto, y comprimiéndolo entre los dedos pulgar é 
índice, debe dejar escapar el grano €on facilidad para 
que se considere maduro. 

El operario recolector deberá ir provisto de un ces- 
to en el que colocará los frutes recolectados durante el 
día, para conducirlos, concluida la tarea, á la casa de 
beneficio. 

Entre nosotros no se hace uso de la escalera para la 

recolección, pero no dejaremos de aconsejarla, sobre 

* todo cuando los arbolillos han alcanzado una altura 

relativamente considerable; su uso tiene la ventaja dó 

que se maltratan menos los arbustos. 



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106 

En la recolección de los frutos, el propietario, por 
medio de sus empleados de categoría, debe organizar 
una perfecta vigilancia sobre los peones, tanto para 
evitar que éstos maltraten los arbustos y perjudiquen 
las cosechas desprendiendo las bayas aún no maduras, 
como para prevenir que hagan el corte en desorden 
recogiendo furtivamente frutos de los arbustos que no 
les están señalados; por lo demás, la cosecha es suma- 
mente sencilla. 

En el Brasil, según nos dice Van Delden Laerne, la 
cosecha se hace en algunas haciendas despojando las 
ramas de sus frutos de una manera rápida. Los peo- 
nes para esto se apoderan de una rama, asiéndola por 
su extremidad, mientras que con la otra mano la re- 
corre á puño cerrado de abajo á arriba; los frutos, acom-* 
panados de muchas hojas, caen á tierra. 

Se comprende que tal manera de proceder es alta- 
mente viciosa é imperdonable. 

Abonos. 

La mayor parte de nuestros cultivadores tienen la 
preocupación de que el cafeto no necesita de los abo- 
nos, sobre todo cuando los plantíos están hechos en 
tierras recientemente desmontadas; otros, que no en- 
tran en el grupo anterior, consideran el abono coniía 
útil y procuran aplicarlo cuando les es posible, habien- 
do muy pocos que tengan comprendida la imprescin- 
dible necesidad de proporcionar á la planta los alimen- 
tos que diariamente consume y de los que á la larga y ' 
sin el empleo de los abonos se verá privada. 



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107 

La primera parte de este artículo será útil á las per- 
sonas que no usan abonos, pues en ella nos propone- 
mos poner á la vista el por qué de tal empleo. 

Tomando como producción normal el mínimo de 
ocho onzas, y suponiendo que la distancia sea de dos 
y medio metros, resultará que en una hectárea de te-* 
rreno caben 1,560 plantas, reservando para pasadizos, 
andenes, etc., 250 metros cuadrados. 

TJn a hectárea de terreno en estas condiciones pro- 
ducirá 780 libras ó sean 358.8 kilogramos de café be- 
neficiado por año, ó bien 1,392.14 kilogramos de bayas 
maduras. 

Con estos elementos vamos á calcular el consumo 
anual de las materias más importantes, como soh el 
ácido fosfórico j la potasa y el ázoe. 

Los elementos consumidos se encuentran distribuí- 
dos en el grano comercial, en la pulpa y en el perga- 
mino; pero pudiendo restituir al terreno estos dos úl- 
timos, resulta que lo único que positivamente se extrae 
de la tierra es la substancia útil del café comercial. 

Teniendo en cuenta las cantidades anotadas en el 
último cuadro de análisis consignado al hablar de la 
composición química, se podrá calcular lo contenido 
en 1,392.14 kilogramos de bayas y en 358.8 kilogramos 
de café comercial, así como lo que deba quedar én la 
pulpa y pergamino. 



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108 

Cuadro que indica^ para una hectárea de terreno ^ 
los elementos consumidos. 

CoDsoniidoa Exportado! Quedan en la 

por ISSik.li enSóSk.S palpa y 

de bajai. de café. pergamino- 

Acido fosfórico 1M26 l'^^SQ (^378 

Potasa 10 309 6 191 6 118 

Ázoe 8 658 6 027 2 631 

Cal 1 736 O 629 1 207 

Las cantidades que ocupan la segunda columna del 
cuadro anterior indican claramente que el grano cose- 
chado anualmente extrae del terreno 1 k. 039 de ácido 
fosfórico, 5 k. 191 de potasa, 6 k. 027 de ázoe y O k. 529 
de cal. Ahora bien, la fertilidad de la tierra está di- 
rectamente relacionada con la cantidad de alimentos 
contenidos en ella, y se comprende que si de una tierra 
medianamente fértil ae extraen anualmente cantidades 
tan considerables de ácido fosfórico^ potasa y ázoe^ su 
capacidad de producción y por tanto su fertilidad, irán 
constantemente decreciendo. 

En lo que se refiere al ázoe, el empobrecimiento ñe- 
ra, más lento en vista de la restitución c[ue anualmen- 
te se obtiene fuera de todo abono, según lo han demos- 
trado los continuados experimentos de Schioesing y 
Bertelot; pero tratándose del ácido fosfórico y la pota*^ 
sa, no hay restitución natural, y por consiguiente el 
empobrecimiento es más rápido y acentuado. El aná- 
lisis químico puede aún darnos á conocer con alguna 
aproximación el grado de empobrecimiento de las 
tierras. 

Si tomamos en consideración los análisis de los te- 
rrenos que comunmente se cultivan de café, podremos 
establecer nuestro cálculo con los siguientes datos: 



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Google 



109 

Una hectárea de terreno. 

Superficie 10,000 metros cuadrado*». 

Profundidad media para caíé 0.75 metros. 

Densidad (peso de un decímetro cúbico).. 1.33 kilogramos. 

Peso de la capa arable de una hectárea de 
terreno en estas condiciones, siendo el 
volumen 7,500 metros cúbicos 17,47Í5 kilogramos. 

hiendo la riqueza de la tierra en ácido fos- 
fórico de 0:06657 pot ciento. 

La capa arable en una hectárea de terre- 
no sólo contendrá 4.9260 kilogramos. 

ié ácido fosfórico^ de manera que si el suelo no tuvie- 
ra reserva ninguna en el subsuelo y sin aplicación de 
ningún abono, á los cuatro años de una exportación 
periódica de 1 kilogramo 39 gramos quedaría entera- 
mente agotado. Cálculos semejantes podrán hacerse 
con respecto al ázoe, la potasa, etc. 

Esto en la práctica no se verifica, porque siempre se 
encuentra en el subsuelo de las tierras cierta cantidad 
de principios de reserva, que van poniéndose á dispo- 
sición de la planta conforme ésta los necesita; pero si 
es indudable el empobrecimiento del terreno y 1« di- 
minución de las cosechas. 

La fertilidad de las tierras es proporcional á su ri- 
^ue^a en elementos nutritivos, considerando muchos 
agrónomos al ácido fosfórico como punto de partida 
para la determinación del grado de fertilidad, que ade- 
más está ligado con otras condiciones: espesor de la 
capa, facilidad de desecación, etc., etc. Ahora bien, ya 
hemos indicado cuan exigua es la proporción de este 
elemento en las tierras comunes y cuan considerable 
es la cantidad consumida por la planta, advírtiendo 



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lio 



que la que tenemos en cuenta es sólo la exportada, sia 
mencionar la necesaria para el crecimiento, etc. Resul- 
ta, pues, que si la fertilidad de la tierra es proporcio- 
nal á la riqueza en ácido fosfórico acusada por el aná- 
lisis, podremos muy bien representarla por lá fórmula 
algebraica Fzz C. JE. M,^ en la cual F representa la fer- 
tilidad, C un coeficiente que depende de las cualidades 
físicas de la tierra, E el espesor de la capa y R la ri- 
queza en ácido fosfórico^ potasa y ázoe. 

Es claro que si R disminuye anualmente, F dismi- 
nuye también, pudiendo suceder que se anule cuando 
R sea igual á cero. Para que F permanezca constante 
es preciso que C. E. R. se conserve con el mismo va- 
lor. C permanece constante en cada caso lo mismo que 
E; R disminuye á medida que se producen las cose- 
chas; por consiguiente, para que la fertilidad perma- 
nezca la misma, es indispensable que la riqueza de la 
tierra en elementos nutritivos permanezca constante. 
Sabia ley de restitución enunciada por Liebig. Esto es 
lo que se consigue con el empleo de los abonos. 

El abono es una materia prima de la producción 
agrícola; puesto en el terreno, que es la máquina por 
decirlo así, pronto será atraído al interior de la plan- 
ta, en donde por transformaciones íntimamente liga- 
das á la vida vegetal se convierte en frutos que serán 
vendidos. 

Ninguna industria puede obtener productos sin las 
materias primas, y la agricultura, como las demás, ha- 
ce constante consumo de tales materias. 

El empleo racional de los abonos está subordinado 
á los conocimientos científicos, y en manos del empi-* 
rismo nunca podrá dar los resultados deseados. 



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111 

Se comprende que para suministrar á la planta el 
abono que le es necesario, preciso es averiguar cuáles 
son los elementos que le hacen falta, en qué cantidad 
y en qué estado de asimilación. 

Tal conocimiento ha sido motivo de largos y minu- 
ciosos análisis que han puesto en claro cuáles son las 
substancias que asimilan los vegetales. 

En el articulo que trata de la composición química, 
hemos puesto un cuadro en el que se expresan las 
substancias minerales de que tiene necesidad el cafe- 
to. El ácido carbónico y el ázoe están también men- 
cionados. 

Los elementos minerales y el ázoe serán los únicos 
que nos ocupen, pues los elementos gaseosos, como el 
hidrógeno y el oxigeno, así como el ácido carbónico, se 
encuentran en abundancia en la atmósfera y en el 
^gua, y nunca serán introducidos provechosamente en 
los abonos. 

Los elementos que deberán ocuparnos son, pues: el 
ácido fosfórico, el ácido sulfiirioo, el cloro, la cal, la 
magnesia, la potasa y sosa, el óxido de fierro, la sílice 
y el nitrógeno. 

De todos estos elementos, algunos se encuentran en 
abundancia en las tierras, tales como el ácido silícico, 
•el óxido de fierro y algunas veces la cal. Otros como el 
cloro y la sosa aun cuando no se encuentren en la tie- 
rra no deben preocupar al cultivador, y otros son de 
tal importancia que sin ellos es imposible la vegeta- 
ción: ácido fosfórico, potasa y ázoe; en cuanto á la mag- 
nesia, su importancia está en relación con la del ácido 
fosfórico. 



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112 

Cada hectárea de terreno consume anualmente 

1,0390 kgm, de ácido fosfórico^ 5,1910 Jcgm. de potctsUj 
6,0270 Jcgm. de ázoe y 0.529 Jcgm. de cal. Según eso, si 
nos limitamos á restituir únicamente lo consumido par 
cada cosecha, sin tratar de enriquecer el terreno, em- 
plearemos un abono que contenga el ácido fosfórico, la 
potasa y la cal, en las proporciones relativas que se 
mencionaron. 

La restitución del ázoe no conviene hacerla ea la 
proporción de 6,0270 kgm. por hectárea, 1^ porque se- 
ría demasiado costoso, y 2^ porque la restitución natu- 
ral (nitrificación, absorción del amoniaco atmosférico, 
etc.) hace que el empobrecimiento sea menos sensible. 

A menudo se considera que el empleo de los abonos 
disminuye en mucho las ganancias, pero bastará cal- 
cular el valor de la cosecha en una hectárea y el costo 
de la restitución, para comprender que el capital in- 
vertido en abono es ampliamente restituido. 

358 kgm. de café, ó sean 777 libras que produce ca- 
da hectárea, se venden en $156, suponiendo á $20 el 
quintal. 

Para calcular el costo de restitución, tomamos de 
uno de los artículos que publica la ((Revista Agríco- 
la»^ con el título de «Los Abonos,» lo siguiente: 

ccEl precio máximo que se les asigna en Europa á 
las substancias útiles de los abonos es como sigue: 

Ázoe asimilable....'. $ 0.50 kgm. 

Ázoe orgánico 0.34 „ 

Acido fosfórico asimilable 0.12 ,, 

1 Tomo VIII, pág. 124. 



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118 

Acido fosfórico al estado de fosfato tribásico.. 0.08 kgm. 

Potasa 0.10 „ 

Agregamos: Cal (muy variable) 0.03 „ 

El costo de restitución será pues: 

Acido fosfórico 1.0390 k $ 0.12 

Potasa 6.1910,, 0.52 

Ázoe 6.0270 „ 3.01 

Cal 0.5290 „ 0.02 

3^^508 67 centavos por hectárea seria el costo del 
abono de restitución, suponiendo que se hiciera total 
la del ázoe. 

Si se reduce á 1, 42 kilogramos la cantidad de ázoe, 
el costo de esta materia será 77 centavos, y para el cos- 
to del abono de una hectárea se tendrá sólo $ 1.36. 

Aconsejamos el empleo de abonos minerales mezcla- 
dos con los residuos de beneficio {pulpa y pergamino) 
y los desechos del plátano, que llevan materia útil. 

