Skip to main content

Full text of "Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa"

See other formats


Más Allá de Toda Comparación 

C Uuhammad 














ESTAMBUL - 2018 


© Ediciones Erkam - Estambul 1439 / 2018 


Más Allá de Toda Comparación 

O U'uhammad oMustafax 

Osman Nuri Topbas 


Título original: 

Autor: 
Traductor: 
Redaktor: 
Editor: 
Diseño gráfico: 
Impresión: 

ISBN: 

Dirección: 


Tel 
Fax 
E-mail 
Web site 
Language 


Emsalsiz Órnek §ahsiyet 
Hazret-i Muhammed Mustafá M 
Osman Nuri Topba$ 

Abu Bakr Gallego 

Nayat Roszko 

Daniel Gallego 

Rasim $akiroglu 

Ediciones Erkam 

978-9944-83-160-4 

Ikitelli Organize Sanayi Bólgesi 

Mah. Atatürk Bulvari, Haseyad 

1. Kisim No: 60/3-C 

Ba$ak§ehir, Istanbul, Turkey 

(+90-212) 671-0700 pbx 

(+90-212) 671-0748 

info@islamicpublishing.org 

www.islamicpublishing.org 

Spanish 











Más Allá de Toda Comparación 



Osman Nuri TOPBA§ 






Allah, glorificado sea, presenta al Noble 
Mensajero de la siguiente manera: 


“Y no te hemos enviado sino como misericordia 
para todos los mundos.” 

(Al-Anbiya, 21:107) 


“¡O Profeta! En verdad que te hemos enviado 
como testigo, anunciador de buenas nuevas y 
advertidor. Y para llamar a Allah con Su permiso 

y como una lámpara luminosa.” 

(Al-Ahzab, 33:45-46) 


“Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso 
ejemplo para quien tenga esperanza en Allah y en 
el Último Día y recuerde mucho a Allah.” 

(Al-Ahzab, 33:21) 








“Y tendrás por cierto una recompensa que no cesará. 
Y estás hecho de un carácter magnánimo.” 

(Al-Qalam, 68:3-4) 


“¡Vosotros que creéis! Obedeced a Allah, obedeced 

al Mensajero y no echéis a perder vuestras obras.” 

(Muhammad, 47:33) 



“Quien obedezca a Allah y al Mensajero, ésos estarán 
junto a los que Allah ha favorecido: los Profetas, los 
veraces, los que murieron dando testimonio y los 

justos. ¡Y qué excelentes compañeros!” 

(An-Nisa, 4:69) 


“Es verdad que Allah y Sus ángeles hacen oración 
por el Profeta. ¡Vosotros que creéis! Haced oración 

por él y saludadle con un saludo de paz.” 

(Al-Ahzab, 33:56) 









Prefacio 


Gratitud eterna a nuestro Glorioso Señor por haber¬ 
nos concedido el honor de formar parte de la ummah de 
Muhammad Mustafa (s.a.s), aclamado como el Amado de 
Allah y corona de todos los Profetas. 

Saludos a nuestro Bendito Profeta (s.a.s), Sol Imperecedero, 
cuyo carácter sin parangón proyecta sin cesar la luz de la ver¬ 
dad y la guía a toda la humanidad para llevarla al camino de 
la bendición perpetua. 

La humanidad vivía sumergida en un mar agitado por la 
confusión cuando Allah, Glorificado sea, envió a Su Profeta 
como un regalo, como una misericordia para el mundo, res¬ 
catándola de la opresión y la decadencia. Elevado por Allah 
desde un lejano horizonte, el Profeta (s.a.s) fue como una 
estrella refulgente que brillaba por encima de un mundo 
cubierto por las nubes de la ignorancia de una sociedad que 
había perdido la consciencia de su condición humana y vivía 
bajo el dominio del ego animal que habita en el corazón de los 
hombres que no han logrado purificarlo. 

En otras palabras, Allah, Glorificado sea, envió a Su 
Profeta (s.a.s) como una misericordia para todos los mundos, 
ya sean éstos animados o inanimados, desde el polvo y las 
piedras, a los ríos y mares. Una bendición para la tierra y para 




f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


el cielo, para el espacio y el tiempo; pero en particular para el 
ser humano, como el me dio más seguro para él de alcanzar 
la guía, la misericordia y la salvación. 

Hasta tal punto el Profeta (s.a.s) es una misericordia, 
que todos los seres han sido creados en su honor, y valorados 
según el amor que alberguen por él en sus corazones. 

Su misericordia es tal, que bajo las alas de su compasión 
puede refugiarse no sólo la humanidad entera, sino también 
el resto de las criaturas. 

Su misericordia fue puesta de manifiesto por nuestro 
Glorioso Señor al sernos presentado como una fuente inago¬ 
table de gracia, y provisto con atributos incomparables. Fue y 
es torrente de vida para los corazones resecos. 

Como misericordia para todos los mundos, fue por 
medio del Profeta Muhammad (s.a.s) como nos llegó el Noble 
Qur’an, guía perpetua para el hombre. 

Fue honrado con el regalo exclusivo del Miray -la 
Ascensión- como el Amado de Allah, el Misericordioso, el 
Compasivo. 

Hasta tal punto el Profeta (s.a.s) es una misericordia que 
sin él este mundo se habría convertido en un desierto estéril. 
Gracias a él, la creación fue relanzada a través de su luz. 

Su misericordia es un reflejo de la belleza que para él fue 
creada. No se abre un capullo si no es en su honor, pues de 
no haber sido por él, nada habría llegado a ser. Es por él que 





Prefacio 


somos. El Profeta (s.a.s) es una flor de intensa de luz cultivada 
por la Divinidad, y cuya frescura se acrecienta día tras día. 

El Todopoderoso muestra el valor del Profeta (s.a.s) 
enviándole afectuosos saludos. 

Bajo el techo de la profecía de esta excepcional misericor¬ 
dia, el universo entero ha podido gustar el sabor de la verda¬ 
dera paz. Sofocada hasta entonces por el humo de la rebeldía, 
la humanidad fue capaz de navegar hacía aguas más elevadas 
a través de la puerta del conocimiento abierta por el Bendito 
Profeta (s.a.s), e inhalar un nuevo aliento de vida. Las piedras 
se derritieron en sus graciosas manos. Los corazones contami¬ 
nados por la suciedad y el vicio fueron purificados y pulidos 
en su cristalina fuente hasta convertirse en moradas de amor. 

Antes de recibir la guía, Wahshi el abisinio era un hombre 
sin escrúpulos para quien la sangre constituía su mayor festín. 
Pero en virtud de su sometimiento al Profeta Muhammad 
(s.a.s), pasó a ser un Compañero compasivo de inmensa ter¬ 
nura. Muchos otros, antes de que les llegase la guía, estaban 
muertos espiritualmente hablando, heridos mortalmente por 
las garras del vicio. Y sin embargo, el haber bebido un tiempo 
después de la misma guía, les llevó a adquirir un respeto y una 
admiración que acompañó y acompañará a sus nombres por 
toda la eternidad. 


Todo ello no hace sino confirmar que tanto interna 
como externamente, el Bendito Profeta (s.a.s) es el culmen 
de la creación de Allah, Glorificado sea. El más noble, el más 
perfecto y el más amado, hasta el punto de que el resto de las 
grandes figuras que han ido apareciendo a lo largo de la histo- 








Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


ria no son sino reflejos del Profeta de la Gracia (s.a.s), porcio¬ 
nes de sus magníficas cualidades, lunas proyectando la intensa 
luz de este Sol enviado por Allah como Gracia y Misericordia 
para todos los mundos. 

El sendero que nos lleva a Allah, Glorificado sea, y a Su 
complacencia, pasa obligatoriamente por el amor al Amado 
Profeta (s.a.s), un hecho confirmado por el Todopoderoso en 
esta ayah del Qur’an: 




“Di: Si amáis a Allah, seguidme, que Allah os amará y os 
perdonará vuestras faltas. Allah es Perdonador y Compasivo.” 

(Ali Imran, 3:31) 




“Quien obedece al Mensajero está obedeciendo a Allah. 
Y quien le da la espalda... No te hemos enviado a ellos para 

que seas su guardián.” (An-Nísa, 4:80) 

Así ha sido expresada esta realidad, ante la que nadie 
que crea en el Todopoderoso puede permanecer indiferente. 
Como lo enfatiza el Qur’an, la única medida del amor a Allah 
^ es nuestra adherencia a Su Mensajero (s.a.s), de la misma 


GN£5^ 





Prefacio rTsma^rt 


forma que una mariposa nocturna gira alrededor de la llama. 
El imán, es decir la creencia en Allah, Glorificado sea, así como 
todo lo que ha revelado, no puede, de lo contrario, recibir este 
nombre. No hay otro camino para llegar a Allah, Glorificado 
sea. Y si no conseguimos esta última estación, todas nuestras 
obras habrán sido vanas. 

Por ello, debemos colocar al Bendito Profeta (s.a.s) en el 
centro de nuestras vidas y de nuestros corazones, de forma 
que su incomparable carácter sea el arquitecto que construya 
el nuestro. 

Para lograrlo, debemos conocer a nuestro Profeta (s.a.s) 
mejor, más íntimamente, hasta que respiremos su mismo 
aliento, y nuestros corazones latan al unísono con el suyo, 
como fue el caso de los Compañeros, los devotos amantes del 
Profeta (s.a.s). 

A pesar de ser como somos criaturas mediocres y sin 
lustre, e incapaces de albergar en nuestro corazón un inmenso 
amor por el Profeta (s.a.s), que sin duda merece, el mero hecho 
de haber entrado en este bienaventurado camino del Islam 
deberíamos considerarlo como una bendición en sí misma. 
Por otro lado, recibir un simple reflejo de su refinado carácter 
es suficiente para abrir la puerta de la eterna felicidad. 

Este ha sido el único objetivo de escribir el presente 
libro -acercarnos un poco más al noble carácter del Profeta 
Muhammad (s.a.s), aunque haya sido con una tinta de insufi¬ 
ciencia y debilidad. Es un resumen de lo que ha sido expuesto 
anteriormente en nuestros trabajos previos sobre la sublime 
persona del Bendito Profeta (s.a.s). 





i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Nuestras palabras quedan muy lejos de abarcar la gran¬ 
deza de su gracia, pero es nuestro deber expresar gratitud por 
este regalo Divino, explicando su comportamiento y asumién¬ 
dolo plenamente en nuestras vidas. De la mejor forma que 
podamos, es nuestra más suprema obligación actuar como 
puentes que lleven al lector a su inagotable misericordia que 
engloba, en toda su extensión, la fase histórica en la que vivi¬ 
mos, con todas sus luchas y crisis. Es nuestro deber de lealtad 
hablar del culmen de la creación de Allah Todopoderoso al 
resto de la humanidad todo lo que nuestra pobre elocuencia 
nos permita. Pero sin la menor duda, la forma más sincera de 
honrarle es adoptando su conducta en nuestras vidas. 

¡Que Allah nos permita compartir destellos del incompa¬ 
rable carácter del Profeta (s.a.s) y transformar nuestros cora¬ 
zones en palacios de amor! ¡Que Allah nos conceda el triunfo 
y pasemos el examen de la devoción y sumisión al Noble 
Mensajero (s.a.s) para de esa forma recibir el amor Divino! 

Amin... 1 


1. Suplico a Allah, Glorificado sea, que transforme los esfuerzos de 
nuestros apreciados estudiantes que nos han ayudado a que este 
trabajo pueda ver la luz en sadaqat’ul-yariyah, una recompensa 
que nunca cesa. 

- 











Primera 

liarte 



& Más allá de toda comparación 
# Uswatul-hasana / El modelo inigualable 

Im m 
















Más allá de toda comparación 
El Profeta Muhammad Mustafa (s.a.s) 


Las páginas del libro de la historia profética comienzan 
con la presentación de la luz de Muhammad al primer hom¬ 
bre, y terminan con la manifestación corporal de Muhammad 
(s.a.s) en este mundo. En otras palabras, desde el primer 
momento, esta sublime luz nos llega a través de la más pura 
y noble genealogía hasta Abdullah para después pasar a 
Aminah, la madre afortunada que estuvo preñada con la Luz 
del Ser, la cual pasó, finalmente, a su verdadero dueño, el 
Profeta (s.a.s), el más excelso de la creación. 


El fascinante sistema que forma nuestro mundo debe su 
existencia a la luz de Muhammad (s.a.s). Los flujos del Poder 
Divino perceptibles a través del universo, y numerosas formas 
de belleza que podemos observar en cada rincón, son simples 
recordatorios, destellos de esa luz. Como alude el siguiente 
extracto de un hadiz, la única razón por la que le fue aceptado 
el arrepentimiento a Adam (a.s) se debió a que el barro del 
que había sido creado contenía una mota de polvo del Profeta 
(s.a.s). 


“ Señor... Te pido perdón por el favor de Muhammad” 
suplicó Adam (a.s) después de comprender el error que había 
cometido al desobedecer las órdenes del Creador y que le había 





‘^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


causado la expulsión del Paraíso. Entonces Allah, Glorificado 
sea, le preguntó: 

“¿Cómo es que conoces a Muhammad cuando todavía no 
le he creado?” 

“Cuando me creaste” dijo Adam (a.s) “e insuflaste en mí 
Tu Espíritu, miré hacia arriba y vi las palabras La ilaha ill’Allah 
Muhammadan rasulullah inscritas encima de los pilares del 
Trono. Supe entonces que no mencionarías junto a Tu Nombre 
sino al más amado de la creación 

A continuación, Allah -Glorificado sea- declaró: 

“Has dicho la verdad, Adam. En verdad que él es el más 
amado para Mí de la creación. Así, pues, implórame por su 
gracia y te perdonaré. Si Muhammad no fuera a existir, tú no 
habrías sido creado” 2 

Aduciendo el nombre de Muhammad (s.a.s) como un 
medio, una wasilah , de arrepentirse, Adam (s.a) recibió la 
Divina absolución. La Luz de Muhammad continuó su cami¬ 
no y se encarnó momentáneamente en Ibrahim (a.s) cuando al 
fuego de Nimrod le fue ordenado que fuese frío y placentero; y 
como una perla envuelta en Ismail (a.s), indujo a que se envia¬ 
se un carnero desde el cielo como sacrificio. 

Como podemos ver, incluso los Profetas obtuvieron la 
mayor Misericordia Divina a través de su nombre. Como lo 
ilustra el siguiente hadiz narrado por Qatadah ibn Numan 
(r.a), Musa (a.s) sólo deseaba ser un miembro más de la 

2. Hakim, Al-Mustadruk ala’s-Sahihayn, Beirut 1990, II, 672/4228. 

- 







Más allá de toda comparación *■«**««'* 


ummah de Muhammad, y obtener así las bendiciones de su 
adherencia a la mejor de las comunidades humanas: 

“Musa (a.s) hizo ¡a siguiente du’ah a su Señor: ‘¡Señor 
mío! En las tablas 3 que me has dado, se menciona a una noble 
y virtuosa nación de entre las naciones, que practica el bien y 
prohíbe el mal. ¡Haz, o Señor, que sea mi nación!’ 

‘Es la nación de Ahmad, ’ replicó el Todopoderoso. 

‘Las tablas mencionan a una nación que recita sus 
Escrituras de memoria, mientras que los que hubo antes 
necesitaban tener sus libros delante para leer, y no eran 
capaces de recordar una sola palabra una vez que sus escritos 
desaparecían. Sin duda, Señor, que has dado a esta nación 
un poder de memorizar y de proteger su legado como nunca 
antes habías dado a otro pueblo. Así, pues, permite que sean 
de los míos. ’ 

‘Son de Ahmad, ’ declaró el Todopoderoso. 

‘Señor mío, ’ continuó Musa (a.s) ‘has mencionado allí 
a una nación que cree en lo que le ha sido revelado y en lo 
que fue revelado antes de ella, lo protege y lo preserva de 
cualquier desviación y de los trucos del Dayyal. Por favor, 
deja que sea la mía. ’ 

'Pero es la de Ahmad, ’ afirmó Allah, Glorificado sea. 

‘Las tablas se refieren a una nación que será recom¬ 
pensada por el mero hecho de querer hacer un bien, aunque 
no lleguen a realizarlo, y si lo llevasen a cabo, serían rec- 





3. Páginas de la Torah. 






i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


í impensados setecientas veces más. Te suplico que los hagas 
míos. ’ 

‘Es ¡a nación de Ahmad’, declaró Allah. 

Entonces Musa (a.s) dejó las tablas que había recibido a 
un lado e hizo la siguiente plegaria: 

7 O Señor! Si ese es el caso, hazme un miembro más de 
la nación de Ahmad. ’ ” 4 

De esta forma, cada eslabón en la cadena profética, cada 
destello de luz y de guía, eran auspicios y heraldos de la llegada 
de Muhammad Mustafa (s.a.s), enviado como una misericor¬ 
dia para todos los mundos. 

Y por fin, en el año 571, el lunes 12 del mes de Rabiulawwal 
por la mañana, a través del matrimonio de Abdullah y Aminah, 
la esperada y presagiada Luz llegó al mundo de las manifesta¬ 
ciones como honra para el universo y sus criaturas. 

La Compasión Divina comenzó a fluir por todo el uni¬ 
verso con su llegada. Los días y las noches cambiaron de 
aspecto. Los sentimientos y las sensaciones se hicieron más 
profundos. Cada cosa recuperó su significado, su refinada 
razón de ser. Los ídolos se derrumbaron y quedaron inertes 
en el suelo hechos pedazos. Las grandes columnas y torres de 
los pretenciosos palacios de Medain, dominio de los empe¬ 
radores persas, se deshicieron. Al igual que las cloacas de la 
ignorancia, el lago de Sawa siguió su misma suerte y quedó 

4. Tabari, Yamiu’l-bayan an tawili ayi’l-Qurán, Beirut 1995, IX, 
87-88; Ibn Kathir, Tafsiru’l-Quráni’l-Azim, I-IV, Beirut 1988, II, 
259, (en el comentario de A’raf, 154). 

- 







Más allá de toda comparación 


seco. Los corazones se llenaron de la gracia y la esperanza que 
se desparramaron por el universo ocupando el espacio-tiempo 
que conforma la existencia de este mundo. 

Si no hubiera sido el Profeta Muhammad (s.a.s) el para¬ 
digma de todas las virtudes, y si no hubiera venido a este 
mundo, la humanidad entera habría permanecido bajo la 
opresión y la animalidad hasta el final de los tiempos, dejan¬ 
do al débil a merced del fuerte. El fiel de la balanza se habría 
inclinado hacia el mal, y la tierra se habría convertido en un 
paraíso para tiranos y opresores. Con qué hermosas palabras 
expresa el poeta esta misma idea: 

Mensajero, si no hubieras venido, 
las rosas no habrían florecido, 
ni los ruiseñores habrían cantado. 

Adam no habría podido pronunciar los nombres, 
quedándose sin significados. 

En un continuo duelo habría permanecido todo sumergido ... 

Mawlana Rumi ¡> ^ ^Jüs, la excelsa voz de la verdad, 
nos propone el grado de gratitud que deberíamos sentir por el 
Noble Profeta (s.a.s), quien a lo largo de su vida sufrió indeci¬ 
bles penalidades a causa de su empeño en destruir los ídolos y 
acabar con la opresión: 


“Tú, que hoy disfrutas de ser Musulmán, deberías saber que 
de no haber sido por el tremendo esfuerzo de nuestro Ahmad 
(s.a.s) y su determinación inquebrantable de acabar con todos 
los ídolos, también tú serías ahora un idólatra como tus ante¬ 
pasados” 








i^¡á*ií±>zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


No sólo la sabiduría y el conocimiento con los que vino 
cargado el “Hombre Iletrado”, llegado a una sociedad igno¬ 
rante lejos de toda civilización, dejaron asombrados a sus 
contemporáneos, sino que hasta el Último Día seguirán sien¬ 
do un océano insondable e inagotable de ciencia. La prueba 
irrefutable de ello es que, a pesar de que el Qur'an descendió 
hace mil cuatrocientos años, ninguna de sus afirmaciones 
científicas, ninguna de sus narraciones del pasado o sus pre¬ 
moniciones con respecto al futuro, han podido ser rebatidas. 
Y sin embargo, hasta las más prestigiosas enciclopedias del 
mundo han tenido que ir variando su información a lo largo 
de los años para adaptarla a la realidad científica e histórica 
del momento. 

El Profeta Muhammad (s.a.s), huérfano e iletrado, nunca 
recibió educación de nadie. A pesar de ello, demostró ser 
el hombre más sabio de todos los tiempos, el traductor del 
No-Visto y el maestro de la Verdad. 

Musa (a.s) trajo cierto cuerpo de leyes. Daud (a.s) destacó 
por sus oraciones y cánticos inspirados por Allah, Glorificado 
sea. Isa (a.s) fue enviado como ejemplo de virtud y de piedad. 
Muhammad Mustafa (s.a.s) vino con todo eso junto. Promulgó 
leyes y al mismo tiempo enseñó la manera de refinar el cora¬ 
zón y de purificarlo para poder dirigirlo a Allah. Las virtudes 
sin igual que enseñó, las llevó a la práctica en su propia vida. 
Aconsejó no dejarse atrapar por las engañosas seducciones de 
este mundo. En pocas palabras, encarnó todos los derechos 
y obligaciones que los anteriores Profetas habían enseñado. 





Más allá de toda comparación rwna&zn 


Personificó la nobleza de linaje y de comportamiento, la belle¬ 
za y perfección de carácter. 

Durante los 40 años que vivió en medio de una sociedad 
ignorante, la mayor parte de sus virtudes, que más tarde se 
instalarían en su ummah, pasaron desapercibidas para sus 
conciudadanos. Nunca se le había considerado como un 
hombre de gobierno. Casi nadie era consciente de su don de 
oratoria, ni de su genio como estratega militar. 

Y sin embargo, el año cuadragésimo de su vida fue un 
momento crucial en la historia de la humanidad. 

Anterior a ese bendito día en el que el Profeta Muhammad 
(s.a.s) recibió la profecía, nadie le había escuchado hablar de 
la historia de los profetas pasados, ni del cielo ni del infierno. 
Tan sólo gozaba de la reputación de ser un hombre virtuoso 
y solitario, pero en el momento que regresó de la Cueva de 
Hira, donde se le había investido con la Divina Tarea, sus 
conciudadanos iban a presenciar un milagroso cambio en la 
personalidad de Muhammad (s.a.s). 

Una vez que comenzó a llamar a la gente y a invitarla al 
Islam, toda Arabia quedó sumida en el mayor de los asombros 
y desconciertos, sintiéndose profundamente atraída por su 
elocuencia. La magnífica poesía que a tan altas cumbres había 
llegado con los árabes, fue perdiendo valor hasta quedarse sin 
esencia propia. Ya nadie se atrevía a colgar sus laureados poe¬ 
mas en los muros de la Ka'abah. Una vieja tradición acababa 
de morir. La hermana del famoso poeta Imr'ul-Qays, admira¬ 
da por su exquisita y profunda visión poética, dijo al escuchar 
la siguiente ayah del Qur'an: 





i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 




“Y se dijo: ¡Tierra, absorbe tu agua! ¡Cielo, detente! Y 
el agua decreció, el mandato se cumplió y (la nave) se posó 
sobre el Yudi. Y se dijo: ¡Fuera la gente injusta!” (Hud, 11:44) 

“Esto nos ha dejado a todos sin palabras. Incluso los poemas 
de mi hermano no pueden competir con ello Inmediatamente 
después, fue a la Ka'abah y retiró el poema de Imr'ul-Qays que 
había sido clavado en la parte más visible de la Ka'abah, no 
dejando otra alternativa para los poemas considerados infe¬ 
riores que el ser arrancados. 5 

El Mensajero de Allah (s.a.s) enseñó a toda la humanidad 
que él era el Profeta del Real, Glorificado sea. Propuso los 
más perfectos principios sociales, culturales, económicos, 
legislativos y de relaciones internacionales, cuya sabiduría 
intrínseca les habría llevado a los más reputados científicos y 
pensadores toda una vida de experimentos e investigaciones 
hasta llegar a eso mismo. De hecho, la sabiduría de Muhammad 
(s.a.s), que más tarde se plasmaría en un comportamiento 
concreto, echó las bases de todo el conocimiento posterior. 


5. Ahmad Cevdet Pasha, Kisas-i Enbiya ve Tevarih-i Hulefa, Esta 
bul 1976. I. 83. 






Más allá de toda comparación *■«**««'* 


Este excepcional Profeta que nunca antes había cogido una 
espada, sin ningún tipo de entrenamiento militar a excepción 
de haber presenciado una batalla, resultó ser un bravo guerrero, 
y un hábil comandante en la lucha por el tawhid y la paz social. 
Lideró ejércitos sin abandonar nunca una compasión tan vasta 
que podía abarcar a la humanidad entera. 

Proclamaba el Din de Allah, Glorificado sea, de puerta en 
puerta, sin importarle los desafortunados que insolentemente 
daban un portazo en la misma cara del Sol de la guía, perma¬ 
neciendo en las más oscuras tinieblas. Sus corazones de piedra 
les incitaban a tratarle rudamente. Sin embargo, el Profeta 
(s.a.s) nunca tomó sus afrentas como algo personal, sino que 
más bien sufría viendo su ignorancia. 

A ese tipo de gente simplemente les decía: 

“Di: No os pido ninguna recompensa por ello ni soy un 
impostor.” (Sa'ad, 38:86) 

Y les recordaba que para él era suficiente llevar la compla¬ 
cencia de Allah en su corazón. 

En tan sólo nueve años triunfó sobre toda la Península 
Arábiga, siempre con ejércitos de tres a seis veces inferiores 
en número a los de sus enemigos. Más aún, con un mínimo 
de pérdidas humanas en ambos bandos. Imbuyendo un poder 
espiritual y un entrenamiento militar a la gente que hasta 
entonces había crecido sin la menor disciplina, les proporcio¬ 
nó un milagroso éxito en todas sus campañas, acabando con 
las dos potencias de su tiempo -Bizancio y Persia. 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


El Profeta (s.a.s) llevó a cabo la más decisiva revolución 
en la historia de la humanidad, y a pesar de las circunstan¬ 
cias tan adversas en las que tuvo que realizarla, logró acabar 
con los opresores y secar las lágrimas de los oprimidos que 
durante tanto tiempo habían fluido y se habían derramado 
por toda la tierra. Sus benditas manos se transformaron en 
peines que acariciaban las cabezas de los huérfanos. Los 
corazones por fin se liberaban de un largo y angustioso sufri¬ 
miento. 

Mehmet Akif recrea estas imagines de la forma más 
bella: 

El Huérfano ha madurado y ha alcanzado los cuarenta. 
Los pies ensangrentados de aplastar cabezas, ha sido lavados. 
Con un soplo el Inocente salvó a la humanidad, 
un golpe y todos los Césares quedaron fulminados. 

Revividos fueron los débiles, 
el solo derecho de los que sufren, 

Y la opresión, nadie lo hubiera pensado, fue aplastada. 

Una misericordia para todos los mundos, en verdad, fue 
su claro camino. 

Y obtuvo lo que buscaba quien no tenía otro objetivo que 
la justicia. 

Todo lo que el mundo posee no es sino su ofrenda, 
con él está en deuda la sociedad, y el individuo. 

En deuda está toda la humanidad con este Inocente. 

O Señor, resucítanos en el Más Allá con este pensamiento 
en la mente. 

- 






Más allá de toda comparación *■«**««'* 


La profecía de Muhammad Mustafa (s.a.s) es como un 
océano sin límites, de la misma forma que el resto de los profe¬ 
tas son ríos que desembocan en él. De los 124.000 profetas que 
se nos ha transmitido fueron enviados a la humanidad a dife¬ 
rentes lugares y en diferentes tiempos, el Profeta Muhammad 
Mustafa (s.a.s) representa el cénit de la perfección y la virtuo¬ 
sidad profética. Sentó las bases de los valores que deben pre¬ 
dominar en las sociedades, convirtiéndose en el punto esen¬ 
cial de referencia para todo lo que el hombre pueda necesitar 
hasta el Día del Juicio Final. Por ello, podemos afirmar que es 
el Profeta de la Última Hora. Confesando la perfección de su 
carácter, el bendito Profeta (s.a.s) dijo en una ocasión: 

“He sido enviado para perfeccionar el comportamiento 
humano .” (Muwatta, Husn'ul-Khuluq) 

El Profeta (s.a.s) no dejó tras de sí ningún bien material, 
ninguna propiedad, ni el más mínimo objeto de valor. Sin 
embargo nos legó el más preciado tesoro -un supremo carác¬ 
ter. 









Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable 


Muhammad Mustafa (s.a.s) es el único profeta, y de 
hecho el único hombre en la historia, del que se conoce hasta 
el más insignificante detalle de su vida. Con respecto a los 
demás profetas, sólo unos cuantos retazos de su paso por este 
mundo relacionados con su misión de guiar a la humanidad y 
de adherirse a la conducta correcta, han llegado hasta nuestros 
días. Parece como si todos sus actos, del más simple al más 
comprometido, hubieran sido filmados, instante a instante, 
hasta formar el más completo cuadro de su vida para beneficio 
de toda la humanidad, y como el más preciado legado históri¬ 
co que haya existido jamás. A esto hay que añadir que por la 
gracia de Allah Todopoderoso, este pormenorizado relato de 
su vida se ha mantenido intacto hasta nuestros días, y así se 
mantendrá hasta el Día del Juicio Final. 





Siguiendo su ejemplo nos compite resistir los reveses, las 
pruebas y las tribulaciones a las que debemos enfrentarnos en 
la vida, confiando en el Todopoderoso, aceptando plenamen¬ 
te nuestro destino, desarrollando la paciencia, el coraje y la 
perseverancia, siendo altruistas y generosos, con un corazón 
rico en contento, y manteniendo un inquebrantable equilibrio 
contra las posibles discrepancias que pudieran presentarse. El 
murshid'ul-kamil por excelencia, el único poseedor de todas 




Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable 


estas virtudes, ejercidas a lo largo de su pura y ejemplar vida, 
es Muhammad Mustafa (s.a.s), el regalo más generoso que 
Allah el Todopoderoso, Glorificado sea, ha hecho a la huma¬ 
nidad. 

La vida del bendito Profeta (s.a.s) ofrece un espléndido 
ejemplo para todas las generaciones venideras hasta el Último 
Día. 

“Y tendrás por cierto una recompensa que no cesará. Y 
estás hecho de un carácter magnánimo.” (Al-Qalam, 68:3-4) 

La vida y el sublime carácter del Profeta (s.a.s) marcan la 
cima de la conducta humana, incluso si solamente nos fijamos 
en los aspectos de su comportamiento más fácilmente apre- 
hensibles por el entendimiento humano. A este pináculo de 
los profetas y arquetipo del carácter humano que completó su 
misión en medio de una sociedad hostil, mostrando el mejor 
ejemplo a emular, se ha referido el Todopoderoso, en palabras 
del Qur’an, como uswat'ul-hasana, el modelo inigualable. 

Así está escrito en el Noble Qur'an: 




“Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejemplo 
para quien tenga esperanza en Allah y en el Último Día y 
recuerde mucho a Allah.” (Al-Ahzab, 33:21) 








i^¡á*ií±>zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


En cada etapa de su vida el Noble Profeta (s.a.s) mostró el 
más bello y perfecto comportamiento para que todo el mundo 
se fijase en él y pudiera apreciarlo tanto en sus aspectos más 
generales como en los más concisos y detallados. Si queremos 
seguir la más perfecta conducta, no tendremos más remedio 
que imitar la sublime vida y el inigualable comportamiento 
del Profeta (s.a.s). 

Muhammad Mustafa (s.a.s) fue líder religioso y cabeza 
de estado. Es un ejemplo para aquellos que se adentran en el 
jardín del amor divino, un ejemplo de gratitud y humildad 
para quien se ha abandonado en las bendiciones de Allah. De 
la misma forma que es un ejemplo de paciencia y confianza en 
Allah, Glorificado sea, en tiempos difíciles, el Profeta (s.a.s) 
es también un ejemplo de generosidad al abstenerse de tomar 
nada de los botines de guerra. Cubriendo, con la abundante 
compasión que tenía por su familia, a los esclavos, a los débiles 
y a los que habían perdido el camino, el Profeta (s.a.s) mostró 
el comportamiento a seguir. Su magnanimidad y su benevo¬ 
lencia alcanzaron también a sus enemigos. 

Así, si posees grandes riquezas, pondera la humildad y 
generosidad del gran profeta que conquistó toda Arabia y venció 
los corazones de todos los árabes a través del amor. 


Si te encuentras entre los débiles, entonces que sea tu refe¬ 
rencia la vida del Profeta (s.a.s) en Meca bajo el gobierno de los 
terribles y opresores idólatras. 





Si eres de los vencedores, reflexiona sobre el Profeta (s.a.s) 
del valor y de la sumisión, quien derrotó totalmente al enemigo 
en las batallas de Badr y Hunain. 





Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable 


Pero si, Allah no lo quiera, te encuentras un día entre los 
vencidos, acuérdate del Profeta (s.a.s) caminando paciente y 
valerosamente entre sus Compañeros heridos y martirizados 
en ¡a batalla de Uhud, completamente sometido a la voluntad 
divina. 


Y si eres un profesor, piensa en el delicado, sensible y afec¬ 
tuoso Profeta (s.a.s) transmitiendo las perlas de su corazón a los 
estudiantes de suffa junto a la Masyid an-Nawawi. 

Y si eres un estudiante, visualiza la escena del Profeta (s.a.s) 
sentado frente a Yibril (a.s) en el momento de la revelación, 
atento y motivado, lleno de respeto. 

Si eres un anunciador que llama al camino recto, entonces 
presta atención a la fascinante voz del Profeta (s.a.s) lanzando 
destellos de sabiduría en la mezquita, desde su corazón al cora¬ 
zón de sus Compañeros. 

Si te han abandonado y no tienes a nadie quien te ayude en 
la tarea de proteger, comunicar y elevar la verdad, entonces echa 
un vistazo a la vida del Profeta (s.a.s) quien la proclamó a los 
ignorantes y les llamó a la guía cuando no tenía en Meca quien 
le protegiera ni le ayudara en esta tarea. 


Si has roto la resistencia del enemigo dejándolos incapaces 
de moverse y has erradicado el mal y proclamado la virtud, 
visualiza la escena del Profeta (s.a.s) en el día de la Conquista, 
humilde y agradecido, entrando en el sagrado recinto de Meca, 
sentado en su camello, casi postrado, a pesar de ser un coman¬ 
dante victorioso. 








Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


Si tienes tierras de cultivo y quieres encaminar bien las 
cosas, aprende la lección del competente Profeta (s.a.s) quien 
nombró a los más capaces para impulsar y administrar, de la 
mejor manera posible, las tierras de Banu Nadir, Jaibar y Fadak 
después de haber tomado posesión de ellas. 

Si te encuentras solo, piensa en el hijo de Abdullah y 
Aminah, su querido y amado huérfano. 

Si eres un adolescente, considera de cerca la juventud del 
futuro profeta pastoreando los rebaños de Abu Talib en Meca. 

Si eres un comerciante que parte con la caravana llena de 
mercancías, pondera la integridad del más grande de los hom¬ 
bres en los convoyes destinados a Yemen y Damasco. 

Si eres un juez, recuerda el justo y prudente movimiento que 
realizó el Profeta (s.a.s) al intervenir en el asunto de recolocar 
la Piedra Negra cuando estaban a punto de enzarzarse en una 
sangrienta reyerta los notables de Meca. 

Vuelve a repasar la historia y echa una ojeada al tiempo 
del Profeta (s.a.s) en Medina en la Masyid an-Nawawi pronun¬ 
ciando su veredicto sobre los desahuciados, destituidos de todo 
bien y los más pudientes con un sentido de la justicia difícil de 
imaginar en nuestros días. 

Si eres una esposa, considera las profundas emociones y la 
compasión del bendito esposo de Jadiya y Aisha. 

Si tienes hijos, aprende de la afectuosa conducta del padre 
de Fátima y del abuelo de Hasan y Husein. 





Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable 


Quienquiera que seas y cualquiera que sean las circunstan¬ 
cias en las que te encuentras, siempre encontrarás a Muhammad 
Mustafa (s.a.s) como el más perfecto maestro y la más bella guía 
en todo tiempo y en todo lugar. 

Es un maestro de tal calibre que uno puede corregir todos 
los errores emulando su sunnah, puede rehacer y remendar los 
intentos fallidos. Siguiendo la luz de su guía, inmediatamente 
limpiamos nuestro camino de obstáculos y nos encontramos, 
sin apenas sentir fatiga, ante las puertas de la felicidad. 

El mundo interno del Bendito Profeta (s.a.s) es de mucha 
más exquisitez que un jardín repleto de exóticas flores y fra¬ 
gantes rosas. 

Queda, pues, totalmente claro que la vida del Profeta 
constituye el más perfecto ejemplo incluso para aquellos que 
se encuentran en los polos opuestos de la sociedad. La vida de 
un convicto, por ejemplo, nunca puede llegar a ser un ejem¬ 
plo para un juez, de la misma forma que la de un juez no se 
puede mostrar como un ejemplo a un convicto. Así, el destino 
de quien lucha contra la pobreza e intenta sobrevivir a duras 
penas, no puede ser un caso a tener en cuenta para un poten¬ 
tado hombre de negocios. Sin embargo, la vida del Bendito 
Profeta (s.a.s) nos ofrece ejemplos para ambos extremos de 
la escala social, ya que el Todopoderoso le hizo comenzar su 
viaje existencial como huérfano, ocupando la posición más 
baja del estrato social, y le hizo pasar por arduas etapas hasta 
finalmente llevarle a la cima del poder y de la autoridad como 
Profeta y cabeza de estado. 





i^¡á*ií±>zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa (H 


Cada fase por la que pasó el Profeta (s.a.s) en el transcur¬ 
so de su vida refleja modos ideales de comportamiento con los 
que guiarse, ya que hacen referencia a los altibajos de la exis¬ 
tencia humana en general. Así, pues, sin importar la posición 
y las circunstancias en las que nos encontremos, y acorde con 
nuestros medios y capacidades, la vida del Noble Mensajero 
(s.a.s) nos ofrece ejemplos perfectos y concretos de conducta 
a seguir y a establecer en nuestras vidas. 

Por ello, podemos concluir que el Profeta Muhammad 
(s.a.s) es la más bella y perfecta creación ofrecida por Allah, 
Glorificado sea, a la humanidad. Es el ejemplo por excelencia 
para ser emulado por la sociedad en toda su extensión, por 
sus miembros menos favorecidos y por los más afortunados, 
por sus elites y su gente ordinaria, por los creyentes y los 
ignorantes. 





Cualquiera que pretenda mostrar a la humanidad el 
camino de salvación, a excepción de los Profetas y de sus fie¬ 
les seguidores, estará engañándose a sí mismo. A este tipo de 
incautos pertenecen especialmente los filósofos quienes pre¬ 
tenden poder explicarlo todo a través de sus capacidades cog¬ 
noscitivas. No podrán transmitir, en realidad, otra cosa que 
errores y deficiencias. En cambio, los Profetas, que se basan 
exclusivamente en la Divina Revelación, nos llegan como 
guías de la Verdad confirmándose los unos a los otros. Cada 
uno de ellos ha transmitido y enseñado las órdenes de Allah 
sin alterar nada del mensaje y sin pretender que esa sabiduría 
viniera de ellos mismos. 





Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable 


Los filósofos, ambicionando guiar al ser humano a través 
de su falsa luz, transmiten sus puntos de vista personales, ya 
que carecen de la protección Divina y están a merced de sus 
egos y de su imperfecta razón. Así, pues, lo único a lo que 
llegan es a refutarse unos a otros mostrando claramente su 
incapacidad para guiarse a sí mismos, mucho menos a la 
sociedad. 

Aristóteles, por ejemplo, a pesar de ser conocido por 
haber establecido ciertos principios éticos, al estar desprovisto 
de la Divina Revelación, no pudo lograr que nadie que siguie¬ 
ra su sistema de pensamiento alcanzase la felicidad aplicándo¬ 
lo a su vida. Esto es así porque los corazones de los filósofos 
no han sido refinados, ni sus almas han sido purificadas, de 
la misma forma que sus pensamientos y sus acciones no han 
madurado a través de la revelación. 

El único medio de protegernos del abismo al que nos 
pueden llevar las facultades cognoscitivas y las inclinaciones 
psicológicas que no han sido entrenadas con la revelación es la 
habl'ul-matin, la Cuerda Más Resistente, ofrecida a la humani¬ 
dad por el Profeta de la Última Llora (s.a.s) -el Noble Qur'an. 

Y las más tangibles y prácticas manifestaciones de las 
verdades encontradas en lo más profundo del Qur'an las 
observamos en la modélica vida del Bendito Profeta (s.a.s). 
En respuesta a la más urgente pregunta que se hace todo 
ser humano, a saber, ¿cuál es la razón de nuestra existencia? 
-debemos responder: Conformar nuestro comportamiento al 
Qur'an y la sunnah, ya que el Qur'an y la sunnah son prescrip¬ 
ciones para alcanzar la felicidad tanto en este mundo como en 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


el Otro. Son el legado eterno de la Luz del Ser (s.a.w), quien 
dejó en herencia estos dos Luminosos Faros para su ummah. 

Antes de embarcarse en la tarea de la profecía, el Bendito 
Profeta (s.a.w) ya era respetado y querido por todos debi¬ 
do a su virtuoso carácter que hacía que sus conciudadanos 
confesasen sin la menor restricción que Muhammad (s.a.s) 
era Al-Amin, el digno de confianza, y As-Sadiq, el honesto y 
veraz. Sólo después de que quedase claro para todos quién era 
Muhammad (s.a.s), le llegó la profecía. 

Plenamente conscientes del carácter ejemplar del Profeta 
(s.a.s), de su veracidad e integridad mucho antes de que le 
llegase la ‘gran tarea’, la gente de Meca sentía un profundo 
aprecio por él. La misma tribu que le llamó Al-Amin se rindió 
incondicionalmente a la hora de que fuese él quien resolviese 
la disputa que estalló entre las tribus involucradas en recolocar 
la Piedra Negra después de la restauración de la Ka'abah. El 
Mensajero de Allah (s.a.s) estaba imbuido de tal honestidad 
que incluso Abu Sufian, todavía un infiel que sólo pensaba 
en destruir al Profeta (s.a.s), cuando el emperador bizantino 
Heraclio le preguntó si había habido una sola vez en la que el 
Profeta (s.a.s) no hubiese guardado su palabra, no pudo res¬ 
ponder otra cosa que lo siguiente: 

“ Nunca... Siempre ha cumplido sus promesas” (Bujari, Bad’ul- 
Wahy 6, Salat 1, Sadaqat 28; Muslim, Yihad, 74) 





Otro testimonio para entender hasta qué punto los ára¬ 
bes de la época pre-islámica confiaban en el Noble Mensajero 
(s.a.s) lo encontramos en Abu Yahal, el más acérrimo enemigo 
del Profeta (s.a.s), y en sus amigos: 





Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable rvtumávn 


“Por Allah, Muhammad, que no decimos nada contra ti... 
En lo que a nosotros respecta eres un hombre honesto y veraz. 
Pero no aceptamos aquello que nos has traído 

A este respecto se reveló la siguiente ay ah: 

“Ya sabemos que te entristece lo que dicen, pero no es a 
ti a quien niegan los injustos, son los signos de Allah lo que 
niegan.” (Al-An-am, 6:33) 6 

Incluso sus más encarnizados enemigos reconocieron al 
Noble Muhammad (s.a.s) como a un verdadero profeta en sus 
corazones, negándole con sus leguas para salvaguardar sus 
corruptas formas de vida y sus ambiciones mundanas. 

Otro incidente que aclara todavía más por qué la Luz del 
Ser (s.a.s) era llamado Al-Amin, incluso por aquellos que más 
le odiaban, lo encontramos en el siguiente relato: 

Mientras continuaba la batalla de Jaibar un pastor de las 
líneas judías llamado Yassar vino a donde estaba el Profeta 
(s.a.w) y después de una corta conversación expresó su deseo 
de entrar en el Islam. Feliz por aquella decisión el Bendito 
Profeta (s.a.w) le pidió, sin embargo, que antes de nada devol¬ 
viese las ovejas a sus dueños, 7 y esto en un momento en el que 
la batalla se había recrudecido y la falta de víveres comenza¬ 
ba a hacer mella en el ánimo de las líneas musulmanas. Este 
hecho sin duda muestra la importancia de mantenemos firmes 

6. Wahidi, Asbab’u Nuzulil-Qur’an, preparado para ser publicado por 
Kemal Besyuni Zaglul, Beirut 1990, pag. 299 

7. Ibn Hisham, Siratun-nabi, Beirut 1937, Dar al Fikr III, 397,398; 
Ibn Hayar, Al Isaba, Beirut 1328,1, 38-39. 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


en nuestras responsabilidades, de mantenemos conscientes de 
nuestros deberes y de proteger aquello que se nos ha confiado, 
incluso en los momentos más difíciles. 

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la beneficio¬ 
sa influencia que la excelente y virtuosa conducta del Noble 
Profeta (s.a.s) ejercía sobre aquellos que le rodeaban. El caso 
más excepcional, sin duda, en este sentido, es la absoluta 
sumisión de Abu Bakr (r.a) a la veracidad del Profeta (s.a.s), 
que se manifestó de forma contundente cuando se le preguntó 
qué pensaba del Viaje Nocturno (Miray) de Muhammad: 

“Si él ha dicho que ha ido, es que ha ido. ” 

Innumerables manifestaciones de justicia, compasión y 
misericordia a lo largo de la vida del Profeta (s.a.s) se presen¬ 
tan como ejemplos a imitar por la humanidad entera hasta el 
final de los tiempos. No hay una sola persona libre de perjui¬ 
cios que haya tenido el privilegio de vislumbrar exhalaciones 
fulgurantes de esta incomparable Fuente de Luz, que se atreva 
a disputar su virtuosa realidad, incluso si permanece cerrada 
dentro de su consciencia. Muchos pensadores extranjeros se 
han sentido obligados a inclinarse ante su realidad a pesar 
de mantenerse en la incredulidad. Muchos son los que han 
dado voz a su reconocimiento interno de la virtud y el éxito 
del Bendito Profeta (s.a.s). Una de estas figuras es Thomas 
Carlyle, quien describió así su nacimiento: 

.. una aparición de luz desde la oscuridad.” 

Así describe la Enciclopedia Británica el carácter virtuoso 
del Noble Profeta: 





Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable 


“Ningún profeta ni reformista ha cosechado nunca el éxito 
de Muhammad en toda la historia de la humanidad." 

Similar es el comentario de B. Smith: 

“Sin la menor duda podemos afirmar unánimemente que 
Muhammad es el más grande revolucionario que haya existido 
jamás.” 

El escritor Stanley Lañe-Polo declara con profunda 
honestidad: 

“El día en el que Muhammad consiguió la mayor victoria 
sobre sus enemigos, consiguió al mismo tiempo la mayor victo¬ 
ria de la virtud en sí mismo, ya que el día en el que conquistó 
Meca no hubo represalias contra los Quraish, y declaró una total 
amnistía para toda la comunidad mequinense 

En este mismo sentido declara el escritor Arthur 
Gilman: 

“Presenciamos su grandeza durante la conquista de Meca. 
Las pasadas persecuciones y crímenes que había sufrido tanto 
él como su comunidad podían haber encendido sentimientos de 
venganza en su corazón. Sin embargo, Muhammad previno a su 
ejército para que no fuese derramada una sola gota de sangre. 
Mostrando una majestuosa compasión, todo lo que hizo fue dar 
gracias a Allah.” 

Imposible será encontrar en ningún sistema legal una 
proclamación de derechos humanos como la que extraemos 
del Qur’an y la sunnah. De hecho La Fayette, un renombra¬ 
do filósofo y uno de los cerebros actuantes de la Revolución 





‘^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Francesa de 1789, proclamó con estas palabras la supremacía 
de la ley islámica: 

“¡Muhammad el Magnífico! Has alcanzado tal cima de 
justicia que es imposible para nadie, y así lo seguirá siendo en el 
futuro, sobrepasarte .” 8 

Qué sublime debe ser una virtud para que incluso sus 
enemigos la afirmen y la admitan. Tal es la virtud y la integri¬ 
dad del Bendito Profeta (s.a.w), testificada incluso por los más 
irreverentes incrédulos. 

La vida excepcional de Muhammad Mustafa (s.a.s) es la per¬ 
sonificación de la perfección moral y es más que suficiente para 
iluminar cualquier aspecto de la actividad humana. Constituye 
el punto álgido de la educación del ser humano, arrojando des¬ 
tellos en el camino de los que buscan la iluminación. Ofreciendo 
la guía a través de la firme y poderosa luz de su carácter a todos 
los que buscan el camino verdadero, Muhammad Mustafa (s.a.s) 
es el auténtico maestro de la humanidad. 

El ávido círculo de alumnos apiñados a su alrededor 
constituía una auténtica escuela que admitía a personas de 
todos los estratos sociales. Sin importar el color de su piel, la 
disparidad de sus lenguas o la copiosa variedad de sus bagajes 
culturales, así como de sus aparentemente irreconciliables 
diferencias sociales, se reunían allí como si fueran una sola 
persona. Nunca se le impidió la entrada a nadie que quisiera 
unirse a ese círculo de enseñanza. No era un círculo exclusivo 
de una tribu concreta, sino más bien una fuente de conoci- 





8. Ver Kami] Miraz, Tecrid-i Sarih Terjemesi, Ankara 1972, IX, 289. 






Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable 


miento y sabiduría que se ofrecía a cualquier hombre o mujer 
por el mero hecho de formar parte de la humanidad. De esta 
forma se olvidaron las diferencias entre el débil y el fuerte. 

Fíjate un instante en los que se adhirieron al Profeta 
(s.a.s) y verás prominentes y respetables líderes de sus socie¬ 
dades, tales como el rey de Abisinia, Nayasi; el noble Ma’anian 
Farua; el jefe de Khimyar Dhulqila, Firus Dailami; el noble 
yemení Maraqaboud; y los gobernadores de Umman Ubaid 
y Yaffar. 

Seguro que si vuelves a fijarte una segunda vez, verás que 
por encima de esos reyes y nobles que hemos mencionado 
se encontraban los más desfavorecidos de aquellas socieda¬ 
des árabes como Bilal, Yassir, Zuhaib, Habbab, Ammar, Abu 
Fuqaiha, y muchos otros, así como desprotegidas y vulne¬ 
rables mujeres como Sumaia, Lubaina, Zinnirah, Nahdia y 
Umm Abis. 

Entre los más ilustres Compañeros del Profeta (s.a.s) 
vemos a aquellos de suprema y aguda inteligencia provistos de 
un preciso sentido del juicio, de la misma forma que vemos los 
que tenían competencia para resolver los más intricados pro¬ 
blemas, y eran capaces de discernir en los asuntos mundanos 
y de gobernar vastos territorios con equidad y sobresaliente 
planificación. Los Compañeros del Bendito Profeta (s.a.s) aca¬ 
baron liderando ciudades y regiones a lo largo de una amplia 
geografía. Con sus esfuerzos muchos de ellos consiguieron 
guiar a sus sociedades al camino recto y hacerles probar el 
sabor de la justicia. Esparcieron por doquier paz y serenidad 
uniendo a sus súbditos en una fraternal comunidad. 










O ‘begunda ‘K 'caite 



& El inigualable comportamiento 
del Profeta de Allah (s.a.s) 

& Las normas de conducta de 
los más elevados 















El inigualable comportamiento 
del Profeta de Allah (s.a.s) 


En la historia de la humanidad no ha existido nadie que 
pueda igualarse a Muhammad Mustafa (s.a.s), de quien se ha 
preservado, escrupulosamente, hasta el más mínimo detalle 
de su intrincada vida, y hasta la más mínima característica 
de su personalidad. Voluminosos libros no serían suficientes 
para albergar la explicación del carácter ejemplar del Noble 
Profeta (s.a.s). 

Los fundamentos 9 y el sabio iytihad 10 , dentro del ámbito 
de las ciencias islámicas, han adoptado las cualidades del 
Mensajero de Allah (s.a.s) como pruebas. Por ello, diferentes 
disciplinas han estudiado por separado los distintos atributos 
del Bendito Profeta (s.a.s). Más aún, todos los trabajos que se 


9. Los fundamentos en los que se basa la ciencia islámica son el 
Qur’an y la sunnah, llamados también en el sentido colectivo nass. 
La sunnah comprende las palabras, acciones y comportamiento 
que el Noble Profeta (s.a.s) aprobó o desaprobó. Los asuntos cla¬ 
ramente definidos en el Qur’an y la sunnah no pueden ser objetos 
de iytihad. 

10. Iytihad es el proceso que siguen los muytahid, los expertos en 
ley islámica que pueden dictar veredicto, para aclarar un asunto 
siguiendo una metodología específica y sobre el que el Qur’an y 
la sunnah no han mencionado nada. Este iytihad se lleva a cabo 
siguiendo los principios de los dos fundamentos. 








i^¡á*i<í3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


han escrito dentro de la tradición islámica en los últimos 1400 
años no han tenido otro objetivo que el de escudriñar letra por 
letra un libro -el Noble Qur’an, y el carácter de un hombre -el 
Profeta de Allah (s.a.s). 

Es imposible comprender con las restringidas capacida¬ 
des de las que disponemos los seres humanos lo que significa 
la existencia del Profeta (s.a.s) y su inigualable carácter en 
toda su extensión, ya que tanto las impresiones sensoriales 
como las elucidaciones mentales son inadecuadas e insuficien¬ 
tes para explicar la grandeza de Muhammad Mustafa (s.a.s). 
De la misma forma que es imposible verter un océano en una 
taza, así también es incomprensible para nosotros el esplendor 
de la luz de Muhammad (s.a.s). 

Lo que vamos a tratar de presentar aquí, dentro de nues¬ 
tras limitadas capacidades, son unas cuantas gotas del inmenso 
océano que representa el carácter ejemplar del Mensajero de 
Allah (s.a.s), con la esperanza de que este humilde trabajo 
sirva para conocer cada vez mejor la profunda personalidad 
de nuestro amado Profeta (s.a.s). 


El bello rostro del Profeta de Allah y su inigualable 
comportamiento 





Con su bella apariencia y su ejemplar modo de vida, el 
Bendito Profeta (s.a.s) es una maravilla incomparable; des¬ 
cribir elocuentemente su inmaculado aspecto está más allá de 
nuestro alcance. Como afirma el Imam Qurtubi: 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) — 

“La belleza externa del Mensajero de Allah (s.a.sj no 
se manifestó enteramente. De haberse translúcido sus her¬ 
mosas y poderosas características en toda su plenitud, los 
Compañeros no habrían tenido el poder de mirarle. ” 11 

Incluso de entre aquellos Compañeros que constante¬ 
mente estaban al lado del Bendito Profeta (s.a.s), no había 
muchos que pudieran soportar la belleza de su semblante 
como sus corazones hubieran deseado, se mantenían a una 
cierta distancia por su sentido de adab. Se ha narrado que 
todos los Compañeros solían bajar la mirada mientras conver¬ 
saban con él, a excepción de Abu Bakr y ‘Umar, los dos únicos 
que miraban a los ojos del Profeta (s.a.s). Con resplandecien¬ 
tes sonrisas fijaban sus miradas en el Noble Mensajero (s.a.s), 
quien a su vez les correspondía de la misma forma. (Tirmidhi, 
Manaqib, 16/3668) Este hecho fue ampliamente descrito en sus 
últimos años por Amer ibn Ass (r.a), quien pasó a la historia 
como el conquistador de Egipto: 

“Aunque pasé mucho tiempo junto al Mensajero de Allah 
(s.a.s), el rubor que me sobrevenía en su presencia y el senti¬ 
miento de inmenso respeto que sentía en mi interior siempre 
me impidieron levantar la cabeza y mirar a su sagrado y 
hermoso rostro para contento de mi corazón. Si alguien me 
pidiera ahora mismo que describiese el aspecto físico del 
Mensajero de Allah (s.a.s), creedme -no podría.” (Muslím, 
Imán, 192)12 


11. Ali Yardin, Peygamberiniz’in shemail, Estambul 1988, pag. 49. 

12. Ver también Ahmad ibn Hanbal, Al-Musnad, Estambul 1992, IV, 
199. 

- 







i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Según aquellos que más intimaron con el Profeta (s.a.s), 
su rostro era el más limpio y el más atractivo de todos. Al 
saber de su llegada a Medina, el curioso Abdullah ibn Salam, 
entonces un erudito judío, visitó al Profeta (s.a.s) y después de 
una rápida mirada a su rostro comentó: 

“Un rostro así no puede mentir nunca. ” 

En ese mismo instante se convirtió al Islam. (Tirmidhi, 

Qiyamah, 42/2485; Ahmad, V, 451) 

Investido con el más alto grado de belleza, inspirando 
majestad y mostrando un exquisito refinamiento en todos sus 
gestos, en verdad que no necesitaba de ningún otro signo ni de 
ningún milagro para probar que realmente era el Mensajero 
de Allah. 

Siempre que el Bendito Profeta (s.a.s) se sentía disgustado 
o, por el contrario, lleno de gozo, se podía notar inmediata¬ 
mente en la expresión de su rostro. 

Su santo cuerpo poseía un intenso vigor, un fuerte sen¬ 
tido del pudor y una rigurosa determinación. En cuanto a la 
profunda sensibilidad de su corazón es imposible describirla. 
Una dulce luz emanaba de su rostro. Sus palabras se enca¬ 
denaban unas a otras en un pausado flujo. Cada uno de sus 
movimientos se realizaba con una sorprendente elegancia. 
Poseía un extraordinario poder de expresión, y una suprema 
elocuencia en todos sus discursos. 





Nunca pronunció una palabra en vano. Todas ellas esta¬ 
ban cargadas de sabiduría y de consejo. No había lugar en 
su discurso para calumnias ni para conversaciones fútiles. 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


Hablaba con la gente según sus capacidades. Era amable y 
humilde. Aunque nunca expresó su alegría con carcajadas, en 
su rostro siempre había dibujada un cálida sonrisa. Mirarle 
un instante plenamente a la cara nos habría sobrecogido con 
respeto y temor, a pesar de que una breve conversación habría 
bastado para plantar en lo más profundo de nuestro corazón 
sentimientos de amor y afecto hacía él. 

Trataba a los justos con respeto según su grado de devo¬ 
ción. Siempre se comportó con sus familiares con amabilidad 
y ternura, si bien estos sentimientos los hacía extensos al resto 
de la sociedad. Su ternura y compasión también abarcaban a 
sus sirvientes, de forma que comían de su misma comida y se 
vestían con ropas parecidas a las suyas. Generoso y compasivo, 
el Profeta (s.a.s) logró establecer, dependiendo de las circuns¬ 
tancias, un perfecto equilibrio entre el coraje y la dulzura. 
Inefable en su profunda benevolencia y generosidad, iba más 
allá de lo que podemos entender por altruismo, pues daba de 
sus bienes sin el menor miedo a empobrecerse. En palabras 
de Yabir (r.a): 

“Nunca nadie escuchó de sus labios la palabra ‘no ’ cuan¬ 
do alguien le pedía algo. ” (Muslim, Fadail, 56) 

Era el que más frecuentaba a sus parientes, y mostraba 
siempre un gran afecto y misericordia con la gente, tratándo¬ 
los en cada momento de la mejor manera. El Bendito Profeta 
(s.a.s) era el que más detestaba la inmoralidad y el que más 
exaltaba la virtud. A menudo recordaba a sus Compañeros la 
importancia de erradicar de sus corazones toda inclinación al 
vicio: 





i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


“No hay nada que tenga más peso para un Musulmán en 
el platillo del bien en el Más Allá que el buen comportamien¬ 
to. Allah, Glorificado sea, detesta a aquellos que se compor¬ 
tan indecentemente y utilizan palabras groseras (Tirmidhi, Birr, 
62/2002) 

El Mensajero de Allah (s.a.s) era un hombre de palabra 
que siempre guardaba sus promesas. Superior a todos en 
virtud, inteligencia y agudeza, no es posible expresar su ver¬ 
dadero valor. 

Dicho esto, es importante notar que en su rostro había 
dibujada una perpetua expresión de tristeza. Retirado en un 
estado ininterrumpido de contemplación, sólo hablaba cuan¬ 
do era necesario. Aunque sus periodos de silencio eran pro¬ 
longados, siempre completaba las frases que había comenza¬ 
do, reuniendo diferentes niveles de significado en unas pocas 
frases. Sus palabras se iban desgranando como si fueran perlas 
contadas una a una. Su constante amabilidad no impedía que 
su absoluta majestuosidad se impusiera allí donde estuviera. 

Nunca perdía la paciencia, excepto cuando se infringía 
un derecho Divino. Cuando esto ocurría su enfado no se 
disipaba hasta que ese derecho hubiese sido restaurado, sólo 
entonces volvía a su habitual compostura. Nunca se enfadó 
por una cuestión personal. Nunca se le conoció discutiendo 
por algún asunto que sólo le atañese a él. 

Nunca entraba en una estancia sin permiso. Una vez que 
volvía a casa dividía su tiempo en tres periodos. El primero 
era para Allah, Glorificado sea; el segundo para su familia; y 
el tercero para él; y esto sólo de forma nominal, pues de hecho 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


dedicaba esa parte a toda la demás gente, ya fuera común o la 
elite de la sociedad, sin dejar a nadie desatendido, sin dejar un 
solo corazón descuidado. 

En las mezquitas solía sentarse en diferentes lugares para 
evitar que otros tomasen el hábito de sentarse siempre en 
un mismo lugar, de forma que no se consagrase ninguno de 
ellos. Detestaba que en público la gente adoptase conductas 
engreídas. Cuando entraba a una reunión se sentaba en el 
primer lugar disponible y aconsejaba a los demás que hicieran 
lo mismo. 

Siempre que una persona requeriría su ayuda para resol¬ 
ver un problema, sin importarle la relevancia del favor solici¬ 
tado, el Bendito Profeta (s.a.s) no se quedaba tranquilo hasta 
que se hubiera dado una solución satisfactoria a ese asunto. Si 
resultaba ser imposible, el Profeta (s.a.s) nunca abandonaba a 
esa persona sin antes consolarle y dejar en su corazón el dulce 
sabor de sus palabras. Todos tenían en él a un confidente. Los 
diferentes estratos sociales quedaban unificados en su miseri¬ 
cordia. Ya fuera la persona rica o pobre, letrada o ignorante, 
recibía el mismo trato por el mero hecho de ser una criatura 
humana. Todas sus reuniones estaban impregnadas de ama¬ 
bilidad, sabiduría, cortesía, paciencia y confianza, primero y 
fundamentalmente en Allah, Glorificado sea, y después en los 
demás. 

Nunca reprochó explícitamente a nadie por sus fallos. 
Cuando resultaba inevitable reprender la conducta de una 
persona, el Noble Mensajero (s.a.s) lo hacía de una forma sutil 
y refinada para no romper su corazón. No solo estaba fuera de 





f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 

su práctica el indagar en los fallos ocultos de la gente, sino que 
prohibía a los demás ocuparse en tan innoble tarea. 

La Luz del Ser (s.a.s) nunca pronunciaba una palabra si 
no era para obtener la complacencia Divina. Las reuniones en 
las que hablaba eran paraísos de éxtasis. El entusiasmo incon¬ 
dicional de los que asistían a tales reuniones y escuchaban 
sus palabras fue más tarde descrito por sus Compañeros de la 
siguiente manera: 

“Nos sentábamos en tal silencio e inmovilidad que pare¬ 
cía como si un pájaro se hubiera posado en nuestras cabezas 
y temiéramos que en cualquier momento pudiera asustarse y 
echarse a volar. ” (Abu Dawud, Sunnah, 23-24/4753) 

La cortesía y el exquisito comportamiento que reflejó 
en sus Compañeros era de tal intensidad que muy a menu¬ 
do incluso hacerle una pregunta resultaba impropio. Solían 
esperar a que viniera algún beduino del desierto para hacerle 
al Profeta (s.a.s) preguntas y consultarle sus dudas, y de este 
modo, durante la conversación que entonces se originase, 
poder beneficiarse y profundizar su conocimiento. 

A lo largo de su vida el Bendito Profeta (s.a.s) fue una 
inamovible montaña de sinceridad. Nunca dijo algo que no 
estuviera en su corazón, ni nunca aconsejó a nadie hacer 
algo que él no hubiera hecho ya. Imbuido de tales cualidades, 
podemos decir que era el Qur’an personificado . 13 


13. Ver Ibn Sad, at-Tabaqatu’l-Qubra, Beirut, Daru Sadir, I, 121, 
365,422-425; Hayzami, Maymauz-Zawaid, Beirut 1988, IX, 13. 






El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtmzr» 


La humildad del Profeta de Allah (s.a.s) 

A pesar de haber obtenido en un corto periodo de tiempo 
lo que otros líderes sólo hubieran podido soñar con obtener, 
y a pesar de haber conquistado el corazón de la gente, el 
Mensajero de Allah (s.a.s) continuó llevando su humilde vida 
como si a sus pies no hubiese innumerables riquezas materia¬ 
les. Continuó viviendo en su modesta habitación de adobe, 
durmiendo en un colchón relleno con hojas de palmera y 
vistiéndose con las ropas más sencillas. Su nivel de vida esta¬ 
ba por debajo incluso del de la gente más pobre. Cuando en 
alguna ocasión no encontraba nada para comer, se mantenía 
agradecido a Allah, Glorificado sea, y se ataba una piedra al 
estómago para aliviar el hambre. A pesar de que todas sus fal¬ 
tas, pasadas o venideras, habían sido perdonadas, perseveraba 
en sus súplicas y en su gratitud al Todopoderoso, alargando su 
salah hasta la mañana, de forma que las plantas de sus pies se 
hinchaban y sangraban. 

Nunca permaneció indiferente a la hora de socorrer a 
los necesitados. Solaz para huérfanos y abandonados, jamás 
consintió que su grandeza llegase a ser un obstáculo a la hora 
de auxiliar a los desfavorecidos, quedando cada uno de ellos 
protegido por la bondadosa y tierna ala de su misericordia. 

A un mequinense que le pedía, temblando de temor, que 
le enseñase algo del Islam en el día de la Conquista de Meca, 
cuando su autoridad se había impuesto de forma contundente 
y aparecía ante la mirada de todos como el hombre más pode¬ 
roso de Arabia, le contestó, en un intento de tranquilizarle, 
con una referencia a los tiempos pasados, tan dolorosos a 





nmziístsr* Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


veces, con las palabras sin par en la historia de la humanidad 
en lo que se refiere a la humildad de un gobernante: 

“Tranquilízate, hermano, porque no soy un rey, sino huér¬ 
fano de la que fue tu vecina, de los Quraish, que comía carne 
secada al sol " 14 

En la misma ocasión le dijo a Abu Bakr (r.a), el Yar-i 
Ghard 5 quien había traído sobre sus espaldas a su anciano 
padre hasta donde estaba el Profeta (s.a.s) para que dijera en 
su presencia la declaración de fe: 

“¿Por qué le has incomodado tanto? ¿No podíamos 
haber ido a su casa para que lo hiciera allí? ” 16 

El Mensajero de Allah (s.a.s) siempre hacía hincapié en su 
vulnerabilidad, describiéndose con las palabras del Qur’an: 

“No soy más que un ser humano como vosotros, (pero) 
me ha sido inspirado que...” (Al-Kahf, 18:110) 

Insistía en que en el testimonio de fe se añadiese siempre 
que él era abduhu, es decir siervo de Allah, previniendo de este 
modo la posible desviación de su ummah hacía la deificación, 
peligro en el que habían sucumbido muchas naciones antes 
de ellos. A los que le mostraban un exceso de admiración no 
tardaba en recordarles: 


14. Ver Ibn Mayah, At’imah, 30; Tabarani, Al-Ma’jamu’l-Awsat, II, 64. 

15. Significa Amigo de la Cueva, en referencia al hecho de ser co - 
pañero del Profeta (s.a.s) en la cueva de Sawr, durante su viaje- 
emigración de Meca a Medina. También se utiliza para denominar 
una amistad sincera. 

16. Ver Ahmad, VI, 349, Haythami, VI, 174; Ibn Sa’d V, 451. 

- 







El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


“No me elevéis por encima de mi rango, ya que Allah me 
hizo siervo antes de hacerme mensajero. ” (Haythami, IX, 21) 

El Bendito Profeta (s.a.s) tenía una fuente, llamada gha- 
rra, que llevaban normalmente cuatro personas. Un día, al 
mediodía, después de la salah duha, entraron con la fuente 
llena de cocido y los Compañeros se reunieron alrededor de 
ella. Estaba entre ellos el Profeta (s.a.s), quien se arrodilló 
con un claro intento de ocupar el menor espacio posible. Un 
beduino que estaba presente, claramente desilusionado con 
aquel comportamiento que le pareció demasiado modesto, 
comentó: 

“¿Qué manera de tomar asiento es esa?” 

A lo que la Luz del Ser (s.a.s) respondió: 

“Allah, Glorificado sea, hizo de mi un siervo modesto y 
digno, no un tirano obstinado. ” (Abu Dawud, 17/3773) 

Declaraba, así, de manera contundente que nunca podría 
comportarse con arrogancia y presunción. 

En otra ocasión dijo para el asombro de los Compañeros 
allí presentes: 

“Nadie puede entrar al Paraíso solamente por sus 
actos? 


Le preguntaron: 

“¿Ni siquiera tú?” 