Muy recomendable para darse al café es el abono si- 
guiente: 

KIlogrmmoB 

Superfosfato •. 30 

Nitrato de potasa 40 

Carbonato de potasa .* 10 

Salfato de cal 20 



100 
Cada kilogramo de esta mezcla contiene: 

PhO» KO Az CaO. 

Superfosfatos 300 gs 63 gs. 83 gs. 

Nitrato de potasa.. 400 „ 186 55 

Nitrato de sosa 100 „ 16 

. Sulfato de cal 200 „ 82 „ 



63 gs. 186 71 165 gs. 

Gafé.-8 



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114 

Tratos de la cal y de la ceniza como estimulantes del 
café. 

Si pues distribuimos cada kilogramo de abono entre 
50 matas, á cada una le corresponderá: 

Acido fosfórico 1.26 gs. 

Potasa 3.92 „ 

Ázoe , 1.42 „ 

Gal 3.30 „ 

Y cada hectárea de terreno necesitará 31.2 kgm. de 
la mezcla. Calculando las cantidades de ácido fosfóri- 
co, potasa, etc., exportados en (8 ons.) 230 gramos de 
café que produce cada mata, se obtiene: 

Acido fosfórico 0.666 gs. 

Potasa 3.329 „ 

Ázoe '... 3.863 „ 

Gal 0.339 „ 

Cantidades que, exceptuando el ázoe, son menores 
que las suministradas por el abono. 

Abonos para la almáciga. — La restitución de los de- 
sechos del beneficio no deberá tenerse en consideración 
en razón de que nada agregan, devolviendo únicamen- 
te lo que del terreno habían tomado. 

En cuanto al plátano, la cantidad de substancias úti- 
les que suministra son de alguna importancia. Anual- 
mente se pueden recoger en cada hectárea 8,000 kgm. 
de vastagos y hojas que contienen 82.40 kgm. de ma- 
teria mineral y 8.72 kgm. de ázoe orgánico ó 6.54 kgm. 
de ázoe asimilable (Lawes y Gilbert). Las substancias 
útiles se encuentran en estas proporciones: 



I 



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116 

Acido fosfórico 1.04 kilogramos. 

Potasa 23.78 „ 

Cal : 14.24 

Ázoe asimilable 6.54 ,y 

Cantidades dignas de tomar en consideración. 

Lo que hasta aquí llevamos dicho* se refiere sólo á 
' la restitución, es decir, á la devolución de la Bubstan- 
cia extraída del terreno. Cuando se tenga empeño en 
aumentar la producción, valiéndose de los abonos, la 
cantidad que deba emplearse no sefá la misma. Mal 
podrían darse á ese respecto reglas absolutas, cuya 
aplicación, si fructuosa algunas veces, sería acaso per^ 
judicial en otras. El empleo de los abonos en la agri^ 
cultura está enteramente subordinado á operaciones 
científicas especiales para cada caso. Preciso es conocer 
la composición química y las cualidades físicas de la 
tierra que sirve de campo de operaciones para emitir 
una opinión fundada; más aún, es preciso hacer ex- 
perimentos agronómicos en pequeños campos de expe- 
riencias, con diversos abonos y en determinadas con- 
diciones. 

Los abonos se deben poner después de la cosecha, y 
al principio de las aguas ya se nota su beneficio. 

Empresa es esta que corresponde á cada cultivador 
en particular, pues el conocimiento de los abonos y las 
cantidades que debe emplear es asunto del todo espe- 
cial. 

La distribución de los abonos se hace cerca del pie 
de la planta, abriendo una zanja circular en la que se 
riega el abono mezclado con tierra para regularizar 
más su distribución. La época que nos parece más con- 



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116 

veniente es al principio de la primavera, es decir, cuan- 
do ha terminado la cosecha: por este tiempo, los arbus- 
tos, recobrando nuevo impulso, activan sus funciones 
vegetativas, y por lo mismo la absorción es más enér- 
gica. 

Para terminar este articulo copiamos^ la instrucción 
que da Georges Yille para la preparación de las mez- 
clas fertilizantes. ((Cuando el agricultor mismo es quien 
prepara la mezcla de los productos (en lo cual encon- 
trará ventaja), debe cuidar que ésta sea lo más intima 
posible, para que las raicecillas de la planta encuen- 
tren al mismo tiempo á su alcance los diversos agen- 
tes cuyos buenos efectos dependen en parte de su pre- 
sencia simultánea. 

«Hay que procurarse el fosfato ácido de cal muchos 
meses antes de preparar la mezcla. Este producto ofre- 
<;e en el momento en que acaba de ser preparado una 
consistencia pastosa que hace difíciles las mezclas; pe- 
ro al cabo de dos ó tres meses se deseca y se hace pul- 
verulento. 

(cPara preparar la mezcla se procede de la manera 
siguiente: se extiende primeramente el fosfato de cal 
sobre el suelo y se le recubre con yeso. Al cabo de vein- 
ticuatro horas se mezclan por medio de uua pala los 
dos productos y se les deja amontonados por espacio de 
uno ó dos días. Pasado este tiempo, se vuelve á exten- 
der la mezcla sobre el suelo y se le añaden las demás 
substancias que deben entrar en el abono. 

^'La incorporación de estos productos nuevos á la 
mezcla primitiva se verifica revolviendo enérgicamen- 

1 Aniceto Llórente. "Los abonos," pág. 309. 



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117 

te la materia con la pala, cuyo efecto se completa gol- 
peando las porciones aglomeradas con un mazo de ma-^ 
dera, que consiste en un cilindro de 20 á 30 centíme- 
tros de diámetro. por 10 de altura, provisto de un man- 
go vertical que arranca del centro del cilindro. 

«Verificada la incorporación, se criba la mezcla, y 
después se vuelve á revolver enérgicamente con la pa- 
la hasta que la mezcla esté lo más homogénea que sea 
posible.» 

Son buenos para el café el estiércol y excremento» 
particularmente el humano y el^e aves. 

\Benefici0. 

El fruto cosechado, pará^ser producto comercial, de- 
be sufrir varios tratamientos sucesivos que constituyen 
el beneficio. 

En otro lugar hemos dicho que el café comercial es 
el grano (albumen) del fruto del cafeto. Este fruto 
es una drupa, roja cuando está madur/i, conteniendo 
uno^ ó dos granos envueltos por una doble membrana 
pergaminosa y por una parte carnosa. 

La parte carnosa del café recientemente cosechada 
es una pulpa que contiene cierta cantidad de humedad 
y se separa fácilmente del resto del fruto. 

Por su exposición prolongada al sol, ó simplemente 
al aire, se deseca, tomando un color obscuro y una apa- 
riencia rugosa, al mismo tiempo que adquiere una du- 
reza considerable. En este estado es difícil separar el 
grano. 

1 Caracolillo. 



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118 

El café debe beneficiarse inmediatamente después de 
i^osechado, por las razones que después señalaremos, 
pero algunas veces esto no puede hacerse y es preciso 
operar sobre el café seco ya, ó café capulki^ como en al- 
gunas partes le llaman. 

Según que se proceda sobre café fresco ó seco, se em- 
plean distintos procedimientos de beneficio. En el pri- 
mer caso, se comienza por despojar al fruto de la par-, 
te pulposa que envuelve al grano rodeado de sus tegu- 
mentos. 

Esta operación sencillísima se ejecuta por medio de 
máquinas que se denominan despulpadoras, y de las 
cuales nos ocuparemos adelante. 

Los granos desprovistos de la pulpa quedan aún 
envueltos por las membranas pergaminosas, de las cua- 
les es indispensable despojarlos. Esta operación no 
puede efectuarse inmediatamente. Las membranas te- 
gumentarias forman al café una túnica que lo envuel- 
ve perfectamente por la parte convexa, y penetra en 
los pliegues d^l grano por la sutura de la parte plana: 
para separarla es indispensable desgarrarla, cosa que 
es sumamente difícil inmediatamente después del des- 
pulpado. 

En efecto, saliendo de las despulpadoras, el café es- 
tá húmedo y el pergamino rodeado de una substancia 
tnucilaginosa que lo hace resbaladizo* En este estado 
pasaría por las máquinas que se emplean para trillar- 
lo, sin obtener absolutamente resultado alguno. 

Para operar con éxito, se comienza por lavar el per- 
gamino hasta que pierda todo el mucílago, secándolo 
después para que se torne en quebradizo. En este es- 



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119 

tado se somete á las máquinas de trillar, que lo entre- 
gan desprovisto del pergamino. 

Entonces debe sujetarse á operaciones de pulido, lim- 
pia, escogido, etc., etc. 

Cuando se opera sobre el café seco el beneficio es 
más fácil, pues el café se despoja al mismo tiempo de 
la pulpa seca, que toma la apariencia y nombre de cas- 
cara, y del pergamino que envuelve al grano. La lim- 
pia y el escogido se hacen inmediatamente después. 

A primera vista el segundo procedimiento parecería 
el más ventajoso, y es el que primitivamente se ha em- 
pleado, y de preferencia se emplea en casi toda la zo- 
na cafetera de México. Sin embargo, tiene graves, y 
muy graves inconvenientes: el producto se desmejora, 
pierde su calidad y el precio comercial disminuye. 

La pulpa del café secado en cereza sufre, al princi- 
pio de su exposición al sol, una fermentación que per* 
judica al grano, pues le hace perder su aroma. El gra- 
no se amarillea y frecuentemente se mancha. 

Seco ya, se lleva á la descascaradora que, por perfec- 
ta que sea, á menudo lo rompe y siempre lo raya. El 
grano que asi se obtiene es más pequeño y menos pe- 
sado, circunstancias inconvenientes para el vendedor. 

Por el contrario, el procedimiento del despulpado 
tiene todas las ventajas y, por lo tanto, no dejaremos 
de aconsejar su empleo á todos los cultivadores inteli- 
gentes. Es cierto que la instalación para su empleo es 
mucho más costosa, pero incuestionablemente el éxito 
es proporcionalmente mayor. 

El procedimiento primitivo que aún emplean iDs 
<;ultivadores pobres, ó poco afectos al progreso, recono- 



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120 

ce su fundamento en el descascarado en seco, y no po- 
drán abandonarlo hasta que las circunstancias les per- 
mitan emplear maquinaria. 

Este procedimiento, sin el empleo de las máquinas^ 
es el único posible; pero cuando se pueda instalar una 
finca de beneficio, debe elegirse, de preferencia, el pro- 
cedimiento de despulpado. 

Actualmente se puede obtenej* una instalación per- 
fecta, enteramente moderna y teniendo todas las ven- 
tajas aceptables, pues el adelanto de la maquinaria de 
beneficio se ha acrecentado de pocos años á esta parte» 

Despulpado. — El despulpado se hace hoy con las má- 
quinas llamadas despulpadoras. Las hay de varios mo- 
delos, tamaños y precios; pero todas tienen por prin- 
cipio mecánico el frotamiento del fruto contra superfi- 
cies erizadas de protuberancias que desgarran la pe- 
lícula y la pulpa del café. 

Los modelos más importantes son los de la casa in- 
glesa de John Gordon y C^, cuyo trabajo hemos tenido 
ocasión de apreciar como absolutamente perfecto. Las 
máquinas inglesas se componen de una tolva en la que 
se pone el café en cereza, y de la cual es arrastrado 
por una corriente de agua, para pasar entre un cilin- 
dro cubierto por una lámina de cobre, erizada de pe- 
zones, y una lámina metálica que se mantiene apoyada 
contra el cilindro por una placa de caoutchouc. El me- 
canismo es sumamente sencillo y el efecto enteramen- 
te satisfactorio. 

De este género de máquinas la Casa Gordon fabrica 
varios modelos, adecuados á las necesidades de los agri- 
cultores de todas las escalas. 



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121 

El modelo más pequeño, La Jamaica^ es el despul- 
pador de mano propio para los cafetales chicos. Pue- 
de despulpar, por hora, 20 fanegas de cereza (fig. 9). 

Los modelos Ay B (fig. 10) pueden despulpar 50 y 
60 fanegas respectivamente; son mucho más perfectas 
que la anterior, mejor acabadas y pueden adaptarse á 
fuerza manual ó motor de vapor. 

El despulpador Brazil, que da excelentes resultados, 
consiste en un cilindro para despulpar, una tolva y 
una caja de alimentación de hierro galvanizado, una 
criba giratoria y un juego de cubos elevadores. El ca- 
fé rojo entra en la tolva, y pasa al cilindro que separa 
las cascaras de los granos. Los granos pasan por las 
aberturas de la criba, en tanto que las cerezas no des- 
pulpadas y el residuo pulposo se depositan en la caja 
de alimentación del elevador. 

Este modelo está construido para motor de agua ó 
vapor, puede despulpar de 60 á 70 fanegas por hora. 

La máquina combinada de Qordon (fig. 11), para 
majar y despulpar café, mediante la adición de cilin- 
dros de majar, efectúa un trabajo perfecto. Está pro- 
vista de una tolva de agua, de cribadoras, etc., etc. Es 
sólo para motor de agua ó vapor; puede trabajar de 80 
á 90 fanegas por hora. 