Contestó: 





f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


“No. Ni siquiera yo. Si no fuera por la gracia de mi 
Señor, mis actos no me podrían salvar. No podría entrar si no 
me concediese Su compasión y Su misericordia. ” (Bujari, Riqaq, 
18; Muslim, Munafiqim, 71-72; Ibn Mayah, Zuhd, 20; Darimi, Riqaq, 24) 

El Noble Profeta (s.a.s) advirtió repetidas veces de la des¬ 
gracia que les espera en el Más Allá a aquellos que muestran 
presunción, arrogancia o vanidad. Algunos de los hadices del 
Profeta advierten de este hecho: 

“El Día del Juicio Allah no mirará a la cara de los que 
arrastren sus ropas por el suelo debido a su orgullo. ” (Bujari, 
Libas, 1,5) 

“A quien lleve el vestido de la fama en la tierra, Allah 
le hará llevar el vestido de la desgracia en el Más Allá. ” (Ibn 
Mayah, Libas, 24) 

El Profeta (s.a.s) solía donar la parte de los botines de 
guerra que le correspondía, para poder así conservar mejor 
la humildad y un estilo de vida muy parecido al de los más 
desfavorecidos de su ummah. 


La generosidad del Profeta de Allah (s.a.s) 





El Profeta (s.a.s) se consideraba mediador de caridad, 
entendiendo que es Allah, Glorificado sea, el verdadero Dueño 
y Dispensador de todo. Con ocasión de la campaña de Hunain 
y Taif le acompañaba, aunque todavía no era Musulmán, uno 
de los nobles de los Quraish, Safwan ibn Umayya. Viendo que 
miraba a una partida del botín reunido en Yiranah con pro¬ 
funda admiración, el Profeta (s.a.s) le preguntó: 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtmzr» 


“¿Te gusta?” 

Cuando éste respondió afirmativamente, el Profeta (s.a.s) 
le dijo: 

“Cógelo... es todo tuyo.” 

Incapaz de controlar su excitación, Safwan exclamó 
entonces: 

“Solamente el corazón de un profeta puede ser tan genero- 

» 

so. 

A continuación pronunció el testimonio de fe, convir¬ 
tiéndose así al Islam . 17 De vuelta a su tribu, reunió a la gente 
y les dijo: 

“¡Oh gente mía , id corriendo y aceptar el Islam... 
Muhammad regala en abundancia y no teme caer en la pobre¬ 
za ni le asusta la necesidad! ” (Muslim, Fadail, 57-58; Ahmad, III, 
107) 

En otra ocasión vino un hombre para pedirle que le diera 
algo, pero el Profeta (s.a.s) no tenía nada que ofrecerle. No 
obstante, le dijo que buscase a quien le hiciera un préstamo, 
asegurándole que lo pagaría él mismo. (Haythami, Bhr, 40/1961) 18 

Siguiendo la costumbre de su ancestro Ibrahim, el Profeta 
de la Gracia (s.a.s) nunca comía sólo; siempre tenía invita¬ 
dos. Solía saldar los débitos de los fallecidos, o bien buscar 





17. Waqidi, Magazi, Beirut 1989, II, 854-855. 

18. Ver también Abu Dawud, Haray 33-35/3055. 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


a alguien que lo hiciera, ya que se negaba a realizar la salah 
funeraria antes de que se pagasen las deudas del difunto. 

Afirmó en una ocasión: 

“Quien es generoso está cerca de Allah, del Paraíso y 
de la gente, y lejos de las llamas del Fuego; mientras que el 
tacaño está lejos de Allah, del Paraíso y de la gente, y cerca 
del Fuego. ” (Tirmidhi, Birr, 40/1961) 

En otra transmisión dijo: 

“Dos cosas nunca se juntan en un verdadero Musulmán: 
tacañería y mala conducta. ” (Tirmidhi, Birr, 41/1962) 

La taqwah del Profeta de Allah (s.a.s) 

Era indiscutiblemente el más piadoso de la gente. Su 
salah al Todopoderoso lo realizaba siempre con recato, es 
decir con taqwah. 

“Allah... concédeme taqwah y perfecciónala... pues Tú 
eres el único que la puede perfeccionar, Tú eres mi Señor y mi 
fortaleza. " (Muslim, Dhih-, 73) 

“Allah... Te pido que me concedas guía, taqwah, conti¬ 
nencia y riqueza de corazón. ” (Muslim, Dhikr, 72) 

Y fue esta taqwah la que le hizo llevar una vida humilde 
desprovista de todo lujo. La Madre Aisha (r.a) nos ha transmi¬ 
tido que nunca hubo una ocasión en la que el Profeta (s.a.s) 
disfrutase dos días consecutivos de un pan de cebada. En otra 
transmisión se dice un pan de trigo, tres días seguidos. (Bajan, 
Aiman , 22; Muslim, Zuhd, 20/22; Ibn Mayah, At'imah 48) Con estas 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


palabras animaba a su ummah a llevar una vida basada en la 
taqwah : 

“El más cercano a mí es el que más taqwah tiene. Aquel 
que en toda circunstancia y lugar muestra su taqwah por 
Allah. ” (Ahmad, V, 235; Haythami, IX, 22) 

“Mis hermanos, sin la menor duda, son los que tienen 
taqwah. ” (Abu Dawud, Filan, 1/4242) 

“Dondequiera que os encontréis, tened taqwah de Allah, 
y si habéis hecho algo malo, cubridlo inmediatamente con 
una buena acción. Tratad a la gente de la mejor manera. ” 
(Tirmidhi, Birr, 75/1987) 

En cuanto al modo de obtener la verdadera taqwah estas 
son sus palabras: 

“...La estación de la verdadera taqwah está fuera de 
vuestro alcance hasta que no abandonéis ciertas cosas per¬ 
mitidas por temor a caer en lo prohibido. ” (Tirmidhi, Qiyamah 
19/2451; Ibn Mayah, Zuhd, 24) 

La supremacía para él no era algo que los blancos ejercen 
sobre los negros, o una nación contra otra, sino que era más 
bien una cuestión de taqwah. (Ahmad, V, 158) 

Una espléndida enunciación del concepto de taqwah nos 
llega en palabras de Isa (a.s), en respuesta a un hombre que le 
preguntó lo siguiente: 

“Dime, Maestro de la Verdad y de la Virtud, ¿cómo pode¬ 
mos ser temerosos ante nuestro Señor? ’’ 





f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


“Es muy fácil, ” respondió Isa. “En primer lugar debes 
apegarte a tu Señor con profundo amor, después realizar bue¬ 
nas acciones, y por último sentir misericordia por todos los 
hijos de Adam, de la misma forma que sientes misericordia 
de ti mismo. ’’ 

Luego añadió: 

“...y no hagas a los demás lo que no te gustaría que 
te hicieran a ti; solamente entonces serás temeroso ante tu 
Señor !’ 19 

Una vez ‘Umar (r.a) le preguntó a Ubayy ibn Qab (r.a) el 
significado de la palabra taqwah: 

“¿Has andado alguna vez por un camino espinoso?” -le 
preguntó Ubayy. 

“Sí.” 

“¿Qué hiciste?” 

“Levanté las ropas y estuve atento a cada paso que daba 
para no pincharme,” replicó ‘Umar. 

“Así es la taqwah,” dijo Ubayy . 20 

Los temerosos son los más cercanos al Bendito Profeta 
(s.a.s). Muadh ibn Yabal (r.a) nos transmitió el siguiente rela¬ 
to: 

“Cuando partía de Medina hacia Yemen después de haber 
sido nombrado su gobernador, el Mensajero de Allah (s.a.s) 

19. Ahmad, Az-Zuhd, p. 59. 

20. Ibn Kazir, Tafsiruí-Quránií-Azim, Beirut 1988,1, 42. 

- 







El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


me acompañó hasta las afueras para despedirse de mí. Yo 
iba a la grupa del caballo, mientras él caminando a mi lado. 
Después de haberme dado algunos consejos, dijo: ‘Quien 
sabe, Muadh... puede que no me vuelvas a ver después de este 
año. Quizás visites mi mezquita que está allí y mi tumba... ’ 
Estas palabras y la tristeza de la despedida del amigo hicieron 
que me echase a llorar. ‘No llores, ’ dijo el Mensajero de Allah 
(s.a.s), y volviendo la mirada hacia Medina añadió: ‘Los más 
cercanos a mí de entre la gente son los temerosos, los que, 
estén donde estén, mantienen su temor de Allah. ”’ 21 

La abstinencia del Profeta de Allah (s.a.s) 

Llegó el momento en el que todos los territorios de la 
Península le juraron lealtad y Arabia entera quedó bajo su 
gobierno. A pesar de que las caravanas cargadas con todo tipo 
de riquezas llenaban las calles de Medina, el Profeta (s.a.s) 
siguió llevando la vida sencilla de siempre. Insistía en la idea 
de que él no ostentaba ningún poder, ya que todo estaba en las 
manos de Allah, Glorificado sea. Cuando recibía su parte de 
los botines de guerra, enseguida la repartía entre los necesita¬ 
dos, manteniéndose firme en una vida de abstinencia, es decir 
zuhd. Solía decir: 

“Si tuviera una cantidad de oro tan grande como la mon¬ 
taña de Uhud, no la guardaría más de tres días, pagando mis 
deudas primero. ” (Bukjari, Tamanni, 2; Muslim, Zakat, 31) 


21. Ahmad, V, 235; Haizami, Maymauz-Zawaid, Beirut 1988, IX, 22. 






f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Días enteros pasaban sin que se encendiese fuego para 
cocinar en la casa del Profeta (s.a.s), y más numerosas eran 
las veces que iba a dormir con el estómago vacío que con el 
estómago lleno. (Ahmad, VI, 217; Ibn Sáad, I, 405) 

Un día el Profeta (s.a.s) recibió en su casa a ‘Umar (r.a), 
quien echó una rápida mirada a la estancia en la que se encon¬ 
traban. La habitación estaba vacía. Solamente había allí un 
colchón tejido de ramas de palmera sobre el cual se apoyaba 
el Profeta (s.a.s). En su piel se veían claramente las marcas 
dejadas allí por las estrías de las hojas. En una esquina había 
una escudilla con un poco de harina de cebada y colgado en 
la pared un viejo odre de cuero. Eso era todo. Esas eran todas 
las pertenencias que poseía el hombre que había subyugado a 
Arabia entera. ‘Umar (r.a) dio un profundo suspiro y no pudo 
contener las lágrimas. 

“¿Por qué lloras?” -preguntó el Noble Profeta (s.a.s). 

“¿Cómo no hacerlo?" -contestó ‘Umar. “Los Césares y 
Khousraus nadan en riquezas mientras el Profeta de Allah 
duerme en un colchón remendado." 

“No llores, ‘Umar. Deja que ellos tengan el mundo y sus 
placeres y que nosotros tengamos el Más Allá ." 11 

En otra ocasión parecida dijo: 




22. Ver Ahmad, II, 298; Tabarani, Al-Muyamul-Kabir, preparado y 
publicado por Hamdi Abdulmayid, Beirut, Daru Ihyai’t-Turathi’l 
Arabi, X, 162. 






El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


“¿Qué es el mundo para mí? Mi estado en el mundo es 
como el de un viajero que en un día caluroso se sienta momen¬ 
táneamente en la sombra de un árbol para luego seguir su 
viaje !’ 23 

En repetidas ocasiones, consciente plenamente de que un 
día todo nafs tendrá que dar cuentas de sus acciones en el Más 
Allá, el Profeta (s.a.s) suplicaba: 

“O Allah... Haz que viva como un hombre pobre, que 
muera como un hombre pobre y resucítame junto con los 
pobres!’ (Tirmidhi, Zuhd, 37/2352; Ibn Mayah, Zuhd, 7) 

Aunque a los Profetas les fue concedido el Paraíso ya en 
vida, tal como lo verifica el Qur’an tendrán que responder por 
las bendiciones recibidas en este mundo y dar cuenta de si han 
transmitido correctamente el Mensaje Divino: 

“Preguntaremos a aquéllos a los que se les mandaron 
enviados y preguntaremos a los enviados.” (Al-Araf, 7:6) 

Los términos zuhd, taqwa e ihsan, aunque diferentes, 
transmiten el mismo significado. El objetivo común inherente 
a esos conceptos, la parte más esencial a su vez del entrena¬ 
miento Sufi, es guiar al corazón hacia la paz y la tranquilidad 
por medio de la dominación de los insidiosos deseos del ego 
y del desarrollo de la tendencia interior hacia lo espiritual, 
que es, a su vez, la articulación de qalb’us-salim, corazón puro, 
necesaria para llegar a ser un verdadero siervo del Real. 





23. Tirmidhi, Zuhd, 44/2377; Ibn Mayah, Zuhd, 3; Ahmad, I, 301. 






nmziístsr* Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


La cortesía del Profeta de Allah (s.a.s) 

Para entender la madurez que había alcanzado el refina¬ 
do corazón del Bendito Profeta (s.a.s) basta con recordar el 
momento en el que al ver un escupitajo en el suelo su rostro 
enrojeció y se quedó inmóvil. Solamente después de que algu¬ 
nos Compañeros apresuradamente lo cubrieran con arena, 
pudo continuar. 

El Profeta (s.a.s) constantemente recordaba la necesidad 
de cuidar la ropa y no toleraba que se descuidara el pelo o la 
barba. Una vez llegó a la mequita un hombre completamente 
desaliñado. El Profeta (s.a.s) le indicó que se arreglara un poco 
y cuando lo hubo hecho, declaró: 

“¿No es acaso mejor tener este aspecto que ir como un 
Shaytan, con el pelo enmarañado?” (Muwatta, Shaar, 7) 24 

En otra ocasión vio a otro hombre con aspecto descuida¬ 
do y, claramente disgustado, dijo: 

“¿Por qué no se lava el pelo y lo cuida?” 

Viendo a un hombre que llevaba la ropa sucia, comentó: 

“¿Acaso no encuentra agua para lavar su ropa?” (Abu 
Dawud, Libas, 14/4062; Nasai, Zinat, 60) 

Una vez le preguntó a un hombre que vino a verle con el 
aspecto muy desidioso si pasaba dificultades. Cuando éste le 
aseguró tener una buena situación económica, le dijo: 

24. Baihaki, Shabu'l-Iman, Beirut 1990, V, 225. 







El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) — 

“...entonces deja que Allah vea en ti algún signo de Sus 
bendiciones!” (Abu Dawud, Libas, 14/4063; Nasai, Zinat, 54; Ahmad, IV, 
137) 

Otro hadiz parecido dice: 

“A Allah le gusta ver los signos de sus bendiciones en 
el siervo a quien se le han concedido .” (Tírmidhi, Adab, 54/2819; 
Ahmad, II, 311) 

El carácter ejemplar del Profeta (s.a.s) marca la cima de 
la misericordia, la cortesía y la elegancia del corazón. A un 
beduino que para llamar su atención le gritaba por detrás en 
voz alta ‘¡Eh Muhammad, oye!’ le respondió cortésmente: 

“Sí, ¿qué puedo hacer por ti ?” 15 

Dado este profundo sentido de la cortesía, el Profeta de 
la Gracia (s.a.s) siempre servía a sus invitados con sus propias 
manos. (Baihaqi, Shuab , VI, 518, VII, 436) 

No se conoce un solo caso en el que hubiera traspasado 
los límites de la amabilidad o hubiera discutido con alguien 
incluso en su niñez. 

No solamente practicaba él mismo en su vida cotidia¬ 
na una profunda afabilidad en todos sus aspectos, sino que 
también imbuía esos mismos valores a toda su familia. Un 
ejemplo de ello nos lo ofrece la experiencia de su amado nieto, 
Hasan: 





25. Ver Muslim, Nudhur, 8; Abu Dawud, Ayman, 21/3316; Tírmidhi, 
Zuhd, 50; Ahmad, IV, 239. 






f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Después de haber circunvalado la Ka’abah y ofrecido una 
salah de dos raqahs en la estación de Ibrahim, Hasan elevó 
sus manos y suplicó: “Oh Allah, ha llegado a Tu puerta un 
insignificante y débil siervo Tuyo.... O Allah, Te está rogando 
un indefenso y vulnerable esclavo... O Allah, ha llegado un 
mendigo ...” 

Después de haber terminado sus súplicas tropezó en su 
camino de vuelta con un grupo de gente muy pobre que estaba 
comiendo de una barra de pan. Hasan (r.a) se acercó a donde 
estaban y les saludó. Agradeciendo su atención le invitaron a 
sentarse y a comer con ellos. Él así lo hizo y les dijo: 

“Si supiera con certeza que este pan no es caridad, 
comería a gusto con vosotros." 

Entonces se levantó y les invitó a que le acompañasen. 
Una vez en su casa les dio de comer, les regaló ropas nuevas, 
no sin antes poner en los bolsillos algo de dinero, y finalmen¬ 
te se despidió de sus agradecidos invitados con amabilidad y 
alegría. (Ver Abshihi, al-Mustatraf, Beirut 1986,1, 31) 

Aquí tenemos otro ejemplo de la amabilidad y la excelsa 
generosidad de Hasan (r.a): 

Caminando un día por los viñedos de Medina vio a un 
esclavo negro comiendo un trozo de pan que tenía en la mano. 
Delante de él había un perro, al que le daba de vez en cuan¬ 
do algo de su pan. Atraído por la manifestación del Nombre 
Divino Rahman, Misericordioso, en el acto del esclavo, Hasan 
se acercó hasta él y le preguntó: 

“¿Quién eres?" 

- 






El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) — 

“Soy el siervo de Aban, hijo de Uíhmanj contestó el 
esclavo, con tanto pudor que ni siquiera se atrevió a mirarle 
a la cara. 

“¿A quién pertenece este viñedo?" 

“A Aban? 

“No te vayas. Volveré en seguida? 

Entonces se dirigió a buen paso a la casa de Aban, el 
dueño del viñedo, y le compró el viñedo y el esclavo. Al cabo 
de un rato volvió a donde estaba el esclavo y le dijo: 

“Te he comprado? 

“Te lo agradezco le dijo el esclavo respetuosamente. “Es 
mi obligación obedecer a Allah, a Su Mensajero, y a ti..." 

Conmovido por estas palabras y admirado por la lealtad 
del joven, Hasan le comunicó emocionado: 

“Por Allah, eres libre desde ahora... y este viñedo es 
tuyo? (Ibn Manssur, Muhtasaru Tarihi Dimashq, VII, 25) 


Los modales y el pudor del Profeta de Allah (s.a.s) 

El Noble Profeta (s.a.s) nunca levantaba la voz. Caminaba 
tranquilamente, sonriente. Si alguien hablaba de manera gro¬ 
sera, no le llamaba la atención en público. Su cara reflejaba su 
estado interior, así que normalmente la gente tenía cuidado 
con lo que decía o hacía en su presencia. Nunca reía a carca¬ 
jadas, más bien sonreía con ternura. Según las palabras de sus 
Compañeros, era más pudoroso que una joven velada. 

_ 






nmziístsr* Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


Dijo según esta transmisión: 

“El pudor es del imán (fe en Allah), y el que lo tiene, está 
en el Paraíso. Su falta viene del corazón duro; y el corazón de 
piedra está en el Infierno!’ (Bujari, Imán , 16) 

“El pudor y el imán van juntos... cuando uno se va, el 
otro le sigue’.’ (Tabarani, Awsat, VIII, 174; Baihaqi, Shuab, VI, 140) 

“Las palabras vulgares no traen más que vergüenza, 
mientras que el pudor y la buena conducta son adornos allí 
donde se encuentran’.’ (Muslim, Birr , 78; Abu Dawud, Yihad, 1) 

El verdadero pudor se adquiere a través del recuerdo de 
la muerte, un medio de purgar el corazón del amor por este 
mundo. El Profeta de la Gracia (s.a.s) aconsejaba constan¬ 
temente a sus Compañeros que desarrollasen el sentido del 
pudor que le corresponde al Todopoderoso. En una ocasión, 
cuando le aseguraban que lo habían logrado, el Profeta (s.a.s) 
recalcó que el verdadero pudor incluye proteger todas las 
partes del cuerpo de lo prohibido y tener la muerte siempre 
presente en la mente. El deseo de conseguir el Más Allá, 
continuó, supone abandonar el amor por este mundo, y los 
que lo logran han alcanzado el verdadero pudor de su Señor. 
(Tirmidhi, Qiyamah , 24/2458) 

El Mensajero de Allah nunca miraba a nadie de manera 
inquisitiva. Su mirada permanecía más tiempo puesta en 
el suelo que en los cielos. Nunca utilizaba los errores de los 
demás para atacarles. Tal como nos ha transmitido Aisha (r.a), 
cuando el Profeta (s.a.s) se enteraba que alguien había dicho 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


algo que él desaprobaba, nunca decía ‘¿por qué Fulano ha 
dicho esto?’ sino que más bien comentaba: 

“¿Por qué algunos dicen cosas así?” (Abu Dawud, Adab, 
5/4788) 

A veces, para mostrar su rechazo hacia una conducta 
incorrecta, decía de manera sumamente cuidadosa: 

“¿Por qué veo que se comete tal y tal cosa?” -como si se 
echase la culpa a sí mismo figurativamente hablando. 26 

Temeroso de poder romperle el corazón a alguien, el 
Excelso Profeta (s.a.s) era en cada momento un elevado ejem¬ 
plo de compasión. 

Después de haberse imbuido de tales modos de compor¬ 
tamiento, Mawlana Rumi, el ilustre Amigo de la Verdad, se 
vistió de realidades abstractas con palabras concretas cuando 
dijo: 

“ ‘¿Qué es el imán? ’ -lepregunta mi razón a mi corazón. 
Susurrándole a la razón, mi corazón contesta: ‘Imán es el 
buen comportamiento (adab). 

El coraje del Profeta de Allah (s.a.s) 

No se le conoce en toda su vida un momento de miedo 
o ansiedad. Paciente y perseverante ante un peligro, nunca 
actuó de manera imprudente como suele hacer la mayoría de 
la gente en los momentos de dificultad. Cuando pasó tranqui- 





26. Bujari, Menakib 25, Eyman 3; Muslim, Salah, 119; Ibn-i Hibban, 
IV, 534. 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


lamente entre las filas de los que rodeaban su casa, apostados 
para matarle, recitaba dos ayaah de la surah Yasin: 


(4* óiioVi j\ Sf*>ü4 Jt líi4- 4 

® ^ 55 >1 f. ® / 0 J, 

¿r?J ÍÁ 0 a - 

cj ^j■,i j ,-y ^ 


“Cierto que les pondremos en el cuello argollas que 
les llegarán hasta el mentón y no podrán moverse. Hemos 
puesto una barrera por delante de ellos y otra por detrás y les 
hemos velado, no pueden ver.” (Yasin, 36:8-9) 

Alí ha transmitido: 


“Cuando la batalla de Badr alcanzó su punto más crítico, 
nos refugiamos detrás del Mensajero de Allah. Era el más valien¬ 
te de nosotros, el que estaba siempre más cerca de las posiciones 
enemigas .” (Ahmad, 1,86) 

Algo parecido en cuanto al valor del Mensajero de Allah 
(s.a.s) es lo que nos transmitió Bara: 

“¡Por Allah! Siempre cuando una batalla se encrudecía, bus¬ 
cábamos la protección del Mensajero de Allah. Considerábamos 
que los que podían mantenerse en la misma línea que él eran los 
más valientes de nosotros" (Muslim, Yihad, 79) 

Por i’la-i kalimatullah, es decir para elevar la palabra y 
el Din de Allah, estaba siempre en primera línea de combate. 
Durante la batalla de Hunain, a pesar del inicial descalabro 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtnszr» 


de las fuerzas musulmanas, armado con su inquebrantable 
determinación, se lanzó contra el grueso del ejército enemigo, 
dirigiendo a su muía hasta el centro de sus líneas, animando 
de este modo a sus Compañeros, hasta que con la ayuda 
Divina lograron cambiar la suerte de la batalla y consiguieron 
la victoria. (Muslim, Yihad, 76-81) 

Solía decir: 

“Por Aquel que tiene mi alma en Su mano, quisiera poder 
luchar en el camino de Allah y ser martirizado; luego revivir y 
ser martirizado una y otra vez...” (Muslim, imarah, 103) 

La ternura del Profeta de Allah (s.a.w) 

Nos ha transmitido Aisha: 

“No había nadie que tuviera mejores modales que el 
Mensajero de Allah. Cuando alguien de entre sus familiares 
o amigos le llamaba, les contestaba de la manera más afable 
que podamos imaginar. Esta fue la razón por la que Allah, 
Glorificado sea, reveló: 

‘Y estás hecho de un carácter magnánimo.’ (Al-Qalam, 
68:4)” (Wahidi, p. 463) 

No nos ha llegado ningún relato de la vida del Mensajero 
de Allah (s.a.s) en el que buscase la venganza personal; era 
habitual en él perdonar. A este respecto Aisha (r.a) nos ha 
transmitido: 

“Nunca humilló a nadie. Ni tampoco respondió al mal con 
el mal, sino con el perdón y la indulgencia. No existe un esclavo, 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


ni un sirviente, ni siquiera un animal, al que hubiera tratado 
injustamente .” 27 

En la transmisión de Anas (r.a): 

“Nunca he tocado seda o satín que fuera más suave que 
las manos del Mensajero de Allah. Ni tampoco he inhalado 
una fragancia más dulce que la suya. Le serví durante exac¬ 
tamente diez años. Nunca se enfadó conmigo, nunca me dijo 
‘uuff’. Ni una vez me preguntó ‘¿por cpié has hecho eso?’, 
cuando hice algo, ni tampoco me dijo ‘¿no debiste haberlo 
hecho?’, cuando dejé algo sin hacer? (Bujari ,Sawm 53, Manaqib 
23; Muslim, Fadail, 82) 

En una ocasión alabó a un de sus Compañeros, dicien¬ 
do: 

“Tienes dos rasgos que Le gustan a Allah: la gentileza 
(hilm) y la discreción (taannii)’.’ (Muslim, Imán, 25,26) 

Un día un beduino orinó en la Mezquita de Medina. Los 
Compañeros empezaron a recriminarle con severidad, hasta 
que intervino el Profeta (s.a.s): 

“Dejad tranquilo a este hombre. Simplemente echad 
un cubo de agua allí donde haya orinado, porque se os ha 
encomendado facilitar las cosas, no dificultarlas .” 

Luego le explicó a aquél beduino la importancia de las 
mezquitas y el comportamiento que debemos mostrar en 
ellas. 


27. Muslim, Fadail, 79. 






El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtmzr» 


Anas (r.a) nos ha transmitido: 

“Caminaba con el Profeta (s.a.s), y éste llevaba un manto 
hecho de tela de Nayr con bordes gruesos y rígidos. Un beduino 
se le acercó y tiró del manto -con tal fuerza que la costura le rozó 
el cuello- al tiempo que gritaba: ‘¡Muhammad! ¡Ordénales que 
me den algo de los bienes que pertenecen a Allah!’ El Mensajero 
de Allah se volvió hacia él, sonrió, y ordenó que se le diera algo!’ 
(Bujari, Khumus, 19, Libas 18, Adab 68; Muslim, Zakat, 128) 

Su éxito sin par en cuanto a la propagación del Islam se 
debió, de hecho, a su extraordinaria conducta, a una madurez 
de la que el Todopoderoso ha dicho: 

JaJp Üáí CLéS j]j ÓdJ <ú!l CjÁ aAo-j Lá-^s 
Vy» I j-yájiiSf c_JLaJl 

“Por una misericordia de Allah fuiste suave con ellos; si 
hubieras sido áspero, de corazón duro, se habrían alejado de 
tu alrededor.. (Ali Imran, 3:159) 

Sin la menor duda, como una vela que se derrite en 
contacto con el fuego, girando alrededor de aquella Luz que 
había traído el bien a la humanidad, la gente de la Época de 
la Ignorancia se fundió en contacto con el afable, virtuoso y 
dulce carácter del Noble Mensajero (s.a.s), salvándose así de 
las costumbres salvajes en las que estaban atrapados. 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


La misericordia y la compasión del 

Mensajero de Allah (s.a.s) 

El Profeta de la Misericordia (s.a.s) afirma en un hadiz: 

“Allah, Glorificado sea, el Rahman, tiene misericordia con 
todos aquellos que son misericordiosos. Muestra misericordia 
y compasión con los que están en la tierra, de modo que los 
que están en los cielos tengan misericordia de ti!’ (Tirmidhi, Birr, 
16/1924) 

La profunda misericordia que caracterizaba al Profeta 
(s.a.s) se manifestó en el hecho, entre muchos otros, de permi¬ 
tir acortar la salah a una madre que tenía a su cargo un niño 
muy pequeño que estaba llorando a su lado, y en el hecho de 
pasar noches enteras ofreciendo salawat a Allah y suplicando 
por su ummah. Fue enviado como misericordia para todos los 
mundos y su misericordia incluía a todo ser vivo. Una vez, 
cuando le pidieron que maldijese a los incrédulos, contestó: 

“No he sido enviado para maldecir; soy el profeta de la 
misericordia .” (Muslim, Fadail, 126; Tirmidhi, Daawat, 118) 





En su viaje a la ciudad de Taif con el objetivo de transmi¬ 
tir a su gente el Islam, la egoísta e ignorante comunidad que 
allí vivía le respondió lanzándole piedras. Entonces se le apa¬ 
reció al Profeta (s.a.s) el Ángel de las Montañas, acompañado 
por Yibril, diciéndole que si así lo deseaba levantaría las dos 
montañas que estaban en aquel lugar y las arrojaría sobre la 
ciudad. Pero el Profeta (s.a.s) le contestó: 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


“No. Solamente deseo que el Todopoderoso haga que su 
descendencia no adore a otro que Allah, sin asociarle nada ni 
nadie” (Bujari, Bad'ul-Khalaq, 7; Muslim, Yihad, 111) 

Por esos habitantes de Taif, los Thaqif, que le expulsa¬ 
ron de su ciudad, le insultaron y, de hecho, no se sometieron 
hasta el noveno año de la Hégira, el Profeta suplicaba de esta 
manera: 

“¡O Allah! Concédeles guía a la tribu de los Thaqif, para 
que vengan a nosotros por su propia voluntad’.’ (Ibn Hisham, IV, 
134; Tirmidhi, Manaqib, 7313942) 

Una vez llegó Abu Usayd (r.a) con algunos prisioneros de 
guerra capturados en Bahrein. El Bendito Profeta (s.a.s) vio a 
una mujer que lloraba desconsoladamente y le preguntó por 
la razón de aquel llanto. Ella le respondió: 

“Ese hombre ha vendido a mi hijo’.’ 

“¿Lo has hecho?,” le preguntó el Profeta (s.a.s) a Abu 
Usayd, quien contestó afirmativamente. 

“¿A quién?” 

“Al clan de los Abs” 

Entonces el Mensajero de Allah (s.a.s) le ordenó: 

“Ve allí y vuelve con el hijo de esta mujer ” 28 

En una ocasión les dijo a los que le acompañaban: 

28. Ali al-Muttaqi al-Hindi, KanzuTUmmal, Beirut 1985, IV, 
176/10044. 

- 







i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


“Por Aquel que sostiene mi alma en Su mano, no entraréis 
en el Paraíso hasta que seáis misericordiosos 

Sus Compañeros respondieron: 

"¡O Mensajero de Allah! Todos somos misericordiosos’.’ 

“La compasión es algo más que tener en cuento al otro. 
Es más bien algo que engloba a la creación entera... sí, a la 
creación en su totalidad’.’ (Hakim, IV, 185/7310) 

La indulgencia del Profeta de Allah (s.a.s) 

A Allah, Glorificado sea, le gusta perdonar. Allah afirma 
Su profundo deseo de aceptar el sincero arrepentimiento de un 
siervo y dice que Él perdona y vuelve a perdonar. Asimismo, 
exhorta a Sus siervos a que adopten esa misa actitud con res¬ 
pecto a sus semejantes. 

La condición de obtener el perdón es el remordimiento 
y la firme intención de seguir los mandamientos del Creador 
y abstenerse de repetir los errores. Los ejemplos más esplén¬ 
didos del perdón los encontramos en la vida del Profeta de la 
Misericordia (s.a.s). Qué mejor ejemplo que el del día de la 
Conquista de Meca, cuando le perdonó a Hind, la mujer que 
después de la encarnizada batalla de Uhud mutiló el cuerpo de 
Hamza e intentó morder sus pulmones. 

Habbar ibn Aswad se contaba entre los más acérrimos 
enemigos del Islam. Con su lanza pinchó el camello en el que 
iba montada Zainab, la hija del Profeta (s.a.s), en su viaje a 
Medina, causando de esta manera su caída. En consecuencia, 
Zainab, que estaba embarazada, perdió al niño y, un tiempo 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


después, murió. Habbar se comportó de manera muy parecida 
en muchas otras ocasiones. En el Día de la Conquista huyó de 
Meca, temeroso de las represalias. Un tiempo después vino 
a ver al Profeta (s.a.s) para anunciarle que había aceptado el 
Islam y deseaba ser uno más de su ummah. El Profeta (s.a.s) 
no solamente le perdonó, sino que también prohibió a los 
demás recriminarle o causarle daño. (Waqidi, II, 857-858) 

Iqrimah, otro notorio enemigo del Islam, era hijo del no 
menos notorio perseguidor de los Musulmanes, Abu Yahl. 
Huyó a Yemen después de la toma de Meca. Su mujer logró 
convencerle para que solicitase el perdón al Noble Profeta 
(s.a.s), cosa que finalmente hizo, declarándose Musulmán. 

“ Bienvenido, caballero errante le saludó el Profeta (s.a.s) 
con satisfacción, y le perdonó y olvidó todo lo que había hecho 
contra el Islam. (Tirmidhi, Isi'zan, 34/2735) 

El Mensajero de Allah (s.a.s) suplicaba constantemente: 

“¡O Allah! Perdona a mi ummah, porque no sabe!” (Ibn 
Mayah, Manasiq, 56; Ahmad, IV, 14) 

Inmediatamente después de haber aceptado la ciudad 
el Islam, Sumamah ibn Usal, líder de Yamamah, cortó todas 
las relaciones comerciales con Meca, privándola así de una 
de sus fuentes más importantes de suministro de mercancías. 
Temiendo que hubiera escasez de alimentos, los asustados 
mequinenses solicitaron la intervención del Profeta (s.a.s), 
quien de inmediato escribió a Sumamah para que depusiera su 





nmziístsr* Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


actitud . 29 Eran los mismos mequinenses que hacía unos años 
habían declarado el boicot contra los Musulmanes, prohibiendo 
a todas las tribus comerciar con ellos, contraer matrimonios y 
tener cualquier otro tipo de relación social, infringiéndoles, de 
esta manera, un gran sufrimiento. El Bendito Profeta (s.a.s), 
no obstante, lo perdonó todo. Más aún, en el séptimo año de 
la ffégira, en vísperas de la captura de Jaibar, el Noble Profeta 
(s.a.s) ayudó a los hambrientos mequinenses con suministros 
de oro, cebada y semillas de dátiles. Aceptando la generosa 
ayuda y distribuyéndola entre los necesitados, Abu Sufran 
comentó agradecido: 

“Que Allah recompense a nuestro primo por su ayuda a 
los parientes .” (Yuqubi, II, 56) 

Tales actos de magnanimidad fueron ablandando los 
corazones de la gente de Meca, y contribuyeron a que final¬ 
mente aceptasen el Islam sin reserva alguna. 

El Profeta (s.a.s) perdonó a un grupo de jinetes captura¬ 
dos en Hudaibiya, después de que confesasen su intención de 
querer asesinarle. (Muslim, Yihad, 132 , 133 ) 

Después de la conquista de Jaibar, una mujer envenenó 
la comida del Noble Profeta (s.a.s), quien en el mismo ins¬ 
tante de llevarse un trozo de ella a la boca se dio cuenta de lo 
sucedido. A pesar de que confesó su culpa, el Profeta (s.a.s) la 
perdonó. (Bujari, Tihb, 55; Muslim, Salam, 43) 

29. Ibn-i Abdilberr, El-Istiab ts., I, 214-215; Ibn-i Esir, UsduTGabe, 
Kahire 1970,1, 295. 

- 







El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) — 

Al Profeta (s.a.s) se le reveló que el sufrimiento y la con¬ 
fusión que empezó a sufrir se debían a que el judío Labid, 
animado por sus hermanos, le había echado mal de ojo. No 
obstante nunca buscó venganza ni tomó represalias contra 
Labid ni contra la tribu judía de los Banu Zuraiq . 30 

El Qur'an diría más tarde: 

“¡Adopta la indulgencia como conducta, ordena lo 
reconocido y apártate de los ignorantes!” (Al-Araf, 7:199) 

Los temerosos buscan la cercanía con la Luz del Ser (s.a.s) 
y de este modo obtienen parte de su naturaleza indulgente y 
la Misericordia Divina. Basta con recordar las palabras que 
Hallay Mansur pronunció mientras le apedreaban: 

“¡Señor mío! Perdona a los que me apedrean antes que 
a mu 

La observancia de los derechos del vecino en el 

Profeta de Allah (s.a.s) 

El Profeta de la Misericordia (s.a.s) insistía mucho en la 
necesidad de salvaguardar los derechos de los vecinos. En una 
ocasión dijo: 

“Fueron tantas Jas veces que Yibril me exhortó a tratar- 
bien a los vecinos que llegué a pensar por un momento que 
tendrían el derecho de heredar, como un pariente más" (Bujari, 
Adab; Muslim, Birr, 140-141) 





30. Ver Ibn Sad, II, 197; Bujari, ITV, 47, 49; Muslim, Salam, 43; Nasai, 
Tahrim , 20; Ahmad, IV, 367, VI, 57; Ayni, XXI, 282. 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


En otra transmisión se dice: 

“Un vecino incrédulo tiene un derecho. Un vecino 
Musulmán tiene dos. Un Musulmán que además es un pariente 
-tres !'* 1 

Mirar por la ventana al vecino, molestarle con olores 
cuando cocinamos, o mostrar cualquier otro tipo de conducta 
que le pueda causar disgusto se considera violación de los 
derechos humanos. Dijo el Profeta (s.a.s): 

“El mejor vecino anteAllah es aquel que beneficia a otro 
vecino .” (Tirmidhi, Birr, 28) 

“No es Musulmán quien duerme con el estómago llego 
sabiendo que su vecino va la cama hambriento .” (Hakím, II, 
15/2166“) 

Abu Dharr Ghifari (r.a) nos transmitió: 

“Siempre cuando preparaba una sopa, el Mensajero de 
Allah (s.a.s) me recomendaba que añadiese más agua y la 
compartiese con mi vecino .” (Ibn Mayah, Taima , 58) 

Dado que Abu Dharr era uno de los más pobres de entre 
los Compañeros, podemos deducir que la pobreza no invalida 
la obligación de compartir. 

Transmitió Abu Huraira que un día el Bendito Profeta 
(s.a.s) dijo: 

“¡Por Allah que no ha creído! ¡Por Allah que no ha 
creído! ¡Por Allah que no ha creído!” 





31. Suyuti, Al-Yamiu’s-Saghir, Egipto 1321,1, 146. 






El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


“¿Quién es el que no ha creído, o Mensajero de Allah?" 
-preguntaron los Compañeros que estaban presentes. 

“Aquel" respondió el Mensajero de Allah “de quien sus 
vecinos no se sienten a salvo? (Bujari, Adab, 29; Muslim, Imán, 73; 
Tirmidhi, Qiyamat, 60) 

En otra transmisión: 

“No entrará en el Paraíso aquel que impida que su vecino 
se sienta seguro .” (Muslim, Imán, 73) 

El trato del Profeta (s.a.s) con los pobres 

Era conocida la bondad y ternura con las que el Profeta 
de la Gracia (s.a.s) trataba a los pobres, a los solitarios y a los 
viudos. (Bujari, Nafaqat, 1; Muslim, Zahd, 41-42) Parecía como SÍ de 
esta forma quisiera compensar sus carencias. Abu Said (r.a) 
nos ha transmitido: 

“Estaba sentado con un grupo de gente de los más 
pobres de entre los Muhavirun. Algunos de ellos ni siquiera 
tenían suficiente ropa para cubrirse adecuadamente. Uno 
de ellos nos recitaba el Qur'an. Mientras tanto apareció 
inesperadamente el Mensajero de Allah (s.a.s), y se quedó de 
pie, esperando. Al verle, el recitador interrumpió la lectura. 
Entonces el Mensajero de Allah (s.a.s) nos saludó y preguntó : 

‘¿Qué estáis haciendo? ’ 

‘Este es nuestro maestro. Nos recita el Qur'an y así 
podemos obtener beneficio del Libro de Allah. ’ 





f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


‘Alabado seaAllah por haber creado, entre mi ummah, a 
aquellos con los que encomienda la paciencia. ’ 32 

Luego se sentó entre nosotros modestamente, y señalando 
con el dedo, dijo: 

‘Formadun círculo de este modo... ’ 

Entonces nos sentamos alrededor de él, de forma que 
todos podíamos ver su rostro, y dijo lo siguiente: 

‘Buenas nuevas a vosotros, la gente pobre de los 
Muhayirun. Os doy la buena nueva de una luz completa 
en el Más Allá. Entraréis en el Paraíso medio día antes 
que los ricos... y medio día allí equivale a quinientos años 
terrenales. (Abu Dawud, Itm, 13/3666) 

En una ocasión llegó a Medina una tribu del desierto. 
Iban descalzos, demacrados por el hambre y el calor. Su 
aspecto conmovió al Profeta (s.a.s) hasta lo más profundo de 
su corazón. Pidió a Bilal que diese el adhan para reunir a los 
Compañeros. Preocupado y pálido, les habló de la situación de 
los recién llegados. Se relajó algo cuando varios Compañeros, 
en situación más holgada, se comprometieron a ayudar a los 
necesitados. (Muslim, Zakat, 69-70; Ahmad, IV, 358, 361) La vida del 




32. Alusión a: “Y sé constante en la compañía de aquellos que inv - 
can a su Señor mañana y tarde anhelando Su faz; no apartes tus 
ojos de ellos por deseo de la vida de este mundo ni obedezcas a 
aquel del que hemos hecho que su corazón esté descuidado de 
Nuestro recuerdo; y sigue su pasión y su asunto está desbocado.” 
(Al-Kahf, 18:28) En esta ayah Allah encomienda al Profeta (s.a.s) 
y a los pobres -los primeros que entraron al Islam- que tengan 
mucha sensibilidad, paciencia y perseverancia ante las posibles 
dificultades que puedan tener que pasar. 






El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtnszr» 


Noble Profeta (s.a.s) abunda en ejemplos de una profunda 
misericordia. Le dijo a su mujer en repetidas ocasiones: 

“Aisha, alivia a los pobres, aunque sea con la mitad de un 
dátil. Ama a los pobres y acércate a ellos, para que en el Día 
del Juicio Allah te acerque a Él” (Tirmidhí, Zuhd, 37/2352) 

Nos ha transmitido Abbad ibn Shurhbil (r.a): 

"Un día entré en un campo labrado de Medina; era pobre 
y buscaba algo para comer. Arranqué algunas hortalizas, 
comí unas cuantas y el resto lo metí en una bolsa que llevaba 
conmigo. De repente apareció el dueño de la huerta, me 
agarró, me pegó, me quitó la bolsa y me llevó en presencia del 
Mensajero de Allah (s.a.s) para presentar una queja contra 
mí. El Mensajero de Allah (s.a.s) le dijo: ‘No le enseñaste 
cuando era ignorante, ni tampoco le diste de comer cuando 
estaba hambriento, ’ y le ordenó que me devolviese la bolsa. 
Luego me dio comida en abundancia .” (Abu Dawud, Yihad, 
85/2620-2621; Nasai, Qudat, 21) 

Islam ordena que se investigue la causa del crimen, a 
continuación se debe corregir al transgresor. Desde esta pers¬ 
pectiva, los castigos en la Ley Islámica se asemejan a las repri¬ 
mendas de los padres a sus hijos. Su objetivo no es deshacerse 
del malhechor, sino devolverle a la sociedad. 


El trato del Profeta (s.a.s) con los 
cautivos y sirvientes 

La misericordia del Bendito Profeta (s.a.s) abarcaba tam¬ 
bién a los prisioneros de guerra. No cesaba de exhortar a su 






f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


comunidad a que los tratase con respeto. Abu Aziz, hermano 
de Musab ibn Umair, nos ha dejado testimonio de ello: 

“Caíprisionero después de la batalla de Badry un grupo 
de los Ansar me vigilaba de día y de noche. Todos conocían 
la orden del Profeta (s.a.s) de tratar bien a los prisioneros, 
pero el comportamiento de aquellos Ansar era algo realmente 
fuera de lo común. Cuando les llegaba su ración de pan me 
la daban a mí, contentándose ellos con un puñado de dátiles. 
Avergonzado, les devolvía el trozo de pan que me habían 
dado, pero era inútil, antes de que llegase a sus manos, me 
encontraba conque lo tenía yo de nuevo? (Haythami, VI, 86; Ibn 
Hisham, II, 288) 

El Mensajero de Allah (s.a.s) no perdía ninguna oportu¬ 
nidad de animar a la gente a que liberasen a los esclavos, equi¬ 
parándolo a un acto de adoración. También era una manera de 
compensar las malas acciones que se hubieran cometido. Abu 
Bakr, el amigo íntimo del Profeta (s.a.s), gastó gran parte de su 
fortuna en liberar a esclavos. En una ocasión el Profeta (s.a.s) 
fue testigo del maltrato de un esclavo por parte de Abu Dharr. 
Disgustado sobremanera, le dijo: 

“Parece como si todavía siguieras las costumbres del 
Tiempo de la Ignorancia. No hagas daño a lo que Allah 
ha creado. Si un esclavo no es de tu agrado, libéralo. No 
le impongas más de lo que pueda soportar, y si lo haces, 
ayúdale .” (Bujari, Imán, 22; Muslim, Ayman, 38; Abu Dawud, Adab, 123- 
124) 

Una vez un hombre arregló el matrimonio entre dos 
esclavos, pero luego cambió de opinión e intentó deshacerlo. 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


El esclavo se lo dijo al Profeta (s.a.s), y éste habló con el dueño 
y le amonestó con las siguientes palabras: 

“No te entrometas en eso. No tienes derechos sobre su 
matrimonio ni sobre SU divorcio (Ibn Mayah, Talaq, 31; Tabarani, 
Kabir, XI, 300) 

En Islam, la esclavitud se entiende como un efecto secun¬ 
dario de la guerra. El esclavo es alguien que no es libre, pero 
que tiene derechos -comer la misma comida que su dueño, 
llevar el mismo tipo de ropa, no estar sobrecargado, tener 
todas sus necesidades cubiertas. En práctica, y como hemos 
visto, Islam exhorta a respetar esos derechos con sumo cuida¬ 
do y a liberar a los esclavos en cuanto sea posible, siendo esto 
un acto de virtud y medio de salvación en el Más Allá. Las 
obligaciones del dueño eran tan numerosas que casi equiva¬ 
lían a estar él esclavizado. 

Estas palabras del Mensajero de Allah (s.a.s), unas de las 
últimas que pronunció, llaman la atención a este respecto: 

“Poner mucha atención en la salah, sobre todo en la 
salah... y temed a Allah en cuanto a los que están bajo 
vuestra responsabilidad!’ (Abu Dawud, Adab, 123-124/5156; Ibn 
Mayah, Wasava , 1) 

De esta manera, el Bendito Profeta (s.a.s) animaba a abrir 
las puertas de la esclavitud siempre y cuando fuera posible, 
y facilitaba y promovía la liberación de los esclavos a la más 
mínima oportunidad. ¿No era esa la mejor manera de abolir 
la esclavitud? 

Los siguientes relatos ilustran lo que acabamos de decir: 





f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa (H 


Bilal Habashi (r.a), un esclavo que había declarado el 
tawhid, y que posteriormente fue liberado por Abu Bakr (r.a), 
llegó a ser el primer muaddhin del Islam y del Noble Profeta 
(s.a.s), y hasta hoy es el muaddhin por excelencia, siendo la 
prueba de ello las numerosas inscripciones ‘Ya hadrat Bilal 
Habashi en la más bella caligrafía, que adornan muchas 
mezquitas en tierras musulmanas. 

Zaid ibn Harizah (r.a), ejemplo de muchas virtudes y exce¬ 
lentes cualidades, fue liberado por el Profeta de la Misericordia 
(s.a.s). Lo había recibido como un regalo de su esposa Jadiya, 
y fue uno de los que más amó de entre sus Compañeros. A 
su hijo Usamah el Profeta (s.a.s) le nombró, siendo éste muy 
joven todavía, comandante jefe del ejército musulmán. 

Podemos también nombrar a Tariq ibn Ziyad, conquis¬ 
tador de España, quien fue un esclavo comprado y vendido 
varias veces. Gracias al Islam fue elevado a un puesto de honor 
y dignidad, y se convirtió en el comandante de una parte del 
ejército musulmán. 





Islam, tal como hemos visto, transformaba a los esclavos 
en señores. Fue una de las razones por la que los idólatras 
se enfrentaron a él con tanta fuerza. Uno no puede dejar de 
pensar que los escépticos de hoy en día están bajo los mismos 
prejuicios y someten a millones de personas a una esclavitud 
evidente. Bajo la palabrería de libertad, comunidades enteras 
en todo el mundo están explotadas sin misericordia de mane¬ 
ra igual a la esclavitud pre-Islámica. La cura de estos males 
está en los principios del Islam, en su apreciación del valor 
del ser humano, en su esfuerzo liberador, y es sus medidas de 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtnszr» 


protección. Las palabras del Profeta del Islam son claras a este 
respecto: 

“Son vuestros hermanos y vuestras hermanas. Vestidles y 
alimentadles de la misma manera que lo hacéis con vosotros 
mismos .” 33 

La obediencia al Profeta de la Gracia (s.a.s) sigue siendo 
la única cura para los males de la humanidad, dado que fue él 
quien trajo la enseñanza para todo ser humano, sin importar 
su estrato social, su riqueza o su responsabilidad política. 
Sólo a través de esa enseñanza puede el hombre recuperar su 
dignidad. Cuando los Compañeros le preguntaron al Profeta 
(s.a.s) cuántas veces deberían perdonar a sus sirvientes, éste 
(s.a.s) les contestó: 

“Perdonadles setenta veces al día, cada día... cada día 
(Abu Dawud ,Adab, 123-124/5164; Tirmidhi, Birr, 31/1949) 

También ilustra lo que acabamos de decir este consejo del 
Profeta de la Gracia (s.a.s): 

“Cuando vuestros sirvientes os traen la comida, si no 
queréis invitarles a que se sienten con vosotros, al menos 
ofrecedles algo de ella, pues fueron ellos quienes aguantaron 
el calor y la tarea de cocinarla .” (Bujari, Atimah, 55; Tirmidhi, 
Atimah, 44) 

Si Allah, Glorificado sea, quisiera, lo haría al revés -con¬ 
virtiendo al sirviente en amo, y al amo en sirviente. Por lo 
tanto, es nuestro deber ser agradecidos con Él y tratar a los 





33. Muslim, Ayman, 36-38. 






f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


que tenemos bajo nuestra responsabilidad de la mejor manera 
posible. 

El trato del Profeta de Allah (s.a.s) con las mujeres 

En la Época de la Ignorancia se trataba a las mujeres de 
manera denigrante. Se les consideraba solamente desde el 
punto de vista del placer. Por temor a que pudieran sufrir las 
desgracias típicas de su sexo -prostitución, violación, falta 
de protección en caso de no haber contraído matrimonio y 
muchas otras, era frecuente enterrar vivas a las recién nacidas. 
Era la ignorancia lo que hacía a la sociedad insensible, y les 
llevaba a cometer un crimen mayor que el que supuestamente 
iban a prevenir. Así lo refleja el Qur’an: 

“Y cuando a alguno de ellos se le anuncia el nacimiento 
de una hembra su rostro se ensombrece y tiene que contener 
la ira.” (An-Nahl, 16:58) 

Con la enseñanza que trajo el Profeta (s.a.s), los derechos 
de la mujer quedaron firmemente establecidos, haciendo de 
ellas ejemplos de integridad y virtud. La maternidad llegó a 
ser un honor. Lo resume muy bien el dicho del Profeta (s.a.s) 
-“el Paraíso está bajo los pies de las madres”. 34 

Una vez, durante un viaje, un sirviente llamado Anjasha 
empezó a salmodiar para que los camellos fuesen más rápido, 35 
a lo que el Profeta (s.a.s) reaccionó con una alusión: 

34. Nasai, Yihad, 6; Ahmad, III, 429; Suyuti, I, 125. 

35. A los camellos les gusta mucho el canto de este tipo, que se llama 
hida, y buenas voces, de allí que los pastores lo utilicen para que 
se muevan con más rapidez. 

- 







El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


“Cuidado Anjasha, no vayas a romper el cristal." (Bujari, 
Adab, 95; Ahmad, III, 117) 

Y en otras ocasiones el Profeta (s.a.s) comentó: 

“¡Por Allah! Os urjo a todos a que os abstengáis de 
violar los derechos de dos grupos que son más débiles que 
vosotros: los huérfanos y las mujeres" (ibn Mayah, Adab, 6) 

“Un Musulmán no debe disgustarse con su mujer, pues si 
ésta tiene una costumbre que no es de su agrado, tendrá otra 
que le guste" (Muslim Rada, 61) 

Las mujeres no son espinas que hay que evitar, sino más 
bien son como las cuentas de un collar que merece amor y 
afecto, y estos sentimientos no los concede nadie más que el 
Todopoderoso. Esto nos recuerda otras palabras del Profeta 
(s.a.s): 

“Lo que de este mundo se me ha permitido amar es a las 
mujeres y a los perfumes... y la sal ah se me ha hecho la luz de 
mis ojos? (Nasai, Isharut’n-Nisa, 10; Ahmad, III, 128, 199) 

Que se le ha “permitido” al Profeta (s.a.s) “amar a las 
mujeres” no debe considerarse desde el punto de vista de la 
ignorancia o del perjuicio. 36 No hay que olvidar que este amor, 


36. Es imposible detectar cualquier motivo o deseo personal en 
cualquier matrimonio que consideremos del Profeta Muhammad 
(s.a.s). En su juventud nunca había solicitado la mano de nadie, 
para luego, a los 25 años aceptar la proposición de Jadiya, una 
viuda de 40 años muy respetada en Meca. Fue éste un matrimonio 
ejemplar desde todos los puntos de vista. No se volvió a casar hasta 
mucho más tarde, después de la muerte de Jadiya, cuando tenía 54 
años de edad. La razón principal de sus matrimonios posteriores 







f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


colocado en la disposición natural del hombre por Allah, es 
como un peldaño en la escalera que lleva a un amor mucho 
más grande. Este amor está situado en el plano necesario para 
que una sociedad pueda desarrollarse y sobrevivir a posibles 
dificultades. Para que esto ocurra la mujer debe ocupar un 
lugar de máxima relevancia en esta sociedad, ya que, de 
hecho, la familia está basada en ella. Solamente en el Islam las 
mujeres tienen garantizada esta posibilidad, ya que los otros 
sistemas, que supuestamente colocan a la mujer al mismo 
nivel que al hombre, de hecho la utilizan como un mero ador¬ 
no o cebo, según la necesidad, minando así su papel familiar y, 
en consecuencia, destruyendo el tejido social. La perspectiva 
desde la que se debe considerar este asunto para poner las 
cosas en su debido sitio es indudablemente la del Islam. El 
hombre y la mujer son dos mundos que se complementan. En 
este proceso de complementariedad, tal y como ya lo hemos 
apuntado, Allah, Glorificado sea, le concedió a la mujer un 
papel más relevante. Tanto es así que es precisamente ella 
quien puede hacer o deshacer una sociedad. Islam propone 
una educación y unos valores que le permitan a la mujer desa¬ 
rrollar su capacidad constructiva y refrenar, si no abolir, la 


fue la necesitad de educar a las Musulmanas en el Din, objetivo 
que más fácilmente se cumplía a través de esposas que transmitían 
el conocimiento que ellas mismas recibían. Estos matrimonios 
fueron contraídos en la época en la que fue imperativo enseñar, 
propagar y trasmitir el Islam a todos los rincones de la recién 
instaurada nación musulmana. Todas sus esposas, a excepción de 
Aisha, eran viudas o mujeres divorciadas, con hijos y gran necesi¬ 
tad de protección. Para más información ver Osman Nuri Topbas, 
Hazret-i Muhammad Mustafa, I, 130-140. 

- 







El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtmzr» 


destructiva. La importancia de este imperativo la reflejan las 
palabras del Profeta (s.a.s): 

“Quien se hace cargo de sus tres hijas o hermanas, las 
cuida v educa correctamente, las casa, y sigue manteniendo 
su ayuda y bendiciones hacía ellas, está destinado al Paraíso 
(Abu Dawud, Adab, 120-121/5147; Tirmidhi, Birr, 13/1912; Ahmad, III, 97) 

En otro hadiz nos dijo: 

“Quien supervisa el crecimiento y la educación de sus dos 
hijas hasta su madurez, estará conmigo así de cerca el Día del 
Juicio Final ("aquí juntó dos dedos para ilustrarlo).” (Muslim, 
Birr, 149; Tirmidhi, Birr, 13/1914) 

Haciendo hincapié en el valor de una mujer piadosa 

dijo: 

“Este mundo es un beneficio pasajero, y el más beneficio¬ 
so de sus habitantes es una mujer correcta y virtuosa (Muslim, 
Rada, 64; Nasai, Nikah, 15; Ibn Mayah, Nikah, 5) 

Detrás de grandes hombres hay, casi siempre, mujeres 
de gran virtud. Durante los duros principios de su profecía, 
el Mensajero de Allah (s.a.s) recibió de su mujer Jadiya un 
apoyo incondicional, algo que no olvidó hasta el día de su 
muerte. También es evidente el papel de Fátima en la vida de 
Ali. Así pues, una mujer virtuosa es lo más grande y valioso 
que uno puede tener en esta vida. De ahí que el Profeta (s.a.s) 
recalcase tantas veces la obligación de tratar a las mujeres con 
delicadeza: 





i^¡á*i<í3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


“El creyente más perfecto es aquel que tiene el comporta¬ 
miento más perfecto; y el mejor de vosotros es aquel que trata 
a las mujeres de la mejor manera .” (Tirmidhi, Rada, 11/1162) 

Qué diferencia tan grande con los que identifican a la 
mujer con un objeto meramente de deseo, fijándose solamente 
en su atractivo físico, explotándolo en anuncios y utilizando 
a la mujer y a su cuerpo para sus miserables fines. La socie¬ 
dad de consumo actúa en este sentido con total ignorancia y 
permanece absolutamente ciega en cuanto a las magníficas 
características concedidas a las mujeres por el Todopoderoso. 
Está totalmente descuidada la necesidad de educar a la mujer 
para que sea un verdadero artífice de la sociedad, la base sobre 
la que se desarrollen las futuras generaciones, que hoy carecen 
por completo del respecto y del reconocimiento que les es 
debido a las madres. 


En cuanto a los perfumes, la sabiduría subyacente en 
haberle “permitido” al Profeta (s.a.s) amarlos está en la pro¬ 
fundidad y sensibilidad que ofrecen al espíritu. Un aroma 
es como una dulce brisa de la que disfrutan los ángeles. Es, 
más aún, un signo de limpieza, ya que una persona limpia 
desprende un agradable olor. De hecho, la piel del Profeta 
(s.a.s) siempre olía a la fragancia de rosas o musgo y después 
de haber acariciado la cabeza de un niño, ésta desprendía esta 
fragancia durante un largo tiempo. 




La salah es “la luz de sus ojos” porque es un encuentro 
con Allah, Glorifiado sea, un acto de adoración realizado 
como si Allah estuviera delante de nosotros y nos estuviera 
concediendo Su luz. 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) rvmtmzr» 


El trato del Profeta (s.a.s) con los huérfanos 

El hecho de que Allah, Glorificado sea, haya enviado a Su 
Amado, un huérfano, como Mensajero para todos los mundos 
concede a la orfandad un valor especial. El Bendito Profeta 
(s.a.s) mostraba por los huérfanos un cariño muy particular, 
algo a lo que el Qur’an exhorta en repetidas ocasiones. En una 
ayah declara: 

“... Por eso, no abuses del huérfano.” (Ad-Duha, 93:9) 

Los hadices relacionados con este tema tienen un tono 
similar: 

“La casa que más beneficio tiene para los Musulmanes es 
aquella en la que un huérfano es tratado con compasión... y 
la peor es aquella en la que un huérfano es tratado con cruel¬ 
dad (Ibn Mayah, Adab, 6) 

“Si alguien se hace cargo de un huérfano Musulmán, le 
alimenta y le viste, Allah, Glorificado sea , le dejará entrar en 
el Paraíso, siempre que no haya cometido una falta grave’.’ 
(Tirmidhi, Birr, 14/1917) 

“Si alguien acaricia la cabeza de un huérfano solamente 
por Allah, recibirá la recompensa por cada pelo que haya 
tocado su mano’.’ (Ahmad, V, 250) 

El Mensajero de Allah no dejaba de repetir la necesidad 
de ayudar y aliviar a los desfavorecidos y desafortunados de 
la sociedad. 

Una vez le dijo a un hombre que le había confesado que 
sentía que su corazón estaba duro: 





‘^s***^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


“Alimenta a un pobre y acaricia la cabeza de un huérfano 
si quieres ablandarlo (Ahmad, II, 263,387) 

Y en otra ocasión dijo estas palabras que tan bien reflejan 
la misericordia y la compasión: 

“Estoy más cerca de los creyentes que ellos mismos. Si 
alguien deja una herencia, la reclamarán sus herederos. Pero 
si deja una deuda personal o huérfanos, entonces yo debo 
saldarla, y tomar a los huérfanos a mi cuidado (Muslim, Yuma, 
43. Ver también Ibn Mayah, Muqciddimah, 7) 


El trato del Profeta de Allah (s.a.s) con los animales 

Todos los aspectos del comportamiento del Profeta (s.a.s) 
se basaban en el amor y la compasión, y reflejaban la necesidad 
de respetar a todo ser viviente y de satisfacer sus necesidades. 
Los animales, por supuesto, participaban de este vasto océano 
de misericordia. La Época de la Ignorancia era notoria, entre 
muchos otros males, por su cruel conducta con los anima¬ 
les. Ocurría a menudo que cortaban trozos de su carne para 
comer cuando el animal todavía estaba vivo; solían organizar 
cruentas luchas entre los animales como diversión. El Noble 
Profeta (s.a.s) acabó con estas prácticas tan atroces. 

Nos ha transmitido Abu Waqid: 

“Los Medianitas solían cortarles un trozo de carne a los 
camellos y una pierna a los corderos para consumir mientras 
los animales todavía estaban vivos. El Mensajero de Allah 
(s.a.s) declaró: ‘Lo que se corta de un animal vivo, es carcasa, 
y por lo tanto prohibido para comer. (Tirmidhi, Said, 12/1480) 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


Una vez, mientras caminaba, el Profeta (s.a.s) vio una 
muía cuya cara había sido marcada a fuego. Conmovido, 
dijo: 

“¡Qué la ira de Allah caiga sobre el que lo haya hecho!" 
(Bujari, Zhabaih, 25) 

Y cuando alguien robó uno de los polluelos de un nido y 
el pájaro estaba visiblemente afectado, el Profeta ordenó: 

“El que lo haya hecho debe devolvérselo inmediatamen¬ 
te .” (Abu Dawud, Adab, 163-164/5268) 

Llevando el ihram y acompañado por sus Compañeros, 
un día el Profeta (s.a.s) salió de Medina en dirección a Meca. 
Cerca de Usayah vieron a un cervatillo que dormía bajo la 
sombra de un árbol. Entonces el Profeta (s.a.s) le pidió a uno 
de los Compañeros que estuviese vigilando mientras pasaban 
para que no se hiciera nada que pudiera asustar al animal. 
(Muwatta, Hayy, Nasai, Hayy, 78) 

A la cabeza del ejército de diez mil hombres, el día de la 
Conquista de Meca, se encontró en el camino con una perra 
que amamantaba a sus cachorros. Llamó a Yuyal ibn Suraqah 
y le ordenó que hiciera guardia para instruir a la gente que 
pasaba de no hacerle ningún daño. (Waqidi, II, 804) 

Al ver una vez a un camello que estaba escuálido por falta 
de comida, dijo: 

“Temed a Allah en cuanto a los animales, ya que no pue¬ 
den hablar. Alimentadlos y montadlos en la medida adecua¬ 
da" (Abu Dawud, Yihad, 44/2548) 





‘^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Una vez, en un jardín propiedad de uno de los Ansar, 
el Bendito Profeta (s.a.s) se fijó en un camello que, al verle, 
empezó a bramar, mientras los ojos lagrimeaban. El Profeta 
(s.a.s) se acercó y empezó a acariciarlo detrás de las orejas. Un 
rato después el camello se calmó. El Profeta (s.a.s) preguntó: 

“¿De quién es este camello?” 

“Es mío” contestó un joven de Medina que se encontraba 
cerca del Profeta (s.a.s). 

“¿No tienes temor de Allah en cuanto a los animales 
con los que te ha favorecido? Se ha quejado de que no le das 
de comer y le haces trabajar demasiado’.’ (Abud Dawud, Yihad, 
44/2549) 

En otra ocasión, mientras caminaba, se encontró con un 
grupo de jinetes que hablaban acalorados montados en sus 
camellos. Les dijo: 

“... montad vuestros animales con cuidado; dejad que 
descansen de vez en cuando. No los utilicéis como asientos 
mientras estáis hablando en las calles. Muchos de ellos son 
mejores que los que llevan encima, y recuerdan a Allah, el 
Glorioso, más a menudo .” (Ahmad, III, 439) 





Un día el Profeta (s.a.s) vio a un hombre que se preparaba 
para sacrificar una oveja. Después de haberla colocado en el 
suelo, empezó a afilar el cuchillo ante sus ojos. La oveja, intu¬ 
yendo lo que iba a pasar, empezó a agitarse, estaba claro que 
sufría. Dijo el Profeta (s.a.s): 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


“¿Quieres matar al animal más de una vez? ¿Acaso no 
podías haber afilado el cuchillo antes?" (Hakim, IV, 257,260) 

Una vez les preguntó el Profeta (s.a.s) a sus Compañeros: 
“¿Queréis que os diga quién está lejos del Fuego y de quién 
el Fuego está lejos?" Y dijo: “De los corteses, de los compasi¬ 
vos, de los bondadosos, de los afables y de los afectuosos ...” 
(Ahmad, I, 415) 

El Noble Profeta ilustró con esta historia el significado de 
este dicho y sus consecuencias: 

“Una prostituta vio una vez en el desierto un perro tan 
sediento que lamía la arena. Sintió pena por el animal, y, 
utilizando su zapato, sacó un poco de agua de un pozo que 
estaba no muy lejos de allí y le dio de beber. Entonces Allah le 
perdonó todas sus malas acciones. Otra mujer, por descuido, 
encerró a su gato y se olvidó de el. El gato murió de inanición 
y su crueldad la llevó al Fuego’D 1 

Con sus palabras y su inigualable conducta, el Bendito 
Profeta (s.a.s) convirtió una sociedad ignorante y cruel en otra 
muy distinta, merecedora del nombre “Epoca de la Dicha”, 
asr’us-saadah, cuyos miembros, otrora despiadados con los 
animales y crueles entre ellos mismos, ahora, con el ejemplo 
y la enseñanza del Profeta (s.a.s), cuidaban escrupulosamente 
de salvaguardar no solamente los derechos de los miembros 
de esa sociedad, sino también los de todos los seres vivos que 
entraban en contacto con ella. Este comportamiento incluía 

37. Bujari, Anbiya, 54; Muslim, Salam, 151, 154; Birr, 133; Nasai, 
Kusuf, 14. 






i^¡á*i<í3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


también a los animales dañinos, como las serpientes y escor¬ 
piones, a los que sólo se les podía matar en defensa propia. El 
Profeta (s.a.s) dijo en una ocasión: 

“Quien mate a una serpiente de un golpe, recibirá cien 
recompensas. Menos recibirá el que la mate de dos, y aún 
menos el que lo haga de más golpes .” (Muslim, Salam, 147; Abu 
Dawud, Adab, 162-163/5263; Said, 14/1482) 

El Noble Profeta (s.a.s) nunca se vanagloriaba de ser un 
siervo dotado de sublimes virtudes y elevado rango. A veces 
enumeraba las bendiciones que Allah le había concedido, 
terminando con ‘la fayra', ‘sin presumir’, una frase que quería 
decir algo como no lo hago para presumir de ello, sino por 
Otras razones’. (Tirmidhi, Manaqib, 1; Ibn Mayah, Zuhd, 37; Ahmad, I, 5, 
281) El orgullo y la presunción tienen por objetivo conseguir 
la alabanza y la admiración de los demás, lo que aviva la arro¬ 
gancia del sur humano. A pesar de ser el más noble de entre 
los hombres, portador de la Revelación Divina, el Bendito 
Profeta (s.a.s) ordenó que se le llamase el siervo y Mensajero 
de Allah’. (Bujari, Anbiya, 48; Ahmad, I, 23) 

Los seres humanos sienten una cierta inclinación por el 
servicio, por querer estar al servicio de algo o de alguien. Por 
ello, o bien servimos a nuestros bienes y objetivos munda¬ 
nos, o bien estamos al servicio de nuestro Señor, siendo este 
último el medio de protegerse de ser esclavo del propio ego 
y de las riquezas que poseamos, y fue el Profeta (s.a.s) quien 
instituyó y mostró el perfecto equilibrio entre los elementos 
opuestos que conforman la vida. Sería imposible encontrar 





El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) 


otro ejemplo de carácter como el suyo en toda la historia de la 
humanidad. En algunos aspectos concretos de la vida puede 
que veamos individuos con cualidades y destrezas superiores. 
Pero nadie ha logrado combinar, en su propio carácter, todas 
las cualidades positivas. En ese sentido, el Profeta Muhammad 
(s.a.s) no tiene parangón. Encarnó la más excepcional perso¬ 
nalidad de todos los tiempos, en todos los aspectos posibles, 
dejando a la humanidad, y a su ummah en particular, un lega¬ 
do de perfección sin igual en el ámbito material y espiritual, 
enseñándonos la virtud del servicio y de la interacción social 
y personal. 