El doble despulpador de café se compone de dos ci- 
lindros de despulpar, una tolva, cajas de alimentación, 
una criba y un* juego de cubos elevadores. Es la más 
completa de las despulpadoras de Gordon y la propia 
para grandes instalaciones. Puede despulpar de 100 á 
150 fanegas. 

A todos los despulpadores de Gordon puede adap- 



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122 

tarse el Qraduador Privilegiado de Dieseldorff^ que tie- 
ne por objeto economizar el agua y separar los cuer- 
pos extraños que pudieran deteriorar la camisa del ci- 
lindro despulpador. 

Puede usarse con poca ó mucha agua con igual éxi- 
to. Todas las piedras, arenas, guijarros, etc., se acu- 
mulan en la tapa, que se vacía al terminar la opera- 
ción. 

La figura 12 representa una despulpadora de Gor- 
don provista del graduador Bieseldorff. 

Las despulpadoras americanas de la casa de Geo. L. 
Squier, son también de muy buen trabajo y adapta- 
bies á las necesidades de los pequeños y medianos cul- 
tivos. 

Construye máquinas de disco y de cilindro. 

Las máquinas Mejoradas de disco están construidas 
de una manera sencilla y duradera. 

Se fabrican cuatro tamaños con uno, dos, tres y cua- 
tro discos, se pueden mover á mano. 

Despulpan por hora: la de un disco, 1,050 litros; la 
de dos discos, 2,100; la de tres, 3,150; y la de cuatro, 
4,200. 

Las máquinas mejoradas de cilindro son semejantes 
en todo á las de Gordon; se fabrican de dos tamaños. 
El tamaño número 1, que despulpa 1,050 litros por 
hora, es para fuerza manual, y puede mi^nejarse por dos 
hombres. 

El tamaño número 2, exclusivamente para motor 
de sangre, agua ó vapor, despulpa 2,100 litros por 
hora. 

El despulpado debe efectuarse inmediatamente des- 



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128 

puéa de cosechado el café, 6 durante las diez horas que 
siguen á la cosecha, para que no fermente el fruto y se 
perj udique el grano. Algunos cultivadores acostum- 
bran colocar las cerezas en estanques de agua, de los 
cuales pasan á la máquina arrastradas por la corrien- 
te liquida. Esta práctica es buena; pero tiene el incon- 
veniente de que la cantidad de agua que se requiere es 
considerable. Es preferible llevar el fruto á la tolva 
de las máquinas, por un conducto especial, y el agua 
por un caño de alimentación. 

La cantidad de agua necesaria puede, entonces, dar- 
se á voluntad. 

Lavado. — El café despulpado en máquinas despro- 
vistas de criba, sale mezclado con la pulpa desprendi- 
da del grano y entonces es preciso separarlo. Esto pue- 
de hacerse valiéndose de una criba especial ó bien, co- 
mo á menudo lo prefieren nuestros cultivadorea, por 
medio de estanques de decantación. 

Las cribas más propias para este uso son las de 
mesa. 

Las cribas que tienen la ventaja de operar de una 
manera continua, adolecen de algunos defectos, siendo 
el principal la poca perfección de su trabajo. 

Los tanques de decantación tienen la desventaja de 
que la separación de la pulpa no puede hacerse sino 
después de haber concluido el despulpado de todo el 
fruto; tieíien la ventaja de que el café, durante su per- 
manencia en el estanque, sufre un primer lavado, di- 
gamos así, preparatorio, que hace más eficaz los sub- 
secuentes. 

El empleo de los estanques de decantación requiere 



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124 

en todos casos, una cantidad considerable de agua. La 
disposición que se les da es la misma que tienen los de 
lavado, de los cuales nos ocuparemos después. 

Separado el grano de la pulpa, de una manera ú 
otra, se le sujeta á uno 6 varios lavados, que, como he- 
mos indicado en otro luguar, tienen por objeto despren- 
der la substancia mucilaginosa de que está impregnada 
la película del grano. Estos lavados se hacen en estan- 
ques 6 mejor por medio de máquinas. 

El empleo de los estanques de lavado tiene las mis- 
mas desventajas que el de los estanques de decanta- 
ción; sin embargo, como el uso de las máquinas lava- 
doras no es aún general, indicaremos aquí la manera 
más conveniente de disponer dichos estanques. 

La capacidad de los recipientes que se construyan 
con este objeto, debe estar en proporción con la canti- 
dad máximum de café que pueda despulparse por día. 
Se construyen tres estanques de igual capacidad, esca- 
lonándolos cuando lo permita el terreno, de manera 
que tengan una disposición semejante á la de la figu- 
ra 13. Como se ve, se construyen de paredes, muy le- 
vantadas sobre la superficie del suelo, pues de otro 
modo habría dificultades para el vaciado del líquido y 
la extracción del grano. 

Los materiales de que se haga uso serán en lo po- 
sible de buena calidad, recomendando muy especial- 
mente que las superficies interiores de las )>aredes y 
del fondo, sean perfectamente lisas. El empleo de las 
piedras artificiales, cementos, etc., es altamente conve- 
niente. 

Estos estanques se comunican entre sí por medio de 



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126 

compuertas bien dispuestas. La llegada del agua debe 
tener lugar por llaves de dimensiones proporcionadas 
á la capacidad del estanque y podrá vaciarse á vo- 
luntad. 

Para obtener, fácilmente este resultado se colocan en 
el fondo aberturas manejables desde afuera, cubiertas 
por una doble reja de hierro, para impedir la salida 
del grano. 

El lavado se efectúa en estos estanques de la ma- 
nera siguiente: Una vez acabado el despulpado, se 
deja el grano en el primer estanque amontonado y li- 
geramente húmedo, durante unas cuatro, cinco ó seis 
horas, con el objeto de provocar una ligera fermenta- 
ción, que facilita el desprendimiento de la substancia 
glutinosa. 

Transcurrido este tiempo, se llenará el estanque de 
agua y dos ó más operarios agitarán perfectamente el 
grano por medio de palas, dejando correr libremente 
el liquido. El grano pasa al segundo y después al ter- 
cer estanque, donde se le hace sufrir los mismos trata- 
mientos,, advirtiendo que llegado al último, no se le 
sacará de él hasta que esté perfectamente limpio. 

Los estanques de lavado dan buenos resultados, te- 
niendo sólo el inconveniente de ser costosos y necesitar 
una cantidad de agua considerable. El tamaño ya he- 
mos dicho que será proporcionado, sabiendo que para 
cada quintal de cereza, se necesita una capacidad de 
244 decímetros cúbicos en cada estanque. 

Con el objeto de hacer más fácil y violento el lava- 
do del café, la Casa Squier ha puesto en el mercado 
una lavadora cuyo resultado es bueno. 



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126 

La lavadora Americana se compone de una caja ci- 
lindrica^ de hierro, en la cual gira un eje horizontal, 
armado de dientes convenientemente dispuestos para 
agitar el café en la corriente de agua que circula en el 
interior; puede lavar 150 quintales en 24 horas. 

Cuando se haga uso de esta máquina sólo se necesi- 
ta un estanque, y empleando dos lavadoras escalonadas 
se obtienen muy buenos resultados. El café después 
de lavado deberá secarse. 

Secado. — Entre nosotros y en la mayor parte de las 
fincas de Centro-América, el secado se hace al sol, en 
eras construidas á propósito para el objeto. Estas eras, 
conocidas con el nombre de asoleaderos, son de mucho 
uso entre los cultivadores, á pesar de los inconvenien- 
tes que tienen. 

En efecto, siendo la época de las cosechas en los me- 
ses de Noviembre á Enero, como ya hemos dicho, el 
asoleado tiene lugar en malísimas condiciones, pues á 
menudo los días son húmedos ó cubiertos, haciendo di- 
latada la operación. 

Sin embargo, de preferencia se hace uso de los aso- 
leaderos para secar el café. 

La construcción de las eras es sencilla, no teniendo 
más condición que satisfacer que la del aire y que el 
pavimento sea perfectamente continuado. Su extensión 
tendrá que variar en proporción á la cantidad de gra- 
no que deba recibir la insolación; por término medio, 
se calculan tres metros cuadrados de superficie para 
cada cien libras de grano en pergamino. La disposi- 
ción que se les da es semejante á la de las eras de tri- 
llar, prefiriéndose, sin embargo, las formas cuadradas 
ó rectangulares. 



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127 

Para la construcción de los asoleaderos, se elegirá 
de preferencia un terreno plano, 6 con una ligera pen- 
diente; cuando en la localidad las lluvias sean frecuen- 
tes en esta época, es, más que conveniente, necesario, 
dar una pendiente al pavimento de los asoleaderos, con 
el objeto de que las aguas escurran inmediatamente en 
los caños, que se acomodarán en el lugar más á pro- 
pósito. 

El pavimento se hace de ladrillo las más veces, pu- 
diendo obtenerse mejores resultados con la piedra ar- 
tificial ó el asfalto. Cuando se le construya de ladrillo, 
es condición especial que el ladrillo de que se haga uso 
sea perfectamente recocido y lo menos poroso. Los la- 
drillos que no reúnan tales condiciones, dilatan la ope- 
ración del secado, por la humedad que coser van y ade- 
más comunican al grano un olor extraño y algo des- 
gradable que no se quita nunca. 

La piedra artificial no presenta estos inconvenientes 
cuando está bien preparada y aplicada; pero cuando 
no es a&i, se descascara fácilmente á los golpes de pa- 
la. El asfalto es indudablemente mejor, aunque de más 
costoso empleo. 

^ La operación del asoleado es de las más delicadas, 
pues de la duración de la insolación y de la manera de 
conducirla depende en gran parte la calidad y la colo- 
ración del grano. 

Siempre se procurará que el espesor de la capa sea 
de 6 á 8 centímetros y nunca más. Como quiera que 
dispuesto asi recibirá más provechosamente la acción 
del sol, el grano colocado hacia araiba; para que éste 
sea más regular, se remueve la capa lo más frecuente- 



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128 

mente posible, consiguiendo así, además, facilitar la 
evaporación del agua. 

Para remover el grano, se hace uso de palas ó de 
instrumentos hechos á propósito; se componen éstos 
de una barra ó mango largo de madera, de 130 ó 150 
centímetros que lleva ensamblada en su extremidad 
y perpendicularmente á su eje una tabla de forma tra- 
pezoidal. Esta tabla, que se hace resbalar sobre el pa- 
vimento dé la era, arrastra en su movimiento los gra- 
nos de café. 

La operación del asoleado se detiene cuando la cas- 
carilla pergaminosa de resbaladiza que era se torna 
en quebradiza, lo cual tiene lugar á los siete ú ocho 
días, cuando el tiempo es bueno, prolongándose algu- 
nas veces quince y aun más, cuando la humedad es 
abundante y el sol escaso. 

En los climas cálidos el rocío es siempre abundan- 
te y, por consiguiente, preciso es precaver al grano de 
su influencia; para esto se le cubre por la noche con 
esteras. 

El resultado que se obtiene con la asoleadera es bue- 
no; pero siempre tardío y á veces peligroso, por lo que 
sería muy conveniente que nuestros cultivadores se 
decidieran á emplear estufas y aparatos de calefacción 
que facilitan sobremanera el trabajo. No sabemos que 
en ninguna parte de la República se haga uso de las 
máquinas secadoras, y por lo tanto nos vamos á per- 
mitir recomendarlas. 

La máquina secadora se compone de un cilindro A, 
de un calorífero B y un ventilador C (Fifi. 14). 

El cilindro está dividido en cuatro compartimientos 



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129 

que alternadamente se cargan con iguales cantidades 
de grano, para mejor equilibrio y facilidad de rotación. 
El aparato se carga por las puertecillas L y para faci- 
litar esta operación se hace usó de la tolva corrediza 
ÍT. Cargado el cilindro se pone en movimiento al mis- 
mo tiempo que el ventilador y en seguida se enciende 
el calorífero. 

El que cuida la máquina no tiene más trabajo que 
arreglar los fuegos para que nunca excedan de 66^ C. 
al pasar por los termómetros fijos. El aire caliente se 
subdivide en más de 34,000 pequeñas corrientes al pe- 
netrar al cilindro, las cuales pasan animadas de una 
gran velocidad, arrastrando paulatinamente la hume- 
dad y haciendo la operación más rápida, á voluntad y 
bajo un pirincipio racional. El cilindro no da más que 
dos vueltas por minuto. 

El ventilador arroja una una gran corriente de aire 
que pasando por los tubos caloríferos adquiere la tem- 
peratura conveniente. Cuando se considere que el café 
está seco, se pueden sacar muestras por las ventanillas 
L, sin tener que parar el aparato. Para descargarlo, 
una vez seco, basta abrir las puertecillas y sólo el gra- 
no cae en la artesa D. 

La construcción del horno de calefacción es sencilla. 

La fuerza que se necesita es corta y su precio rela- 
tivamente muy bajo. 

Por otra parte, las ventajas de los secadores sobre 
los asoleaderos son patentes. Un asoleadero es costoso, 
seca menos café y no de una manera perfecta, y origi- 
na mayores gastos por el personal que reclama. 

Oaf6.-9 



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180 

Con la secadora se pueden secar 100 quintales en 24 
horas. 

Estas máquinas se construyen para 40, 70 y 100 
quintales. 

Además de los aparatos de calefacción, comienza á 
hacerse uso de las secadoras centrifugas. La centrifu- 
ga (fig. 15), especialmente construida para este objeto, 
no da el café enteramente seco, pero debe utilizarse en 
combinación con los asoleaderos ó la secadora; hay ven- 
taja en ello, sobre todo si se tienen eras. 

La máquina «American)) quita al grano de 60 á 70 
por ciento de humedad en sólo 20 minutos de trabajo, 
minorando notablemente el tiempo necesario para la 
completa sequedad. El cesto A de la máquina está 
construido de latón y perfectamente asegurado sobre 
el eje que, como se ve en el dibujo, lleva en la parte 
superior las poleas que reciben el movimiento. 

Estas poleas deben girar con una velocidad mínima 
de 700 revoluciones por minuto. La descarga se hace 
por unas puertecillas colocadas en el fondo del cesto, 
que puede detenerse en su movimiento manejando el 
freno tJ. 

El cesto puede contener 250 libras de café y requie- 
re 20 minutos para quitar la humedad. 

Puede desecar 60 quintales en 12 horas, con una 
fuerza de 4 caballos. 

Descascarado. — Cuando el café se ha secado al grado 
conveniente, ya sea en los asoleaderos ó con las máqui- 
nas, se lleva á las trilladoras ó descascaradoras para 
que lo despojen del pergamino. No es preciso que el 
descascarado se haga inmediatamente después de reco- 



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181 

ger el grano de los patios; si por alguna circunstancia 
conviene guardarlo, se puede hacer antes de despojar- 
lo del pergamino, que lo resguardará sin que sufra de- 
mérito de ninguna clase. 

La operación del descascarado les rápida y sencilla. 
Se la ejecuta con máquinas. 

Las máquinas de descascarar se componen de un ci- 
lindro descrascarador, que es el órgano principal, de 
una tolva de carga, de un conducto para la salida del 
grano y de los accesorios de ajuste y movimiento. 

El cilindro descascarador es metálico, de superficie 
estriada, que gira en el interior de una envoltura cilin- 
drica ajustable, igualmente metálica y estriada en el 
interior. 

El grano de café al pasar con fuerte rozamiento en- 
tre la pared de la envoltura y la superficie del cilindro, 
se desprende poco á poco de sus tegumentos. La entra- 
da del grano está colocada á un lado del cilindro y la 
salida generalmente del lado opuesto, de manera que 
€¡l café recorre toda la longitud del cilindro descasca- 
rador. 

Las diferencias que se observan en las distintas des- 
cascaradoras de cilindro, depende sólo de la disposición 
de las estrias y de la manera de ajustar la envoltura. 

Hay también descascaradoras de discos como la 
Smout para cereza seca (fig. 22). Estas máquinas tie- 
nen dos discos estriados uno fijó y el otro móvil y ajus- 
table por un tornillo de presión. 

Lo mismo que las déspulpadoras, las máquinas de 
trillar abundan en el comercio, siendo las primeras las 
de Smout, Squier y Engelberg. 



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182 

Las primeras, de excelente construcción y magnlñ- 
eos resultados, son de las mejores. Todas las que he- 
mos tenido oportunidad de ver ejecutan un trabajo per^ 
fecto. 

Grordon y C^, de Londres, construyen de estas má- 
quinas dos modelos. El uno sencillo y el otro combi- 
nando la máquina sencilla de descascarar con el aven- 
tador aspirador. 

El modelo sencillo (fig. 16) puede descascarar en 12 
horas cómodamente 50 quintales de café. 

El modelo combinado (fig. 17) tiene sobre el ante- 
rior la gran ventaja de dar el café limpio de polvo y 
hollejos, pudiendo pasar inmediatamente al separador^ 
evitando asi el empleo de una aventadora aparte. 

Estas máquinas, por la sencillez misma de su me- 
canismo, son fáciles de manejar, pues lo único que hay 
que arreglar es la entrada del grano, por medio de un 
tornillo puesto al lado de la tolva y la presión interior 
por medio del peso que se ve en la figura. Una vez 
arreglada la máquina, no necesita más que la coloca- 
ción del grano en la tolva. 

Las máquinas Smout han obtenido la medalla de oro 
en la exposición de Amberes, 1885. 

Las descascaradoras Squier dan tan buenos resulta- 
dos como las inglesas. 

Muchos son los modelos que esta casa construye dé 
sus máquinas, pero las principales son la descascara- 
dora Buffalo C, la «American» número 2, la descasca^ 
radora automática número 3 y la descascaradora y pu- 
lidora, ^j 

La descascaradora Buffalo, fig. 16 bis, es una má- 



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188 

quina sencilla y barata, de buen trabajo. Funciona 
perfectamente con café pergamino 6 cereza seca y pue- 
de fácilmente acomodarse para pulidora. 

Tiene capacidad de 8 qq. y requiere un caballo de 
fuerza. 

La descascaradora ((American,» de una capacidad de 
20 quintales en 12 horas, se recomienda como bastan- 
te buena, entregando el café pulido, pudiendo trabajar 
con café capulín {secado en cereza) y pergamino. 

No hemos tenido oportunidad de verla funcionar, 
pero algunos cultivadores nos la han recomendado co- 
mo buena. 

La desecadora automática número 3 (fig. 18) es una 
máquina sólo propia para las fincas de consideración, 
pues cómodamente puede trabajar de 70 á 80 quinta- 
les de café en 12 horas, entregándolo pulido al grado 
que se desee. 

Esta máquina se compone de un cilindro de descas- 
carar L semejante al de la aAmerican» número 4 y de 
un pulidor M del mismo sistema. Para hacerla fun- 
cionar se coloca el café pergamino en la tolva A, se 
pone en movimiento la polea J y se arregla la salida 
del gr&no en N por medio del peso y la palanca V. El 
grano entra alpulidor pasando por la criba C, que re- 
cibe su movimiento del eje H por intermedio del ma- 
nubrio Gr y de la palanca D. Pasando por la criba par- 
te de la cascara se separa y sale por E. La salida del 
^rano se arregla en B por la palanca y peso V. El pu- 
limento se gradúa por medio de los tornillos de asa que 
430 ven en el dibujo. 

En la hacienda «San Miguelito,» *órdoba, del Sr. 



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. 184 

Fardo, presenciamos el trabajo de estas máquinas, que 
es bueno, cuando, bien regularizada la alimentación^ 
opera sobre café pergamino, no pasando de mediano el 
trabajo cuando se le hizo funcionar con capulín. 

Tiene el inconveniente de ser complicada para po- 
nerse en manos de los obreros, generalmente poco ins- 
truidos; su precio, por otra parte, no es muy módico. 

Si recomendamos de la casa Squier la descascarado- 
ra y pulidora (fig. 19), de uso común en Uruapan, Co- 
lima y Yeracruz. Esta máquina, con un trabajo tan 
bueno como la número 3, es sencilla y más adaptable, 
por su precio á los medianos cultivos. Puede descas- 
carar sin pulir unos 30 quintales al día. Es una de las 
mejores máquinas que pueden emplearse. 

La descascaradora «The Engelberg HuUer C^» (fig. 
20), es una máquina provista de aventador aspirador, 
de sencilla construcción y muy buen trabajo. Como las 
anteriores, puede trabajar con café pergamino ó con 
capulín. El modelo número 1 puede fácilmente descas- 
carar 160 quintales por día, trabajo que ninguna otra 
máquina puede alcanzar. 

El café beneficiado con esta máquina obtuvo la úni- 
ca medalla de oro en la última exposición de Faris. 

La máquina descascaradora ((Campeón,» Masón 
Bell, fig. 20 bis, es bastante sencilla y de mediano tra- 
bajo. Construyen tres tamaños con armadura de ma- 
dera ó fierro. 

Se encuentran también en el mercado las descasca- 
radoras «Santa Cruz,» poco conocidas en México y de 
las cuales no nos ocuparemos. 

El pulido del Éifé se obtiene haciéndolo pasar otra 
vez por las máquinas de descascarar. 



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186 

También pueden emplearse máquinas especialmen- 
te construidas con este objeto. La retrilla «Vencedor,» 
sistema Masón, fig. 22 bis, da muy buenos resultados, 
ocupa una área de una vara cuadrada por una y media 
de alto, limpia de toda película y puede trabajar de 
600 á 1,200 libras por hora. 

Guando no se haga uso de descascaradoras combina- 
das con aventadores, es necesario al acabar el deseas- 
carado, servirse de máquinas á propósito para separar 
el grano de los restos de películas con los que ^stá mez- 
clado. 

Todas las aventadoras de grano pueden servir para 
el objeto, pero hay máquinas apropiadas que además 
de quitar al grano todo género de basuras, lo separa 
en clases en sólo una^ operación. 

La separadora y aventadora de Squier avienta la 
cascarilla dejando al café perfectamente limpio; separa 
los granos rotos y los no descascarados, clasificando el * 
resto en dos tamaños. 

Gordon y C^ construyen varios aventadores, los unos 
para adaptarse á las descascaradoras, que son los me- 
jores, y otros que deben funcionar por separado; de es- 
tos últimos es el «Aventador de Gordon con aparato* 
para cribar.» 

Las máquinas americanas tienen la ventaja de hacer 
al mismo tiempo la clasificación en clases, siendo nece- 
sario, cuando se emplean las de Gordon, proveerse de 
una clasificadora. 

Los cultivadores que no cuentan con muchos ele* 
montos, deben dar la preferencia á la separadora «Ame- 
rican» de Squier, pues con sólo una máquina, relativa- 



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186 

mente barata, hacen el aventado y clasificación, no pu- 
diendo sin embargo evadirse de comprar una separa- 
dora de caracolillo. 

Puede resultar también económico usar una deseas- 
caradora con aventador-aspirador y una clasificadora 
Oordon, que aunque más costosas que las americanas, 
desempeñan un trabajo muy perfecto, separando el ca- 
fé en 7 clases: Granos pequeños y rotos, planchuela^ ca- 
racolillo chicOy planchuela grande, caracolillo mediano^ 
caracolillo grande, granos imperfecto^ y polvo. 

El clasificador mejorado Masón Bell, fig. 23, es una 
máquina bastante cómoda, que pueden emplear los cul- 
tivadores que no estén en condiciones de proveerse de 
una clasificadora Grordon. Puede trabajar á mano. 

Llamamos muy especialmente la atención de los cul- 
tivadores respecto á la grandísima ventaja que hay en 
hacer una perfecta clasificación del grano, sobre todo 
* cuando deba consumirse en los mercados extranjeros, 
exigentes y con justicia respecto á este punto. 

El café que se exporta alcanza á menudo precios muy 
elevados cuando tiene buena apariencia y más que to- 
do uniformidad. Asi se explica que muchos cafés de 
*México y Centro América, por estar mal preparados y 
clasificados sobre todo, no tengan la demanda y alto 
precio de otros de calidad incuestionablemente inferior. 

Cuando se empleen aventadoras americanas convie- 
ne servirse para separar el caracolillo de la separadora 
Moka, de muy buen resultado. Esta máquina puede 
separar perfectamente 1,000 libras al día (Eig. 21). 

Separado el grano en clases, se envasa en sacos de 
100 libras, etiquetándolo según clase para ponerlo al 



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187 

mercado. Como las remisiones se hacen en cantidades 
considerables^ se le guarda en bodegas ó almacenes 
bien ventilados y pavimentados, poniéndolo siempre 
fuera del alcance de la humedad y de las substancias 
olorosas. 

Beneficio en seco. — El beneficio del café en seco se 
distingue del que acabamos de describir por la supre- 
sión del lavado y despulpado. El fruto tal como se re- 
coge en el plantío, se pone á secar en los patios de aso- 
leadero, con los mismos cuidados que el pergamino, 
procurando además que se extienda en capas de 2 á 3 
centímetros cuando más; claro es que la extensión de 
la era será un poco mayor que cuando se trata de per- 
gamino. 

El secado del fruto se puede hacer también en estu- 
fas. Cuando la corteza de la baya ha tomado la colo- 
ración obscura de que hemos hablado en otro lugar 
(Cosecha), haciéndose leñosa y quebradiza, se procede á 
descascararlo. El tiempo que se necesita para secar la 
cereza es mucho mayor que el necesario para el per- 
gamino. 

La operación del descascarado, que en este caso se 
denomina majado, se efectúa con las descascaradoras ya 
descritas, ó con otras especiales para este trabajo, que 
pueden encontrarse fácilmente en el mercado. Grordon 
y C^ construyen una que hemos visto funcionar con 
un éxito completo (Fig. 22). 

El aventado es en este caso un poco más dilatado 
que en el caso anterior y frecuentemente es preciso em- 
plear aparatos provistos de criba para obtener todo el 
resultado. Las operaciones siguientes son enteramen- 



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188 

te las mismas que hemos indicado para el procedimien- 
to de lavado. 

Notas especiales respecto de la producción exagera- 
da de Oaxaca y el factor principal y determinante de 
las cosechas. 