Acaso lo que más destaque al analizar de cerca su perso¬ 
nalidad sea la exquisita sensibilidad hacia la salah. Reservaba 
para el sueño solamente una pequeña parte de la noche y, 
mientras todos los demás dormían, él se postraba e inclina¬ 
ba ante el Todopoderoso. Incluso en los últimos días de su 
vida, durante la enfermedad de la que ya no se recuperaría, el 
Noble Profeta seguía dirigiendo la salah en congregación con 
las pocas fuerzas que le permitían pasar de su habitación a la 
mezquita. 

Abdullah ibn Shikhir (r.a) describe así su salah: 

“Fui una vez a ver al Mensajero de Allah (s.a.s), y le encon¬ 
tré haciendo la salah. A causa del llanto, de su pecho salía un 
ruido que se podía comparar al que sale de un caldero en ebulli¬ 
ción .” (Abu Dawud, Salah, 156-157/904; Nasai, Sahw, 18) 

Aunque al ayuno era obligatorio para los Musulmanes 
solamente en el mes de Ramadán, raro era el mes en el que 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


el Profeta (s.a.s) no estuviera ayunando. Su esposa Aisha (r.a) 
nos ha transmitido el siguiente hecho: 

“El Mensajero de Allah (s.a.s) a veces ayunaba con tal asi¬ 
duidad que pensábamos que nunca iba a dejarlo” (Bujari, Sawm, 
53) 

Siempre ayunaba el día trece, catorce y quince de cada 
mes, seis días durante el mes de Shawwal, y observaba el 
ayuno shura el día diez de Muharraq. Además, habitualmente 
ayunaba los lunes y los jueves. 

Aparte de pagar el zakah exhortaba a los creyentes a 
ser generosos en toda circunstancia, a dar de su riqueza y a 
compartirla con los más necesitados. Él mismo fue ejemplo 
de ello. Su comportamiento era el que mejor ilustraba el verso 
del Qur’an: 

“Esos que creen en el No-Visto, establecen la salah y de 
la provisión que les hemos asignado, dan.” (Al-Baqarah, 2:3) 








Un comportamiento digno de las estrellas 


Una de las características de su personalidad era la de no 
almacenar bienes materiales. Todos los que le llegaban, los 
daba de inmediato en su camino hacia Allah, Glorificado sea. 
Abu Zharr nos ha transmitido: 

“Caminábamos con el Mensajero de Allah (s.a.s) por un 
campo pedregoso cerca de Medina, cuando a lo lejos divisamos 
la montaña de Uhud. ‘Abu Zharr,’ dijo el Mensajero de Allah 
(s.a.w). ‘Sí,’ le contesté. ‘Tener una cantidad de oro igual a la 
montaña de Uhud, no me haría feliz. Si la tuviera, guardaría lo 
necesario para liquidar las deudas, y no guardaría ni un diñar 
más de tres días.’” (Muslím, Zakat, 32; Bujari, Istiqrad, 3) 

A veces ayunaba dos, y hasta tres días consecutivos 
sin romper el ayuno, pero prohibía hacer lo mismo a los 
Compañeros deseosos de seguirle: 

“No lo podréis soportar (Bujari, Sawm, 48) 

Es importante, por lo tanto, tener en cuenta que aunque 
el Profeta (s.a.s) es para nosotros el único ejemplo a seguir, 
su comportamiento y sus actos se pueden clasificar en dos 
categorías: 

1- aquellos que le conciernen solamente a él; 

2- aquellos que conciernen a todos. 




i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


En consecuencia, no estamos obligados a seguir su ejem¬ 
plo en todo, dado que sus estándares vienen realmente del 
cielo, y está fuera de nuestro alcance igualarlos. En lo que se 
refiere al comportamiento y a los actos que pertenecerían al 
segundo grupo, debemos imitarlos en todo lo que podamos y 
hacer un esfuerzo por seguirlos hasta el final de nuestros días. 
Alcanzar estos niveles de perfección es una tarea sumamente 
difícil, prácticamente imposible, pero cada uno de nosotros 
debe intentar llegar a ser un “pequeño Muhammad” en su 
vida diaria. El hecho de que los turcos apodasen a los sol¬ 
dados que defendían las fronteras de las tierras musulmanas 
“Mehmetyik” es decir “pequeños Muhammad”, era debido a su 
generosa y sacrificada tarea. 

Podemos elaborar con exactitud, por ejemplo, la cantidad 
obligatoria de donaciones que debemos realizar y así saber si 
hemos cumplido con nuestra responsabilidad. Pero esto es 
imposible en cuanto a muchas otras bendiciones y capaci¬ 
dades con las que nos ha agraciado el Todopoderoso, por lo 
que debemos vivir como siervos sinceros y correctos hasta el 
último momento de nuestras vidas. El espejo más relevante en 
este sentido y la escala más exacta nos la ofrece el ejemplo de 
los Ansar y de los Muhayirun -los Compañeros que vivieron 
con el Profeta (s.a.s), aquellos que para recompensar y dar las 
gracias por esta oportunidad, ayudados por el profundo imán 
que tenían y sin mostrar en ningún momento el más mínimo 
cansancio o desanimo, no dudaron ni por un momento en via¬ 
jar a las tierras más lejanas, Asia Central y China, por ejemplo, 
para transmitir la enseñanza que habían recibido. 














• Siguiendo al Profeta de Allah (s.a.s) 
se unifica el corazón 

1 La adherencia al Profeta de Allah (s.a.s) 
a través del amor 

1 El espejo de Su amor y conducta: 
Asr’us-Saadah 

1 Emotivos Himnos de Amor al Profeta (s.a.é 
1 Salawat’us-Sharifah 



















Siguiendo al Profeta de Allah (s.a.s) 
se unifica el corazón 


Beneficiarnos de la forma más provechosa del iniguala¬ 
ble ejemplo del Bendito Profeta (s.a.s) adquiriendo, al mismo 
tiempo, cercanía con el excelente comportamiento de los 
Compañeros, requiere, ante todo, unificar el corazón y dirigir¬ 
lo en una sola dirección. La siguiente ayah del Qur’an expresa 
esta idea de forma clara: 

“Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejemplo 
-uswat’ul-hasanah- para quien tenga esperanza en Allah y en 
el Último Día y recuerde mucho a Allah.” (Al-Ahzab, 33:21) 

Vemos, pues, que “tener esperanza en Allah y en el Más 
Allá” y “recordar mucho a Allah”, son pasos obligados para 
recibir parte del ejemplar carácter del Profeta (s.a.s). 

Así como los actos de adoración se realizan en determi¬ 
nados momentos, la creencia en Allah Todopoderoso es algo 
que debe ser constante. Cada instante es una oportunidad 
que no podemos desaprovechar de recordar al Todopoderoso, 
Glorificado sea, y buscar Su complacencia. Mantenernos en 
el estado de dhikr’ud-daim , recuerdo constante, es necesario 
para proteger al corazón de la debilidad, reforzar su resisten¬ 
cia a Shaytan y a sus susurros y, por encima de todo, asegurar 




Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


de que no haya un solo instante en el que nos olvidemos del 
Todopoderoso. 

Allah, Elevado sea, nos ordena esto mismo en numerosas 
ayaat: 

“¡Vosotros que creéis! Recordad a Allah invocándole 
mucho.” 38 Pero dado que este tipo de ayaat no especifica el 
número de veces que debemos recordarle, la orden del dhikr, 
el recuerdo, debe ser entendida como el mayor número de 
veces posible. 39 Esto quiere decir, que el creyente debe recor¬ 
dar a Allah en todo momento y en todo lugar, en la medida de 
su capacidad. 

En otra ayah se afirma: 

“Y dicen los que no creen: ¿Por qué no se le desciende 
un signo de su Señor? Di: Es cierto que Allah extravía a 
quien quiere y guía hacia Él a quien a Él se vuelve.” (Ar-Rad, 
13:27-28) 

Recordar a Allah sin que haya duda en nuestro corazón, 
no es simplemente repetir el nombre de Allah”, sino más bien 
instalar el Nombre Divino en el corazón, donde reside la 
capacidad de sentir, y dejar que encuentre su lugar en él y le 
infunda serenidad y gozo. Enrolar al corazón en el recuerdo 
Divino sirve para limpiarle de toda enfermedad, purificarle de 
toda suciedad y permitir, así, que entre la luz. De esta forma, 
el corazón se abre a la más refinada sensibilidad, y se prepara 




38. Al-Ahzab, 33:41. Ver también, Al-Yum’a, 62:10. 

39. Dado que no se ha especificado una cantidad, la orden implica el 
máximo de veces realizadas por la gente más virtuosa. 






Siguiendo al Profeta de Allah (s.a.s) se unifica el corazón 


para recibir los misterios Divinos. Cuando cada latido del 
corazón está afinado con la Verdad, las intenciones y las accio¬ 
nes adquieren su máximo valor. 

El Mensajero de Allah (s.a.s) dijo al respecto: 

“El signo del amor a Allah es el amor por Su recuerdo .” 
(Suyuti, II, 52) 

Los enamorados nunca cesan de pensar en el amado. 
Siempre están hablando de él. Nunca permiten que se salga de 
sus corazones. En verdad que los creyentes anhelan una vida 
con imán y con el recuerdo constante de la Divinidad en lo 
más profundo de sus corazones. Sentados, erguidos o acosta¬ 
dos, se sumergen en la profunda contemplación de la delicada 
y sutil sabiduría que se esconde detrás de la creación de los 
cielos y de la tierra y, asombrados, exclaman: 

“¡Señor nuestro! No creaste todo esto en vano. ¡Gloria 
a Ti, presérvanos del castigo del fuego!” (Ali Imran, 3:191) 

Allah tiene poco que ver con un corazón que no haya 
adquirido la profundidad y haya sentido la advertencia que se 
mencionan en la siguiente ayah: 

“¡Perdición para aquellos corazones que están endu¬ 
recidos para el recuerdo de Allah; esos están en un claro 
extravío!” (Zaman, 39:22) 

Como indica esta ayah, mantenerse alejados del dhikr es 
la mejor manera de perder la integridad humana. 

En otras palabras, adherirse al Bendito Profeta (s.a.s) 
y beneficiarse de su inigualable comportamiento, exige un 





i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


corazón lleno del amor Divino, alejado de los deseos carnales, 
y adornado con el recuerdo constante de Allah Todopoderoso. 
Así provistos, podremos realizar el gran viaje al encuentro de 


nuestro Señor en el Más Allá. 








La Adherencia al Profeta de Allah (s.a.s) 
a través del amor 


El resultado natural de un verdadero amor por el Profeta 
(s.a.s) es una incondicional devoción por su camino, y una 
sincera lealtad y sumisión a su sunnah. 

No es una mera petición de principio lo que acabamos 
de anunciar. Estamos hablando de someternos a la enseñanza 
de Muhammad Mustafa (s.a.s), quien en todos los aspectos es 
una misericordia para la humanidad. En la siguiente ayah de 
Qur’an se nos recuerda el profundo grado de misericordia y 
compasión que tenía por todos los creyentes: 

“En verdad que os ha llegado un Mensajero salido de 
vosotros mismos; es penoso para él que sufráis algún mal, 
está empeñado en vosotros y con los creyentes es benévolo 
y compasivo.” (At-Tawba, 9:128) 

Así describe el Profeta (s.a.s) la inmensa compasión que 
sentía por su ummah : 

“ ¡Creyentes! Que Allah os guarde y os proteja de todo 
mal y os ayude. Que Allah os eleve y os guíe al camino 




i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


recto. Que Allah os Ubre de toda adversidad y preserve 
vuestro Din 40 

El Bendito Profeta (s.a.s) es una luz que guía en la oscuri¬ 
dad de la existencia. Fue la cima de la misericordia que, a tra¬ 
vés de sus palabras, de su comportamiento y de una vida ínte¬ 
gra, abarcó a toda la humanidad. Su total entrega a los demás 
con el fin de guiarles, le ocasionó indecibles sufrimientos. Tan 
grande era su pasión y su celo por mantener a su ummah en el 
camino recto, y por asegurarse de que todos serían perdona¬ 
dos, que a veces le llegaba la amonestación Divina para evitar 
que se auto dañase a sí mismo: 

“Y tal vez te vayas a consumir de pena en pos de ellos 
si no creen en este relato.” (Al-Kahf, 18:6) 

“Tal vez te estés consumiendo porque no son creyen¬ 
tes.” (As-Shuara, 26:3) 

Estas ayaat nos muestran que, llevado por su inagotable 
compasión, el Noble Profeta (s.a.s) deseaba con todas sus fuer¬ 
zas que la humanidad entera creyese en Allah Todopoderoso 
para salvarse de los tormentos del Infierno. 

Ahora es nuestro turno responder adecuadamente a 
la inmensa benevolencia y al amor que el Profeta de la 
Misericordia manifestó en todo momento por su ummah. 

Dependiendo de cómo logremos interiorizar los hal 
(estados espirituales) del Profeta (s.a.s) bajo la guía del Qur’an 


0 


40. Tabarani, Awsat, IV, 208; Abu Nuaym, Hilyatul-Awliya, Beirut 
1967, IV, 168. 






La Adherencia al Profeta de Allah (s.a.s) a través del amor 


y, de nuevo, acorde con la conducta del Profeta (s.a.s), se irá 
elevando gradualmente nuestro amor por él. ¿Cómo sintieron 
verdaderamente los Compañeros, quienes lo sacrificaron todo 
en su camino, al Profeta (s.a.s)? ¿Cómo lograron transformar 
su conducta hasta semejarla a la del Mensajero de Allah (s.a.s) 
y reflejar su comportamiento en sus vidas? ¿Y dónde esta¬ 
mos nosotros realmente? Nuestro amor por el Profeta (s.a.s) 
debería ser capaz de pasar este examen, y abrir las puertas 
de nuestro corazón a sus virtudes. Todas nuestras faltas, 
todas nuestras insuficiencias y, por encima de todo, nuestras 
rebeliones internas, deberían purificarse en el torrente de su 
comportamiento, un océano de significados y sabiduría donde 
buscar la chispa de vida que renueve nuestra espiritualidad. 

El secreto de llegar a Allah -wasl ña’Allah- Glorificado 
sea, reside en el hecho de acercarnos, con un corazón no tin¬ 
tado, al Qur’an, la palabra del Todopoderoso, y a la sunnah del 
Profeta (s.a.s), amando, al mismo tiempo, lo que Allah ama, y 
rechazando todo aquello que Allah y Su Mensajero rechazan. 


Estar al unísono con lo que es amado por la Divinidad, 
mantiene el corazón vivo y activo, dirigiéndolo hacia el bien. 
El amor y su contrario, el odio, nunca van juntos en un mismo 
corazón. Pero dado que no puede permanecer vacío, la ausen¬ 
cia de uno de ellos sería la razón de la existencia del otro. La 
diferencia de estos opuestos es tan infinita como la distancia 
entre el ala’ul-illiyyin , lo más elevado de lo elevado, y el 
asfal ’us-safUn, lo más bajo de lo bajo. 







f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


El poeta Kemál Edib Kürk^üoglu, instruye y advierte a los 
creyentes que descuidan el amor y la sunnah del Mensajero de 
Allah (s.a.s): 

Ser arrojado lejos de su atención, 

en ambas vidas cosechará el negligente la ruina... 

¡Que Allah nos haga ser una ummah devota y llena de 
amor por Su Mensajero! 

Mientras la gente a la que había ofrecido su guía le ape¬ 
dreaba brutalmente, el Profeta (s.a.s) pedía por ellos lleno de 
compasión. Zayd ibn Harithah le comentó asombrado: 

“¿Suplicas por ellos, Mensajero de Allah, mientras te 
inflingen el más detestable suplicio?", a lo que el Profeta (s.a.s) 
respondió: 

“¡Qué otra cosa puedo hacer! He sido enviado como una 
misericordia, no como un castigo’.’ ¿Acaso estas palabras no 
son suficiente testimonio del inalcanzable nivel de su com¬ 
pasión? 

Con la añorada profecía del Noble Mensajero (s.a.s), la 
humanidad quedó unificada con su más perfecta luz y guía. 
Por ello, los que hoy viven sumidos en su egotismo y al mar¬ 
gen de tal acontecimiento, son más censurables todavía que 
los que estaban inmersos en la ignorancia antes de la llegada 
de aquel Modelo inimitable. 

En estos tiempos en los que nos ha tocado vivir, donde 
el ego ha tomado el poder y ha hechizado al hombre para 
que realice todos sus deseos, nos encontramos en una nece- 





La Adherencia al Profeta de Allah (s.a.s) a través del amor 


sidad aún más desesperada de construir nuestros caracteres 
siguiendo el modelo de la Luz del Ser (s.a.s). Sin duda, la más 
fructífera influencia durante los gloriosos días de nuestra his¬ 
toria, fue la existencia de creyentes, gente virtuosa y verdade¬ 
ros herederos del Gran Profeta (s.a.s). Fueron los encargados 
de presentar a la sociedad, en su propia carne, su inestimable 
carácter. Por el contrario, lo que hoy presenciamos es una 
lamentable falta de espiritualidad, una abrasadora decadencia 
debida, precisamente, a la falta de hombres como aquellos. 

Para reconstruir, de nuevo, una tal sociedad basada en 
unos preceptos morales que habían sido extraídos de la vida 
del Bendito Profeta (s.a.s), debemos reunirnos alrededor de 
estos hombres virtuosos, de estos héroes del corazón que tanto 
abundan en nuestra gloriosa historia. 

Debemos escucharles, comprender su pensamiento y su 
estilo de vida, para compartir su riqueza interior. Es decir, 
debemos reflexionar sobre cómo conciben el paso por esta 
vida y abren el camino de la felicidad, tanto para ellos como 
para el resto de la humanidad; cómo utilizan su intelecto, sus 
vidas y los medios que Allah, Glorificado sea, les ha concedi¬ 
do. 









El Espejo de Su Amor y de 
Su Comportamiento: Asr’us-saadah 


El comportamiento del Bendito Profeta (s.a.s) era tal 
elixir de inspiración, y ejercía sobre los corazones una tal 
influencia, que en un breve periodo de tiempo, aquella igno¬ 
rante sociedad que vivía en la barbarie ignorando incluso los 
más elementales derechos humanos, se elevó a un estadio que 
poco tiempo antes les hubiera parecido un sueño. Eran ahora 
“los Compañeros”, a quienes incluso hoy envidiamos y admi¬ 
ramos por encima de todo. Fueron unidos bajo una misma 
religión, una misma bandera, una misma ley y una misma 
cultura. Aquellas dispersas y anárquicas tribus quedaron uni¬ 
ficadas bajo el estandarte de un mismo gobierno y una misma 
civilización. 


El Noble Profeta educó al ignorante y al salvaje, trans¬ 
formando la crueldad en civilización, y la vileza en columnas 
de piedad y bondad, sustentadas en el amor y el temor por el 
Todopoderoso. 





Una sociedad ignorante que durante siglos había sido 
incapaz de dar una figura de relieve, gracias al enriqueci¬ 
miento espiritual que trajo el Bendito Profeta (s.a.s) en poco 
tiempo originó numerosos individuos que comenzaron a 
destacar por encima de los mejores hombres de la humanidad 




El Espejo de Su Amor y de Su Comportamiento: Asr’us-saadah 

y, como llamas de conocimiento y sabiduría, llevaron la ins¬ 
piración arraigada fuertemente en sus corazones a los cuatro 
rincones del mundo. Esa Luz de eternidad que descendió en 
medio del desierto, instauró la verdad, la justicia y la guía para 
todos los seres humanos. Se manifestó el misterio de law ’laka 
law’laka 41 y se desveló la razón por la cual el universo había 
sido creado. 

La gente de Asr’us-saadah, la Era de la Bendición, 
elevada bajo la supervisión del Noble Profeta (s.a.s), el más 
espléndido ejemplo con el que la humanidad podía haber 
soñado, era ahora una sociedad de marifah, de verdadera sabi¬ 
duría. Fue un tiempo de profunda contemplación, un tiempo 
de adquirir cercanía con el Todopoderoso y Su Mensajero. 
Colocando el tawhid en el centro de sus pensamientos e idea¬ 
les, los Compañeros derrotaron en sus corazones a la idolatría 
y al vicio. La vida y los bienes terrenales pasaron a ser medios. 
Probaron el dulce sabor del imán al tiempo que la misericor¬ 
dia se profundizaba en su interior. El servicio por la causa se 
convirtió en un estilo de vida. La quintaesencia del carácter 
islámico cristalizó en el sacrificio sin límites al que se entrega¬ 
ban los Compañeros cada día. Con el solo objetivo de oír un 
hadiz del Bendito Profeta (s.a.s), un Compañero era capaz de 
viajar durante todo un mes, para luego regresar a su ciudad sin 
haberlo oído, ya que la mala conducta del transmisor con su 
caballo, le descalificaba y hacía dudosa su veracidad. 


41. “Si no hubieras sido, si no hubieras sido, (no hubiera creado el un - 
verso).” Ver Hakim, II, 672/4228. 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Entonces, ¿qué es lo que obtenían los Compañeros del 
Bendito Profeta (s.a.s)? 

Iniqas, un reflejo, un destello modélico, el ser uno con él; 
adquirir aqrabiyyah, cercanía con Allah, Glorificado sea, y Su 
reconocimiento en el corazón. 

De esta forma, el bien y la justicia se manifestaron con 
toda su belleza en sus corazones, y el mal y la opresión queda¬ 
ron al descubierto con toda su ignominia. 

Los Compañeros desarrollaron una nueva comprensión 
del Todopoderoso, del universo y de ellos mismos. Su meta era 
ahora ser uno con la hal del Profeta de la Gracia (s.a.s) de la 
misma forma que el sol se refleja en un diminuto espejo. 

Dentro del recinto de la pequeña ciudad-estado musul¬ 
mana fundada en Medina había unas cuatrocientas familias. 
En tan sólo 10 años, sus límites se extendieron al Irak y la 
Palestina. Los Compañeros estaban en guerra con Bizancio 
y Persia en el momento en el que el Noble Profeta (s.a.s) era 
enterrado, si bien su modo de vida había variado muy poco 
en ese tiempo. Seguían llevando una vida de abstinencia. El 
exceso, la gula, la avaricia, el lujo y la pompa era conceptos 
desconocidos para los Compañeros, imbuidos, como estaban, 
de una constante consciencia de que “la tumba es lo que nos 
espera mañana”. Por ello, huían de la tendencia a inclinarse 
por los placeres de este mundo, y a ocuparse demasiado en 
ellos. Con el entusiasmo de un verdadero imán, los utiliza¬ 
ban como medios para guiar a la humanidad a su salvación. 
Modelaron sus vidas en la impaciente búsqueda de complacer 
a Allah, Glorificado sea. 





El Espejo de Su Amor y de Su Comportamiento: Asr’us-saadah 


Sin la menor duda, una de las razones fundamentales para 
explicar la rápida expansión del Islam, como un destello de la 
luz del alba que llegaba a los oprimidos y explotados, fue el 
hecho de que los Compañeros mostraron el carácter perfecto 
del Musulmán allí donde ponían sus píes. Los Compañeros, la 
elite de los estudiantes del Bendito Profeta (s.a.s), eran creyen¬ 
tes por excelencia, honestos y justos, que, iluminados por la 
luz profética, albergaban en sus corazones verdaderos tesoros 
de benevolencia. No miraban a los siervos del Todopoderoso 
sino con ojos llenos de compasión. 

En el eje de la amistad habían colocado a Allah, Glorificado 
sea, y a Su Mensajero, quien les había llevado de una sociedad 
de iletrados, a la cima de la más refinada civilización. Sus cora¬ 
zones estaban siempre llenos de emociones, preguntándose 
constantemente “¿Qué quiere Allah que hagamos?” o “¿Cómo 
le gustaría al Mensajero de Allah que nos comportásemos?” 

Los siglos que siguieron al gran acontecimiento de la 
profecía de Muhammad (s.a.s) fueron modelados por ellos, 
teniendo como resultado el establecimiento de una “Era de 
Bendición” para toda la humanidad. 

Liberados del malvado nafs ’ul-ammara, “el tirano yo”, se 
convirtieron en creyentes que constantemente se cuestiona¬ 
ban a sí mismos, y se elevaron por encima de su barbarismo 
hasta alcanzar un carácter angelical. 

Qarafi (m. 684 AC), una de las figuras más importantes 
en la metodología de la ley Islámica, afirmó lo siguiente: 




Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


“Si el Noble Mensajero (s.a.s) no hubiera realizado otro 
milagro, la rectitud de los Compañeros que educó bastaría 
para probar que era un Profeta’.’ 

Fueron el Milagroso Qur’an personificado, cimas de la 
virtud y excelsos en la prudencia y en todos los valores huma¬ 
nos. 

En aquella época, la razón y el corazón, perfectamente 
armonizados, fueron los medios con los que los creyentes 
alcanzaron la perfección moral. Manteniendo vivos los ele¬ 
mentos más emotivos, profundizaron cada vez más en el 
pensamiento, y mantuvieron despierta la consciencia de que 
este mundo es una escuela donde pasar las más variadas 
pruebas. Los corazones se familiarizaron con los flujos del 
poder Divino. Largas expediciones hasta Samarkanda y la 
China para establecer el bien y prohibir el mal fueron siendo 
habituales hasta que la llama de la creencia llegó al Andalus. 
Aquella sociedad de ignorantes se transformó en una socie¬ 
dad poseedora del verdadero conocimiento. Las noches se 
mutaron en días; los inviernos en primaveras. Se desarrolló 
la atenta observación de los fenómenos naturales, convir¬ 
tiéndose en objeto de investigación el hecho de que el cuerpo 
humano viniese de una gota de líquido, el pájaro surgiese de 
un huevo, los árboles de una insignificante semilla, así como 
otras muchas maravillas. La vida humana fue redirigida en 
dirección a lograr la complacencia del Creador. Sentimientos 
de misericordia y compasión, así como la urgencia por exten¬ 
der la verdad adquirieron una relevancia hasta entonces ini¬ 
maginable. 





El Espejo de Su Amor y de Su Comportamiento: Asr’us-saadah 


Los momentos en los que los Compañeros comunicaban 
el tawhid se convirtieron en los más dulces y llenos de signi¬ 
ficado de sus vidas. En una ocasión, un ilustre Compañero 
agradeció a su verdugo el hecho de que le concediera 3 minu¬ 
tos antes de ser colgado, diciendo: 

“Esto significa que tengo otros tres minutos para disfru¬ 
tar del bien" 

En una cáscara de nuez, los Compañeros vivían con y para 
el Qur’an, dedicando sus vidas al Libro Sagrado, y mostrando 
un sentido del sacrificio y la perseverancia como nunca antes 
se había visto en la historia. A pesar de haber sido torturados y 
de haber sufrido la más cruel persecución, nunca renunciaron 
a un átomo de su creencia. Establecieron en sus vidas las ayaat 
enviadas por el Todopoderoso: emigraron, dejaron atrás sus 
hogares y sus bienes, probando, así, que estaban dispuestos a 
cualquier sacrificio en el camino de Allah Todopoderoso. 

Su mayor aspiración era aprender y vivir correctamente 
cada ayah, sin alejarse lo más mínimo del Qur’an incluso en 
los momentos de máximo peligro. Abbad (r.a), había sido 
asignado en el puesto de centinela por el Profeta (s.a.s) con el 
fin de impedir que el enemigo penetrase en el campamento 
musulmán. Después de que varias flechas cayesen cerca de 
donde estaba haciendo la salah, informó a su compañero 
Ammar (r.a) del ataque sufrido. Éste le preguntó sorprendido 
la razón por la cual no le había avisado antes, a lo que Abbad 
le contestó: 

“Estaba recitando una surah del Qur ’an y no quise rom¬ 
per la salah antes de haber completado su recitación. Pero 




f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


cuando me alcanzaron las flechas, dejé de recitar y me incliné 
en la posición de ruqu. Por Allah, si no hubiera sido por el 
temor a perder este puesto que el Profeta nos ordenó encareci¬ 
damente que guardásemos, hubiera preferido morir antes que 
acortar la recitación de esta surah .” (Abu Daud, Taharat, 78/198; 
Ahmad, III, 344; Ibn Hisham, III, 219; Waqidi, I, 397) 

La vida de los Compañeros giraba completamente alrede¬ 
dor del Qur’an. Cada uno de los actos de adoración, era para 
ellos una oportunidad de saborear el más exquisito manjar. 
Cada ay ah revelada era sentida como un festín bajado del 
cielo. Todos sus esfuerzos estaban encaminados a comprender 
el Qur’an y a ponerlo en práctica en sus vidas de la forma más 
correcta posible. Qué magnífico retrato de la virtud debió ser 
el de aquella Compañera a quien le pareció que la mejor dote 
que podía recibir de su esposo era que le enseñara todo lo que 
supiese del Qur’an. 42 

Pasaban gran parte de la noche recitando el Qur’an y 
haciendo salah supererogatorias. Los caminantes ocasiona¬ 
les que llegaban a la ciudad durante las horas de la noche, 
escuchaban aquellos murmullos coránicos como si fueran 
revoleos de abejas. Incluso en las circunstancias más adversas, 
el Noble Mensajero (s.a.s) nunca dejó de enseñar el Qur’an a 
sus Compañeros. 

Según la transmisión que nos ha llegado de Anas (r.a), 
Abu Talha (r.a) se dirigió un día a donde estaba el Bendito 
Profeta (s.a.s) y le encontró de pie, enseñando el Qur’an a los 

42. Bkz. Bujari, Nikah, 6, 32-35; Fedailul-Kur’an, 21, 22; Muslim, 
Nikah, 76. 

- 







El Espejo de Su Amor y de Su Comportamiento: Asr’us-saadah — 


Estudiantes de Suffa. Llevaba una piedra atada a la cintura que 
le mantenía recta la espalda y evitaba que se curvara a causa 
del hambre que sufría. (Abu Nuaym, Hilya, 1,342) 

Toda su ansiedad se dirigía a la perfecta comprensión del 
Libro de Allah, a su memorización y exacta pronunciación. A 
consecuencia de lo cual, y habiendo tomado al Bendito Profeta 
(s.a.s) como ejemplo, la ciudad de Medina se convirtió en un 
auténtico torrente de sabios y haffaz, quienes han memorizado 
entero el Qur’an. 

Así fue la Era de la Bendición. 

Uno se pregunta si todos los especialistas en sicología, 
sociología, antropología social, pedagogía y filosofía unieran 
sus fuerzas, ¿podrían crear una pequeña sociedad impregnada 
de virtudes que pudiera al menos acercarse un poco a la socie¬ 
dad de la Era de la Bendición? Imposible. Incluso el trabajo de 
Farabi Madinat’ul-Fadila -La Ciudad Virtuosa- un proyecto 
que se proponía recrear la sociedad ideal, está ahora abando¬ 
nado y el solar convertido en pasto para las termitas. 







Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


La sola fuente de misericordia que puede llevarnos al 
océano del Amor Divino es el Bendito Profeta (s.a.s). Amarle 
y obedecerle, es amar y obedecer a Allah, Glorificado sea. De 
la misma forma que rebelarse contra el, es rebelarse contra el 
Todopoderoso. 

Allah ha dicho en el Qur’an: 

“Di: Si amáis a Allah, seguidme, que Allah os amará y 
perdonará vuestras faltas. Allah es Perdonador y Compasivo.” 

(Ali Imran, 3:31) 

Inmediatamente después de aUI MI ÁJ¡ V (no hay más dios 
que Allah), la confesión de fe, vienen las palabras <ml j 
(Muhammad es Su Mensajero). Cada palabra del tawhid que 
pronunciamos, cada salawat con el que recordamos al Bendito 
Profeta (s.a.s), nos acerca al amor del Real. Y es a través de Su 
amor como adquirimos el gozo en ambos mundos, y obtene¬ 
mos el triunfo espiritual. El universo es una manifestación 
del Amor Divino, de la esencia de la cual surge la Luz de 
Muhammad. Y no hay otro camino para llegar a esa Esencia 
que el amor por el Mensajero de Allah (s.a.s). 

La espiritualidad que infunden los actos de adoración, 
el refinado comportamiento, la delicadeza que gobierna la 




Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


conducta moral, la dulzura del corazón, la belleza que se 
transluce en el rostro, el exquisito lenguaje, la bendición de 
los sentimientos, la profundidad de la mirada interior, todo 
ello son destellos del amor de la Luz del Ser (s.a.s) reflejada 
en los corazones. 

Con inigualable belleza nos lo recuerda Mawlana Rumi: 

“Ven, o corazón, al festín de la unión con Muhammad... 
pues la luz que ves en el universo no es sino el resplandor que sale 
del rostro de esta bendita personal’ 

Por esta razón, seguir los pasos del Noble Mensajero de 
Allah (s.a.s) es un medio inevitable para alcanzar el amor y la 
complacencia del Todopoderoso. Convertirnos en un insan’ul- 
kamil -hombre perfecto- es una tarea fuera de nuestras capa¬ 
cidades a menos que sigamos de cerca la sunnah del Gran 
Profeta (s.a.s), y alcancemos la verdadera paz y la verdadera 
bendición del Din de Allah. Allah, Glorificado sea, eligió al 
Profeta Muhammad (s.a.s) como arquetipo del “hombre per¬ 
fecto”, haciéndole una misericordia para todos los mundos y 
un ejemplo a imitar por los creyentes. 

Qué importante debe ser ese “obrar de acuerdo a” que 
Allah lo ha especificado como una condición para amar a Sus 
siervos. 