Renjdimiento. — Hay mucha discrepancia en los da- 
tos que se refieren al rendimiento de una mata de café 
en su mejor estado de desarrollo, pues mientras por 
una parte hay personas que aseguran obtener media 
arroba ó más de grano, otras afirman no alcanzar ren- 
dimientos superiores á media libra. 

Durante nuestras excursiones á los principales pun- 
tos cafeteros, no hemos descuidado investigaciones á es- 
te respecto, excluyendo, en cuanto nos ha sido posible, 
las exageraciones por una y otra parte. Nuestras ob- 
servaciones nos permiten rebelarnos contra la opinión 
de rendimientos muy elevados. 

En las condiciones normales, el rendimiento fluctúa 
de cuatro onzas á una libra, debiendo considerarse co- 
mo excepcional un rendimiento superior. Al sentar es- 
ta opinión, no creemos alejarnos de la verdad, pues 
personas de reconocida pericia en la materia, con ex- 
periencia de muy largos años y resultados prácticos 
minuciosamente analizados, participan de nuestra opi- 
nión. Para no citar á muchas personas, sólo mencio- 
naremos los nombres de los Sres. Ramón R. déla Ve- 
ga y Hugo Finck, ambos inteligentes en la materia, el 
primero de Colima y el segundo de Córdoba. Difícil- 
mente se adquirirán opiniones más ciertas que las de 
dichos señores, que, á una ilustración avanzada reú- 
nen una práctica de muchos años. El Sr. de la Vega, 



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189 

en sus plantaciones de Tonila, obtiene producciones 
hasta de una libra, en razón á lo pequeño de la explo- 
tación, que se presta á un cuidado más atento, y cree 
que en el Estado muy pocos cultivadores habrá que ob- 
tengan mayor rendimiento. En cuanto al Sr. Fínck, 
veamos lo que dice en un informe rendido al Ministe- 
rio de Fomento: 

«El producto de cada planta de café varia mucho. 
Todo depende de la edad de la planta, del terreno y del 
cultivo que se le dé con ó sin abono; pero en lo gene- 
ral y como rendimiento de primera clase, en plantíos 
que tengan de cuatro á nueve años de edad á razón de 
media libra por planta; de segunda clase, en plantas 
de nueve á quince años cuatro onzas de café, y de ter- 
cera clase, en plantíos de quince á treinta años, dos on- 
zas de café por mata. 

«La producción anual de este y otros cantones del 
Estado, varía de cuatro en cuatro años por una ley de 
rotación que obedece á las leyes inmutables de la na- 
turaleza. En estos cuatro años hay una cosecha buena, 
otra inferior y dos medianas, en las siguientes propor- 
ciones: la buena, representa 4; la inferior, 2, y las me- 
dianas el número 3.:» 

Esta ley es general y se observa en casi todos los lu- 
gares, aunque no en iguales proporciones; pero haciendo 
uso de los números observados se verá que en el Estado 
de Yeracruz habrá producciones sucesivas de: 8 onzas 
para una cosecha mediana; 10.64 onzas para una bue- 
na y 5.32 para una inferior. 

En Oaxaca, donde los rendimientos son un poco su- 
periores y suponiendo aplicable la misma ley de rota- 
ción, se obtendrá: 



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140 

Para cosecha mediana 16.00 onzas. 

Para una buena 21.04 „ 

Para una inferior 10.64 „ 

Hay también que mencionar que en un periodo más 
ó menos largo, pero siempre comprendido en dos ó 
más ciclos de rotación, sobrevienen las cosechas excep- 
cionales máxima y mínima del ciclo que comprendea 
y cuyas cosechas pueden alcanzar el cuadruplo de la 
ordinaria para el máximum y el cuarto para el míni- 
mum, en un ciclo de uno á cuatro, de manera que con 
las cifras del Sr< Finck podremos suponer para el Es- 
tado de Veracruz una cosecha máxima de dos libras y 
una mínima de dos onzas. Claro está que no siempre 
es el cuadruplo el máximum del ciclo. Para el Estado 
de Oaxaca se obtendría una máxima de cuatro libras, 
que ya se ha observado. 

En esta variabilidad caben las observaciones más ó 
menos fabulosas; pero es indudable que si se anotara 
el rendimiento de todos los plantíos en el mismo año 
de ün ciclo, pocos aparecerían con rendimiento ordina- 
rio de más de una libra. Se comprende que no hace- 
mos entrar en estas reglas aquellos plantíos que se en- 
cuentren en circunstancias excepcionales, ya por su 
clima y terreno, ya por lo esmerado de su cultivo (con 
el empleo acertado de los abonos), ó ya con ambas 
€osas. 

Por lo demás, lo que aquí digamos sobre el rendi- 
miento, poco aprovecha á las personas que tienen esta- 
blecidas plantaciones; pero sí importa, y mucho, á las 
que pretendan dedicarse al Oultivo del Café^ pues po- 
drían ser arrastradas por una propaganda impruden- 



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141 

te 6 por una charlatanería preconcebida. Proponerse 
obtener en las condiciones ordinarias rendimientos su- 
periores á ocho onzas (aunque es posible), es aventu- 
rado. Además, con modesto rendimiento, se puede ob- 
tener una utilidad muy superior, como puede verse 
registrando las cuentas de Costos y provechos que po- 
nemos al fin, y esto sin forzar en nada la veracidad y 
sin exponerse á un descalabro de consideración. 

Enemigos del cafeto. 

El cafeto tiene sus enemigos en los reinos vegetal y 
animal. 

Los vegetales, que son indudablemente los más da- 
ñosos, representados por los hongos, los liqúenes y las 
orquídeas, atacan al cafeto, haciéndose parasitarios en 
su tronco y ramas. 

Cuando los cafetos tienen alguna edad y han sido un 
tanto descuidados, los liqúenes invaden el tronco cu- 
briéndolo completamente. 

Las orquídeas, tan abundantes en las regiones tro- 
picales, suelen también desarrollarse en las horquetas 
del cafeto á expensas de sus jugos. 

Se evita el desarrollo de los vegetales parásitos te- 
niendo los arbustos siempre limpios en sus troncos y 
ramas. Cuando la invasión de los liqúenes ha dado 
principio y las orquídeas han fijado sus raíces en los 
árboles de café, conviene destruirlos. 

Es sumamente sencilla esta operación, y dos peones, 
bastan para limpiar algunas hectáreas. La destrucción 
de las orquídeas se hace á mano, ó bien empleando un 
cuchillo pequeño cuando han arraigado demasiado. 



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142 

Los liqúenes que cubren la corteza, se destruyen res- 
tregando el tronco con un ayatl ó aun con una lámina 
de madera dura, siendo preferible el ayatl porque mal- 
trata menos los arbustos. 

Entre los animales se encuentra en primera linea la 
hormiga, que de preferencia ataca las raices del café. 
Su presencia se reconoce por los monticulos que for- 
man en las calles de los cafetales, y que hemos visto 
alcanzar cincuenta y sesenta centimetros de altura. La 
hormiga se destruye fácilmente sirviéndose del sulfuro 
de carbono comercial, por medio de un pequeño embu- 
do; se vierte el liquido por la entrada del hormiguero, 
en cantidad suficiente, se tapa con un lienzo húmedo y 
se recorren las cercanias del lugar para hacer la mis- 
ma operación en las aberturas próximas. Estos hor- 
migueros tienen varios respiraderos que es necesario 
atacar. Cuando se han llenado de sulfuro de carbono 
todas las galerías, se le inflama por una de las abertu- 
ras. El estallido que produce al inflamarse el sulfuro, 
frecuentemente levanta las cubiertas del hormiguero 
que queda destruido. 

También atacan las raices del café las larvas de va- 
rias especies del género pkilofaga^ conocido con el nom- 
bre de gallina ciega. Son grandes los perjuicios que 
producen en los plantios, y á menudo la muerte de los 
pies recientemente plantados reconoce por causa la 
presencia de la gallina ciega; por eso, al hacer la re- 
plantación de las fallas, debe registrarse perfectamente 
el hoyo y la tierra extraida. 

Para la destrucción de estas larvas no se conoce me- 
dio seguro cuando el plantio está formado, pero acon- 



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148 

sejan para prevenir su desarrollo una buena prepara- 
ción del terreno. 

En algunos distritos de Míchoacán han aparecido 
últimamente dos grandes plagas que amenazan acabar 
con los cafetales, de Uruapan, sobre todo; son éstas: el 
pulgón del café y el carbón. 

Hemos tenido oportunidad de ver con el Sr. Inge- 
niero J. C. Segura, comisionado por el Ministerio de 
Fomento para el estudio de tales plagas, las grandes 
magnitudes del ataque. En mi opinión, la amenaza es 
mayor de lo que comunmente se cree y pienso que si 
no se pone eficaz remedio durante estos años, princi- 
pio de la invasión del pulgón, acaso sea después impo- 
sible. 

Cuando mi apreciable compañero el Sr. Leopoldo 
Rincón y Blanco visitó los cafetales de XJruapan (1889), 
la enfermedad del cafeto comenzaba á desarrollarse y 
no se le dio por entonces importancia alguna. En la 
actualidad es cosa distinta. 

Los cafetos atacados comienzan por languídecef , sus 
hojas se cubren de un polvo negro, que se adhiere fuer- 
temente en la parte pulida de la hoja. Esta substan- 
cia, que da á los cafetos una apariencia sombría y un 
tanto repugnante, se conoce con el nombre vulgar de 
carbón y no es otra cosa que la famagina^ criptógama 
del género demathium^ que suele desarrollarse en el na- 
ranjo. La aparición de la fumagina es consecuencia 
inmediata del ataque del pulgón, que exuda una mate- 
ria que sirve de medio nutritivo sAdemathium. El des- 
arrollo de la fumagina no siempre se detiene en las 
hojas y á menudo invade la cereza. 



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144 

Por el calor, la película negruzca se levanta de la 
hoja sin romperse y cae. Han querido servirse de es- 
te conocimiento para destruirla, pero no se podrá ob- 
tener el mejor resultado. Por otra parte, siendo que la 
fumagina desaparece con el pulgón, la tendencia del 
cultivador deberá ser la extirpación del insecto. 

El pulgón del cafeto {dactylopius destructor) ha sido 
estudiado por nuestro profesor el Sr. Segura, quien, 
después de un estudio atento de sus caracteres, lo hizo 
entrar en el género dactyhpius de la familia de los coc- 
danos. 

Por la falta de elementos no pudo determinar su 
especie en el lugar mismo (Uruapan); pero posterior- 
mente ha confirmado su opinión con la del Sr. O. Y. 
Riley, Entomologista del Departamento de Agricultu- 
ra de Norte América, quien lo especifica con el nom- 
bre de destructor. 

Este insecto ha sido motivo de muchas conjeturas y 
falsas apreciaciones de parte de algunas personas de la 
localidad, ocasionando que el Sr. Federico Atristain no 
obtuviera resultado fructuoso de sus investigaciones. 

La destrucción del pulgón no es fácil, ni es el reme- 
dio la poda incorrectamente efectuada, cuyos tristes 
rastros hemos visto en los cafetales de Uruapan y que 
con tanta razón denominan desmoclie. 

El Sr. J. C. Segura ha recomendado, en las locali- 
dades atacadas, algunas recetas útiles, en su opinión, 
dejando amplias indicaciones para su uso. 

Estas recetas son: 



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146 

I*?— Petróleo 20 cuartillos. 

Agua , 10 „ 

Jabón negro 8 onzas. 

Se disuelve el jabón en agua hirviendo y después se 
separa del fuego y se añade el petróleo. 

2í— Petróleo 20 cuartillos. 

Suero de leche 10 „ 

Se pone á hervir, y el jabón que resulta se disuelve 
en 20 partes de agua. Se recomienda para los terrenos 
calizos. 

3?— Potasa 14 libras. 

Sosa, á 98^ por 100 8 „ 

Cal viva 5 „ 

Aceite de pescado ó de foca... 100 cuartillos. 

Se disuelven la potasa y la sosa en 100 cuartillos de 
agua. La cal se apaga en 20 cuartillos del mismo lí- 
quido, y se le añade el aceite de pescado, batiendo la 
mezcla hasta que forme una nvasa homogénea. Des- 
pués se pone la dilución de potasa y sosa en agua hir- 
viendo, y se sigue batiendo durante cinco minutos. Se 
deja reposar, y cuando esté fría se añaden 150 cuarti- 
llos de agua. 

4*— Jabón negro. 20 libras. 

Azufre 3 „ 

Sosa, á 98° 1 „ 

Potasa 1 „ 

Agua 1,000 cuartillos, 

5^—Sosa 10 libras. 

Potasa 10 „ 

Sebo 40 „ 

Trementina 40 cuartillos. 

Café.-10' 



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Ié6 

Se hace la disolución de la sosa y la potasa en la 
cantidad de agua que sea necesaria, y cuando el sebo y 
la trementina están fundidos, se mezcla con precau- 
ción la potasa y la sosa. 

e^f— Gal viva.... 40 libras. 

Azufre 20 „ 

Sal 15 „ 

Agua 600 cuartillos. 

7*— Trementina 20 libras. 

Sosa cristalizada 6 „ 

Aceite de pescado 3i cuartillos. 

Agua 1,000 „ 

(Tomadas del Informe que el Sr. Segura rindió al 
Grobierno del Estado de Michoacán.) 

Los líquidos así preparados se aplican por aspersión 
4 los árboles atacados, por la mañana al principio, y 
dos veces al día si no se obtiene resultado satisfac- 
torio. 

Desaparecido que haya el pulgón, se continúa el tra- 
tamienlo durante varios días. Conviene también dis- 
minuir el número de las ramas, para que la circula- 
ción del aire sea fácil. Deben moderarse los riegos. 

estadística. — La estadística mexicana está aún bas- 
tante atrasada en la parte de agricultura, pudiendo 
decirse que en ese ramo nada existe, pues si es cierto 
que se ha tenido empeño en reunir los datos para for- 
marla,' y que personas honorables han hecho ensayos 
en distintas épocas con una laboriosidad digna de en- 
comio; esto, no obstante, lo que ha podido hacerse no 
reúne las condiciones de una verdadera estadística, y 
no podrá servir de punto de partida para ninguna ope* 



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147 

ración económica. Grandes son las dificultades por 
vencer cuando se emprenden recopilaciones de cual- 
quier género; pero cuando se refieren á valores de pro- 
ductos agrícolas, las dificultades son máximas, pues 
cada productor (salvas contadas excepciones) constitu- 
ye por si un obstáculo insuperable. 

Es, pues, á nuestro espíritu desconfiado y receloso, 
al que debemos culpar de la deficiencia vergonzosa de 
nuestra estadística. 

No podremos, pues, asentar nada cierto en ese sen- 
tido, en vista de que los mejores datos son apenas de 
mediana confianza; por otra parte, la poca homogenei- 
dad y vaguedad de muchos de ellos no ha permitido 
que los más ardientes colaboradores hayan obtenido 
los mejores resultados. 

Es, hasta el año de 1889, que se ha podido reunir 
una colección completa de los pesos y valores de los 
productos agrícolas de la República, de un trabajo he- 
cho por el Sr. J. C. Segura y publicado por la Direc- 
ción General de Estadística, de donde tomamos los 
cuadros referentes al café, admitiéndoles sólo el valor 
aproximado que su autor les concede. En efecto, en el 
informe de dicho señor se ve lo siguiente: 

"Para hacer estos cuadros se formó la boleta respec- 
tiva, cuya distribución se hizo en el mes de Febrero de 
1890, y tal vez á ese retardo se deben las dificultades 
que se han experimentado para llenarlas, porque los 
presidentes municipales y jefes políticos que estuvie- 
ron encargados de levantar los datos, no sabiendo que 
tenían que hacer esta operación, no tomaron con anti- 
cipación las medidas convenientes en el curso del año 



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148 

agrícola para aproximarse á la verdad, y los datos han 
tenido que ser estimativos y según el parecer y conoci- 
miento de la localidad. 

"Por lo anteriormente dicho se comprende que sólo 
pueden considerarse los expresados cuadros como un 
ensayo, dando el mínimum de producción, más aún si 
se tiene en cuenta la resistencia que por preocupación 
tiene el agricultor para manifestar con verdad la can- 
tidad de sus productos, pues siempre tiende á dismi- 
nuirlos en la mitad ó el tercio del verdadero." 



Producción del café durante el aíío de 1889. 

Chiapas. 

Distritos, Cantones, etc. Kilogramos. Valor. 

Chiapa de Corzo 184,098.000 | 48,000 

Comitán 4,602.600 1,500 

Chilón 966.525 210 

La Libertad 2,301.230 , 750 

Pichucalco 18,409.800 4,800 

Simojovel 36,819.700 8,000 

Soconusco 439,538.750 238,750 

Tuxtla Gutiérrez 11,045.980 2,400 

Suma 697,782.485 $ 304,410 



Colima. 

Alvarez 85,422.078 | 46,400 

Colima 138,074.000 60,000 

Medellln 4,602.500 1,800 

Suma ;.. 228,098.578 $ 108,200 



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149 

Querrero. 

Distritos, Cantones, eio. Kilogramos. Valor. 

Alarcón..~ 828.447 

Aldama 690.373 

Allende 2,716.462 

Bravos 552.300 

<}aleana 3,221.720 

korelos 46.026 

Suma 8,054.317 

Hidalgo. 

Huejutla 22,368.000 

Jacula 23,012.300 

Molongo 1,840.980 

Tulancingo 16,510.312 

Zacualtipán 552.300 

Suma 63,283.892 



Jalisco. 

Autlán 4,786.598 

La Barca 920.500 

Ciudad Guzmán 6,903.730 

Guadalajara 996.648 

Mascota 6,213.363 

Sayula 7,410.005 

Tequila 14,727.900 

Suma 41,968.744 



México. 

Sultepee 368.197 $ 

Temascaltepec 2,531.863 

A la vuelta 2.900,050 $ 1,512 



1 


324 




360 




1,062 




360 




2,100 




30 


$ 


4,236 


$ 


7,290 




5,000 




640 




4,044 




120 


$ 


17,094 


$ 


2,646 




480 




3,600 




416 




2,430 




2,618 




7,040 


$ 19,130 


$ 


192 




1,320 



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160 

Distritos, Cantones, eto. Kilogramos. 

De lavuelta 2,900.050 

Tenancingo 57,331.230 

Valle de Bravo 6,443.380^ 

Suma 66,674.660 

Michoacán, 

Apatzingán 506.272 

Ario de Rosales 2,301,230 

Coalcomán 4,602.500 

Jiquilpan 9,205.000 

Tacámbaro 23,012,300 

Uruapan del Progreso 240,386.574 

Zamora 2,301.230 

Zitácuaro 3,497.868 

Suma 285,812.974 

Morelos. 

Cuautla Morelos 9,573.197 

Ouemavaea 124,267.200 

Jonacatepec 19,882,590 

Tetecala 2,485.328 

Yautepec 2,347.255 

Suma 158,555.570 

Oaxaca. 

Choapan 53,573.078 

Cuicatlán 4,602.500 

Ejutla 138.074 

Ixtlán de Juárez 115,062.500 

Jamiltepec 552.300 

Juchitán de Zaragoza 9,205.000 

Al frente 183,133.452 



Valor. 

% 1^512 

23,750 

3,360 

$ 28,622 



$ 198 

750 

2,000 

3,000 

11,000 

129,575 

1,000 

1,520 

$ 149,043 



$ 4,160 

59,400 

6,952 

1,180 

1,020 

$ 27,712 



17,460 

200 

48 

30,000 

144 

2,600 

50,462 



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16J 

Distritos, Cantones, etc. Kilogramos. 

DeÜrente 183,133.462 

Juquila 36,819.700 

Juxtlahuaca 1,242.720 

Miahuatlán 36,819.700 

Pochutla 603,294.697 

Tehuantepec 3,681.970 

Teotitlán del Camino 6,243.846 

Tlaxiaco 23,012.846 

Tuxtepec 2,301.240 

Villa Alta 101,706.000 

YautepecSan Carlos 4,602.600 

Suma 1.001,857.671 

Puebla. 

Chiautla 1,610.863 

Huauchinango 138,074.000 

Matamoros...: 736,398 

Tepeji 4,602.500 

Tehuacán 92,050.000 

Tétela de Ocampo 69,037000 

TeziutUn 187,779.970 

Tlatlauqui 32,317.200 

Zacapoaxtla 75,941.030 

Zacatlán, 26,418.218 

Suma 628,567.179 

Querétarq. 

Jalpan 2,945.578 $ 

San Luis Potosí. 

Ciudad de Valles 4,602.500 

A la vuelta 4,602.600 | 



Valor. 

$ 60745g 

9,600 

270 

14,400 

235,946 

480 

1,144 

10,000 

9,600 

39,600 

800 

$ 372,292 



$ 105 

36,000 

172 

1,600 
40,000 
30,000 
67,120 
14,000 
24,760 

9,184 

I 212,931 



975 



2,600 



2,500 



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152 

Distritos, Cantones, etc. Kilogramos. Valor. 

Delavüelta 4,602.600 $ 2750O 

Hidalgo 13,807.400 5,400 

Tamazunchale 46,025.000 16,000 

Tancanhuiiz 266,942.700 80,000 

Suma 331,377.600 | 103,900 

Tabasco. 

Balancán 3,681.970 $ 2,000 

Cárdenas 1,150.623 500 

Comalcalco 44,206.900 11,400 

Cunduacán 4,602.500 1,200 

Frontera 288.655 100 

Huimanguillo 9,205.000 3,200 

Jalapa 5,602.500 1,200 

Jalpa de Méndez 13,807.400 3,600 

Macuspana 1,380.840- 600 

Nacajuca 2,761.860 960 

San Juan Bautista 920.500 360 

Tacotalpa 6,903,730 1,800 

Teapa 18,409.800 7,200 

Suma 112,922,278 $ 34,120 

Territorio de Tepic. 

Ahuacatlán ..., 414.222 $ 216 

Compostela 552.300 192 

San Blas 1,104.598 480 

Tepic 40,961.920 21,360 

Suma 43,033.040 | 22,648 

Veracruz. 

Acayucan 8,974.845 % 1,950 

Al frente 8,974.845 $ 1,950 



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168 

DlstrltoSi Cantones, eto. Kilogramos. Valor. 

DeTfrente 8,974.845 $ lT960 

Ooatepec 1.407,526.320 611,640 

Córdoba 957,089.543 415,900 

€osamaIoapan 34,116.898 8,384 

Chicontepec 9,849.324 4,708 

Huatusco 1.380,740.000 660,000 

Jalacingo 275,825.494 35,958 

Jalapa 148,015.398 51,450 

Minatitlán 1,933.030 840 

Misantla 23,058.325 8,016 

Orizaba 319,779.377 138,960 

Ozuluama 138.074 48 

Papantla 2,577.378 672 

Tuxpan 1,472.790 768 

Tuxtlaa 18,409.800 8,000 

Zongolica 72,926.148 38,432 

Suma 4.662,432.744 $1.985,726 



Resumen. 

E8ted08. EUogramoa. Valor. 

Chiapas 697,782,485 $ 304,410 

Colima 2281098.578 108,200 

Guerrero 8,054.317 4,236 

Hidalgo 63,283.892 17,094 

Jalisco 41,958.744 19,130 

México 66,674.660 28,622 

Michoacán 285,812.974 149,043 

A la vuelta.... 1.391,666.650 $ 630,735 



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164 

Estados. Kilogramos. Valor. 

De la vuelta 1.391,665.650 $ 630~735 

Morelos 158,555.570 72,712 

Oaxaca 1.001,857.671 372,292 

Puebla 628,567.179 212,931 

Querétaro 2,945.578 975 

San Luis Potosí 331,377.600 103,900 

Tabasco 112,922.278 34,120 

Veracruz 4.662,432.744 1.985,726 

Tepie 43,033.040 22,648 



Total 8.330,411.732 3.436,039 



JExportaciones de café mexicano para Francia 
y Estados Unidos. 

AfiOS. FnooU. EttadM UnldM. Totkl. 

1885 $ 142,469 $ 979,538 % 1.122,006 

1886 123,094 1.380.756 1.503,860 

1887 329,626 1.836,450 2.167,076 

1888 : 171,083 2.112,130 2.283,213 

1889 172,855 2.895,862 3.068,717 

1890 3.542,851 3.542,861 

(Tomado del Informe de la Cámara de Comercio, N. T.) 



Para que sirva de punto de comparación ponemos 
el siguiente cuadro que, representa la producción total 
del mundo durante el año de 1886 á 1887: 



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166 

LIBRAS. 

Brasil, Río Janeiro 391.664,000 

Brasil, Santos , 289.072,000 

Java 128.016,000 

México y Centro América 102.704,000 

Venezuela 86.240,000 

Haití *..... 44.800,000 

Antillas 34.160,000 

India y Manila 33.682,208 

Isla de Ceylán >.. 17.409,952 

Islas Célebes '. 14.347,200 

África y Moca , 12.880,000 

Padag, Sumatra 5.376,000 

Producción total 1,160.351,360 

(Tomado del Informe de la Cámara de Comercio ^ N. JT.) 



Costos y productos de un cafetal de den mil matas 
en siete años de explotación. 

Primer Afío. debe. 

Valor de 65 hectáreas de terreno para establecer el plan- 
tío, á $ 30 cada una 8 1,950 00 

Valor de 10 hectáreas para construcciones, asoleade- 

ros, etc 300 00 

Dos labores ordinarias, á $ 1.50 por cada hectárea 195 00 

Apertura de 100,000 hoyos, á razón de 50 por tarea, 

de 37i es 750 00 

Plantación de 25,000 pies de plátano, á $ 2 ciento, in- 
cluyendo su valor 500 00 

Valor de 200,000 pies de almáciga á razón de $ 7 mi- 
llar 1,400 00 

Plantación de 100,000 matas, á 200 por tarea de 37J 
centavos 187 50 

A la vuelta 8 5,282 50 



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166 

De la vuelta $ 5,282 50 

Replantación de 20,000 matas que se pierden (máxi- 
mum) 37 50 

Dos escardas, á razón de 10 calles de 25 metros por ta- 
rea de 37J centavos 769 60 

Tres riegos á razón de $ 65 cada uno 195 00 

Gastos de administración, contribución, etc • 580 00 

Interés del capital, al 4 por ciento 274 58 

Suma $ 7,139 18 

HABER. 