En el origen de este sublime sentimiento, encontramos 
un sincero y genuino amor por el Mensajero de Allah (s.a.s) 
desde lo más profundo del corazón. Con respecto a obedecer¬ 
le, nuestro único uswat’ul-hasanah, Allah, Glorificado sea, ha 
dicho en el Qur’an: 


2 








i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


“...Y lo que os de el Mensajero tomadlo, pero lo que 
os prohíba, dejadlo. Y temed a Allah, es cierto que Allah es 
fuerte castigando.” (Al-Hashr, 59:7) 

“¡Vosotros que creéis! Obedeced a Allah, obedeced al 
Mensajero y no echéis a perder vuestras obras.” (Muhammad, 
47:33) 

“Quien obedezca a Allah y al Mensajero, ésos estarán 
junto a los que Allah ha favorecido: los Profetas, los veraces, 
los que murieron dando testimonio y los justos. ¡Y qué exce¬ 
lentes Compañeros!” (An-Nisa, 4:69) 

El Qur’an, una proclamación Divina revelada por el 
Todopoderoso, se manifestó igualmente en el mundo interior 
del Noble Profeta (s.a.s). Esta aseveración queda patente en el 
hecho de que los misterios del Libro Sagrado están expuestos 
de forma que quedamos envueltos en la espiritualidad del 
Mensajero de Allah (s.a.s). Si fuéramos honrados, como lo 
fueron los Compañeros, con la entrada a ese mundo para 
beneficiarnos de las manifestaciones de la Belleza Divina, tales 
como la sabiduría que subyace en lo permitido y lo no permi¬ 
tido, un inmenso conocimiento quedaría abierto a nuestros 
intelectos y a nuestros corazones. En otras palabras, si fué¬ 
ramos capaces de leer la Palabra Divina con la comprensión 
que fluye del corazón del Profeta (s.a.s), entonces podríamos, 
como los Compañeros de la Era de la Bendición, convertirnos 
en mariposas nocturnas girando alrededor de la llama de su 
amor, podríamos gustar el éxtasis de la devoción y exclamar 
con los Compañeros a cada una de sus órdenes, de sus pala¬ 
bras o incluso de sus gestos: 





Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


“¡Que mi madre, mi padre... mis pertenencias, incluso mi 
vida, sean sacrificados por ti, Mensajero de Allah!” 

La bendita existencia del Profeta (s.a.s) es para la huma¬ 
nidad un objeto de amor y una fuente de inspiración. El sabio 
sabe que la razón de la existencia no es otra que el amor que 
acoge la Luz de Muhammad (s.a.s). Así, pues, el universo ente¬ 
ro está virtualmente dedicado a Muhammad Mustafa (s.a.s), la 
Luz del Ser. Ha sido creado en su honor como una envoltura 
para su Luz. Su personalidad alcanzó tal grado de perfección, 
que Allah Todopoderoso le llamó “el Amado”. 43 

¡Benditos sean los creyentes que albergan un sincero 
afecto por Allah y Su Mensajero, y un amor que engloba a 
todos los otros tipos de amor imaginables! 

La cercanía a la Verdad de Muhammad (s.a.s) no es tanto 
el resultado de un proceso racional o intelectual, sino la conse¬ 
cuencia inevitable del amor y el afecto que sintamos por él. 


Los cielos del mes de Rabiulawwal, en el que el universo 
fue bendecido, se abrieron como una misericordia y una com¬ 
pasión para los creyentes. 


Según varias fuentes, otra de las afortunadas mujeres 
por haber sido la madre de leche del Noble Profeta (s.a.s) fue 
Suwaybah, la esclava de Abu Lahab, tío del Profeta y uno de 
sus más encarnizados enemigos. 


43. Ver Tirmidhi, Manaqib, 1/3616; Darimi, Muqaddima, 8; Ahmad, 
VI, 241; Haythami, IX, 29. 









Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Cuando Suwaybah anunció el bendito nacimiento, Abu 
Lahab, sin que hubiera ninguna razón aparente para ello, 
la liberó como una forma de recompensarle. (Halabi, I, 138) 
Incluso el gozo que sintió Abu Lahab movido por un mero 
sentimiento tribal, fue suficiente para aliviarle del tormento 
todos los lunes por la tarde como lo ha explicado Abbas (r.a): 

“Un año después de su muerte, vi a mi hermano Abu 
Lahab en un sueño. Se encontraba en un estado deprimente. 

‘¿Cómo te han tratado? ’ le pregunté. 

‘Por liberar a Suwaybah como una forma de celebrar el 
nacimiento de Muhammad’, me dijo ‘mi tormento es aliviado 
todos los lunes. En ese día un chorro de agua fresca sale de 
entre mi dedo pulgar y el índice . 44 

Ibn Yazari hizo el siguiente comentario: 

“Si el tormento de un enemigo del Profeta del calibre 
de Abu Lahab es aliviado simplemente por haber sentido 
alegría por su nacimiento llevado por sentimientos tribales, 
uno debería ponderar las inimaginables bendiciones que 
le esperan a un creyente, quien por respeto a la noche del 
nacimiento del Profeta, abre su corazón al amor por la Eterna 
Gracia del Universo. Lo que debemos hacer durante el mes 
de su bendito nacimiento, es reavivar su recuerdo a través de 
edificantes charlas; enmendar el daño que hayamos podido 
hacer a nuestros hermanos; dar parte de nuestra riqueza a los 
más necesitados, a los huérfanos, a los abandonados y a los 





44. Ibn Kathir, al-Bidaya, Cairo 1993, II, 277; Ibn Sa’d, I, 108, 125. 






Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


que sufren la soledad del egoísmo humano: leer el Qur ’an y 
escucharlo de otros ...” 

El Amor de los Compañeros por el 

Profeta de Allah (s.a.s) 

Hasta tal punto se ganó el Noble Profeta la simpatía y el 
afecto de sus Compañeros, que resulta imposible describir el 
inmenso amor que por él fueron alimentando en lo más pro¬ 
fundo de sus corazones. Ese amor, que de otra manera hubiera 
sido imposible de lograr, sólo puede establecerse a través del 
Amor y la Inspiración Divinos. 

Como una fortaleza edificada con amor, los Compañeros 
formaron un vinculo de lealtad alrededor del Mensajero de 
Allah (s.a.s) sin precedentes en la historia, convirtiéndose en 
estrellas cuya luz guió y guía a todos aquellos que buscan la 
Verdad. Hasta tal punto estaban unidos al Profeta, que hubo 
muchos de sus Compañeros que caminaban por los lugares 
por los que él caminaba, se detenían donde él se detenía y 
olían la rosa que él había olido. 

Nos han llegado innumerables expresiones de aquel épico 
amor que los Compañeros sentían por el Bendito Profeta 
(s.a.s). A continuación citamos algunas de ellas: 

La honarable Aisha (r.a) solía describir la belleza del ros¬ 
tro Profeta (s.a.s) de la siguiente manera: 





i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 




JüVÍ ( _ 5 Íp OjJlÁll ^Lá!L 


“Si hubiera la gente de Egipto oído de su belleza, 

no se habrían gastado un céntimo en comprar a Yusuf. 

Si los que condenaron a Zulaiha hubieran visto su rostro, 

no sólo sus manos sino también sus corazones habrían sido 
cortados por los cuchillos.. 

Como lo evidencian las palabras del tawhid, el Noble 
Profeta (s.a.s) es ciertamente un “siervo” ya que es un ser 
humano, pero en esencia, es la “cima de los Profetas”. Aziz 
Mahmud Hudayi articuló de forma poética su experiencia al 
contemplar estos misterios: 

“El universo es un espejo que por el favor de la Verdad toda 
cosa contiene. 

¡Atención! En el espejo de Muhammad Allah se refleja y 
allí se tiene ...” 

El Bendito Profeta (s.a.s) es el centro de la manifestación 
del Amor Divino que desarrolla terrenales y metafóricos 
amores envueltos en grandeza. En el momento en el que el 
creyente comienza a temblar ante la presencia espiritual del 





Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


Bendito Profeta (s.a.s), a sentir inexpresables sentimientos de 
belleza en su corazón, y vacía su alma de todas las apariencias 
y siluetas del ego, es entonces cuando ha entrado en el camino 
de ser uno con él y con su amor Divino. 

“Ambos mundos fueron creados para un corazón. Piensa en 
el significado de la expresión ‘si no hubiera sido por ti, no habría 
creado el universo’”, dice Mawlana Rumi -quddisa sirruh-. 

Por esa razón, el amor por el Mensajero de Allah (s.a.s) es 
el medio más efectivo para ser honrados en ambos mundos, y 
gracias a este amor incondicional, los Compañeros alcanzaron 
los más altos rangos de honorabilidad. 

A continuación citamos otro ejemplo del inigualable 
amor que los Compañeros sentían por el Profeta (s.a.s): 

En el camino a la Cueva de Sawr durante la Hégira del 
Profeta (s.a.s), Abu Bakr (r.a) caminaba un rato detrás de él, y 
otro rato delante de él. 

“¿Por qué caminas de esta forma?” le preguntó el Profeta 
(s.a.s) a Abu Bakr extrañado por su manera de actuar. 

“Temo que los idólatras te ataquen por detrás, y es entonces 
cuando me coloco detrás de ti”, le respondió Abu Bakr (r.a). “Y 
cuando pienso que podrían atacarte de frente, rápidamente me 
coloco delante de ti” 


Era ya la tarde cuando llegaron a la entrada de la Cueva. 

“Por favor, espera aquí hasta que yo inspeccione la cueva, 
Mensajero de Allah”, le dijo Abu Bakr (r.a). A continuación, 
entró en la cueva, revisó cada rincón y taponó los agujeros con 






f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


trozos de sus ropas y otros materiales que iba encontrando 
por allí. Al final utilizó la mayor parte de su vestimenta y sólo 
quedó un agujero sin tapar que cerró con la planta del pie. 

“Ya puedes entrar, Mensajero de Allah 

Dándose cuenta de lo sucedido a la mañana del día 
siguiente, el Noble Profeta le preguntó sorprendido: 

“¿Dónde has puesto la túnica, Abu Bakr?” 

Abu Bakr (r.a) le contó cómo había encontrado la cueva 
y lo que tuvo que hacer para asegurarse de que ninguna 
serpiente o escorpión pudiera atacarle. Conmovido por aquel 
acto de suprema magnanimidad, el Mensajero de Allah (s.a.s) 
levantó las manos y pidió por él . 45 

Parecido grado de devoción por el Profeta (s.a.s) manifestó 
una mujer que habia perdido a su marido, a su padre y a sus 
dos hijos en la batalla de Uhud: 

“¡Muhammad ha muertol” Fueron las terroríficas palabras 
que hicieron temblar el cielo de Medina aquel día, haciendo 
llegar al firmamento gritos de desesperación. Toda la gente 
había salido a las calles para ver si traían nuevas noticias los 
que iban llegando a la ciudad del campo de batalla. A pesar 
de que Sumayra, una mujer de los Ansar i, había recibido la 
dramática noticia de la muerte de su esposo, de su padre y sus 
dos hijos, su preocupación y su ansiedad era por saber si el 

45. Ver Ibn Kathir, al-Bidaya, III, 222-223; Ali al-Qari, Mirkat, Beirut 
1992, X, 381-382/6034; Abu Nuaym, Ilily, I, 33. 

- 







Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


Profeta Muhammad (s.a.s) estaba bien o había sufrido alguna 
herida. 

“¿Está bien?” preguntaba sin cesar. 

“Alhamdulillah, está vivo y se encuentra bien”, respondían 
los Compañeros, “exactamente como deseas que esté? 

“Mi corazón no descansará hasta que no le vea sano y 
salvo. Mostradme al Mensajero de Allah”, respondió todavía 
con nerviosismo. 

Cuando le mostraron al Bendito Profeta (s.a.s), la valiente 
Sumayra corrió hacia él y, agarrando un extremo de su camisa, 
exclamó: 

“¡Que mis padres sean sacrificados por ti, Mensajero de 
Allah! Mientras estés vivo, poco me importa lo demás? (Waqidi, 
I, 292; Haythami, VI, 115) 

Anas Ibn Malik (r.a) nos ha transmitido el siguiente 
relato: 

“Vino un hombre a donde estaba el Mensajero de Allah 
(s.a.sj y le preguntó: 

‘¿Cuándo llegará el Día del Juicio Final?’ 

‘¿Qué has preparado para el Día del Juicio Final?’ 
preguntó a su vez el Profeta (s.a.s). 

‘El amor por Allah y Su Mensajero’, respondió el 
hombre. 

Al oír aquellas palabras le dijo el Mensajero de Allah 
(s. a.s): 





i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


‘Entonces estarás con los que amas. 

Comentando esta narración, Anas (r.a) añadió: 

“Aparte de haber entrado en el Islam, nada nos ha hecho 
más feliz que las palabras del Mensajero de Allah ‘estaréis 
con aquellos a los que amáis ’. Y también yo amo a Allah y a 
Su Mensajero, y a A bu Bakry a Umar; y aunque no he podido 
igualarles en obras, espero estar con ellos’.’ (Muslim, Birr, 163) 

Sin duda que para encontrar un lugar dentro de las 
prometedoras palabras del Mensajero de Allah (s.a.s), todo 
creyente debe embellecer su corazón con el amor por la luz 
inspiradora del Profeta (s.a.s). 

Cuando murió el Bendito Mensajero (s.a.s), los 
Compañeros eran como velas derritiéndose de dolor. Aquel 
día, debido a la separación del Gran Amigo (s.a.s), los 
corazones fueron instantáneamente abrasados con el fuego 
de la añoranza, y arrastrados de un estado de desesperación a 
otro. Incluso ‘Umar (r.a) perdió por un momento la consciencia 
acosado por punzadas de gran intensidad, hasta que Abu Bakr 
(r.a) se levantó y calmó a la gente. Aquellos corazones llenos 
de amor por su amado Profeta (s.a.s) que no podían resistir un 
día sin verle, tendrían ahora que soportar la gran prueba de no 
verle más hasta el final de sus vidas. Incapaz de soportar este 
dolor por más tiempo, Abdullah ibn Zaid (r.a) elevó las manos 
al cielo y le suplicó al Todopoderoso: 

“ ¡Allah! ¡Ciega mis ojos! No permitas que vea nada de 
este mundo después de que el Profeta (s.a.s) a quien amo más 
que a nada en la vida, se ha ido’.’ Su plegaria, en medio de 





Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


sinceras lágrimas, le fue concedida y se volvió ciego en ese 
mismo instante . 46 

De esta manera, cuando Abu Bakr (r.a) intentaba narrar 
un hadiz del Bendito Profeta (s.a.s), el sólo recuerdo de su 
amado Compañero (s.a.s) le hacía romper a llorar sin poder 
pronunciar una palabra. 

Así describe Abu Huraira (r.a) esta situación: 

“Una vez subió Abu Bakr al mimbary dijo: 

‘Como sabéis, el Mensajero de Allah estuvo aquí de pie 
en el mismo lugar en el que estoy yo ahora... ’ Y comenzó a 
llorar, incapaz de continuar. Al cabo de un rato repitió esas 
mismas palabras y de nuevo se le saltaron las lágrimas. Lo 
intentó por tercera vez para volver a llorar amargamente (Ver 
Tirmidhi, Daawcit, 105/3558; Ahmad, I, 3) 

A pesar de haber estado siempre junto al Profeta, Abu 
Bakr le echaba constantemente de menos, y después de la 
muerte del Mensajero de Allah (s.a.s), la añoranza se hizo 
mucho más fuerte y ya sólo pensaba en unirse a él. 

La honorable Aisha nos relata la emoción que sintió su 
padre, cerca ya de la muerte, al pensar que pronto estaría con 
su amado Profeta: 

“Mi padre Abu Bakr preguntó en el lecho de muerte: 

‘¿Qué día es hoy? ’ 

‘Lunes ’, le contestamos. 


46. Qurtubi, Al-Yami, Beirut 1985, V, 271. 


3 







Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


‘Si muero esta noche’, nos dijo, ‘no esperéis hasta 
mañana para enterrarme... pues mi tiempo favorito es el 
que más se acerca a mi reunión con el Mensajero de Allah 
(s.a.s). (Ahmad, I, 8) 

Entre los Compañeros había algunos que envidiaban a 
los enfermos, pensando que su añoranza por reunirse con el 
Profeta (s.a.s) estaba ahora más próxima de ser apaciguada, 
y le enviaban saludos con ellos al Sultán de los Corazones 
(s.a.s). Muhammad ibn Munqadir (r.a), por mencionar a uno 
de ellos, había visitado a Yabir (r.a), uno de los Compañeros 
inmerso en un profundo amor por el Profeta (s.a.s), durante 
el último periodo de su enfermedad. Dándose cuenta de que 
estaba a las puertas de la muerte, intentó consolarle con las 
siguientes palabras: 

“Da mis saludos al Mensajero de Allah..!’ (Ibn Mayah, 
Yanaiz, 4) 

Los Compañeros, aquellos devotos amantes del Profeta 
de Allah (s.a.s), sentían un inmenso placer en escuchar relatos 
sobre él. 

Bara (r.a.) nos cuenta el intenso deseo de su padre por 
escuchar algún relato del Mensajero de Allah (s.a.s) siempre 
que se presentaba la más mínima oportunidad: 

“Abu Bakr As-Siddiq le había comprado a mi padre una 
silla de montar por trece dirhams y le dijo: 

‘Dile a Bara que me la lleve a casa si puede. ’ 

- 






Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) - 

‘No lo haré’, dijo mi padre. ‘No hasta que me cuentes 
como hiciste Hégira de Meca a Medina junto al Mensajero de 
Allah (s.a.s) con los idólatras pisándoos los talones.’ 

Abu Bakr (r.a.) entonces recordó aquella jornada de la 
siguiente manera : 

‘Abandonamos la cueva y seguimos viaje. Caminamos 
toda la noche y todo el día siguiente. Eché un vistazo a la 
zona con la esperanza de encontrar alguna sombra con la que 
protegernos de aquel calor sofocante. Allí cerca encontré una 
roca que hacía algo de sombra. Rápidamente nivelé el suelo y 
eche una manta para que se sentase el Profeta de Allah. ’ 

‘Por favor, Mensajero de Allah, ’ le dije. ‘Descansa. ’ 

El Profeta de Allah se sentó un momento, y yo me puse a 
vigilar por temor a que pudiera llegar alguien y descubrirnos. 
Pero lo que divisé fue a un pastor que dirigía sus ovejas hacia 
la roca buscando, como yo antes, una sombra. 

‘¿Para quién pastoreas?’ le pregunté. Me dijo un nombre 
de los Quraysh a quien yo conocía. 

‘¿Tienen leche las ovejas?’le pregunté. 

‘Sí, ’ me replicó. 

‘¿Entonces, puedes ordeñar una y darnos algo de leche? ’ 
le dijeA 1 


47. Los árabes consideran que la leche de los animales de rebaño 
se puede ofrecer a los caminantes. Y forma parte de la metodo¬ 
logía de la ley islámica aceptar las costumbres como parte de la 
jurisprudencia. (Suhayli, Ravd’ul-Unuf, Beirut, 1978, II, 152) El 






i^¡á*¡<í3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa á¡í 


‘Claro ’, me respondió. ‘Con mucho gusto. ’ 

Entonces, el pastor, cogió a una de las ovejas. Le pedí 
que se lavase las manos y las ubres de la oveja. Así lo hizo, y 
enseguida me ofreció una buena cantidad de leche. Conmigo 
llevaba un odre de cuero lleno de agua para el Mensajero de 
Allah (s.a.s), que había cerrado con un trozo de tela. Vertí un 
poco de esta agua en la leche para que se enfriara un poco y 
se la ofrecí al Mensajero de Allah que acababa de despertarse 
de una corta cabezada. 

‘Por favor, Mensajero de Allah... Toma esta leche’, le 

dije. 

Se la bebió y fue entonces cuando me sentí más 
tranquilo.. . (Bujari, Ashab im-Nabi, 2; Ahmad, I, 2) 

Los Compañeros sentían un amor y un respeto tan gran¬ 
de por el Bendito Profeta (s.a.s), que algunos de ellos no se 
cortaban el pelo por la simple razón de que el Profeta (s.a.s) 
había puesto sus manos en sus cabezas. (Abu Daud, Salat, 28/501) 

Otro bello relato que muestra el profundo amor que 
sentían los Compañeros por el Mensajero de Allah (s.a.s) nos 
viene de las Compañeras, encargadas de transmitir este amor 
a sus hijos. Les regañaban si pasaban mucho tiempo sin visitar 
al Profeta (s.a.s). Una de esas niñas era Huzaifa (r.a) a quien 

Mensajero de Allah (s.a.s) afirmó: “Hay tres grupos de gente con 
los que Allah no hablará en el Más Allá: los que no dan de beber a 
los caminantes a pesar de tener agua de sobras; los que al atardecer 
hacen falsos juramentos para vender la mercancía que les queda; y 
los que hacen acto de lealtad al Califa si éste les provee, pero dan la 
espalda si no lo hace .” (Abu Daud, Buyu, 60/3474) 






Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) - 

su madre había amonestado por no haber visitado al Profeta 
(s.a.s) desde hacia unos cuantos días. Ella misma nos cuenta 
el suceso: 

“Mi madre me preguntó cuándo había sido la última vez 
que había visto al Profeta. Yo le contesté que hacía ya varios 
días. Me mandó salir de la habitación y me regañó severamente. 
Le dije: 

‘No enloquezcas de esta manera, madre. Hoy mismo iré a 
donde el Profeta y haré la salah del Magrib con él. Y también le 
pediré que suplique por nosotras para que Allah nos perdone a 
las dos.’” (Tirmidhi, Manaqib, 30/3781; Ahmad, V, 391-392) 

La condición de Bilal (r.a), el muaddhin de la mezquita 
del Profeta (s.a.s), era muy diferente. Una vez que el Mensajero 
de Allah (s.a.s) abandonó este mundo, Bilal perdió literalmen¬ 
te la lengua. Incluso el cuchillo más afilado no hubiera podido 
separar sus labios. A pesar de su grandeza, Medina se había 
empequeñecido a sus ojos. 

Añorando los dulces días del pasado en los que el Bendito 
Profeta (s.a.s) estaba con ellos, el Califa Abu Bakr le pidió 
repetidamente a Bilal que diera el adhan una vez más. Pero 
Bilal no podía pronunciar aquellas nobles palabras sabiendo 
que su amado Compañero (s.a.s) no estaría allí para escu¬ 
charlas. 


“Si me preguntas como me siento, te diré que he perdido 
todo el poder para dar el adhan después del fallecimiento del 
Mensajero de Allah... Así, pues, no me pidas más que lo haga” 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Pero Abu Bakr (r.a) no estaba dispuesto a perder para 
siempre aquella llamada de los labios de Bilal (r.a) 

“¿Crees que es poca la pérdida del Profeta para que también 
prives a la ummah de su muadhhin?” 

Sintiendo que no podía seguir rehusando la petición de 
Abu Bakr, se dirigió a la mañana siguiente a la mezquita del 
Profeta, subió al minarete y se dispuso a dar el adhan de la 
salah de fayr. A pesar de que intentó superar con todas sus 
fuerzas la profunda emoción que sentía, la voz seguía sin salir 
paralizada por las lágrimas que fluían por sus mejillas. Abu 
Bakr no volvió a pedirle nunca más que diera el adhan. 

Bilal (r.a) no pudo seguir en Medina por más tiempo, una 
ciudad que le traía sin cesar el recuerdo del Bendito Profeta 
(s.a.s). Ese mismo día, después de la salah de fayr , abando¬ 
nó Medina y partió hacia Damasco. Infundido con el deseo 
de reunirse con su amado Profeta, participó en numerosas 
batallas, alejándose de él, una tras otra, el martirio que tanto 
deseaba. Pasaron los años, y tampoco la terrible peste que 
asoló Damasco, se habla de 25.000 muertos, logró arrancarle 
de su destino. Su corazón seguía latiendo y seguía ardiendo 
con la abrasadora llama de la separación. 


Un día vio al Mensajero de Allah (s.a.s) en un sueño. 

“¿Cuánto tiempo más debe durar esta separación, Bilal?” le 
dijo con pesar. “¿Acaso no es tiempo de que me visites?” 





Inmerso en una gran tristeza y melancolía, se despertó 
súbitamente y sin más demora salió de casa con la intención de 
visitar la tumba del Noble Profeta (s.a.s) en Medina. Cuando 





Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


llegó al lugar donde se encontraba su amado Compañero 
(s.a.s) y las lágrimas formaban un escudo que le impedía ver 
otra cosa que no fuera el punzante dolor que sentía, llegaron 
Hasan y Husein. Emocionado al ver a los nietos del Noble 
Profeta (s.a.s) quien solía llamarles “la dulce albahaca del 
Paraíso”, los abrazó tiernamente. 

“Nada nos haría más feliz que oírte dar el adhan, Bilal”, le 
pidieron, y esta vez Bilal no pudo resistirse. Su adhan sacudió 
a toda Medina. Cuando llegó a la parte que dice Ashadu anna 
Muhammadan rasulullah, hombres y mujeres abandonaron 
sus hogares y salieron a la calle encaminándose a la mezquita 
pensando que el Noble Profeta (s.a.s) había vuelto a la vida. 
Desde el día en el que falleció el Profeta (s.a.s), nunca antes la 
gente de Medina había derramado tantas lágrimas. 48 

Este celebre Compañero, un genuino devoto del Profeta 
(s.a.s), falleció finalmente en Damasco a la edad de 60 años. 

Se nos ha transmitido que un poco antes de morir excla¬ 
mó lleno de gozo: “ Mañana, si Allah quiere, estaré con el 
Mensajero de Allah y sus Compañeros’.’ 

Su esposa mostraba un gran pesar al ver a su esposo en el 
lecho de muerte, pero Bilal (r.a), por el contrario murmuraba 
lleno de júbilo, “ ¡qué maravilloso ! (Dhahabi, Siyar, 1,359) 

El amor exuberante de los Compañeros por el Profeta de 
la Misericordia (s.a.s) puede verse también en sus transmisio¬ 
nes de los ahadiz. Conscientes de la gravedad que supondría 





48. Ibn Esir, Usdü’l-Ghaba, I, 244-245; Dhabi, Siyaru Álam-Nubela, 
Beirut 1986-1988,1, 357-358. 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


cambiar el significado o una simple palabra de los dichos 
del Profeta (s.a.s), era muy común verles temblar y volverse 
pálidos cuando comenzaban a narrar un hadiz. Abdulah ibn 
Mas’ud (r.a), por ejemplo, sudaba y temblaba al narrar un 
hadiz del Profeta (s.a.s). Nunca lo terminaba sin añadir "... 
dijo esto mismo O algo similar.” (Ibn Mayah, Muqaddimah, 3) 

Hasta tal punto era amado incluso por el mundo inani¬ 
mado, que el tronco de palmera sobre el que se solía apoyar 
cuando hablaba a la gente en la mezquita, sollozaba de nostal¬ 
gia por el Profeta cuando fue retirado de allí y sustituido por 
unos peldaños de madera. Los enfermos que sorbían un poco 
de agua de la escudilla donde el Profeta había hecho wudn, se 
curaban. Los que comían con él, oían las invocaciones de los 
bocados. 49 Sakal-i sherif algunos pelos de su cabellera y de su 
barba han sido guardados hasta hoy como parte de su legado. 

El líder en la planicie de la resurrección en el Más Allá 

es Él... 

El intercesor por los pecadores es Él, 

El que suplica ummatii, ummatii (mi ummah, mi ummah ) 

es Él, 

La bandera de liwa’id-hamd en el Más Allá está en Sus 
manos, 

Todos los Profetas están bajo su sombra. 

Las manos que abrirán, por primera vez, las puertas del 
Paraíso, también serán las suyas... 





49. Para este y similar milagros ver Bujari, Manaqib, 25. 






Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) - 

Es Sheij Galib quien de forma vibrante describe la escena: 

En el mimbar de las regiones eternas, tu discurso es leído 

ante el tribunal del último Juicio, es aceptado tu veredicto. 

Tu gulbang’i qudum 50 es cantado sobre el Trono, 

tu noble nombre es pronunciado en los Cielos y en la tierra 

La fuente del amor después de los Compañeros 

El gran amor y el afecto sin límite por el Bendito Profeta 
(s.a.s), una misericordia para todos los mundos, continuaron 
con la misma intensidad después de los Compañeros, cons¬ 
cientes de que sólo a través del amor, que como un torrente 
se apresuraba a desembocar en el océano de la unión con 
el Profeta (s.a.s), se puede obtener la paz y la bendición en 
ambos mundos. 

El Mensajero de Allah (s.a.s) anunció que sus amantes no 
cesarán hasta que llegue la Última Llora: 

“Algunos de los que más profundamente me amarán de 
entre mi ummah serán aquellos que vendrán después de mí. 
Por seguirme, estarán dispuestos a sacrificar sus familias y 
SUS bienes .” (Muslim, Yannat, 12; Hakim, IV, 95/6991) 

¡Que Allah, Glorificado sea, nos incluya, Sus más des¬ 
afortunados esclavos, entre aquellos a los que hace referencia 
el hadiz! 

Amin. 


50. Ceremonia musical para recibir a una persona. 






f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


El siguiente relato, transmitido por Abdullah ibn Mubarak, 
revela cómo el amor por el Profeta Muhammad (s.a.s) trans¬ 
ciende todo dolor corporal: 

“Estaba junto al Imam Malik, quien narraba algunos 
ahadiz del Mensajero de Allah (s.a.s), y pude observar la 
agonía que sufría. Completamente pálido, siguió con las 
narraciones del Profeta como si nada pasase. Cuando terminó 
la lección y salieron los estudiantes, le dije: 

‘Abu Abdullah... Parecía como si algo malo te estuviera 
sucediendo. ’ 

‘Sí’, respondió. ‘Un escorpión llegó de no sé dónde y me 
picó varias veces durante la lección, pero decidí aguantar el 
dolor por respeto al Mensajero de Allah. ”’ 51 

También por respeto al Mensajero de Allah (s.a.s), el 
Imam Malik nunca montaba a caballo o en camello dentro 
de Medina por no hollar por donde posiblemente hubiera 
caminado el Profeta (s.a.s). Cuando llegaba alguien a su casa 
para clarificar el significado de algún hadiz, por respeto a las 
palabras del Profeta que iban a ser pronunciadas, hacia wudu, 
se colocaba un turbante y se perfumaba. Sólo entonces acep¬ 
taba que entrase el visitante. De esta forma se preparaba espi¬ 
ritualmente para recibir la Gracia de comentar las palabras 
del Noble Profeta (s.a.s) de la forma más adecuada y efectiva 
posible. El Imam hablaba siempre en voz baja en el Rawdah, 
el área que hay entre el mimbar y la bendita tumba del Profeta 

51. Munawi, Fayzü’l-Qadir, Beirut 1994, III, 333; Suyuti, Miftahu’l- 
Yannah, pag. 52. 






Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) - 

(s.a.s) en la Mezquita de Medina. Una vez le llamó la atención 
a Abu Yafar Mansur, el entonces Califa, cuando en un momen¬ 
to dado levantó demasiado la voz: 

“Baja la voz en esta zona, Califa. Allah ordenó no levan¬ 
tar la voz en Presencia del Mensajero de Allah a un grupo de 
hombres mucho más virtuosos que tú ...” 

Y fue también el Imam Malik quien perdonó al Gobernador 
de Medina, quien le había causado injustificables molestias, 
con estas palabras: 

“Me sentiré avergonzado de exigir mis derechos en el 
Más Allá a un miembro de la familia del Profeta de Allah 
(s.a.s)!’ 

Entre los notables de la ummah, célebre por su amorosa 
devoción al Profeta de la Misericordia (s.a.s), se encuentra 
Sayyid Ahmad Yasawi. Llevado por su profundo amor por el 
Profeta (s.a.s) no quiso vivir por encima del nivel de la tierra 
cuando cumplió 63 años, la edad en la que había fallecido el 
Mensajero de Allah (s.a.s), y durante los últimos diez años de 
su vida, continuó llamando a la gente al camino recto desde 
un lugar subterráneo parecido a una tumba. 

El gran conocedor del hadiz, Imam Nawawi, nunca comió 
sandia en su vida por la simple razón de que no había encon¬ 
trado un solo hadiz en el que se describiera la forma en la que 
el Profeta de Allah (s.a.s) la había comido. 

Para el Sultán Yavuz Selim, uno de los más poderosos 
emperadores de la historia, el encuentro con un noble y sin¬ 
cero siervo de Allah era el mayor acontecimiento que le podía 


4 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


ocurrir a un ser humano en este mundo. En este delicioso 
pareado expresa el Sultán este sentimiento: 

Ser Sultán en este mundo es algo superficial y aburrido, 

pero ser discípulo de un venerable siervo de Allah, supe¬ 
ra a todo lo imaginable... 

Había la costumbre en el tiempo de los otomanos de gra¬ 
var en los anillos algún pareado o alguna cita. Para expresar 
cómo el Todopoderoso había creado el universo en honor a 
la amada Luz del Profeta Muhammad, el Sultán Bezmi Alem 
Valide mandó gravar la siguiente inscripción en su sello impe¬ 
rial: 

Del amor, nació Muhammad, 

Sin Muhammad... el amor es abandono 

De su manifestación Bezmi Alem surgió... 

Así describió Fuzuli el fuego en su famoso Su Kasidesi: 


No me privéis, oh ojos míos, de vuestra agua de amor 
para aplacar el fuego de mi corazón, 

Aunque bien sabéis que para combatir tan gigantescas 
llamas, el agua no es cura 

Perplejos, mis ojos no saben de dónde los cielos toman 
su color, 





¿Son las lágrimas que inundan mis ojos las que los han 
coloreado, o es que tienen el color del agua? 





Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


Que no se lamente el jardinero por regar el jardín de 
rosas, 

Pues una rosa como Su rostro no se abrirá aunque la 
regasen mil jardineros 

Si mi último aliento llegase sin haber podido cumplir mi 
deseo de besar Su mano, amigos míos 

Haced un cuenco con mi lodo y llevárselo a mi amado 
lleno de agua 

Todas sus vidas, estrellando sus cabezas de roca en 

roca, 

Para alcanzar los lugares en los que caminaba, como 
una trainera, fluyen en el agua 

“Una extraordinaria luz alrededor de la cual , incluso el 
sol gira ”, un comentario poético de Suleyman (¡lelebi, para 
quien incluso el sol gira alrededor del Bendito Profeta (s.a.s). 

El Sultán Ahmad llevaba una imagen de las huellas del 
Noble Profeta (s.a.s) impresa en su turbante, para que su evo¬ 
cación le inspirase el mejor comportamiento a seguir en cada 
momento. Debajo de esa imagen escribió este poema: 

¿ Y qué si llevo encima de mi cabeza, como una corona, 

el pie puro del Sultán de los Profetas? 

En el jardín de los Profetas, él es la Rosa de intensa 
fragancia 


Así, pues, corónate, Ahmad, con el pie de esa Rosa 





f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Aziz Mahmud Hudayi expresa este mismo amor con las 
siguientes palabras: 

Tu llegada es una misericordia, un bendito placer, 

Una cura para los enfermos de amor, Profeta, es contem¬ 
plar tu rostro, 

Intercede por Hudayi, ya sea dentro o fuera, 

Arrollado junto a tu puerta, es un esclavo suplicante 

En su camino a la Ka’abah, y con Medina todavía visible 
en el horizonte, el poeta Nabi se sintió profundamente heri¬ 
do al ver a un pashá (general del ejército) estirar su piernas 
inconscientemente en dirección al bendito Rawdah. Dolorido 
por aquella escena, tomó un trozo de papel y escribió el 
siguiente poema para expresar su respeto al Bendito Profeta 
(s.a.s): 

Abandona toda irreverencia, esta es la tierra del Señor 
Amado, 

donde se concentra la mirada Divina; este es el lugar del 
Profeta. 