Saldo deudor al terminar el primer año (total de los 

costos) $ 7,139 18 

Igual $ 7,139 18 



Segundo año. debe. 

Transporte d^l saldo que resultó al terminar el primer 

año $ í,139 18 

Seis escardas distribuidas durante el afío, á $ 192 40 

cada una .*. 1,154 40 

Siete riegos distribuidos en las secas, á $ 65 cada uno. 455 00 

Reposición de 5,200 hoyos para la replantación, á 50 

por tarea de 37} centavos 39 00 

Plantación de 5,200 matas para reponer las fallas, á 200 

por tarea de 37} centavos 9 75 

Corte de 4,200 racimos de plátanos, á 160 por tarea de 

37} centavos 9 86 

Gastos de administración, contribución, etc 600 00 

Gastos para instalación de maquinaria, amortizables en 

seis años (primer año) 500 00 

Interés del capital, al 4 por ciento 396 28 

Suma $ 10,303 47 



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167 

HABER. 

Valor de 270,000 plátanos, á razón de 20 centavos el 

ciento $ 540 00 

Saldo deudor que resulta al terminar el afío, ó sea el 

exceso de los gastos sobre los productos 9,763 47 

Igual $ 10,303 47 

Tercer aSo. debe. 

Transporte del saldo que resultó al terminar el segun- 
do año $ 9,763 47 

Seis escardas distribuids^ en el afio, á $ 192.40 una... 1,154 40 

Siete riegos distribuidos durante las secas del afio, á 

$ 65 cada uno 455 00 

Reposición de 4,160 hoyos para otras tantas matas, á 

50 por tarea de 37J centavos 31 20 

Plantación de 4,160 matas para reponer fallas, á 200 

por tarea de 37} centavos 7 80 

Corte de 8,500 racimos de plátanos á 160 por tarea de 
37} centavos , 19 87 

Corte de 70,000 libras de cereza, que producen 25,000 
libras de café beneficiado (primera pequeña cosecha 
de 4 onzas por mata), á razón de 30 libras por tarea de 
25 centavos 583 2& 

Benefício de 250 quintales, á 10 es. quintal (máximum). 25 00 

Gastos de administración, contribución, etc 600 00 

Gastos para instalación de maquinaria, amortízables en 
seis afios(segundo afio) 500 00 

Interés del capital, al 4 por ciento 527 03 

Suma $ 13,667 02 

HABER. 

Valor de 510,000 plátanos, á 20 centavos el ciento $ 1,020 00 

A la vuelta $ 1,020 00 



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158 

De la vuelta $ 1,020 00 

Valor de la primera pequeña cosecha de 250 quíntales, 

á $ 20 quintal (en la finca) 6,000 00 

Saldo deudor que resulta al terminar el tercer año, ó 

sea exceso de los gastos sobre los productos 7,647 02 

Igual $ 13,667 02 



Cuarto año. debe. 

Transporte del saldo que resultó al terminar el tercer 
año $ 7,647 02 

Seis escardas distribuidas durante el año, á razón de 
$ 192.40 1,164 40 

Siete riegos distribuidos durante las secas del año, á 
$ 65 cada uno 465 00 

Reposición de í,040 hoyos, á 50 por tarea de 37i es... 7 80 

Plantación de 1,040 matas para reponer las fallas, á 

200 por tarea de 37} centavos 1 95 

Corte de 11,300 racimos de plátanos, á 160 por tarea 
de 37J centavos 26 25 

Corte de 140,000 libras de cereza que producirán 500 
quintales de café (cosecha media de 8 onzas), á ra- 
zón de 30 libras por tarea de 18 centavos 839 98 

Beneficio de 600 quintales, á 10 centavos uno (máxi- 
mo) 60 00 

Gastos de administración, contribución, etc 600 00 

Gastos de instalación de maquinaria, amortizables en 
seis años (tercer año) : 500 00 

Interés del capital al 4 por ciento 452 33 

Suma $ 11,734 73 

HABER. 

Valor de 678,000 plátanos, á 20 centavos el ciento $ 1,356 00 

Al frente $ 1,356 00 



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169 

Del frente $ 1,356 00 

Valor de 500 quintales de café á $ 20 quintal (en la 

finca) 10,000 00 

Saldo deudor al terminar el año, ó sea el exceso de los 

gastos sobre los productos (cuarto año) 378 73 

Igual , 8 11,734 73 

Quinto año. debe. 
Transporte del saldo que resultó al terminar el afio an- 
terior $ .378 73 

Seis escardas, á $ 192.40 cada una 1,154 40 

Siete riegos distribuidos durante las secas, á $ 65 uno. 455 00 

Reposición de 346 hoyos, á 50 por tarea de 37i es 2 35 

Plantación de 346* matas, á 200 por tarea de 37i es... O 75 

Corte de 14,000 racimos de plátanos, á 160 por tarea.. 32 82 

Corte de 170,000 libras de cereza, que producirán 75,000 
libras de café (cosecha buena de 12 onzas por mata), 

á razón^de 30 libVas por tarea de 18 centavos 1,019 88 

Beneficio de 750 quintales, á razón de 10 centavos uno 

(máximum) 75 00 

Castos de administración, contribución, etc 600 00 

Gastos para instalación de maquinaria, amortizables en 

seis años (cuarto afio) 500 00 

Interés del capital al 4 por ciento 170 19 

Saldo acreedor al termipar el quinto afío, ó sea el exce- 
so de los productos 12,290 88 

Suma $ 16,680 00 

HABER. 

Valor de 840,000 plátanos, á razón de 20 centavos el 
ciento : , 1.680 00 

Valor de 750 quintales de café, á $ 20 quintal (en la 
finca) 15,000 00 

igual $ 16,680 00 



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160 

Sexto a5ío. debe. 

Seis escardas, á $ 192.40 una 1,164 40 

Siete riegos distribuidos durante las secas, á $ 65 uno. 455 00 

Reposición de 200 hoyos, á 50 por tarea de 37 es 1 50^ 

Plantación de 200 matas para reponer las fallas, una 

tarea O 37 

Corte de 15 racimos de plátanos, á 160 por tarea de 

37i centavos 35 1^ 

Corte de 280,000 libras de cereza, que producirán 

100,000 libras de café (gran cosecha), á 30 libras 

por tarea de 18 centavos 1,679 94 

Beneficio de 1,000 quintales de café á 10 centavos 100 00^ 

Abono para 65 hectáreas, á $ 2.75 por cada una 178 75 

Gastos de administración, contribuciones, etc 600 00 

Gastos de instalación de maquinaria, amortizables en 

seis años (quinto afío) 500 00^ 

Interés del capital al 4 por ciento 188 20 

Saldo acreedor al terminar el afío, ó sea exceso de los 

productos sobre los gastos (sexto año) 29,197 57 

Suma $ 34,090 88 

HABER. 

Saldo acreedor que resultó al terminar el quinto afío. . $ 12,290 88^ 

Valor de 900,000 plátanos á 20 centavos el ciento 1,800 00 

Valor de 1,000 quintales de café, á $ 20 quintal 20,000 00 

Igual $ 34,090 88 

Séptimo Afío. debe. 

Seis escardas, á $ 192.40 cada una $ 1,154 40' 

Siete riegos distribuidos durante las secas, á 8 65 uno.. 455 00 

Reposición de 100 hoyos, á 50 por tarea de 37i es O 75' 

Plantación de 100 matas O 37 

Corte de 15,000 racimos de plátanos á 160*por tarea... 35 15 

Al frente $ 1,645 6r 



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161 

Del frente $ 1,645 67 

Corte de 170,000 libras de cereza, que producirán 

75,000 libras de café (cosecha buena de 12 onzas por 

mata), á razón de 30 libras por tarea de 18i es 1,019 88 

Beneficio de 750 quintales, á 10 centavos 75 00 

Gastos de adn\inistración, contribución, etc 600 00 

Gastos de instalación de maquinaria, amortizables en 

seis años (sexto aflo) 500 00 

Interés del capital al 4 por ciento 153 62 

Saldo acreedor al terminar el periodo de las cuentas, ó 

exceso de loa prodtictoa sobre los gastos (séptimo afío). 41,883 40 

Suma $ 45,877 57 

HABER. 

Transporte del saldo que resultó al terminar el sexto 

año $ 29,197 57 

Valor de 840,000 plátanos, á 20 centavos el ciento 1,680 00 

Valor de 750 quintales de café, á 20 quintal 15,000 00 

Igual ; $ 45,877 57 



APÉNDICE. 



EXTENSIÓN DE LA ALMÍ.CIGA. 

Eq otra parte hemos dicho que el número de plantas 
de la almáciga debe de ser triple del número de matas 
que tenga el plantío; pero no siendo esta regla general, 
conviene disminuir el número de las plantas cuanto 
sea posible, en vista de las condiciones de la localidad; 

Café.-ll 



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162 

sin embargo, la necesidad que hay de reponer las plan- 
tas que se pierdan hace que el número de pies de al- 
máciga no sea menor al doble de los que tenga el 
plantío. 

Para calcular la extensión que debe darse á las al- 
mácigas, adoptando la disposición y distancias que 
hemos indicado en otra parte, se puede proceder de la 
manera siguiente: 

Siendo -^^el número de plantas que tendrá el plan- 
tío, el número n de plantas que tendrá el almacigo será 
conforme á lo que llevamos dicho: 

n = 3 i\r. y el número de semillas w' deberá ser: 

w' z= 2 n = 6 -y. 

La superficie sembrada /Sesera 

/S= 0.00562 n'mcd. 

y el número de amelgas m de 15 metros de longitud 
por 1.50 de ancho, será: 

y la superficie S' de los andenes 

S' = 17.5 m mcd. 
la extensión resulta, pues, 

i;=S+S' = 0.00562 w' + 17.5 m. 
La cantidad fie semilla c es aproximadamente 

c = -^^ libras de cereza. 



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168 

1 libra de cereza contiene 280 cerezas y, por consi- 
guiente, 560 gramos. 

100 libras de cereza tienen un volumen de 29 litros 
y 4 décimos. 

6 libras =z 1.764 litros. 

1 libra = 0.294 litros. 

Extensión de la almáciga para un plantío de cincuen- 
ta mil matas: 

JT = 50,000 n = 150,000 w' = 300,000 
S = 0.00562 n' = 1686.00 mcd. 

m = ?:^|^= 74.9 amelgas. 

/S' = 17.5 m = 1312.5 mcd, 
E = 1686.00 + 1312.6 = 2998.6 mcd- 

cantidad de semilla 

c = -ETrr= 545.4 libras de cereza. 
ooü 



EXTENSIÓN DEL PLANTÍO. 

Adoptando la disposición que hemos indicado en otra 
parte se puede calciilar la extensión que tendrá el plan- 
tío conociendo el número de matas, la distancia adop- 
tada y las dimensiones de las tablas, valiéndose de las 
siguientes fórmulas: 

Suponemos que 

J\r, representa el número total de matas. 

A^ la longitud de las tablas. 

B^ el ancho de las mismas. 



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Google 



164 

i>, la distaiicia mínima de mata á mata. 

El número n de matas que caben en una tabla es 

25 A B 



w = 



24 jD» 
el número n' de tablas que tendrá el plantío será: 

n 

Sí se adoptan calles de 5 metros de ancho, la super- 
ficie de terreno que éstas ocuparán será 

'S' = 5n' {A + £) + 25 w' mcds. 

La extensión total ocupada por las calles y tablas 
será 

E' = n' A £ + 5 n' {A + B) + 25 n' mcds. 



Extensión de un plantío de cien mil matas, adoptando 
para distancia mínima de mata á mata 2 metros. 

Las tablas tendrán 100 metros de largo y 60 de an- 
cho. 

J!V^=100,000 ^ = 100, B = eO, I) = 2 

^ _ 25 X 6000 _ 150000 _ ifrfí9^,.,„ 
"" = 24X4 = —96- = ^^^^ '^^*^'- 

que caben en cada tabla. 
El número de tablas n' será 

^' = ^^ = ^ ^^^*« próximamente, 
la superficie de las calles 



I 



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166 

iS' = 5X64Xl60 + 25X64 = 52,800 mcd. 

y la superficie total ocupada por el plantío. 

J5=64X160X5 + 64X100X60 + 25X64 = 
61,200 + 384,000 + 1,600 = 436,800 mcds. 

CAPACIDAD DE LOS ESTANQUES. 

Siendo Q el número de quintales de cereza fresca que 
deban beneficiarse al día, el número Q' de quintales de 
pergamino es 

Q = 0.319 Q 

cuyo volumen en litros 

r =z 223.72 Q 

da la capacidad de cada estanque en el caso de que se 
adopten tres. 