Entra en este santuario, Nabi, con la mejor de las con¬ 
ductas, 

es el busegah 52 de los Profetas, el recinto sagrado... 

La sincera inspiración que había fluido directamente 
del corazón de Nabi, fue la causa de la milagrosa señal del 





52. Un busegah denota cualquier lugar que es besado. 






Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


Profeta Muhammad (s.a.s), y así, los muadhines de la Rawdah 
recitaron el poema en voz alta desde los minaretes durante la 
salah de fayr. Desconcertado y conmovido, Nabi entró en la 
mezquita empapado en lágrimas. 

M. Esad Effendi, uno de los grandes sheijs del pasado, 
describe en este poema cómo quedó reducido a cenizas por las 
llamas del amor al Profeta: 


Por tu fascinante apariencia, la primavera está ardien¬ 
do, 


Ardiendo está la rosa, el ruiseñor, el jacinto, el barro y el 
espino... todo arde 

Los rayos que emanan de tu resplandeciente rostro abra¬ 
san a los enamorados, 


Está ardiendo la lengua, el corazón, los sollozantes ojos 
por tu amor... arden 

¿ Cómo es posible lavar a los mártires del amor con todo 
este fuego? 

Ardiendo está el cuerpo, el sudario, la dulce agua puri- 
ficadora... arde 

El emotivo poeta, de origen cristiano y que adoptó el 
nombre de Yaman Dede tras experimentar la cegadora Luz de 
Muhammad (s.a.s), se convirtió en un sincero creyente y en 
un amoroso devoto del Bendito Profeta (s.a.s). Con este her¬ 
moso poema describe sus sentimientos por el Amado: 

No sentiré dolor si exhalo, sediento, mi último aliento en 
un abrasador desierto 







f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


No siento humedad en los océanos, hay volcanes explo¬ 
tando en mi corazón, 

Si de los cielos cae lluvia de llamas, a penas sentiré su 
resplandor, 

Retira tu hermosa apariencia, o Profeta, pues me ha 
cegado 

Morir en tu regazo rodeado de tu amor, qué éxtasis 
sería, 

¿Tan imposible es morir en tu habitación, o mi Señor? 

Se sentirían a salvo mis ojos si muriesen en tu amor, 

Retira tu hermosa apariencia, o Profeta, pues me ha 
cegado 

Mi corazón roto, me siento descuartizado, sólo en ti esta 
mi cura 

Abrasado por el fuego, mis labios susurran tu nombre 
alrededor del trono, 

Bendice a esta pobre nada cuando le plazca a tu cora¬ 
zón, 

Retira tu hermosa apariencia, o Profeta, pues me ha 
cegado 

Kemal Edib Kürkqiioglu describe con poética elocuen¬ 
cia la convulsión que sufrieron los cielos con el Miray, la 
Ascensión, del Profeta (s.a.s): 

En la noche del Miray por mirar a su rostro, 

- 






Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


La tierra , en gratitud, los cielos se han postrado 

Emocionadamente vestido con su ihram cada tarde 

El Santo Espíritu arde en deseos de entrar como invitado 
a través de su puerta 

Quien lo ve una vez, exclama ‘Allah, Allah ’, con la espe¬ 
ranza, 

Perdida la razón, de ver su rostro otra vez... 

El Mensajero de Allah (s.a.s) poseía un carácter tal que 
todo aquel que le aceptaba como su guía y le seguía, desarro¬ 
llaba una personalidad única, como estrellas en el cielo. Los 
Compañeros, los nobles amigos de la Verdad adquirían la 
virtud en función de su cercanía a la Luz del Ser (s.a.s). 

No hacemos sino preguntarnos: ¿qué parte nos corres¬ 
ponde de los sentimientos internos de Abdullah ibn Zayd, 
Bilal Habashi, Imam Nawawi, Sayyd Ahmad Yesevi y de otros 
como ellos? Tomando como referencia el amor que mani¬ 
festaron los Compañeros, también nosotros debemos medir 
nuestro amor por el Profeta (s.a.s), sopesar hasta qué punto 
merecemos formar parte de su ummah, e inyectar una dosis de 
espiritualidad que despierte nuestros corazones. 

Los nobles Musulmanes que acabamos de citar son, sin 
duda, personificaciones de las más elevadas virtudes, resplan¬ 
decientes estrellas que brillan en el firmamento de la Verdad. 
Pero lo que les ha convertido en estrellas en los cielos del cora¬ 
zón de los Musulmanes es la intensidad de su amor y devoción 
por el Profeta (s.a.s). 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Sabemos que el amor es como una corriente eléctri¬ 
ca entre dos corazones. Para ser un creyente es vital que el 
corazón adquiera esta capacidad. El trauma y la tragedia 
que hoy sufre el ser humano deriva de esta incapacidad del 
corazón y de la pérdida de la consciencia del enorme poten¬ 
cial que posee, quedando aplastado bajo el martillo del ego. 
Arrastrados por las inclinaciones mundanas y egoístas, hemos 
perdido el camino que revigoriza el espíritu. Llegar al Amor 
Verdadero desde el amor metafórico, de la misma forma que 
Maynun en su viaje desde Layla hasta su Señor, es posible a 
través de un proceso por el cual un corazón desnudo y vacío 
adquiere, a través de un entrenamiento, la capacidad del 
Amor Verdadero. El amor del que la humanidad tiene hoy 
una desesperada necesidad. Todo el mal que vemos a nuestro 
alrededor, todas las atrocidades y tiranías tienen su origen en 
la falta de amor. 

La grandeza del amor se mide por el sacrificio del que es 
capaz el amante en los momentos de necesidad. Un verdadero 
amante debe ser capaz de sacrificar su vida cuando sea nece¬ 
sario, sin tan siquiera tener el sentimiento de que ha hecho 
un sacrificio. Más bien su corazón permanece sereno, como 
si hubiera pagado una deuda. Por el contrario, aquellos que 
ignoran lo que es el amor verdadero han desistido de entrar en 
el camino de la maduración, prefiriendo que sea su ego quien 
les domine y les haga malgastar sus vidas miserablemente. 

La confianza -amanah, esa fe que mueve montañas, es 
de hecho un privilegio concedido por el Todopoderoso a la 
humanidad. La condición previa para adquirir este privilegio 





Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) 


radica en alcanzar el amor verdadero. Sólo morando en el 
amor verdadero conseguiremos poner un fin a la batalla que 
se libra en el interior del ser humano. Una persona madura, a 
través de los reflejos de inspiración obtenidos de un carácter 
ejemplar, libera a su corazón de las inclinaciones animales y lo 
convierte en un jardín del Paraíso donde se abren innumera¬ 
bles ventanas a los espectáculos Divinos. 

“Y cuando le haya completado y le haya insuflado 
parte de Mi espíritu, caeréis postrados ante él”, (Al-Hiyr, 15:29) 
afirma nuestro Señor en el Qur’an, recordándonos la sublime 
esencia que, de Sí mismo, ha otorgado al hombre. Una vez que 
esa esencia, a través del amor, acompaña al Creyente a un esta¬ 
do de maduración, el corazón comienza a cubrir la distancia 
hacia el mundo de los misterios Divinos, donde se encuentra 
la esencia del hombre y del universo. En ese momento se nos 
concede la manifestación de un corazón puro. 

Cuando alcanzamos ese grado de madurez, los velos de 
la ignorancia, que hasta entonces separaban al siervo de su 
Señor, se rasgan y dejan traslucir el secreto de ‘muere antes 
de morir’. El mundo y su efímera pompa pierden consistencia 
hasta que desaparecen del corazón. El espíritu, entonces, sabo¬ 
rea el éxtasis de acercarse a su Hacedor. 

Aquellos que no han gustado el verdadero amor son 
incapaces de eliminar las características animales que rodean 
el carácter humano, y de adentrarse en el mundo angelical. El 
corazón de alguien que no sabe cómo amar, es parecido a una 
tierra estéril. El amor es la morada de la sabiduría, ya que es la 
razón de la existencia. 






Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


La Misericordia Divina, necesaria para que la humani¬ 
dad salga de la depravación y se zambulla en la Gracia, es el 
Mensajero de Allah (s.a.s), el modelo inigualable para el ser 
humano. El camino a la verdadera felicidad debe estar soste¬ 
nido en el aprendizaje del verdadero amor, en la aniquilación 
en su carácter y en su inquebrantable liderazgo. 

El Bendito Profeta (s.a.s) es el amado de todo el universo 
y la razón de su existencia. Es el guía en la unión del siervo con 
su Señor. Con las características que conforman su conducta, 
algunas comunicables y otras imposible de articular aun con 
la más expresiva de las descripciones, el Mensajero de Allah 
(s.a.s) nos proveyó, hasta exhalar su último aliento, con el 
mejor ejemplo de un siervo del Real. 

En pocas palabras, es una misericordia que engloba a 
toda la existencia. Los corazones que le anhelan, arderán para 
siempre en su amor, inhalando en cada respiración la nostal¬ 
gia de reunirse con él. Y en medio de esas llamas del corazón, 
suplicarán: 

“Libérame de tu hermosa apariencia, o Profeta, pues estoy 
ardiendo,” un grito a través del cual darán riendo suelta a un 
amor que se intensifica a cada instante. 

Es este amor el que ha convertido a creyentes como 
Nahauddin Naqshiband o Yunus y Mawlana Rumi en resplan¬ 
decientes estrellas del firmamento espiritual. Con este amor 
Mawlana Rumi se adentró en los dominios de la felicidad; 
una felicidad que era unión con el Eterno, el Supremo. En el 
momento en el que empiezan a caminar hacia la eternidad 
en virtud de haber abandonado los deseos carnales, nada que 





Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) - 

no sea el Eterno les puede satisfacer. Después de todo, ¿cómo 
podría la verdadera felicidad, la que es eterna, mezclarse con 
la mortal, tocada de impermanencia? El sendero hacia los 
benditos dominios de la Gracia pasa a través de la sumisión al 
amor y el afecto por ellos. 

Las siguientes palabras de Mawlana Rumi revelan de 
alguna forma su estado de gozo: 

“Mientras esté vivo, estaré al servicio del Qur’an. Una mota 
de polvo en el camino de Muhammad (s.a.s), me siento distante 
de la persona que utiliza palabras diferentes a las mías’.’ 

La esencia de convertirnos en una mota de polvo en el 
camino del Noble Mensajero (s.a.s), es una experiencia amo¬ 
rosa que dura toda la vida, es obedecerle y seguir su sunnah 
en toda circunstancia. 

Otra forma de adquirir las cualidades necesarias para 
morar en la Luz del Ser (s.a.s), y permanecer envueltos en su 
espiritualidad, es pronunciar el salawat’us-sharifah constante¬ 
mente, seguros de reforzar, así, la unión de nuestros corazo¬ 
nes con él, con su inspiración y con su amor. 






Salawat’us-sharifah 


En el Noble Qur’an, Allah, Glorificado sea, jura por la 
vida del Profeta (s.a.s). Al mencionar su nombre junto al 
Suyo, el Todopoderoso hace de la creencia en su profecía una 
condición sine qua non para ser un siervo digno. Incluso el 
llamarle en voz alta se considera un acto ofensivo. Más aún, 
afirma que tanto Él como los ángeles hacen numerosas súpli¬ 
cas, salawat’us-sharifah, por el Profeta (s.a.s), y ordena a su 
ummah hacer lo mismo. 


Como afirma la siguiente ayah suplicar con salawat’us- 
sharifah es una obligación establecida por Allah para todo 
creyente: 

“Es verdad que Allah bendice al Profeta y Sus ángeles 
piden por él. ¡Vosotros que creéis! Orad por él y saludadlo 
con un saludo de paz.” (Al-Ahzab, 33:55) 

Ubai ibn Kab (r.a) nos ha transmitido el siguiente relato: 





“Había pasado la tercera parte de la noche cuando el 
Mensajero de Allah se despertó y dijo: ‘O gente, recordad a 
Allah. Recordad a Allah. Se soplará la primera vez en el cuerno 
y la tierra temblará. Luego se sonará por segunda vez. La muer¬ 
te llegará con toda su intensidad; la muerte llegará con toda 
su intensidad...’ Le dije: ‘Repito mucho el salawat’us-sharifah, 




Salawat’us-sharifah 


O Mensajero de Allah. ¿Cuántas veces debo hacerlo?’ ‘Las que 
quieras,’ me contestó. ¿Sería suficiente si dedicase un cuarto de 
mis súplicas para ello? -pregunté de nuevo. ‘Dedica tanto tiempo 
como desees,’ me aconsejó. ‘Pero sería mejor que dedicases más. ‘ 
‘Entonces dedicaré la mitad.' ‘Como quieras, pero sería mejor 
que dedicases más,’ dijo. ‘¿Qué tal entonces si dedico dos tercios?’ 
‘Como quieras, pero sería mejor que dedicases más.’ ‘Entonces, 
¿qué tal si dedico todo el tiempo de la súplica al salawat‘us-sha- 
rifah,’ le pregunté finalmente. ‘Si lo haces,’ me contestó, ‘entonces 
Allah te librará de todas tus aflicciones y perdonará tus faltas.’” 
(Tirmidhi, Qiyamah, 23/2457) 

Así pues, los seguidores del Profeta (s.a.s) dicen el 
salawatus-sharifah continuamente, ya que es un medio de 
aumentar el amor por él en el corazón del creyente. El hecho 
de seguir plenamente al Bendito Profeta (s.a.s) y beneficiarse 
de su extraordinario ejemplo viene a través de captar las rea¬ 
lidades del Quran y de la sunnah, lo cual, a su vez, es posible 
solamente con la aproximación al comportamiento del Profeta 
(s.a.s) y el ahondamiento en las profundidades de su corazón. 

Ningún mortal puede describir adecuadamente sus atri¬ 
butos esenciales; su elevado comportamiento y disposición 
van más allá de la comprensión general de la gente. Los sabios, 
los sultanes de la espiritualidad, incluso el mismo Yibril, todos 
aceptaron seguir su camino como el honor más grande, todos 
quisieron ser de los suyos como el mayor favor que se puede 
obtener. 


Según lo reconocido, todas las salawat empiezan y termi¬ 
nan con la acción de gracias a Allah, Glorificado sea, y súpli- 





i^¡á*¡<í3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


cas por el Profeta (s.a.w). Hay consenso general sobre el hecho 
de que Allah, Glorificado sea, siempre acepta el salawatus- 
sharifah, que a su vez, y en su esencia, es una súplica y petición 
ante el Todopoderoso. Esta es la razón principal por la que 
empezamos y terminamos con él nuestras oraciones. Es decir, 
hacerlo entre dos súplicas personales aumenta la posibilidad 
que éstas sean aceptadas. 

“ Una súplica según nos transmite ‘Umar, “se queda flo¬ 
tando entre el cielo y la tierra, y no se eleva hacia Allah hasta 
que la acompañen las súplicas por el Mensajero (Tirmidhi, Witr, 
21/486) 

En efecto, una día el Profeta (s.a.w) observó por casua¬ 
lidad que un hombre suplicaba después de la salah sin haber 
ofrecido las gracias a Allah, Glorificado sea, y sin haber supli¬ 
cado por él. Comentó: 

“Este hombre se ha dado mucha prisa’.’ 

A continuación le llamó para darle el siguiente consejo: 

“Cuando uno quiere suplicar, debe primero darle las gracias 
a Allah, luego suplicar por Su Profeta, y finalmente hacer las 
súplicas que desee!’ (Tirmidhi, Dawat, 64/3477) 

La importancia que tiene el tawassul en nuestras súplicas, 
es decir hacerlas en el nombre del Profeta (s.a.w), está refleja¬ 
da en la siguiente transmisión de Ibn Abbas: 

“Los judíos de Jaibar y la tribu de Ghatafan estaban en 
guerra. Los judíos siempre salían perdedores. Finalmente hicie¬ 
ron la siguiente súplica: ‘Señor, pedimos victoria en el nombre 





Salawat’us-sharifah 


del Profeta Iletrado, cuya aparición en la Época Final has 
prometido.’Después los Ghatafan fueron derrotados. Sin embar¬ 
go, una vez que Allah, Glorificado sea, mandó a ese Profeta en 
cuyo nombre los judíos habían hecho la súplica, éstos rechaza¬ 
ron su profecía y el libro que había traído. Fue entonces cuando 
Allah proclamó: 

“Y ahora que les ha llegado un libro de Allah, que es una 
confirmación de lo que ya tenían, no creen en él, a pesar de 
reconocerlo y de que en otro tiempo pidieron auxilio contra 
los incrédulos. ¡Qué la maldición de Allah caiga sobre los 
incrédulos!” (Al-Baqarah, 2:89) (Qurtubi, II, 27; Wahidi, p. 31) 

Queda, por lo tanto, de manifiesto que incluso los incré¬ 
dulos se aprovecharon de la abundante misericordia que 
impregnó el universo con la llegada del Profeta del Islam 
(s.a.w) y del honor que tenía ante Allah. El Todopoderoso le 
hizo a Su Profeta (s.a.w) la siguiente promesa: 

“Pero Allah no les iba a castigar mientras que tú estabas 
entre ellos ni tampoco lo iba a hacer mientras todavía podían 
pedir perdón.” (Al-Anfal, 8:33) 

También los incrédulos reciben promesas. Dado que 
incluso ellos se merecían tal privilegio debido a su proximidad 
física con el Profeta (s.a.w), las bendiciones que esperan a los 
creyentes no se pueden ni imaginar, ya que no solamente afir¬ 
man su creencia en el Ser Supremo, sino que también partici¬ 
pan de Su amor como parte de su creencia. Las palabras son 
incapaces de expresar este hecho, pero no cabe la menor duda 
de que el grado de felicidad en este mundo y el rango en el Más 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Allá dependen de la profundidad a la que llega el creyente en 
su amor por el Profeta (s.a.w). 


Así pues, no dejes de suplicar las bendiciones y la paz 
sobre él, porque también tú necesitarás de su intercesión en la 
Hora Más Negra. 



















Lo que más necesita el corazón y la mente: 
Un carácter ejemplar 


La educación que nos hace hombres: La Enseñanza 
Divina 

Allah, Glorificado sea, ha puesto la tierra y los cielos al 
servicio de los seres humanos 53 , lo que significa que estos 
tienen la obligación de ser responsables y respetuosos con 
este don de su Señor . 54 En otras palabras, el Todopoderoso ha 
guiado tanto al universo como al hombre a través de las Leyes 
Divinas, estableciendo de este modo un equilibrio entre la 
libertad y la responsabilidad en esta vida, que queda expresado 
en la siguiente ayah: 

“Ha elevado el cielo y ha puesto la balanza para que 
no abusarais al pesar.” (Ar-Rahman, 55:7-8) 

Esto implica que el hombre debe mantener la armonía que 
rige el universo -absolutamente perfecta a pesar de la magnitud 
de sus incontables elementos. Igual de perfecto debería ser el 
viaje del hombre en su camino hacia el Todopoderoso, y sola¬ 
mente aquellos que logren conseguir este equilibrio durante 





53. Ver Yaziya, 13. 

54. Ver Qiyamah, 36. 





‘^s***^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


toda su vida serán felices en ambos mundos. Pero aquellos que 
lleven una vida desequilibrada y sean dirigidos por sus deseos 
efímeros y los placeres mundanos, serán meros ignorantes del 
misterio de la vida y de la muerte. Serán incapaces de ser uno 
con la divina armonía que resuena en el universo, incapaces de 
comprenderla. Habrán malgastado sus vidas arrastrados por 
el torbellino de la ignorancia, un ignominioso preludio de lo 
que les espera en el Más Allá. 

La respuesta a este misterio se encuentra en la propia 
naturaleza humana. Si tomamos por cierto que el hombre ha 
sido enviado a este mundo para ser probado, entenderemos 
por qué se le ha provisto con un potencial para el bien y otro 
para el mal, ya que la prueba exige que se tenga el poder de 
realizar ambas acciones. 

Tomando esta idea en consideración, podemos afirmar 
que el hombre es un campo de batalla donde cada día se libra 
una guerra, tanto interna como externamente, entre el bien y 
el mal. El deseo de uno o de otro irá dibujando el marco de la 
vida humana, ya que de la misma forma que existe en nuestro 
interior un poder inherente para hacer el bien, existe otro 
poder inherente para hace el mal, éste desarrollado funda¬ 
mentalmente por los egos que no han recibido una apropiada 
educación. Pero al mismo tiempo sabemos que las fuerzas de 
la razón, del intelecto y de la voluntad no son suficientes para 
salir victoriosos de este incesante combate. De haberlo sido, 
el Todopoderoso no habría reforzado a Adam (a.s), el primer 
hombre que creyó, con la profecía, y no le habría revelado 
las verdades divinas únicas capaces de aportarnos lo mejor 





Lo que más necesita el corazón y la mente: Un carácter ejemplar 


de ambos mundos. Bien al contrario, Allah, Glorificado sea, 
siempre ha dirigido a la humanidad hacia el camino recto a 
través de los profetas y de la revelación. Con los libros que ha 
hecho descender, tanto el corazón como la mente humanos 
han recibido la educación espiritual necesaria. 

La razón es como una espada de doble filo. Nos puede 
conducir tanto a la virtud como al vicio. Así es en verdad. 
El ser humano alcanza el nivel de ahsanu taqwim, el mejor 
de los moldes, con la ayuda de la razón. Sin embargo, muy a 
menudo es la razón la que le lleva a la cima de bal hum adall, 
un nivel de consciencia por debajo del de los animales. La 
razón, por lo tanto, debe ser disciplinada, educada a través de 
las enseñanzas reveladas a los Profetas. Bajo la supervisión del 
conocimiento revelado, la razón puede llevar al hombre a la 
orilla, mientras que desprovista de esta guía Divina de seguro 
que le conducirá a un trágico final. 


La historia ha sido testigo de numerosos tiranos. Todos 
ellos con grandes capacidades racionales, pero que, sin embar¬ 
go, nunca sintieron el menor remordimiento por haber come¬ 
tido brutales masacres, ya que percibieron aquellos genocidios 
como algo correcto y racional. Julagu Jan, por ejemplo, mandó 
ahogar a 400 mil inocentes en las aguas del Tigres, sin alber¬ 
gar por ello el menor sentimiento de culpabilidad. Antes del 
Islam, muchos mequinenses solían enterrar vivas a sus hijas 
recién nacidas ante los silenciosos gritos de sus madres que 
observaban impotentes aquel crimen con el corazón roto en 
pedazos. Cortar a un esclavo era para ellos lo mismo que cor¬ 
tar leña, lo veían incluso como su derecho. No obstante, igual 






manjar» Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


que nosotros, tenían sentimientos, pero estos sentimientos 
funcionaban como los dientes de una rueda que gira al revés. 

Todo esto nos muestra la necesidad natural de los hom¬ 
bres de seguir una guía y de ser guiados, lo cual, a su vez, debe 
ser compatible con la disposición en la que fueron creados. Tal 
compatibilidad solamente se da en caso de llegar a través de 
la educación proveniente de la Revelación, la guía y la forma¬ 
ción proféticas. Cualquier guía que choque con la disposición 
natural, generará maldad. 

Una característica que domine el carácter humano, sea la 
que sea, aniquilará la acción de su opuesto. El hecho de que 
domine el bien hace que el mal sea imposible. Si predomina 
el mal, intentará sofocar al bien. Este conflicto interno per¬ 
siste durante toda la vida. Por esta razón, el Todopoderoso 
concedió a la humanidad un don más -la guía de los Profetas. 
Solamente los que la siguen llegan a desarrollar toda su belleza 
interior y a convertir los copos de la nieve invernal en flores de 
primavera. De esa forma, aquella sociedad que se había desa¬ 
rrollado en la Era de la Ignorancia, logró transformarse en la 
más perfecta comunidad de todos los tiempos. 





Siguiendo este camino, los hombres pueden llegar a ser 
siervos con los que Allah esté complacido. De lo contrario, 
estarán condenados a fracasar en la prueba Divina, a perder 
en la lucha entre el ego y el espíritu, y a caer en lo más bajo. 
El objetivo de la vida mundana, de hecho, es el de establecer 
en qué lado se posiciona el ser humano dada su capacidad de 
libre elección. Mientras se decide el resultado de la batalla, 
el hombre está expuesto a numerosas influencias. Un paseo 





Lo que más necesita el corazón y la mente: Un carácter ejemplar — 

por un jardín en flor le deja a uno lleno de las más intensas 
fragancias, mientras que pasear por un campo estercolado 
le llenará de olores indeseables. Caminar con firmeza entre 
las numerosas influencias de la vida es solamente posible 
teniendo una refinada guía y una apropiada enseñanza. Caer 
en la depravación a causa de una total sumisión a los intereses 
de esta vida pasajera puede ser el resultado de los conflictos 
internos y externos que a veces se presentan como imposibles 
de resolver. Estos conflictos, en su esencia, son el resultado del 
hecho de que el hombre es, a la vez, cima de las virtudes que le 
pueden llevar hacia su Creador, y abismo de los atributos más 
bajos. Por lo tanto, el mundo interior de los que están ajenos a 
la guía y a la enseñanza, y cuyos corazones aún no han alcan¬ 
zado la paz, se asemeja a un bosque habitado por animales 
salvajes y, en consecuencia, dominado por sus características. 

Así pues, los hay tan astutos como el zorro, otros son tan fero¬ 
ces como la hiena; algunos se parecen en su afán de almacenar 
riqueza a las hormigas, y otros a las serpientes venenosas; 
algunos acarician antes de morder y esconden el engaño bajo 
la sonrisa, otros chupan la sangre como las sanguijuelas. Los 
que están expuestos a tales lamentables hábitos son aquellos 
que no han logrado romper el dominio de su ego y cons¬ 
truir, con la educación espiritual, un carácter firme. Algunas 
personas desarrollan su vida dominadas por un carácter ani¬ 
mal, mientras que otras lo hacen bajo la influencia de otros 
aspectos diversos. Dado que su naturaleza queda reflejada 
en su conducta, no es difícil, para los que saben, entender su 
verdadera personalidad. También su comportamiento actúa 

- 





f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


como un espejo que refleja su mundo interior, sin que sirva de 
nada el disimulo. 

¿Acaso no es el comunismo un sistema construido sobre 
veinte millones de cadáveres, sobre la reflexión de un corazón 
brutal? ¿Acaso no son las pirámides, que acabaron con las 
vidas de miles de seres humanos para construir la tumba de 
un faraón, atroces monumentos de opresión? Para muchos 
despistados siguen siendo obras maestras de la historia que 
asombran a la mente. Consideradas desde la Verdad, ¿no son 
acaso el retrato de la crueldad, suficientes para conmover y 
amedrantar a la más salvaje de las hienas? 

Todo esto es una prueba de que cuando la sociedad está 
dirigida por ranas, todo se convierte en una ciénaga. Cuando 
dominan las serpientes y escorpiones, la sociedad queda 
expuesta a su veneno, lo cual resulta en el terror y la anarquía; 
y cuando predominan las fragancias de los rosales, las tierras 
se vuelven jardines de paz. 

Por lo tanto, la enseñanza de la Revelación se hace impe¬ 
rativa. Aquellos que se alejan de ella, incluso si no muestran 
signos de brutalidad e incluso nos ofrecen muestras de buen 
comportamiento, son potencialmente violentos, ya que fuera 
de la enseñanza Divina, toda bondad es pasajera. En momen¬ 
tos de dificultad, cuando se imponen los objetivos e intereses 
egoístas, sale a la luz la maldad y la agresión. Un ego en su 
estado inmaduro nos recuerda a un gato que abandona la 
comida que tiene delante para lanzarse a perseguir, sin pararse 
un instante a pensar, un ratón que ha visto a lo lejos. Las vidas 
del Faraón y de Nimrod, regidas por el mismo impulso, no son 





Lo que más necesita el corazón y la mente: Un carácter ejemplar 


otra cosa que manifestaciones de una tiranía que acabó con 
millones de personas asesinadas a sangre fría. 

En la enseñanza divina hay un mandamiento inapelable 
que nos ordena actuar con delicadeza, como una temblorosa 
vela, y respetar hasta los más insignificantes derechos de los 
demás. ¿Cómo, pues, se puede justificar la matanza de seres 
humanos inocentes? El Bendito Profeta (s.a.w) evitaba incluso 
romper una rama verde. En su camino hacia Meca, el Día de 
la Conquista, ordenó a su ejército que cambiara de lado para 
evitar asustar a una perra que amamantaba a sus cachorros. 
Apenado al ver un nido de hormigas reducido a cenizas, el 
Noble Profeta exclamó: “¿Quién ha podido hacer una cosa 
así?” Imbuidos de este espíritu del Profeta (s.a.w) esculpido en 
el barro de la compasión, los Otomanos fundaron numerosos 
waqfs, fundaciones para favorecer la actividad de los seres 
humanos y de los animales. Algunos de ellos se habían creado 
con el propósito de alimentar a los animales desvalidos. Hoy 
no nos sorprende cuando leemos los escritos de numerosos 
viajeros que atravesaron los territorios otomanos y atesti¬ 
guaron cómo los perros y los gatos se mezclaban sin ningún 
temor entre la gente en los barrios musulmanes, mientras que 
en las otras zonas de la ciudad buscaban lugares donde escon¬ 
derse de la vista del ser humano. 

Podemos ver por el comportamiento de una persona su 
grado de madurez. Derramar suficiente sangre como para 
lavar el suelo es algo propio del hombre, pero también es pro¬ 
pio del hombre derramar su propia sangre para salvar la vida 
de otro ser humano. 




Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


Hay una sabiduría en el hecho de que convivan juntas 
personas con características positivas y negativas. Para ilus¬ 
trarlo diremos que esa situación es parecida a la de una gacela 
que ha sido encerrada en una enorme jaula donde ruge un 
grupo de bestias feroces. A veces una persona generosa con¬ 
vive con un codicioso; el sabio con el simple; o el benevolente 
con el opresor. El codicioso tiene poca compasión; el cobarde 
carece de compromiso; el generoso, por su parte, es compa¬ 
sivo, humilde y comprometido. El simple no comprende al 
sabio; el opresor piensa que actúa con justicia y se excusa a sí 
mismo cuando utiliza la fuerza para aplastar a los que tiene 
a su alrededor. En otras palabras, el carácter angelical debe 
sobrevivir en un mundo de hienas. Los primeros siguen el 
camino de acercamiento y servicio a la verdad, mientras que 
los otros caen en el más absoluto fracaso, asumiendo una vida 
dominada por los más bajos hábitos y controlada por la gula 
y la lujuria. 

Vivir en un mundo habitado por caracteres opuestos 
es, en esencia, una difícil prueba. Y sin embargo, el hombre 
está obligado a superarla. Pasar esta prueba y reunirse con la 
Divinidad es el objetivo fundamental de la existencia humana, 
lo que a su vez exige deshacerse de los atributos negativos y 
abastecerse de aquellos que nos permitirán vivir con honor y 
dignidad en este mundo. 





Si bien el espíritu es celestial, el cuerpo del ser humano 
es terrenal. Así, cuando el espíritu vuelve a Allah, Glorificado 
sea, de la misma forma deberá el cuerpo volver a la tierra. 
Corporalmente, el hombre contiene características de otros 





Lo que más necesita el corazón y la mente: Un carácter ejemplar 


organismos y esta es la precisa razón por la cual el ego debe 
ser doblegado a través de un entrenamiento y refinamiento 
espirituales para de esta forma alimentar y reforzar al espíritu. 
Si no es así, uno no puede librarse de ser víctima externamente 
de Shaytan e internamente de las transgresiones del ego, y de 
debilitar de este modo las cualidades positivas del corazón. 

El Quran afirma: 

“¡Por un alma y Quien la modeló! Y le insufló su rebel¬ 
día y su obediencia. Que habrá triunfado el que la purifique y 
habrá perdido quien la lleve al extravío.” (As-Shams, 91:7-10) 

El gran Mawlana Rumi explica el bien y el mal del mundo 
interior que menciona el ayah a través de la siguiente analo¬ 
gía: 

“Si quieres saber la verdad, oh tú que te esfuerzas en el 
camino del Real, has de saber que ni Musa ni Faraón han muer¬ 
to. Están bien vivos en tu interior, camuflados en tu existencia, 
continuando la batalla en tu corazón. Así pues, tú mismo debes 
buscar a estos contrincantes dentro de ti mismo!’ 

Y más adelante: 

“No alimentes la carne en exceso para que se desarrolle, 
porque está destinada a la tierra. Alimenta, en cambio, tu 
corazón, porque es lo que está destinado a lo más alto, a lo más 
honorable. A la carne dale poco de lo dulce y bueno, ya que 
aquellos que se exceden en complacerla, terminan víctimas de los 
deseos del ego, perdidos y avergonzados. Alimenta al espíritu con 
lo espiritual. Ofrécele el pensamiento maduro, el entendimiento 




i^¡á*i<*3zri Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


delicado, y otras perlas parecidas, para que llegue a su destino 
con fuerza 

El ego dejado a su aire es como un árbol sin raíces, algo 
que se ve en seguida en sus ramas, hojas y frutos. Una enfer¬ 
medad en el corazón sale a la luz a través de los actos del cuer¬ 
po, extendiendo su daño a todo él. Sus síntomas son la malicia, 
la envidia, la presunción y otras características del ego. Están a 
la espera del tratamiento necesario, de una rectificación que es 
solamente posible entrando en el camino trazado e indicado 
por Allah, Glorificado sea. Los dos actos que permiten a un 
ser humano construir un carácter acorde a la complacencia 
del Todopoderoso son seguir el ejemplo e imitarlo. 

Seguir el ejemplo e imitarlo 

La necesidad de seguir un ejemplo es innata en el hom¬ 
bre. salvando algunas excepciones, todas las ideas, creencias 
y actividades que conforman el carácter de una persona, su 
lengua, religión, conducta, hábitos, se desarrollan a través 
de los ejemplos que tiene a su alrededor y de las impresiones 
que recibe de ellos. Un niño, por ejemplo, aprende la lengua 
imitando a sus padres; la adquisición de una segunda, terce¬ 
ra o cuarta lengua necesita de otros ejemplos. Así pues, en 
un sentido general, la educación de una persona consiste en 
aprovechar su innata tendencia a imitar lo que se le pretende 
enseñar, sea bueno o malo. De esta manera, y dependiendo de 
la capacidad que tenga la persona de imitación de sus padres, 
parientes y de todo el entorno social, llegará a ser un buen o 
mal miembro de la sociedad. 