Cuando se haga uso de las máquinas lavadoras y de 
un estanque, la capacidad de éste se hará igual al do- 
ble de r. 

EXTENSIÓN DE LOS ASOLEApEROS. 

La extensión que deba darse á los patios de asolea- 
leadero, depende principalmente del tiempo que se ne- 
cesita para secar el café en la localidad. En los asolea- 
deros el café tarda de cuatro á veinte días para secarse. 

Supongamos que sean 

Tél número de días que se necesitan para secar el 
café en malas condiciones. 



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166 

Q el niimero de quintales de cereza que se despulpan 
al día. 

Q' número de quintales de café pergamino. 

a altura de la capa de grano en el asoleadero, en de- 
címetros. 

F volumen de Q. 

/S^ superficie del asoleadero. 

Q = 0.319 Q F= 223.72 Q' litros. 

V 
S= Ty^ — decims. cuads. 
a 

S= ly^^^^^HQL decims. cuads. 



Asoleadero para una finca que beneficie cincuenta 
quintales de cerera por día. 

En las peores condiciones el café tarda 11 días para 
secarse. 

Q = 50 quintales. 

Tz= 11 días. 

a = 1.2 decímetros. 

Q = 15.95 qq. ? = 3568.33 litros. 

/S= 11 X 2973.6 decims. cuads. 

/Szz= 327.09 metros cuadrados. 



DIRECCIÓN DE LOS PRINCIPALES FABRICANTES DE MAQUINARU 
PARA BENEFICIAR CAFÉ. 

John Q-ordon y C^ — N. 9 New Broad Street. Lon- 
dres E. C. — Dirección cablegráfica: «Pul per.» — Lon- 
dres. 



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167 

The Geo L. Squier M'. F'. Gt. Co.— 189, 191 y 195 
Water Street. — New York. 

The Engelberg Huller Co. — Syracuse, N. Y.— N. 
107 Liberty Street.— Nueva York, E. TJ. de A.. 

The Engelberg Huller Co.— 331 Produce Exchange. 
New York City, ü. S. A. 

Valentino Brothers, agentes de Masón & Bell. — Pro- 
duce Exchange.— -New York City, U. S. A. 

Wm. Austin Brown, Linn., Mass., TJ. S. A. 



PRESUPUESTO para una instalación de beneficio propia para 
plantío de 60,000 maiaa, pudiendo trabajar dnciienta quintad- 
les al día. 

FUERZA MOTRIZ. 

1 Una caldera vertical tubular de 12 caballos 

de fuerza con motor de 10 caballos, com- 
prendiendo regulador, calentador, bom- 
ba, manómetro, válvulas de seguridad, * 
retén y descarga, llaves de prueba, etc.. 692 00 692 00 

MAQUINARIA. 

2 Una despulpadora *'Gordon," modelo A, 

trabajando 50 fanegas de cereza por 

hora 224 00 

3 Una descascaradora Smout, modelo peque- 

ño, trabajando 50 quintales al día 370 00 

4 Una máquina de aventar café, "Gordon," 

tamaño F, 80 quintales al día 125 80 

5 Un separador "Gordon," modelo núm. 2, 

separando 6 clases de grano, incluso ca- 
racolillo: capacidad de 10 quintales por 
hora 235 00 954 80 

A la vuelta $ 1,646 80 1,646 80 



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168 
De la vuelta $ 1,646 80 1,646 80 

TRANSMISIÓN. 

6 25 pies de eje torneado l|f pulgs., con 

empalmes 32 25 

7 4 soportes colgantes, de 21 pulgs. ''drope," 

para eje de lü pulgs 39 50 

S Una polea de hierro, de 18x8 pulgs. 9 90 

9 Cuatro pares poleas de 9x5, 10x5 y 

12x5 ; 27 00 

10 Correas, desviadores, etc., etc...% 48 00 156 65 

ESTANQUES. 

11 Tres estanques 21 mets. cúbs. 644 de ca- 

pacidad, con paredes de 1.12 ms. de al- 
tura y 0.550 ms. de espesor, piedra du- 
ra, con cimiento: 

55.83 mts. de cimiento de 0.62 espesor, 
por 0.62 profundidad, á $3.58 el metro 
lineal 199 86 

62.52 mets. de muro de 55 centímetros de 
espesor, con repellado y aplanado, á $ 3 
56 es. el metro cuadrado 222 57 

57.47 mets. cuads. de enlosado con losa 
relabrada y canteada, á razón de $2.13 
el metro cuadrado 127 41 549 84 

ASOLEADEROS. 

12X560 metros cuadrados de enladrillado con 
ladrillo recocido 12 — 6—2, á razón de 

$1.25 el metro cuadrado 700 00 

94.64 metros de pretil de 0.75 mets. de al- 
tura y 0.41 de espesor, á razón de $ 2.14 
el metro 202 52 902 52 

Sumas $3,255 81 3,255 81 



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169 



Lista de los principales comisionistas de Nueva York. 



Adams E. W. & Co. 
Arkell & Douglas. 
Baerlein & Co. 
Boulton, Blist & Dallets. 
Branden, Isaac & Bros. 
Cadenas & Coe. 
Ceballos J. M. & Co. 
Casanova, Traconis & Co. 
Dunn, John Son & Co. 
Eggers & Heinlein. 
Elmenhorst & Co. 
Ferro J. 

Gogorza E. & Co. 
Graham, Hinkley & Co. 
Harmony, P., Nephews & 

Sons. 
Herbst Bros. 
Jayne W, 
Kainer, H. & Co. 
Lanman & Kemp. 
Loaiza W. & Co. 
Lyon & Co. 

Zaranz, 



Lima T. A. de 
Maicas & Co. 
Marcial & Co. 
Me. Arty, C. H. 
Medina, J. A. & Co. 
Muñoz y Espriella. 
Navarro J. N. 
N. Y. Com'l Co. 
Oelrichs & Co. 
Pardo, Velasco y C^ 
Peck, W. E. 
Puig & Emerson. 
Rivas, García y C^ 
Rotholz, Sánchez & Co. 
Sala, J. Co. 

Scholtz, Sánchez & Co. 
Ihe Guernsey^ Seeger Co. 
Snyder & Wheeler. 
Thackray & Co. 
Valentine Bros. 
Ward & Huntington. 
Yates & Porterfield. 
E. & Co. 



Área geográfica. 

En la República Mexicana, la zona del cultivo del 
café comprende una gran extensión; desde la extremi- 
dad meridional, en el limite con Guatemala, avanza 



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170 

hacía el Norte ocupando gran parte de Chiapas y Ta- 
basco, se extiende por el istmo de Tehuantepec, en la 
dirección de la gran cordillera con la que se bifurca si- 
guiendo los flancos de la gran mesa^ central hasta cer- 
ca de los 23° de latitud. 

Como puede verse en la carta, los Estados de Tabas- 
co, Chiapas, Oaxaca, Morolos, Guerrero, Michoacán y 
Colima están comprendidos casi totalmente en el área 
del café, asi como gran parte de Yeracruz, Hidalgo y 
Jalisco; México, Puebla y San Luis Fotosi penetran 
menos en la región del cultivo, y los de Tamaulipas y 
Sinaloa, aunque no comprendidos en la zona definida, 
son medianamente productores. En Campeche y Yu- 
catán la producción es relativamente pequeña y la re- 
gión, no bien determinada todavía, no figura en la car- 
ta, pero en ambos la industria cafetera podría tomar 
incremento si el cultivo del henequén no ocupase la 
atención de los propietarios. 

El cultivo del café no está igualmente adelantado en 
todos los puntos de la zona; en Yeracruz y Oaxaca la 
producción aumenta de año en año, en tanto que en 
Guerrero, por ejemplo, el cultivo permanece en el más 
lamentable atraso. 

Actualmente la zona de mayor producción compren- 
de en Yeracruz, como puede verse en la carta, á Cór- 
doba, Coatepec, Cosahuatlán, Jico, Huatusco, Totutla, 
Jalapa, Chico, Jilotepec, Tepetlán y Orizaba. 

Haciendas y ranchos. — Animas, La Luz, Zapoapita, 
Trinidad, Tapia, La Capilla, San Francisco, Toxpan, 
San Marcial, San Miguelito, Zopilote, Cerro Gallego, 
Cerro la Palma, Cacahuatal, Corral, Chilcoatla, Tila- 



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171 

pa, Merón, Tirol, Mirador, Zacoapan, Palmas, Olea- 
pan, Tepetlapa,Calcahualco, Tlapala, Orduña,Mahuis- 
tlán, Simpizahua, Pacho Viejo y Tuzamapan. 

En la parte Norte del mismo Estado existe otra zo- 
na de importante producción que se extiende á los Es- 
tados de Hidalgo y San Luis Potosí, comprendiendo 
Huejutla, Huazalingo, Orizatlán, Tlanchinol, Tama- 
zunchále, Axtla, Tancanhuitz, Coscatlán, Huehuetlán, 
Tanquián y Xilitla. 

Haciendas y ranchos. — Tenexcalco, Mirador, Chalco, 
Cristiano y La Esperanza. 

En el Estado de Oaxaca se encuentra al Norte la zo- 
na de Villa Alta que comprende Ixtlán de Juárez, 
Ohoapan, Altotepec, Comaltepec, Chisme, Jocotepec, 
Metaltepec, Villa Alta, Analco, Yatzona, Yetzelalag, 
Totontepec, Jayacatepec y Tepitongo. 

Haciendas principales. — líuevo Moka, Monte Bello 
y La Pila. 

Las zonas de Miahuatlán y Yautepec comprenden: 
Ejutla, San Carlos, San Sebastián, Santa María, Ozo- 
lotepec, Lapaguía y Santiago Xanica. 

Haciendas y ranchos. — En el Oriente, La Lana, Sire- 
na, Aurora y Xanica. 

En el Sur, cerca de la Costa del Pacífico, la rica zo- 
na de Pochutla y Pluma Hidalgo comprende muchas 
fincas, siendo las principales: La Concordia, Nueva Es- 
peranza, El Salvador, Adela, Alianza, Santa Fe, Gua- 
dalupe, San Rafael, Monte-Cristo, Independencia, Mi- 
ramar, Covadonga, Las Marías, Libertad y otras. 

En Chiapas, la región productora comprende Tapa- 
chula, Tuxtla Chico, Cacaohuatlán y Unión Juárez por 



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172 

el Sur; al Norte Fichucalco, que forma parte de la zona 
que en Tabasco ocupa Teapa, Jalapa y Taeotalpa. Es 
muy importante en este Estado la región cafetera de 
Gomalcalco que se extiende á Contal pa y Nacajuca. 

La zona cafetera de Uruapan comprende en Michoa- 
cán: Tacámbaro, Ario, Urecho, Taretan, Uruapan, Pe- 
ribán, Tancitaro y Reyes. 

Haciendas principales. — Joyas, Buenavista, Tecario, 
San Rafael, Santa Catarina, Aguacate, Apúndaro, Pa- 
reo, Huaricho y Pilón. 

El área principal de Colima ocupa Tonila (Jalisco), 
Cómala, Colima, Coquimatlán y Tecomén. 

Haciendas principales. — San Antonio, Palmar, Pla- 
tanarillo, Cuastecomatán, Esperanza, Mamey, Martin 
Alonso y Texcal titán. 

Com postela. Jalisco y Tepic son los puntos más im- 
portantes en el territorio de este nombre. 



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Figura 1. 



Figura 1. 




Figura 2. 



Figura 2. 



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Figura 3. 



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Figura 7. 



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15 



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Figura 9. 



Figura 10. 



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Figura 10. 



Figura 11. 



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legara 14. Figura 14. 



Figúrala. 



^ Figura 14. 



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Figura 16. 



Figura 16. 



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Figura 16 bis. 



Figura 17. 



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Figura 19. 



Figura 20. 



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Figura 20 bis. 



Figura 21. 



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I'igura 22. 



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I'igura 22 bis. 



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Figura 28. 



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índice. 



Páginas. 

Sinonimia 3 

Historia 4 

Descripción botánica 25 

Composición química 28 

Clima.... 35 

Terreno 46 

Preparación del terreno. — Disposición del plantío 54 

Semilleros y almácigas 62 

Sombra 70 

Trasplante , 76 

Conservación 80 

Cajetes 83 

Poda 86 

Reposición 99 

Cosecha 102 

Abonos 106 

Beneficio 117 

Despulpado.^ 120 

Lavado 123 

Secado 126 

Descascarado 130 

Beneficio en seco : 137 

Rendimiento 138 



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174 

Pisinas. 

Enemigos del cafeto 141 

Estadística 146 

C!ostos y productos 155 

Apéndice 161 

Extensión de la almáciga '. 161 

ídem del plantío 163 

Capacidad de los estanques 165 

Extensión de los asoleaderos 165 

Dirección de los principales fabricantes de máquinas para be- 
neficiar café i 166 

Presupuesto para una instalación de beneficio 167 

Área Geográfica ^ 169 



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