Lo que más necesita el corazón y la mente: Un carácter ejemplar — 

No obstante, mientras adquirir una lengua, u otras habili¬ 
dades de este tipo, es relativamente fácil, en la formación de la 
religión, la moral, y del mundo espiritual en general, aparecen 
barreras y el asunto se complica. En consecuencia, mientras 
que este mundo no esté bajo la enseñanza de los Profetas y 
amigos del Real, el ser humano no podrá evitar tropezar y 
ser arrastrado hacia el pozo de la ignorancia y la rebelión, 
convirtiendo su potencial para la felicidad eterna en un mons¬ 
truoso desastre. La condición de los que toman a los famosos, 
esos paradigmas de consentimiento e indulgencia, como sus 
modelos e intentan imitarlos, causándose así un daño inima¬ 
ginable tanto en éste como en el Otro mundo, es a la vez un 
gigantesco desperdicio del potencial humano y la prueba de 
que una civilización se ha vuelto corrupta. Es, nada menos, 
que la destrucción final del corazón, vacío y abandonado, por 
medio de querer llenarlo con algo, por muy insignificante o 
maligno que sea. 

Ilustrando los trucos del ego con ejemplos concretos, 
Mawlana Rumi desgrana de esta forma las sofisticadas mane¬ 
ras con las que se engaña el hombre: 

“No es sorprendente que un cordero huya de un lobo, por¬ 
que el lobo es un depredador, su enemigo; pero que un cordero 
se enamore de un lobo... esto sí que merece todo nuestro asom¬ 
bro” 

“Muchos peces, nadando tranquilamente, se quedan engan 
chados en un anzuelo, pescados, víctimas de su avaricia 


0 




f^***»^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


La humanidad siempre está necesitada de guías, con 
corazones nobles y espíritu refinado, que le enseñen la forma 
de descubrir las trampas del ego. 

El carácter ejemplar de los Profetas 

Dado que imitar a alguien por quien sentimos afecto 
es una característica natural del ser humano, es absoluta¬ 
mente necesario para el hombre encontrar los más perfectos 
ejemplos a seguir. Por esa razón, Allah, Glorificado sea, ha 
bendecido a la humanidad no solamente con los Libros y la 
Revelación, sino también con los Profetas, personificaciones 
de esos libros, dotados de incontables atributos superiores y 
ejemplos a seguir en todos los aspectos de la vida. En cuanto a 
los santos, los herederos de los Profetas y amigos del Real, son 
los sabios, virtuosos y maduros Creyentes que han alcanzado 
metas concretas. 

Han fusionado impecablemente lo esotérico y lo exotéri¬ 
co de la Religión y lo han incrustado en sus personalidades. 

Han alcanzado la perfección de conducta adelantando su 
corazón en el camino de la piedad y la abstinencia. 

Han logrado una profundidad de sentimiento y de fe por 
medio de expandir su conocimiento y comprensión hacia los 
horizontes de ambos mundos. 

Han establecido como su objetivo único el de salvar a la 
humanidad de las malas conductas y del oscuro túnel del ego, 
elevándola hacia los cielos de la madurez espiritual. 





Lo que más necesita el corazón y la mente: Un carácter ejemplar 


Son la cima de la conducta perfecta, discípulos de la 
enseñanza de los Profetas, extendida en el tiempo para aque¬ 
llos que no han sido favorecidos directamente con el ejemplo 
profético. La enseñanza y el consejo que proponen se articulan 
en el lenguaje de la misericordia que revitaliza al corazón con 
las gotas de la espiritualidad tomadas de la fuente profética. 
Cuando en algún lugar del mundo alguien ve una sociedad 
impregnada de justicia, donde los corazones están unidos por 
el vínculo de la misericordia y de la compasión, donde los 
ricos se apresuran a ayudar a los pobres, a los huérfanos y a 
los necesitados; donde los fuertes protegen a los débiles y los 
enfermos se apoyan en los sanos, entonces, sin duda alguna, 
está sociedad ha recibido estos dones de los Profetas y de 
aquellos que siguieron sus pasos. 


La familia humana que empezó con Adam y Hawwa (a.s) 
adoptó para su adoración el lugar en el que hoy se encuentra 
la Kaabah, en Meca. Por una necesidad natural y social, los 
hijos de Adam (a.s) se extendieron con el tiempo por todos 
los rincones de la tierra, guiados por los Profetas que llegaban 
periódicamente para corregir lo que con el paso del tiempo se 
había manipulado u olvidado. Protegida de este modo a través 
de la historia del desastre individual y social por la marca de 
la Gracia Divina, la humanidad llegó a la Época Final. En el 
tiempo -asr- que cubre toda la historia, en el asrus-saadah, la 
Edad de la Felicidad llegó con el Profeta Muhammad (s.a.w) 
en el mismo lugar donde todo había empezado, llegó como el 
cénit, la manifestación final de la cadena profética. Llegó el 
Islam como el Din de Allah, Glorificado sea. 


7 







*^**<4^ Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa §§ 


Podemos entonces afirmar que el Noble Profeta (s.a.w), la 
personificación de innumerables virtudes, es el ejemplo per¬ 
fecto a seguir y, de esta forma, podremos satisfacer la natural 
tendencia del ser humano a imitar. El éxito de este proceso 
depende, indudablemente, del amor que se sienta por él y del 
grado de estima en el que se tenga su carácter. 








¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


El corazón y la razón 

El Todopoderoso ha hecho del hombre un ser único, 
ahsanul-taqwim, el mejor molde, poniendo, además, a su ser¬ 
vicio todo lo que hay en los cielos y en la tierra. Por supuesto, 
esto es así para los que reflexionan, ya que lo que implica 
este hecho es que nuestra mayor obligación es contemplar las 
bendiciones de Allah, Glorificado sea, y hacer un buen uso de 
ellas según el propósito con el que nos han sido concedidas. 
Muy en particular, esta obligación se refiere al uso del corazón 
y de la razón. 

¿Cuál es el uso correcto de la razón? La razón no puede 
ser esclava del ego, sino que a través del conocimiento de las 
realidades Divinas debe adquirir la consciencia de que este 
mundo es una continua prueba. 

¿Cuál es el uso correcto del corazón? El corazón es el 
recinto del Amor Verdadero, el punto donde se focaliza lo 
Divino. Por esa razón, debe mantenerse libre de todo lo 
demás, inmaculado, rebosante de dhikr y tawhid, para así 
poder volver a la presencia Divina en toda su pureza. 

Para conseguir estos objetivos necesitamos: 




Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


El ejemplo único - el Bendito Profeta (s.a.w) 

Con el objetivo de advertirnos y facilitarnos esta toma de 
consciencia, el Todopoderoso ha enviado a Sus Profetas, alre¬ 
dedor de 124,000, como muestra de Su Generosidad ilimitada. 
El último que envió, hace quince siglos, fue el que Él más amó, 
el más impecable y único. Cada uno de ellos fue enviado a 
una gente concreta, a la que guió de acuerdo con su estructura 
social. El Profeta Muhammad (s.a.w), en cambio, fue enviado 
como el regalo más precioso a la humanidad entera, con la 
guía hasta el final de los tiempos, en el momento en el que la 
incredulidad y la ignorancia habían llegado hasta lo más pro¬ 
fundo y reinaban por doquier. 

El milagro más grande 

Allah, Glorificado sea, le concedió a este Profeta Suyo 
(s.a.w) el milagro más grande de todos: el Noble Quran, la 
prueba en sí misma de la Palabra de Allah y de la verdad de 
la profecía de Su Mensajero hasta el Día de la Resurrección, el 
Día en el que cada uno de nosotros seremos testigos de este 
milagro y obtendremos acceso a él. Con este milagroso Quran 
el Profeta Muhammad (s.a.w) construyó una sociedad cuyo 
tiempo llegó a ser conocido como la Edad de la Felicidad. No 
ha existido en toda la historia otro caso parecido. De la gente 
más baja e ignorante se erigió la sociedad más virtuosa que se 
pueda imaginar, como si la profundidad del Océano Indico se 
hubiese elevado hasta la cima de los Himalayas. La enseñanza 
espiritual del Profeta (s.a.w) influyó con tal intensidad en los 
sentimientos, con tal compasión y responsabilidad, que una 





¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


turba capaz de enterrar vivas a sus hijas recién nacidas llegó a 
sufrir al ver una oveja devorada por un lobo en las orillas del 
Tigres. 

Los ciegos vilipendian al sol 

Los corazones que no están ciegos reconocerán al Bendito 
Profeta (s.a.w) y no encontrarán en él ninguna deficiencia, a 
no ser que sean bizcos. Los que intenten criticarle, criticarán 
sus propias faltas y debilidades. La historia está llena de pue¬ 
blos que calumniaron a sus propios Profetas. Como la Verdad 
Divina que enseñaban no estaba conforme a los deseos egoís¬ 
tas de muchos de ellos, se sentían incómodos con el mensaje 
que les traían los Profetas y trataban por todos los medios de 
acallar su discurso. Así pues, recurrían a su propia maldad 
para contrarrestar esta Verdad y seguir insistiendo en la legiti¬ 
midad de su arbitrario modo de vida. Exactamente lo mismo 
pasó con el Último Profeta (s.a.w). Las calumnias y ataques de 
los que fue objeto reflejan la bajeza y miseria de aquellos que 
los orquestaron. 

Todos los seres vivos necesitan de un hábitat adecuado a 
su naturaleza, y los seres humanos no son una excepción. Es 
imposible imaginarse a una abeja en un mundo sin polen ni 
flores, de la misma forma que es imposible suponer que una 
rata, que gusta de la suciedad, pueda vivir entre rosales. Los 
grandes espíritus se alimentan de la inspiración que emana de 
la Verdad que trajo Muhammad (s.a.w), mientras los malva¬ 
dos se contentan con la mugre. 





mnAas^r» Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


A veces Abu Bakr (r.a) miraba maravillado el rostro del 
Noble Profeta (s.a.w) y exclamaba: “¡Qué hermoso!”, viendo 
a través de ese espejo su mundo interior. Cuando el Profeta 
(s.a.w) dijo en una ocasión: 

“Me he aprovechado de los bienes de Abu Bakr más que de 
los de ninguna otra persona 

Abu Bakr (r.a) contestó emocionado: 

“¿No son acaso mis bienes totalmente tuyos, O Mensajero 
de Allah?” (Ibn Mayah, Muqaddimah, 11) 





Las palabras de Abu Bakr muestran que toda su exis¬ 
tencia estaba al servicio del Profeta de Allah (s.a.w) y que 
su mundo interior era el reflejo de la enseñanza del Profeta 
(s.a.w). Por otro lado, Abu Yahl, el más acérrimo enemigo 
de Allah y de Su Mensajero (s.a.w) recibía del mismo rostro 
la impresión totalmente opuesta, ignorando su belleza y su 
esplendor. La diferencia estriba en sus opuestas realidades, es 
decir en sus mundos interiores, que se reflejan en el Espejo 
de Muhammad (s.a.w), porque los Profetas son como espejos 
luminosos a través de los cuales la persona ve su mundo inte¬ 
rior. Los espejos no mienten, ni reflejan como hermoso algo 
que es feo, ni como feo algo que es hermoso. Solamente refle¬ 
jan lo que está delante de ellos. Confrontados con el poder y 
la majestad de Allah, Glorificado sea, cuyo poder protege al 
Islam, a aquellos que desafían al Bendito Profeta (s.a.w), al 
Quran, y a los Musulmanes, tarde o temprano les alcanzará la 
venganza Divina. Ha sido grande la cantidad de veneno escu¬ 
pido por los siniestros mundos interiores, y de insultos pro¬ 
ducidos por las plumas de los descerebrados para atacar a los 





¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


corazones musulmanes llenos de amor por el Noble Profeta 
(s.a.w), pero no olvidemos nunca que es imposible destrozar 
la inclinación hacia la verdad concedida al ser humano por el 
Todopoderoso. Aunque en rebeldía debido a la coerción, el 
mal ejemplo o el olvido, no se puede aniquilar totalmente el 
anhelo de la Verdad enraizado en lo más profundo del espíritu 
y de la consciencia. La necesidad del siervo de aproximarse a 
su Creador, este sublime sentimiento que no reconoce nin¬ 
gunas ataduras, hace añicos toda la restricción por la simple 
razón de que el Poder Divino decretó que éstos formen parte 
de sunnatullah -la inamovible ley del Todopoderoso. 

Mawlana Rumi describe gráficamente a los despreocupa¬ 
dos, los que hacen oídos sordos a la Verdad e intentan tonta¬ 
mente extinguir la luz Divina: 

“Vilipendiar al sol que alumbra nuestro mundo y buscar sus 
defectos, es vilipendiarse a uno mismo; es ser ciego con dos ojos 
que ven solamente la oscuridad .” 

“Cuando Allah quiere destrozar a alguien y exponer su 
maldad, coloca en su corazón la necesidad de censurar a la gente 
pura!’ 

Lejos de hacer cosas por el estilo, la humanidad debería 
buscar maneras de expresar su gratitud hacia el Noble Profeta 
(s.a.w). Un corazón que siente no puede permanecer inmune 
a los esfuerzos sobrehumanos que realizó para salvarle. Su 
compasión por nosotros fue más grande que la que sienten los 
padres por sus hijos. Ningún otro ser humano tuvo que sopor¬ 
tar más privaciones, más aflicciones y más agonía que él, pero 
nunca expresó queja alguna a nivel personal, preocupándose 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa §§ 


solamente por el Din de Allah y su ummah. (Tirmidhí, Qiyamat , 
34/2472) Tal es su compasión y dedicación, que de la misma 
forma que luchó por nuestra salvación y nuestro perdón en 
este mundo, lo hará el Día de la Resurrección postrándose 
delante del Trono y pidiéndole a Allah, Glorificado sea, hasta 
que su intercesión por su ummah sea aceptada. 55 

Como acto de gratitud por alguien que ha hecho todo eso 
por nosotros, tanto aquí como en el Más Allá, ¿no deberíamos, 
acaso, hacer un gran esfuerzo para ser Creyentes como él nos 
lo enseñó, apreciarle más que a nosotros mismos e impregnar¬ 
nos totalmente de amor por él? 

El amante sigue al amado 

“Cada ano estará con los que ama afirma un hadiz. 
(Bujari, Adab, 96) Ahora bien, ¿cuánto amamos nosotros al 
Bendito Profeta (s.a.w)? Este tipo de amor, por supuesto, 
debe ser entendido como compañerismo entre el amante y 
el amado. El compañerismo, en su sentido más profundo, 
requiere de una similitud por medio de la transmisión de 
hal, es decir, participación de carácter. Uno está junto al que 
ama en esencia, en cada palabra pronunciada, y también en el 
comportamiento, en los sentimientos y pensamientos, aparte 
de la proximidad física. Cuando esto no ocurre, cuando el 
amante asume un camino diferente al del amado entonces no 
está realmente junto a él porque no hay amor en el sentido 
profundo de la palabra. 

55. Ver Bujari, Anbiya, 3, 9; Muslim, Imán, 327, 328; Tirmidhi, Qiy - 
mah, 10. 

- 







¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


Teniendo esto en cuenta, ¿cuánto amamos a Nuestro 
Profeta (s.a.w)? ¿Hasta qué punto asumimos su sunnah 7 . ¿Hasta 
qué punto la explicamos a nuestros hijos y aquellos que tene¬ 
mos a nuestro alrededor? ¿Qué grado de compañerismo tene¬ 
mos con dos de sus legados más grandes, es decir el Quran y 
la ahl‘ul-bayfí ¿En qué grado se asemejan nuestras casas a las 
casas de los miembros de la ahVul-bayt , impregnadas, como 
lo fueron, con la espiritualidad de la sunnah ? 

Seguirle requiere la educación del corazón 

Para alcanzar la paz tanto en este turbulento mundo como 
en el Más Allá, es absolutamente necesario que imitemos al 
Noble Profeta (s.a.w) en todos los aspectos de nuestra vida, ya 
sean éstos sociales, familiares o laborales. Él es el único ejem¬ 
plo que todo ser humano debe seguir, desde el más bajo de la 
escala social, hasta el más alto. ¿Cómo conseguirlo? ¿Leyendo 
sobre él? No. Es necesario más bien sumergir nuestros cora¬ 
zones en su enseñanza, en aquella que el Todopoderoso clara¬ 
mente especifica en el Quran: 

“Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejem¬ 
plo para quien tenga esperanza en Allah y en el Último Día 
y recuerde mucho a Allah.” (Al-Ahzab, 33:21) 

Así pues, la primera condición es la esperanza en la re¬ 
unión con Allah, Glorificado sea, y el constante recuerdo de 
que tendremos que dar cuenta de nuestras obras. La segunda 
condición es la certeza del Último Día, del Más Allá. Debemos 
sujetar a la inmortalidad y traspasar sus límites, tal como lo 
expresa Mawlana Rumi: 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


“La vida del mundo es meramente un sueño. Ser rico en 
ella es como encontrar un tesoro en un sueño. Las propieda¬ 
des pasan de generación en generación y se quedan aquí" 

Por lo tanto, es de vital importancia adquirir la cons¬ 
ciencia de que la existencia se desarrolla en el mundo de las 
pruebas. Debemos, pues, apartarnos de los deseos del ego y 
dirigir los corazones hacia el viaje a la eternidad, donde se rea¬ 
lizará la re-unión. Para llevar a cabo esta educación hace falta 
participar de uswat'ul-hasanah, el ejemplo inigualable del 
Noble Profeta (s.a.w), ya que solamente bajo esta condición el 
Todopoderoso hará su promesa de la re-unión una realidad y 
nos concederá el Paraíso. En cuanto al tercer requerimiento, 
el constante recuerdo de Allah, Glorificado sea, ¿qué significa 
que este recuerdo sea constante? La respuesta indirecta se 
encuentra en la ay ah 191, de la sur ah Ali Imran, 3: 

“Los que recuerdan a Allah de pie, sentados y acos¬ 
tados y reflexionan sobre la creación de los cielos y la 
tierra...” 

Es decir, lo hacen constantemente y mantienen una ince¬ 
sante consciencia de estar bajo la mirada del Todopoderoso. 
En efecto, Nuestro Señor está más cerca de nosotros que nues¬ 
tra vena yugular, pero ¿qué tan cerca de Él estamos nosotros? 
Para que esta cercanía sea real en nuestras vidas, nos es indis¬ 
pensable seguir el ejemplo del Noble Profeta (s.a.w). 

- 





¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


El valor del Profeta de Allah (s.a.w) en nosotros 


No se puede viajar hacia Allah, Glorificado sea, sin 
tomar consciencia del valor y honor que Él Mismo otorga a 
Su Profeta (s.a.w). 


“Es verdad que Allah bendice al Profeta y Sus ángeles 
piden por él. ¡Vosotros que creéis! Pedir por él y saludadlo 
COn un Saludo de paz.” (Al-Ahzab, 33:56) 


Así pues, el Todopoderoso envía Sus saludos al Bendito 
Profeta (s.a.w), el más noble de Su creación, y lo mismo hacen 
los ángeles. La comprensión real de este hecho puede que sea 
imposible tanto para nuestros corazones como para nuestra 
consciencia. ¿Cómo Allah, Glorificado sea, manda Sus saludos 
a un ser creado por Él? La explicación que nos ofrece, en ver¬ 
dad, queda como un enigma divino. Una cosa, no obstante, es 
clara, y es que el Todopoderoso alberga un gran amor y afecto 
por Su Mensajero (s.a.w) y que quiere que seamos conscientes 
de ello. Nos ordena pedir por él y saludarle con un saludo de 
paz, es decir de sumo respeto. Pero no es suficiente hacerlo 
solamente con la lengua, más bien toda nuestra existencia 
debería ser una declaración de este deseo de saludar al Profeta 
e imitarle en todos nuestros actos. Nuestro comportamiento 
en la vida social, tanto en casa como en el trabajo, debería 
tener un tinte digno de ser una petición por él y un saludo a 
él. Uno debería pararse a pensar por un momento hasta qué 
punto el Noble Profeta (s.a.w) estaría de acuerdo con la mane¬ 
ra en la que llevamos nuestros asuntos familiares, o los nego¬ 
cios, o simplemente nuestro trato con la demás gente; hasta 







Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ^ 


qué punto aceptaría la manera en la que educamos a nuestros 
hijos; qué diría de nuestra forma de adoración. 

Si este auto-examen de los corazones se nos hace pesado, 
¿qué nos parecerá el interrogatorio que tendrá lugar el Día de 
la Resurrección, cuando se nos diga: 

o 

iüip ^ jJi íjlíl Jó ¿Juiís - 

“¡Lee tu libro! Hoy te bastas a ti mismo para llevar tu 
cuenta.” (Al-Isra, 17:14) 

Nuestro libro de actos nos expondrá claramente quienes 
somos en verdad, con toda franqueza, sin que nada quede en 
secreto. Veremos la película que ha sido nuestra vida, veremos 
como hemos hecho nuestras salawaat, nuestros ayunos, y todo 
lo demás, y lo veremos totalmente al descubierto. Veremos, 
pues, si hemos sido siervos de boquilla o si hemos puesto 
nuestro corazón y alma en ello. Veremos cómo hemos actuado 
durante nuestra vida en este mundo, y qué uso hemos hecho 
de las incontables bendiciones del Todopoderoso, bendiciones 
de espíritu, razón, inteligencia y riqueza, que o bien hemos 
puesto al servicio de los demás, o bien las hemos malgastado. 
Veremos con el ojo de la certeza cuánto hemos amado a Allah 
y a Su Mensajero y en qué grado hemos imitado su carácter. 
Todo esto lo veremos en nuestro libro de actos realizados en 
este mundo y plasmado en las pantallas del Más Allá. 

“Y cuando lleguen a él, a sus oídos, vista y pies atestigua¬ 
rán contra ellos por lo que hicieron.” (Al-Fussilat, 41:20) 





¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


Es por ello por lo que nos debemos interrogar seriamente 
todos los días de nuestra vida como si fueran el último y estu¬ 
viéramos delante del Creador. ¿A dónde dirigimos nuestras 
miradas? ¿Cuánta Revelación Divina y Consejo Profético 
escuchan nuestros oídos? ¿Hasta qué punto utilizamos nues¬ 
tros cuerpos y facultades en el camino del Real? 

Es sumamente importante que cada uno de nosotros 
conteste a estas preguntas y tome las medidas necesarias para 
rectificar una conducta equivocada mientras todavía esté a 
tiempo. 

La prueba del amor y del adab 

Los seres humanos vivimos en un mundo-escuela donde 
se nos examina constantemente para comprobar nuestro 
grado de amor al Bendito Profeta (s.a.w), nuestra obediencia 
y buenos modales, adab , hacia él. El Todopoderoso afirma: 

“¡Vosotros que creéis! Obedeced a Allah, obedeced al 
Mensajero y no echéis a perder vuestras obras.” (Muhammad, 
47:33) 

“¡Vosotros que creéis! No subáis la voz por encima de 
la del Profeta ni le habléis a voces como hacéis entre voso¬ 
tros, no vaya a ser que vuestras obras se malogren sin daros 
cuenta. Los que bajan la voz en presencia del Mensajero de 
Allah, son ésos a los que Allah les ha abierto el corazón a Su 
temor. Tendrán perdón y una enorme recompensa. Esos que 
te llaman desde la parte de atrás de las habitaciones privadas 
en su mayoría no razonan.” (Al-Huyurat, 49:2-4) 





Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa §§ 


Está claro, pues, que la cortesía hacia el Profeta (s.a.w) 
y el esfuerzo para conocerle mejor y seguir su sunnah son 
una examen de taqwah para nuestros corazones y un medio 
de acercarnos a Allah, Glorificado sea, ya que solamente los 
lerdos osan mostrarle zafiedad sin comprender el daño que se 
inflingen a ellos mismos. Otra de las conclusiones que pode¬ 
mos sacar concierne a la verdadera dimensión del ejemplo 
del Mensajero de Allah y la manera en la que nuestras vidas 
contrastan con la suya. El mandato del Quran está claro: 

“Quien obedece al Mensajero está obedeciendo a Allah. 
Y quien le da la espalda... No te hemos enviado a ellos para 

que seas su guardián.” (An-Nísa, 4-80) 

La medida de nuestro amor por él (s.a.s) 

El incidente que nos relata Abdullah ibn Hisham (r.a) es 
muy ilustrativo al respecto: 

“Estábamos una vez sentados con el Mensajero de Allah 
(s.a.w), y él tenía en su mano la mano de ‘Umar. De repente éste 
dijo: ‘O Mensajero de Allah, me eres más querido que todo lo 
demás, excepto yo mismo.’ ‘No, ‘Umar,’ le respondió el Mensajero 
de Allah. 'Por Él que sostiene mi alma en Su mano, no habrás 
creído hasta que yo no te sea más querido que tú mismo.’ ‘Umar 
dijo: ‘Entonces, en verdad que me eres más querido que yo 
mismo.’ El Mensajero de Allah afirmó: ‘Ahora ‘Umar es como 
debe ser.’” (Bujari, Ayman, 3) 

Esta es la medida del amor y afecto que debemos tener 
por él y el lugar que debe ocupar en nuestras vidas, pensa- 





¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


mientas y sentimientos. El amor por él se nos ha hecho obli¬ 
gatorio. 56 El Qur'an afirma: 



“El Profeta, para los creyentes, está antes que ells mis¬ 
mos. ..” (Al-Azhab, 33:6) 

El amor por él ha sido declarado como una condición de 
la verdadera creencia. 

“Por Allah, Quien tiene mi alma en su mano, no creerá ver¬ 
daderamente aquel para quien su madre, padre, sus hijos y todos 
los demás le sean más queridos que yo” (Bujari, Imán, 8) 

Los Compañeros competían entre ellos por satisfacer el 
más mínimo deseo del Profeta, declarando su amor por él 
en toda ocasión y circunstancia, diciendo ‘que mi madre, mi 
padre, mi vida y todo lo que tengo sean sacrificados por ti’. 

Permanecer indiferentes o, peor aún, actuar con descor¬ 
tesía hacia él, es una señal de ignorancia; aferrarse a él, por el 
contrario, es la cura eterna. 

Los signos de nuestro amor por él 

El hombre menciona continuamente lo que ama y no 
pierde la menor oportunidad para describirlo a aquellos que 

56. “Di: Si vuestros padres, hijos, hermanos, esposas, vuestro clan 
familiar, los bienes que habéis obtenido, el negocio cuya falta 
de beneficio teméis, las moradas que os satisfacen, os son más 
queridos que Allah, Su Mensajero y la lucha en Su camino... 
Esperad hasta que Allah llegue con Su orden. Allah no guía a la 
gente descarriada.” (At-Tawba, 9:24) 










manjar» Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


tiene a su alrededor. Un hombre de negocios siempre habla 
de sus exitosas transacciones comerciales -cuánto ha ganado, 
cómo invertir mejor el dinero, qué hacer para no malgastarlo, 
etc. De las bocas de los que adoran a sus hijos no salen otras 
palabras que alabanzas por las excelsas cualidades de sus 
retoños. Los Compañeros y los veraces siempre hablaban del 
Bendito Profeta (s.a.w) y disfrutaban haciéndolo. Sentían, a la 
vez, un profundo entusiasmo por conocerle, imitarle y poder 
estar con él en el Más Allá. 

Otro secreto del “amor”, su razón existencial, consiste en 
que el amante adopte el hal, el estado interior, del amado, y lle¬ 
gue a cumplir este objetivo de acuerdo con la talla del amado 
a pesar de las carencias del amante. 

La dificultad de explicarle adecuadamente 

Una vez Jalid ibn Walid, al mando de un pequeño des¬ 
tacamento, hizo una parada cerca de una tribu musulmana, 
cuyo jefe le pidió que le describiese al Profeta (s.a.w). Jalid le 
contestó: 

“Esto está fuera de mi poder. Es imposible transmitir su 
belleza. No esperes algo así de mi” 

“Hazlo como te sea posible. Hazlo de una forma muy gene¬ 
ral, si quieres 

A lo que Jalid le respondió: 









¿CUÁNTO LE AMAMOS? 


“El Enviado se corresponde con la grandeza de Quien le 
envía” 57 


Qué Allah nos conceda parte en el amor de los Compañeros 
por el Bendito Profeta (s.a.w), y que este amor adorne nuestras 
vidas con su belleza y su poder transformador. 

Amin... 


57. Es decir, ya que El Que Envía es el Señor de los Mundos, el 
Creador del Universo, te puedes imaginar el honor del Enviado. 
Munawi, V, 92/6478; Kastalani, Mevahib-i Ledunniyye Tercumesi, 
Istanbul 1984, p. 417. 

- 








Conclusión 


Para que nos merezcamos la intercesión del Bendito 
Profeta (s.a.w) hace falta que analicemos dónde estamos en 
cuanto a nuestro grado de adherencia a él. Debemos medir 
nuestras vidas con la medida que él estableció en la suya y 
mostrar una profunda perseverancia. Con el entusiasmo de 
llevar una vida que beneficie a su ummah, debemos hacer un 
esfuerzo para reflejar su grandeza en nuestros actos de adora¬ 
ción, en nuestro comportamiento, en nuestros sentimientos y 
pensamientos, en el presente y en el futuro, en este mundo y en 
el Más Allá. Uno imita al amado según el grado de afecto que 
tenga por él. Para poder hacerlo adecuadamente es necesario 
que estemos muy familiarizados con su vida y conozcamos la 
verdadera magnitud de su carácter ejemplar. 

En una tierra de cultivo de gran calidad no crecerá nada si 
ésta no recibe lluvia, sol y la frescura primaveral. De la misma 
manera, para que el corazón de sus frutos tiene que recibir la 
revitalizadora influencia del ejemplo universal, el ejemplo del 
Profeta Muhammad (s.a.w), inacabable fuente de virtud y de 
las bendiciones concedidas a la tierra, al que le fue revelado el 
Noble Quran, lleno de verdades eternas. 


La conclusión final que surge de lo que hemos expuesto 
a lo largo de este libro es que todo el respeto mostrado al 
Bendito Mensajero (s.a.w) será poco, ya que fue amado por 







Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa ¿g¡ 


Allah, el Transcendente, el que sobrepasa la imaginación y el 
conocimiento. Por ello, explicar dignamente la grandeza, la 
naturaleza sublime, y la perfección del Gran Profeta (s.a.w), 
al que bendice Allah, Glorificado sea, y todos Sus ángeles, es 
prácticamente imposible. En verdad, lo único que nos queda 
es desistir con humildad, dado que nuestro lenguaje no basta, 
y nuestras palabras serían como unas cuantas gotas extraídas 
del océano. 

Felicitaciones a aquellos creyentes que guardan sus cora¬ 
zones solamente para el Mensajero de Allah y no se dejan 
engañar por las flores artificiales de los falsos jardines. 

Volvámonos hacia nuestro Señor respirando Su espiritua¬ 
lidad en cada uno de nuestros alientos... 

Pidámosle dando el testimonio del amor por Su Profeta 
(s.a.w)... 

Saludos a Muhammad Mustafa, el Maestro de Ambos 
Mundos... 

Saludos a Muhammad Mustafa, el Profeta de los Hombres 
y de los Genios... 

Saludos a Muhammad Mustafa, el Gobernante de la 
Tierra Santa... 

Saludos a Muhammad Mustafa, el abuelo de Hasan y 
Husein 










Conclusión rvoMaren 


¡Qué Allah, Glorificado sea, nos permita recibir parte 
del carácter ejemplar del Bendito Profeta (s.a.w), nuestro guía 
para todos los tiempos, y adornar nuestra vida aquí y en el 
Más Allá con los reflejos de su bella conducta! ¡Qué permita 
que las gotas de su profunda espiritualidad caigan en nuestros 
corazones, y éstos sean el destino eterno del amor por Allah 
y por Su Mensajero! ¡Qué Allah nos conceda la intercesión de 
Muhammad Mustafa (s.a.s)! 


Amin... 



9 









CONTENIDO 


Prefacio.7 

PRIMERA PARTE / 13 

Más allá de toda comparación 

El Profeta Muhammad Mustafa (s.a.s) .15 

Uswat'ul-hasanah / El modelo inigualable .26 

SEGUNDA PARTE / 41 

El inigualable comportamiento del Profeta de Allah (s.a.s) ... 43 

El bello rostro del Profeta de Allah 
y su inigualable comportamiento.44 

La humildad del Profeta de Allah (s.a.s) .51 

La generosidad del Profeta de Allah (s.a.s).54 

La taqwah del Profeta de Allah (s.a.s) .56 

La abstinencia del Profeta de Allah (s.a.s) .59 

La cortesía del Profeta de Allah (s.a.s) .62 

Los modales y el pudor del Profeta de Allah (s.a.s).65 

El coraje del Profeta de Allah (s.a.s) .67 

La ternura del Profeta de Allah (s.a.w) .69 
















Más Allá de Toda Comparación Muhammad Mustafa 


La misericordia y la compasión del 

Mensajero de Allah (s.a.s) .72 

La indulgencia del Profeta de Allah (s.a.s) .74 

La observancia de los derechos del vecino en el 
Profeta de Allah (s.a.s) .77 

El trato del Profeta (s.a.s) con los pobres .79 

El trato del Profeta (s.a.s) con los cautivos y sirvientes... 81 

El trato del Profeta de Allah (s.a.s) con las mujeres .86 

El trato del Profeta (s.a.s) con los huérfanos .91 

El trato del Profeta de Allah (s.a.s) con los animales ... 92 

Un comportamiento digno de las estrellas .99 

TERCERA PARTE /101 

Siguiendo al Profeta de Allah (s.a.s)se unifica el corazón ... 103 

La Adherencia al Profeta de Allah (s.a.s)a través del amor ... 107 

El Espejo de Su Amor y de Su Comportamiento: 
Asr’us-saadah .112 

Emotivos himnos de Amor al Profeta (s.a.s) .120 

El Amor de los Compañeros por el 

Profeta de Allah (s.a.s).125 

La fuente del amor después de los Compañeros.139 

Salawat’us-sharifah .152 

















CONTENIDO f’ssüwjsn 


CUARTA PARTE / 157 

Lo que más necesita el corazón y la mente: 

Un carácter ejemplar.159 

La educación que nos hace hombres: 

La Enseñanza Divina .159 

Seguir el ejemplo e imitarlo .168 

El carácter ejemplar de los Profetas.170 

¿CUÁNTO LE AMAMOS? .173 

El corazón y la razón.173 

El ejemplo único - el Bendito Profeta (s.a.w) .174 

El milagro más grande .174 

Los ciegos vilipendian al sol.175 

El amante sigue al amado.178 

Seguirle requiere la educación del corazón .179 

El valor del Profeta de Allah (s.a.w) en nosotros.181 

La prueba del amor y del adab .183 

La medida de nuestro amor por él (s.a.s) .184 

Los signos de nuestro amor por él.185 

La dificultad de explicarle adecuadamente .186 

Conclusión.188 

Contenido .193 



























































































■ 


J EDITORIAL 

1ERKAM 


r 


© GLdicwncs GLrkam - <3Lstamhd 



Dirección: ikitelli Organize Sanayi Bólgesi Mah. Atatürk Bulvan, 

Haseyad 1. Kisim No: 60/3-C Ba?ak§ehir, Istanbul, Turkey 
Tel: (+90-212) 671-0700 pbx E-mail: info@islamicpublishing.org 
Fax: (+90-212)671-0748 Web site: www.islamicpublishing.org